Sermón 20 de marzo 2016: Negociando para el Reino

A propósito de Sermones
[Dr. Roberto Miranda]
  • Presenter: Dr. Roberto Miranda
  • Fecha: March 20, 2016
  • Ubicación: Congregación León de Judá, Boston MA

Quiero hablar acerca de negociando para el Reino, cómo negociar para el Reino. La palabra clave en este mensaje es negocios, negociar. Lo digo con toda intencionalidad. Nos referimos a una postura, una actitud que debemos tener cuando abordamos el trabajo cristiano, negociando para el Reino.

También este pasaje nos recuerda que predicar el Evangelio es algo serio, es algo que tiene que ver con vida o muerte. Es algo tremendamente deliberado. Y voy a leer la parábola que el Señor pronunció con respecto a este aspecto del Reino y recuerden que estamos en esta serie de sermones que tiene que ver con el llamado a evangelizar. Lo que quiero hacer y lograr a través de esta serie de sermones es aguzar su consciencia de la importancia de predicar el Evangelio, de ver esto como una responsabilidad seria, como una carga privilegiada que nosotros tenemos, el compromiso como creyente, el hecho de que nuestra identidad como creyentes reside en esa actividad evangelística, en ese llamado a compartir con otros lo que Cristo ha hecho en nuestra vida y lo que Cristo significa para nosotros.

Si nuestra vida no está saturada de esa urgencia de predicar el Evangelio entonces estamos viviendo la vida cristiana fuera de nuestro eje, porque el centro de nuestro llamado, de nuestra existencia es compartir la palabra de Dios. Y yo creo que esto se va a hacer bien claro a través de ese mensaje. Como digo, todos estos mensajes están destinados a enriquecernos y establecer un fundamento teológico, bíblico, sólido para que podamos proseguir con el llamado evangelístico con toda consciencia y con toda propiedad.

Entonces, dice aquí en el versículo 11, Lucas 19: “…Oyendo ellos estas cosas –porque ya el Señor había hablado de otras situaciones y otros temas – prosiguió Jesús y dijo una parábola porque cuanto estaba cerca de Jerusalén – y esto es interesante – y ellos pensaban que el Reino de Dios se manifestaría inmediatamente…”

Entonces el Señor ofrece esta parábola en una forma correctiva, para corregir un error de parte de sus discípulos, una percepción equivocada que ellos tenían acerca de la venida del Reino de Dios y cómo sería. Esta parábola es una corrección a esa percepción equivocada. Entonces, el Señor dice:

“…Un hombre noble se fue a un país lejano para recibir un reino y volver. – Pregúntese quién es este hombre noble y de qué se trata ese reino y qué quiere decir esto de que se fue a un país lejano. Es una parábola, tiene sus equivalencias. – “… se fue a un país lejano para recibir un reino y volver. Y llamando a 10 siervos suyos les dio 10 minas…” – minas se refiere a una moneda de cierto valor.

Yo estuve investigando un poquito acerca de esto y se dice que una mina era más o menos el equivalente de 100 dracmas, y si le dio 10 minas, eso quiere decir que le dio 1000 dracmas. Y una dracma era otro tipo de moneda, una dracma era el equivalente del salario de un día para un obrero. Es decir, que al darle 10 minas les estaba dando el equivalente de 1000 días de trabajo de un obrero, es decir 3 años prácticamente de trabajo. Era una cantidad bastante considerable. Hoy en día podría ser el equivalente casi de 100.000 dólares si estimamos que un obrero se gane 30.000 dólares o algo por el estilo al año. Entonces es una cantidad de cierto peso. Entonces les dio 10 minas a cada uno, mina es la moneda, una unidad de dinero.

“… Y les dijo, “Negociad entre tanto que vengo.” – Quiero que mediten esa palabra, negociad, porque no es una palabra casual. Para mí, cuando yo entendí el significado de la palabra negociad en el griego original, me abrió un entendimiento mucho más amplio, más profundo de esta parábola. Le dice:

“…”Negociad entre tanto que vengo.” – Y aquí el Señor añade interesantemente otro elemento que no necesariamente es esencial al resto de la parábola pero que me parece interesante. – “…Pero sus conciudadanos le aborrecían y enviaron tras él una embajada diciendo, “No queremos que éste reine sobre nosotros.”

Aquí el Señor en su narración añade un elemento de conflicto y de oposición, de drama en un sentido al resto de la narrativa. Tiene enemigos que no quieren. ¿Quiénes serán esos enemigos? Pregúntese mientras yo leo. ¿A qué se está refiriendo el Señor aquí acerca del Reino de Dios, el mundo y todas estas cosas y cómo mucha gente percibe a Jesucristo y al Reino de Dios y al Evangelio?

“…Aconteció que vuelto él después de recibir el reino, mandó llamar ante a él aquellos siervos a los cuales había dado el dinero para saber lo que había negociado cada uno….”

