Sermón 7 de septiembre 2014: Si Dios está contigo, ¿qué importa lo que el mundo diga?

A propósito de Sermones
[Dr. Roberto Miranda]
  • Presenter: Dr. Roberto Miranda
  • Fecha: September 7, 2014
  • Ubicación: Congregación León de Judá, Boston MA

Estamos en esta serie de mensajes destinados a fortalecernos en nuestra búsqueda de una vida de salud, una vida saludable emocionalmente particularmente. Me estoy refiriendo a los secretos que hay en la Palabra del Señor; no son secretos, son principios que Dios ha establecido en Su Palabra para asegurarse de que nosotros vivamos vidas felices, seamos gente saludable emocionalmente, gente que supere sus limitaciones, supere circunstancias difíciles, se sane de las heridas del pasado. Gente que refleje la belleza y la armonía espiritual, emocional que conviene al Reino de Dios.

Y hemos estado yendo a través de una serie de pasajes de la Escritura y reafirmando estas verdades, y las próximas semanas yo veo que esto nos va a tomar tiempo pero ustedes van a ver que, aún mientras nos limitamos a un tema que es el tema de la salud emocional y de una personalidad, un carácter y una psiquis saludable y balanceada, vamos a estar visitando una cantidad de otros temas. Va a ser como un recorrido a través de las páginas de la Biblia que tendrá aplicabilidad a muchas otras dimensiones de la vida pero con una aplicación tremendamente práctica.

Déjeme decirle que cuando yo preparo un mensaje mi meta siempre es que el pueblo se lleve aunque sea una cosa, una verdad que le permita vivir mejor y que puedan identificar algo que puedan decir: ¿saben qué? esto me lo meto en el bolsillo, me lo llevo a mi casa y voy a masticarlo toda la semana. El propósito es ese y yo quiero que ustedes obtengan verdades que les ayuden a vivir vidas saludables.

Yo les he dicho muchas veces ¿no? que cuando nosotros venimos al Reino de Dios venimos cojeando, y algunos venimos hasta gateando de tan heridos que estamos y tan dañados por todo lo que la vida nos ha hecho. Y venimos al Reino de Dios para ser restaurados ¿amén? venimos al Reino de Dios para ser sanados, venimos para ser santificados, venimos para que el Señor nos quite las ataduras. Rompa el yugo de la maldición del mundo y de la carne, y del pecado. Nos restaure, nos sane.

Somos como el endemoniado gadareno que cuando conoce a Jesucristo deambula por los sepulcros dando gritos y con grillos, y cadenas en sus manos, fuera de sí y viene el Señor, lo sana, lo restaura y entonces lo vemos más adelante sentado al lado del Señor Jesús queriendo irse con Él, ya en sus cinco sentidos. Y el Señor le dice: No ¿sabes qué? en vez de irte Conmigo vete a tu casa y a tu parentela, y diles todas las cosas buenas que Dios ha hecho en tu vida.

¿Sabe que el mayor testimonio que nosotros podemos darle al mundo es una vida saludable en el Señor? ser gente que puede rebotar de las dificultades, gente que puede superar las tragedias, gente que a pesar de que no vive una vida perfecta, sin embargo puede sentir el gozo del Señor en su vida. Que puede decir como el escritor de Habacuc: "Que aunque la higuera no florezca y no haya ovejas en la majada, con todo nos alegraremos y nos gozaremos en el Señor de nuestra salvación."

Y que sepamos que este mundo es inherentemente imperfecto pero que aún así tenemos poder para ir por encima de las circunstancias y ser gente, que cuando la gente nos mire y vea nuestra mirada, vea nuestra sonrisa, nuestra forma de hablar, nuestra forma de tratar a los demás diga: wow, qué persona más saludable, algo bueno y noble en esa persona ¿no?

Y lo que Dios quiere es que nosotros superemos las deformaciones del pasado. Por eso es que no podemos hablar de sanidad emocional o de vida saludable emocionalmente si no hablamos de las cosas que nos enferman. Para estudiar medicina usted también tiene que estudiar las enfermedades ¿sí o no? para poder sanar a alguien usted tiene que saber cuál es la naturaleza de las enfermedades.