De nuevo, surge la palabra negociar. Y no se pone en términos de cuánto habían hecho, cuánto habían obtenido, no, cuánto había negociado cada uno, cuánto habían ganado como ganancia por medio de sus inversiones y sus esfuerzos de negocios específicamente. Es de ganancia lo que está hablando aquí, usando ese mismo término de negocios. Esta parábola está saturada con una atmósfera de negocio, de corporación, una corporación más bien, un negocio.

“…Entonces, vino el primero a quien ese hombre noble le ha dado 10 minas, – 100.000 dólares vamos a decir – diciendo, “Señor, tu mina ha ganado 10 minas.” – Interesante, piense también en eso, tu mina ha ganado. Qué interesante que él no dice, yo gané o yo hice. No, dice ‘tu mina ha ganado,’ un detallito bien interesante y revelador en mi opinión.

“… tu mina ha ganado 10 minas. Él le dijo, “Está bien, buen siervo, por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre 10 ciudades.” – Ganó 10 minas y ahora el Señor le da autoridad sobre 10 ciudades. Me parece un buen negocio, cierto esfuerzo pero ahora es gobernador de 10 ciudades completas.

“Vino otro diciendo, “Señor, tu mina ha producido 5 minas.” – Este ganó solamente la mitad de lo que ganó el otro y uno pensaría que quizás merecía menos aprobación o menos alabanza de parte del Señor, porque su rendimiento fue la mitad que lo del otro, pero fíjese que recibe la misma expresión de reconocimiento del Señor y también a éste dijo, – “Tu también sé sobre 5 ciudades.” – Conforme a su rendimiento le dan también una recompensa de 5 ciudades, pero lo alaban porque trajo rendimiento y se esforzó e hizo lo que su Señor le había mandado a hacer.

“Y vino un tercero diciendo, “Señor, aquí está tu mina, la cual he tenido guarda en un pañuelo.” – Yo me lo imagino sacando un pañuelito con 4 nudos y ahí está la moneda dentro y mientras se lo está diciendo está desenvolviendo los nudos uno a uno. – “Aquí está tu mina, la que he tenido guarda en un pañuelo porque tuve miedo… – Piensen en eso también. – … de ti por cuanto eres hombre severo que tomas lo que no pusiste y siegas lo que no sembraste.”

Esta es la percepción que tiene este siervo del hombre noble. Es interesante porque una de las cosas que me gusta de esta parábola es la forma en que proyecta este hombre noble. ¿Quiénes creen ustedes que es este hombre noble? Jesucristo, díganlo todos, Jesucristo. Este es el hombre… Jesús está diciendo la parábola pero está hablando de sí mismo, este hombre noble que se va a un país lejano. ¿Cuál es ese país lejano? El cielo. Entonces cuando él regresa del cielo, lo llama y este siervo conoce algo del carácter de este hombre.

Para mí esta parábola es bien reveladora también porque nos dice algo acerca de Jesucristo, para los que estamos acostumbrados a pensar que él es un corderito manso, siempre con los bucles rubios y ojos lánguidos y medio como low energy, como dice Donald Trump. Pero aquí se nos presenta una imagen severa de Jesucristo, es un hombre del cual hay que tener cuidado, porque este hombre sabe cómo es Jesús o cómo es su Señor. Y fíjese que el Señor este no le dice, “¿Cómo tu piensas eso, muchacho, si yo soy un pan de Dios? Tan bueno que yo soy, tan tranquilo.” No, él dice, mire cómo le contesta:

“…Entonces, él le dijo, “Mal siervo, por tu propia boca te juzgo. Sabías que yo era hombre severo… – en otras palabras, tienes razón, tu sabes que yo soy así, – …que tomo lo que no puse y que siego lo que no sembré, ¿por qué pues no pusiste mi dinero en el banco? Para que al volver yo lo hubiera recibido con los intereses.”

Por qué por lo menos, caramba, no me lo metiste en Cambridge Savings a coger 1.9 de interés, en vez de eso me traes el dinero aquí, ya la inflación se ha comido un 2 por ciento de ese dinero, por qué aunque sea no lo depositaste en un high yield de bond o algo así. Si tenías miedo de que se te perdiera, por lo menos, hubieras buscado una forma básica para que no quedara inactivo el dinero, si era el miedo lo que te hizo omitir algún tipo de actividad.

“Y dijo a los que estaban presentes, “Quítenle la mina, y dénsela al que tiene las 10 minas.” – esa es la lógica contra intuitiva del Reino de Dios – Y ellos le dijeron, “Pero Señor, si el otro tiene 10 minas, en otras palabras, es una injusticia, cómo tu le vas a quitar a este pobre hombre la mina que tiene y se la vas a dar al que tiene 10.” Y mire la respuesta del Señor:

“Pues yo os digo que a el que tiene se le dará más al que no tiene aún lo que tiene se le quitará.”

La idea es el que tiene poquito o casi nada, si no lo rinde, si no hace algo con ello aún ese poquito que tiene, que es casi nada, se lo van a quitar y se lo van a dar al que está… ¿A quién ustedes le quieren dar su dinero, hermanos? ¿A un inversionista que trabaja duro que conoce el mercado, que es diligente, sabio, astuto, o a un alcahuete que no hace nada, simplemente tirado en una cama todo el tiempo? ¿A quién usted le va a dar? A la persona diligente ¿verdad? ¿Y en quién el Señor va a invertir sus dones y sus recursos y su energía y su poder? En los que van a rendirle provecho al reino. Eso es algo muy lógico.

De nuevo, la lógica de esta parábola sale del mundo de los negocios. Como les digo, esta parábola está penetrada y saturada por la lógica y el ethos, el sentido del mundo corporativo, el mundo de los negocios, el mundo de las ganancias, el mundo de las inversiones. Y eso es interesante cuando lo aplicamos al Reino de Dios. Y dice entonces:

“…Y también aquellos, mis enemigos, – ahora volvemos al detallito ese que se nos perdió al principio que había gente que no quería que él reinara – Y también aquellos mis enemigos, que no querían que yo reinase sobre ellos traedlos acá y decapitadlos delante de mí…”

¿Cuántos pueden reconciliar esa última imagen con Jesús? Muy pocos, ¿verdad? Sin embargo hay un aspecto de Jesús que es así. El Cristo que viene en su segunda venida no es el que fue crucificado, es un juez, es un rey, que viene a tomar su herencia y viene a tomar cuentas, tanto de los que le sirven como de los que se oponen a su venida.

Ahora, aclaro aquí que no es para… los creyentes, los que han creído en Cristo Jesús, la salvación no es por lo que usted hace, usted se salva por gracias, pero hay un costo. La Biblia habla dice que los creyentes vamos a comparecer ante el tribunal de Cristo, hay varios pasajes en la escritura, no tengo tiempo para desarrollar ese punto demasiado ahora mismo. Vamos a comparecer ante el tribunal de Cristo pero no es para determinar si vamos a ser salvos o no, va a ser para determinar qué tipo de recompensas habremos de recibir.

Yo creo que en el Reino de Dios venidero va a haber todo tipo de gloria y de actividad. Yo creo que mucha gente piensa que el Reino de Dios en el cielo, todo se nos va a dar una bata blanca del mismo tamaño y un harpa para que nos sentemos en una nube a tocar por toda la eternidad. El Reino de Dios va a ser un lugar de tremenda actividad, la verdad es que para mí el infierno sería eso, tocar un harpa por toda la eternidad sentado en una nube con una bata blanca. Pero gloria a Dios que el Reino de Dios va a ser un lugar de diferentes niveles, de mucha actividad, de esfuerzo sin el filo que tiene el trabajo en este mundo caído, pero Dios va a permitir, yo no sé cómo va a ser eso, pero el Reino de Dios va a tener naciones, va a tener gobierno, va a tener gloria, va a tener diferentes estados, diferentes niveles de gloria y de autoridad. Y ¿qué va a determinar todo eso? lo que nosotros hagamos, el esfuerzo que nosotros recibamos acá.

Es como en una competencia se ofrecen medallas de bronce, de plata, de oro, para diferentes niveles de excelencia en el desempeño de un atleta. Algunos van a recibir una medalla de aluminio, otros prácticamente de madera si acaso, pero todos vamos a recibir algo según el nivel de esfuerzo que nosotros hayamos emprendido aquí en la tierra. Así que piense en eso.

Y la escritura es bien clara, hay muchos pasajes que sugieren esto, de que según nosotros hemos sembrado y esforzado aquí en la tierra, hemos invertido en el Reino de Dios en ese nivel vamos a recibir una recompensa equivalente. Entonces, me estoy adelantado un poco pero está bien que lo tengamos en mente.

Ahora bien, vamos un poquito hacia atrás. Lo que tenemos aquí es esta idea de un hombre noble que es Jesucristo y los discípulos piensan que el Reino de Dios va a venir inmediatamente, que Jesús no va a pasar por la cruz, no va a haber crucifixión, no va a haber muerte, nada de esto. Ellos se rehúsan a creer esto. Ellos están pensando que esto va a ser algo rápido, sencillo, por eso dice, “vendría inmediatamente.”

Cuando Jesús va hacia Jerusalén en este mismo tiempo, el Señor se va acercando… Semana Santa es ese acercamiento de Jesús a Jerusalén para ser crucificado. Pero ellos piensan que Jesús va a Jerusalén a tomar la ciudad, a declararse el Mesías y a establecer su reino y ellos cada uno van a tener un puesto de alguna importancia en este nuevo gobierno político. Pero el Señor les dice, “No, eso no va a ser así, se va a tomar tiempo, va a haber drama en el medio.” Entonces, por eso él les dice esta parábola y les dice, un hombre noble se fue a un lugar lejano, ese lugar lejano se ha tomado 2000 años, era un viaje bien largo. Para nosotros por lo menos sabemos que 2000 y pico de años era ese viaje.