Y así mismo para nosotros poder hablar de salud emocional tenemos que hablar de todas las cosas que nos hacen daño, que nos hieren a través de la vida y cómo podemos superarla una tras otra y aprovisionarnos de los principios y las enseñanzas que encierra la Palabra de Dios para vivir esas vidas saludables y para lo que Cristo ha dicho que Él quiere hacer que es vida en abundancia, y vida en abundancia se haga una realidad en nosotros cada día.

Y entonces en las últimas dos o tres semanas, nos detuvimos en uno de esos pasajes que para mí es un caudal de enseñanza, donde se nos habla de hacer uso ¿de qué? de la armadura de Dios. Y vimos que el apóstol Pablo al señalar las diferentes partes de la armadura de un soldado está allí ya proveyéndonos consejos acerca de qué hacer cuando viene el día malo a nuestra vida, o cuando miramos hacia atrás y vemos muchos días malos que hemos pasado y que nos han hecho daño en nuestra vida emocional, y han contaminado nuestro espíritu y nuestra mente, nos han llenado de complejo de inferioridad, temores, ansiedades, dolores, depresiones, deformaciones; óigame me estoy deprimiendo ya mencionando tanta cosa, pero tenemos una armadura que podemos usar cuando vienen estos contaminantes y estos dolores a nuestra vida.

Y vimos que cada una de ellas: la justicia, la verdad, el Evangelio de reconciliación con Dios, la espada de la fe, vivir la vida por fe, la Palabra de Dios que nos aconseja cómo pelear efectivamente y vivir efectivamente. Todos estos elementos nos ayudan a vencer y a vivir por encima de las circunstancias y de las peleas, y las luchas de nuestra vida.

Ahora, dejando eso a un lado, quiero continuar con otro principio, quiero aislar otro principio que va a ser de gran bendición para nuestra vida y es el siguiente: para nosotros vivir vidas verdaderamente saludables es importante que tengamos una convicción interna acerca de lo siguiente: que yo tengo valor porque Dios me ama, y no porque la gente me aprecia o me quiere, o porque todo me va bien alrededor de mí. Más allá de las circunstancias o de la opinión de los demás, el hecho de que Dios me conoce, me ama y me tiene como su hijo o su hija, eso es suficiente para que yo me sienta valioso o importante en el mundo.

Yo no tengo que depender de lo que los demás dicen de mí, la pregunta es: ¿qué dice Dios de mí, qué piensa Dios de mí? Yo no tengo que ser perfecto ni físicamente ni en mis circunstancias para sentirme amado, deseado, valorado, importante porque mi Dios me da valor en Él mismo, porque Dios me conoce, soy Su hijo. Dió a Su Hijo Jesucristo por mí.

Me viene a la mente un pasaje que no tenía así en mente pero que le señalo, Romanos capítulo 8 ¿no? porque la Biblia nos invita así a vernos de esa manera, ver lo que Dios dice y lo que Dios es. Rápidamente, un segundito y lo voy a conseguir ahora mismo.

"¿Qué pues diremos a esto, si Dios es con nosotros, quién contra nosotros?" En otras palabras, entienda: si Dios me ama, si Dios está conmigo, si Dios me valora ¿qué importa lo que el mundo diga? ¿qué importa lo que otros piensen? lo que a mí me importa es qué piensa Dios de mí. Es más, yo digo que mientras uno más crece en el Evangelio, a uno no le importa lo que uno piensa de uno mismo ¿sabe? porque muchas veces nuestra mente está llena de complejos y de pensamientos deformantes, y estamos llenos de temor, y de crítica acerca de nosotros, crecimos en un ambiente donde se nos criticó, se nos atacó, no se nos afirmó y ya nuestra mente lo que ve es condenación cuando nos vemos a nosotros mismos.