Ese hombre noble se fue a un país lejano que es el cielo donde el Señor está sentado a la diestra del Padre esperando el momento preciso para descender otra vez y venir y tomar su Reino. Entonces, el Señor se va a un país lejano y antes de irse, como hizo el Señor Jesucristo, recuerdan en la gran comisión, Mateo 28, él les dijo, “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra por tanto id, predicad el Evangelio, haced discípulos a todas las naciones, enseñándoles a obedecer las cosas que yo os he mandado.”

Y el Señor mientas estuvo aquí en la tierra estuvo preparando esos siervos. Estos 10 siervos son simplemente un ejemplo de todos aquellos hombres y mujeres con quiénes él trabajó mientras estaba aquí en el mundo, los entrenó, los puso a través de diferentes tipos de ejercicios evangelísticos y misioneros, les embutió su palabra, una cantidad de cosas y los preparó y les dejó una encomienda. “Vayan por el mundo, hagan crecer mi iglesia, hagan desarrollarse mi iglesia, prediquen el Evangelio,” y eso es lo que esta iglesia de Jesucristo ha estado haciendo durante los últimos 2000 y pico de años, evangelizando, sembrando la semilla, desarrollando el Reino de Dios, estableciendo todo tipo de instituciones, haciendo todo tipo de esfuerzos para avanzar el reino de Jesucristo, con diferentes tipos de éxito y de lucidez.

Pero el Señor estaba diciendo, esto no es fácil, se va a tomar tiempo. Yo me voy pero yo voy a volver. Entonces dice que los reúne y les da a cada uno una dotación, le da una mina a cada uno. Eso es símbolo de lo que cada creyente recibe cuando recibe el Espíritu Santo al recibir a Cristo como Señor y salvador. ¿Sabías tu que dentro de ti hay un don que Dios ha puesto, una mina? No importa tu nivel de educación, no importante si seas hombre o mujer, joven, anciano, Dios ha puesto algo de valor en ti, una capacidad, una dotación de poder, hay gracia dentro de ti. En ti hay un potencial que Dios ha infundido en tu vida. Di amén a eso. Tu lo tienes dentro de ti. Dios te ha dado algo, una capacidad para cantar, una capacidad para enseñar, una capacidad para dar, una capacidad para servir en los ujieres o en la enseñanza de los niños, o para ser un filántropo que avanza los intereses de la iglesia, o para dirigir, o presidir, algo hay en ti que Dios puso para que tu uses eso para que su reino avance.

Yo quiero que tu entiendas eso, hay una mina, y yo diría una mina en el sentido también que la conocemos esa palabra, hay una mina de posibilidades dentro de ti, tanto que Dios ha puesto en tu vida. El Apóstol Pablo le dice a Timoteo, “Te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que hay, que está dentro de ti.”

Así que si en esta mañana puedes apropiarte, internalizar esta idea de que dentro de Dios ha puesto algo que es de valor para su reino, quizás tu no lo sabes y una de las tareas del creyente es descubrir el don de Dios. Cuál es el don, cuál es la potencialidad específica que Dios ha puesto en mí. Pero no te preguntes, ¿habrá algo en mí de valor? No. di, lo que hay en mí de valor, cómo lo puedo yo usar para el Reino de Dios y cómo puedo yo entrar en el uso de ese don.

¿Cómo se desarrollan los dones? Ese es un tema para un sermón. Pero una de las cosas es sirviendo. Comienza con lo que tienes a la mano, comienza con lo más pequeño, lo más fácil, quizás lo más fácil para ti va a ser hablarle a tu hermano de carne y hueso, tu hermana de sangre, con quien tu te sientes cómoda, la conoces, es tu amiga, se llevan bien, pero no conoce a Jesucristo. Puedes comenzar por allí. Regálale un libro, enséñale un video, siéntala un día y háblale acerca de tu experiencia con Cristo. Eso es algo sencillo. Puede ser un amigo en el trabajo. Puede ser alguien en el autobús que tu te encuentras y comienzan una conversación y te dice acerca de su familia y de su hijo o que está enfermo y tu le preguntas, ¿puedo orar por ti? Te invito a la iglesia. ¿Tu conoces a Jesucristo? No importa, si tu conoces a Cristo no te preocupes que Dios está contigo, él te va a sacar adelante. Yo voy a orar por ti. Aquí tienes mi teléfono, llámame.

Lo que tienes a la mano, comienza. Ahora mismo estamos necesitando ayuda por ejemplo, para el domingo de resurrección con los niños. Muchos de nosotros decimos, Señor, llévame al África para que allá yo morir por ti, que son musulmanes, me martiricen y yo dar mi sangre… Pero si te dicen, mira, sirve a los niños un día aquí. ay, no eso es demasiado chiquito para mí. Yo quiero irme en una bola de fuego que me inmole, que me sacrifiquen.

Si en lo poco no eres fiel, en lo mucho tampoco vas a ser fiel. Comienza donde puedas, haz lo que puedas. Diezma, ofrenda, mucha gente, Señor, mi vida es tuya, haz lo que quieras de mí, pero cuando llega el momento de darle al Señor, ah, no, ahí nos congelamos. Muchos de nosotros no vamos a poder…

Hace poco me dijeron la historia de un grupo de jóvenes misioneros en el siglo XIX que querían servir al Señor predicando el Evangelio en las misiones foráneas, y no todos podían ir, entonces estos jóvenes – esto es real – hicieron un pacto y ellos dijeron, vamos a mandar, creo que eran como 10 de ellos, ustedes van a ir a la India, al África, donde fuera, ustedes van a ir como misioneros y nosotros nos vamos a quedar aquí en Estados Unidos y vamos a trabajar y hacer dinero para sostenerlos a ustedes. Y durante toda su vida estos jóvenes que se quedaron sostuvieron a los que se fueron en misiones en sus necesidades misioneras.

¿Cuál de esos dos usted cree que merecía más alabanza? Yo creo que los dos estaban trabajando como un solo organismo para avanzar el Reino de Dios. Hay gente que quizás no tiene un don misionero pero tienen el don de hacer dinero y podrían dar más para el Reino de Dios y servir de esa manera. Usted puede ayudar a avanzar el Reino de Dios usando, si usted trabaja en la tecnología por ejemplo como el hermano Javier Encina, al usted trabajar en la tecnología sabe cuántas cosas usted hace posible.

Veo al hermano Mario Ulloa allí detrás, sabe que esos dos primeros edificios fueron hechos posibles por la generosidad de gente como Mario Ulloa, como el hermano Roberto Naranjo y otros así que trabajaron tan arduamente. Y ahora el hermano Mario viene aquí y se sienta allí y nadie sabe quién es Mario Ulloa. Ese señor que está allí con la barba, ese señor pegado a la ventana es… sinceramente, hay poca gente que yo admiro tanto en esta tierra como ese hombre. Y hoy en día la gente viene y nadie sabe acerca de su trabajo sacrificial para la obra de Dios. Pero nosotros no estaríamos sentados aquí hoy sin el trabajo de gente como él.

Y para mí, gente como él vale 10 evangelistas porque hacen posible este tipo de trabajo, porque sus dones los están invirtiendo en el Reino de Dios. Hay algo que usted puede hacer para avanzar el Reino de Dios. La mina que tu has recibido en tu mano, qué estás haciendo con ella? Tienes que ponerla a generar, tienes que invertirla, tienes que pedirle al Señor, tienes que estar inquieto y decir, Señor, yo no quiero irme de esta tierra sin dejar mi marca en el Reino de Dios. Yo quiero hacer algo por ti, úsame. Ore, comience, en el proceso de comenzar y hacer algo Dios te va revelando la próxima etapa del viaje.

Cuando se usaban los carros que tenían los cambios que eran standard, bien pesados, usted recuerda si el carro está en neutro, yo no sé si todavía es así porque yo no manejo un carro standard, pero cuando el carro está parado si usted trata de mover el gear, es bien difícil. Ahora, cuando lo quita y lo pone en uno de los cambios y comienza a mover el carro, mucho más fácil mover el gear. Así pasa con los dones. Cuando usted comienza a moverse en fe y da un paso de fe detrás del otro y usted hace lo que tiene a la mano, y usted comienza en el nombre del Señor, Dios le va dando sabiduría sobre lo próximo.

En el principio de la Biblia que dice, “Ven buen siervo y fiel, sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré.” Si tu eres fiel dándole un año de servicio al Señor trabajando con niños, por ejemplo, o como ujier, o limpiando algún aspecto de la iglesia, si tu eres fiel en eso y no te preocupas porque te den gloria y alabanza o te paren aquí al frente de la plataforma o lo que sea, pero tu lo haces para gloria del Señor, y eres fiel en lo que haces, el Señor te va a poner en otra cosas. Quizás un día vas a evangelizar multitudes, quizás vas a escribir un libro para gloria del Señor, quizás vas a cantar ante multitudes, pero comienza con algo sencillo y pequeño y sé generoso con Dios.

Yo he aprendido que cuando uno comienza así y sirve no para que nadie lo vea ni lo alabe, sino como que Dios lo está mirando y eso es lo que a usted le importa, el Señor le bendice su vida, bendice su don, lo multiplica, lo ensancha y lo usa en mayor escala. Así que no se deje intimidar porque usted no sabe dónde está su don. Comience a explorar. Métase en esa jornada maravillosa exploratoria que le va a durar toda una vida y poco a poco usted irá descubriendo nuevos aspectos de la dotación de Dios en su vida, pero tiene que comenzar con lo pequeño. No se preocupe por el resultado, preocúpese por ser fiel al Señor y obedecer esa comisión que usted ha recibido.

Entonces, este hombre se ha ido, se va a ese país lejano, sus siervos comienzan a trabajar, a invertir y la instrucción que él les da es bien importante. No quiero omitir esto, la palabra ‘negociad’, pracmateusaste es la palabra en el griego original. Es un imperativo. Usted vio la palabra pragmático, praxis, de ahí viene, práctico. Esta palabra en el griego original que se traduce al español negociad, su raíz es de trabajar en una forma práctica, en una forma coherente. Yo puse aquí una pequeña definición que nos refiere un poquito acerca de esta idea.