A veces venimos de iglesias donde todo es pecado y condenación y ya nuestra está llena, vemos al diablo hasta en la sopa, todo es malo, todo es, y entonces ya ni siquiera podemos confiar en nuestra propia mente, lo que nuestra mente nos dice. ¿Sabe que a veces uno está tan deprimido que uno ni siquiera debe ponerle atención a lo que uno está sintiendo o pensando? porque si usted le pone atención a lo que está pensando va a colgarse de una viga de la casa en algún momento.

He escuchado de psicólogos cristianos. Una vez leí de un hombre, un siervo de Dios poderosísimo, escribió uno de los libros más poderosos acerca de guerra espiritual, el doctor Walter Martin quizá, ahora se me olvida el nombre, el que escribió el libro este de guerra espiritual; eh no, está bien, no se preocupe (risas). Lo que dice él es que, este hombre, bajo un ataque espiritual muy grande se deprimió tanto, pasó una racha de depresión tan grande, que el psiquiatra cristiano de él le prohibió que por un tiempo leyera la Biblia porque en todo lo que leía en la Biblia leía condenación, y leía como que Dios no lo amaba, que Dios no lo deseaba, y el médico cristiano le dijo: mira, por un tiempo deja aún de leer la Escritura y sánate en otras maneras.

Quizá usted no esté de acuerdo con eso pero yo entiendo muy bien lo que quería decir. Porque aún a veces el diablo puede contaminar tu manera de ver la Biblia que tú en vez de ver bendiciones lo que ves es condenación, porque estás en un estado tan frágil emocionalmente. Y yo he aprendido que uno a veces no puede ni siquiera darle crédito a lo que sus ojos ven.

Piense en una mujer anoréxica, una jovencita que tiene este problema ¿sabe que se ven súper gordas aunque están en el hueso? esa jovencita que tiene anorexia o bulimia, estas enfermedades que atacan esa dimensión, que no comen porque se ven gordas o que vomitan todo lo que comen para no engordar, pesan 80 libras, 90 libras muchas veces, y sin embargo cuando se miran en el espejo, su enfermedad emocional es tan seria que se ven gordas, hermanas, aunque la gente las ve como esqueletos, porque tu perspectiva te puede engañar aún en lo que tú ves físicamente.

Y por eso Pablo dice: ¿sabe qué? ya yo ni me juzgo siquiera. Por eso es que nosotros tenemos que pedirle al Señor que nos ayude a ver nuestra vida y vernos a nosotros mismos a través de los ojos de Él, no a través de los ojos físicos nuestros.

Una mujer, un hombre muchas veces puede tener un defecto pequeño en su rostro, y comienza a pensar en ese defecto y a decir: ¿por qué tuve que heredar eso de mi papá o de mi mamá? y esto y lo otro, y comienza a; y ¿sabe qué? cada vez que se ve en el espejo lo primero que ve es el bendito problemita ese que tiene. Quizá la gente no lo ve, pero ya a fuerza de pensar tanto en ello es lo primero que esa persona enfoca y quizá ve una nariz grande pegada a una cara. Y la gente feliz y tranquila ni se percatan de eso pero usted, eso es lo que usted ve. Es como los jovencitos adolescentes cuando tienen un barrito que tienen que ir a la fiesta de la escuela, óigame ese barrito se convierte en un tumor de diez libras, porque es que uno no puede confiar ¿sabe?

El mundo nos deforma y deforma nuestra manera de vernos a nosotros mismos y por eso es que tenemos que pedirle al Señor: Señor, ayúdame a ver el mundo con Tus ojos, no a través de los ojos ni aún míos y ciertamente menos a través de los ojos del mundo.

Los cristianos a veces estamos tan enfocados en obtener la aprobación de los demás, en validarnos a nosotros mismos a través de nuestro pedigree. Hay personas que vienen de una condición bien pobre y pasaron hambre, y pasaron trabajo en sus países, se acomplejaron cuando niños de que eran los que tenían los zapatos rotos cuando iban a la escuela y los niños se reían de ellos, que tenían en el hoyo en el trasero del pantalón, y eso los deformó tanto que cuando llegan a adultos quieren abrumar eso adquiriendo títulos, ganando dinero, vistiéndose absolutamente de primera, que los llamen: don este o ingeniero tal, o esto, lo otro porque creen que de esa manera van a ahuyentar los fantasmas de la miseria infantil que padecieron ¿y sabe qué? no lo logran.