Dice aquí, el jefe de la corporación, porque es lo que es este hombre, les dice “Negociad entre tanto que yo vengo.” La palabra negociad en el griego original es pracmateusaste, esta palabra viene del mundo de los negocios. Lleva la idea de conducir negocios diligentes, invirtiendo gran energía y esfuerzo a fin de producir resultados efectivos.

No se trata meramente de trabajar en algo, sino de trabajar con diligencia, con un sentido de propósito, con disciplina y persistencia, con una meta clara en mente y una metodología bien delineada. En otras palabras, es un esfuerzo organizado, deliberado, disciplinado, calculado, estratégico, así debe ser el trabajo de la iglesia.

Las iglesias que trabajan indisciplinadamente, hoy una cosa, mañana la otra, manga por hombro porque todo es para el Señor y el Señor es misericordioso, no esperen hacer nada de excelencia. Yo siempre he creído que la iglesia de Jesucristo debe ser la organización más bien organizada y de mayor excelencia en todo el mundo, que use en manera más eficiente y efectiva los recursos que tiene a la mano.

Yo soy tacaño con el dinero del Señor. Cada dólar hay que sacarle el jugo, hay que multiplicar su rendimiento y la iglesia de Cristo que reflejar excelencia, tiene que reflejar eficacia y eficiencia, tiene que reflejar organización, disciplina, propósito. Para mí la iglesia de Jesucristo es un organismo de gran coherencia y la obra de la iglesia debe ser bien meditada, bien planificada, bien ejecutada, coherente, descentralizada, dirigida con buenos principios, protocolos y procedimientos, debe rebozar excelencia, porque nosotros tenemos la mente de Cristo. ¿Y qué quiere decir tener la mente de Cristo? Quiere decir tener la mente que ha estructurado el mundo, el universo, los átomos, las células de todos los organismos vivientes, el orden de un cuerpo viviente.

Esa mente, el logos, que creó el universo es lo que está dentro de ti. Por eso yo animo a los jóvenes y a mis hermanos a estudiar, a desarrollar su entendimiento, a esperar grandes cosas del Señor. Si usted va a estudiar, propóngase la meta de ser el estudiante más logrado de su clase, propóngase la meta de llegar al nivel más alto, no por orgullo sino porque el Señor ha puesto en usted algo increíblemente poderoso. Si usted va a ser una madre, prométase que usted va a ser la madre más exaltada del mundo, con más capacidad, más conocimiento, más sabiduría, más unción, porque el Señor está dispuesto a enseñarle los mejores principios de la maternidad.

Si usted va a ser un obrero en una fábrica asegúrese de que otros envidien la destreza y la disciplina y la excelencia con que usted hace su trabajo. No importa lo que nosotros hagamos, no importa cuál sea nuestro territorio, Dios nos ha entregado la tierra y se supone que nosotros trabajemos con todo sentido de disciplina y propósito. No me diga que usted no puede porque Cristo está dentro de usted. Y usted mismo ha dicho, todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

La mente de Cristo es una mente pensante, es una mente lógica, es una mente coherente y nosotros tenemos que proceder con ese mismo tipo de dotación, ese sentido de alta estima, no de nosotros mismos, sino del Dios que está dentro de nosotros. La iglesia tiene que rebozar excelencia. La iglesia es una gran corporación que negocia para el Reino de Dios y por eso tiene que ser estratégica en sus intervenciones, su planificación, su trabajo. Y nosotros somos obreros. Usted es un inversionista y también es un cliente y es un empleado, y por eso es que cada creyente tiene que vivir la vida cristiana con ese sentido de deber, pero también de privilegio, de dotación.

Dios no es Dios que le dice a usted que haga grandes cosas, pero le dota en una manera mínima. No. él le da gran dotación para que usted obtenga grandes resultados en todas las áreas de su vida. Los creyentes tenemos que ser excelentes en toda nuestra vida porque tenemos un Dios poderoso que se mueve dentro de nosotros.

Por eso Pablo le dice a Timoteo, “Te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía,” que es lo que tiene este siervo infiel, cobardía, “no nos ha dado Dios espíritu de cobardía o timidez – otra traducción – sino de poder, de amor y de domino propio.”

Y sabe que la palabra dominio propio es una mala traducción, el original griego es una mente sana, por eso es que en inglés “he has given us a spirit of power, of love and a sound mind.” Búsquelo en una de las traducciones. ‘Sound mind’ es una mente que piensa bien, es una mente que percibe con precisión la realidad. Esa es la mente que Dios nos ha dado. No es excusa para que nosotros no desarrollemos el don de Dios que está dentro de nosotros porque la dotación de Dios es tan grande.

Yo digo que hay dos formas en que el cristiano puede proceder en la vida, o desde una mente de suficiencia o de una mentalidad de carencia. Hay cristianos que todo es, yo no puedo, no tengo, no sé, no me dieron, no me hicieron, no me dieron la oportunidad, y se viven quejando de fulanito, del gobierno, de la injusticia del mundo, de que la gente es mala, de que los pastores son corruptos, de que las iglesias son malas, y entonces siempre están aplatanados, sentados en una banca sin hacer nada.

Eso se llama proceder de una mentalidad de carencia, de insuficiencia, como los 10 espías que vienen a lo de Moisés después de examinar la tierra y dicen, “Sí, Moisés, es cierto, esa tierra es tremenda, da unas uvas que una sola da una botella de vino completa, pero los hombres que están allí son unos gigantes, todos podrían ser miembros del MBA, miren 6 pies con 8 y tienen unos huesos que son durísimos y por lo tanto nosotros no podemos jamás meternos en esa tierra.”

Había dos, Josué y Caleb, que dicen, “Mira, si el Señor nos ha entregado la tierra lo vamos a comer como pan, como mantequilla.” Yo le añado la mantequilla. Si el Señor nos ha dado la tierra nosotros vamos a ganar esa tierra. Eso se llama proceder con una mente de suficiencia, de dotación. ¿Y quiénes fueron los que entraron a la Tierrra Prometida?” los 10 espías se quedaron muertos, solamente Josué y Caleb, de toda esa generación primera, entraron a la Tierra Prometida, todos los demás murieron en el desierto. ¿Por qué? Porque tenían un espíritu diferente, así lo dice la Biblia.

¿A qué grupo queremos nosotros pertenecer? ¿Al grupo de los 10 espías o de los dos espías como Josué y Caleb? Entonces, ¿a qué equipo tu perteneces? El que dice yo no tengo, yo no sé, no puedo, no me dieron, no me hicieron, o el grupo que dice todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Yo voy a predicar el Evangelio, yo voy a compartir con otros, yo voy a hacer todo lo que pueda para avanzar el Reino de Dios. De un aplauso al Señor.

Negociad entre tanto que yo venga. ¿Cómo puedes tu negociar para el Reino de Dios? ¿Qué puedes hacer para avanzar los intereses? ¿Cómo estás tu negociando para el Reino de Dios? Yo quiero que León de Judá negocie hasta que Cristo venga, que León de Judá sea una corporación conocida por la excelencia con que procede a ejecutar las directrices del CEO de la iglesia, que es Cristo Jesús, en todo sentido y que tengamos miembros que estén igualmente comprometidos con avanzar esta nave que es el Reino de Dios.

Entonces, dice esa parábola cuando este señor viene le pide cuentas a sus siervos. Me parece interesante. ¿Cómo viene él? Yo me lo imagino, él los pone en línea delante de él y le dice, okay, vamos a ve ahora. Esto no es cuestión, de que oh, hermanito, qué tal, ¿cómo te fue? Yo sé que es un favor lo que tu me has hecho y gracias a Dios que tu aceptaste esa mina. ¿Pudiste hacer algo con esa mina? No, él los llama a cuentas.

Hay otra parábola que está en Mateo 25:14 al 30 y usted la puede leer después y comparar un par de cositas. Tiene unas cositas diferentes pero es la misma parábola prácticamente. Los llamó a cuentas, los reunió y yo me lo imagino en una forma así, bien de negocios, okay, yo te di una mina, ¿qué hiciste con ella? Le dan el reporte de lo que cada uno hizo y entonces está el tercer hombre que le dice, “Mira, yo sé cómo tu eres, yo sé que si yo hubiera desperdiciado esa mina me hubieras cortado la cabeza así que lo que hice fue que la guardé debajo del colchón.”

Entonces la reacción, como he dicho, después y la actitud de este hombre nos revela algo. Sabe que cuando usted mira esa parábola de Jesucristo acerca de servicio y de cuentas al Señor y todo esto, todo esto está penetrado por una atmosfera de seriedad, de severidad, de expectativas claras y esto es interesante, hay un pasaje donde el Señor Jesucristo dice, “El que no recoge conmigo desparrama.” ¿Ha escuchado eso?

Qué interesante. Es como que hay dos extremos en la vida cristiana, o usted sirve como un instrumento para el avance del Reino de Dios o usted es un obstáculo, usted está robando energías. Perdone que sea tan claro, espero que nadie se ofenda porque eso no lo digo yo, lo dice la palabra, usted o es un facilitador o es un obstáculo para el Reino de Dios.

Déjeme ponerlo de esta manera, las ramas de un árbol, cuando un árbol sigue creciendo y creciendo se multiplica su ramaje y llega un momento en cada rama y cada hoja y cada extremo del árbol está pidiendo savia, está pidiendo energía porque necesita el alimento que el árbol está cogiendo de la tierra. Y cuando árbol tiene tanto ramaje el riesgo es que no dé suficiente fruto porque toda la energía se desperdicia en distribuirse a través de tantas ramas y entonces por eso llega un momento en que el fruto es débil, pequeño o agrio. ¿Y qué hace el agricultor? Poda, las ramas que no dan fruto las poda para que las que dan fruto tengan más alimento, para que den más frutos. Ese es el principio detrás de podar.

Entonces, yo creo que muchas veces, se me ocurre algo que no sé, yo lo someto a su consideración, no estoy seguro de que puedo decir esto, pero de todas maneras voy a rumiar libremente y usted me dice… se me ocurre que muchas veces nosotros los pastores queremos iglesias que tengan mucha gente aunque sean medio convertidos, aunque no crean ni en la luz eléctrica, pero que vengan porque queremos una iglesia grande, queremos una iglesia con mucha gente y a veces lo que hacemos es que bajamos el Evangelio a un nivel bien básico para que venga mucha gente.

Y yo me pregunto si en la mente del Señor eso es lo que verdaderamente Dios quiere. Yo no sé si Dios prefiere una iglesia de 100 personas que trabajan duro y que cada uno está comprometido con el Reino de Dios o una de 1000 en la cual 800 tienen dudas de si son salvos o no y no conocen el por qué han creído y por qué han sido llamados al reino y un sentido de compromiso y de deber y de entrega total al Señor. No sé. Yo les pregunto eso a ustedes. Me lo debo preguntar a mí mismo, porque es lo mismo, uno quiere un árbol frondoso, un árbol con muchas hojas, con muchas ramas, bien grande, bien bonito, bien llamativo, ¿pero es eso verdaderamente lo que constituye un árbol saludable?

¿Qué quiere usted, una higuera como el Señor vuestro a la higuera llena de ramas y de hojas y cuando metió la mano no encontró un solo higo y la maldijo? ¿O quiere usted un… hay unos arbolitos chiquitos de mango, no son muy altos, pero usted mete la mano y dondequiera agarra uno diez mangos? ¿Qué quiere usted un árbol con muchas hojas, grandísimo, sin mangos o un árbol pequeñito pero tupido?

Entonces, el Señor usa es principio. Si nosotros no damos fruto el Señor no está contento y a lo mínimo le va a poner una multa. Mucha gente se pregunta por qué es que yo no siento el gozo del Señor, por qué esas promesas que dicen en la Biblia no se han realizado en mi vida, por qué es que yo hago esto y lo otro y voy a la iglesia y no siento el gozo del Evangelio ni he visto esos cambios en mi vida.

Pregúntese si quizás está usted dando todo lo que usted puede al Señor, está orando, está ayunando, está leyendo la palabra, está adorando al Señor, está sirviendo, está dándole al Señor, está trabajando para el Reino de Dios.

Yo he aprendido que el gozo del Señor viene cuando le damos al Señor, cuando nos entregamos a él, cuando lo servimos. No hay mayor gozo que un alma conozca a Jesucristo a través de la obra de uno, no la obra de uno pero de Cristo en uno. Pero saber que mi vida sirvió para que alguien fuera bendecido por el Evangelio, guau, eso vale millones de dólares, sinceramente. Para mí el mayor privilegio es saber que yo estoy avanzando el Reino de Dios.

Qué me importa a mí la gloria del hombre y los aplausos de la humanidad si el gozo mayor es que un día voy a escuchar la voz de Dios que me dice, “Ven, buen siervo y fiel, sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré.” Ese es el mayor privilegio de un hombre o una mujer, servir al Señor. De qué nos sirve tener grandes cantidades de dinero metidas en una cuenta de banco si hay tantas cosas que podemos hacer para el Reino de Dios. No es que no ahorremos y que no seamos sabios, pero muchas veces nosotros agarramos y agarramos y agarramos, y el dinero se nos va como agua. Nos enfermamos y el médico se lo llevó todo o un abogado por un divorcio, una pelea matrimonial para dividir los bienes.

Pero cuando servimos al Señor, Dios nos bendice y nos rinde. Yo he aprendido, cuando tu le das al Señor y sirves al Señor lo poquito que tu tienes te sabe a gloria. Te comes un plátano con aceite de oliva y eso te sabe como un manjar de un chef francés, porque estás tranquilo, porque tu sabes a dónde vas y de dónde vienes y tienes la paz del Señor en tu vida. No hay nada como servir al Señor y escuchar esa voz de Dios, “Ven, buen siervo, aprobado.”

Entra en el gozo, entra en el disfrute de tu Señor. Hermanos, les dejo con ese pensamiento en esta mañana de que servir al Señor es algo serio, es un negocio, en el mejor sentido de la palabra. Es un negocio sagrado, sublime, glorioso, eterno, un privilegio tremendo y es una obligación que está acompañada de gran satisfacción porque el servir al Señor no es deber estéril, es disfrute continuo, es uno crecer y crecer sabiendo que la savia del Señor está corriendo a través de nosotros. Es un negocio. ¿Qué estás haciendo para servir el Reino de Dios? ¿Cómo estás negociando para el reino? Negociemos para el Reino de Dios. Amén.

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