Entonces toda su vida es una búsqueda de ese monstruo insaciable que está dentro de ellos para acallarlo con títulos, con carros grandes, con una mansión grande, entonces se endeudan, se ponen a trabajar desmedidamente, afectan sus matrimonios, fracasan más y el diablo los envuelve más en esa red de destrucción, porque esos monstruos no se sacian con todo lo que usted les tire, eso es un fuego que no se consume con toda el agua circunstancial que usted le quiera echar, tiene que haber una sanidad interna.

Tiene que haber un momento que usted diga: ¿sabes qué? no te voy a dar más comida, te vas a morir de hambre porque no te voy a dar más. Yo valgo porque Dios me ama, yo valgo porque soy valioso en mí mismo, porque Cristo murió en la cruz del calvario, no por lo que la gente diga.

Dice la Biblia: "El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas?" Óyeme si Dios te amó lo suficiente como para dar a Su Hijo unigénito, wow, eso quiere decir que te ama demasiado, y si el Rey del universo te ama ¡qué te importa a ti que un renacuajo por ahí de la calle no te ame y no te afirme! si Dios te da valor ¿para qué tú necesitas que los hombres te den valor?

Tú tienes que pensar: wow, el juez más poderoso de todo lo bello, todo lo hermoso, todo lo valioso me ama y me valora, qué me importa a mí que todos los demás no vean. Tú tienes que enamorarte de lo que Dios ha dicho acerca de tu vida. Tú tienes que estar tan centrado en los propósitos buenos y benévolos de Dios para ti que tú no tengas tiempo para pensar en todo lo que los demás quieran ¿no?

"¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió, más aún el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros." Léase toda esa parte para que usted entienda el amor de Dios tan grande para su vida y entienda que su Papá que lo creó lo ama, lo valora, lo usa e invierte en usted.

Aunque su padre terrenal no lo ha llamado su Padre celestial tiene buenos propósitos para su vida. Aunque tu vida familiar no haya sido la mejor, tu Creador sana todas las heridas de tu vida y piensa en eso siempre cuando tú te sientas pequeñito, acomplejado, a merced de la gente, piensa: yo no puedo invertir mi vida en tratar de satisfacer a los demás. El cristiano tiene que estar radicalmente concentrado en su relación con Dios.

Si usted lee la Escritura desde Génesis hasta Apocalipsis hay un llamado para nosotros de desconectarnos de lo que la gente piense y el valor que la gente nos dé, y pegarnos tanto a la consideración de: ¿qué Dios piensa de mí, cómo Dios me ve? que lo otro se haga totalmente irrelevante. Yo veo esa radical independencia de la sociedad y de las circunstancias, y de todos los eventos del pasado en todas las páginas de la Escritura.

Mire por ejemplo el Salmo 56 versículo 4, un versículo solamente, es lo que digo: cuando uno se acostumbra a mirar la Biblia a través de estos lentes de la salud emocional y de los consejos que Dios nos da para cómo adquirirla eso transforma la manera en que leemos la Escritura.

¿Qué dice el versículo 4, Salmo 56? "En Dios alabaré su Palabra, en Dios he confiado" escuche ese: en Dios, en Dios, en Dios, "en Dios he confiado, no temeré; ¿qué puede hacerme el hombre?" ¿cuál es la respuesta? nada. ¿Qué puede hacerme el hombre? usted cada día dígase eso cuando vaya al trabajo. ¿Qué puede hacer la gente que murmura de que yo soy cristiano y que no hago esto, no hago lo otro ¿qué puede hacerme el hombre?

Y a los jóvenes yo les digo: jóvenes independícense de lo que la gente piense, si usted quiere vivir, joven, una vida en Cristo, una vida poderosa, ser un líder, ser una persona de influencia, lo primero que tienes que hacer es dejar de enfocarte demasiado en lo que tus amigos digan de ti. Deja de tratar de agradar a tus amigos, nunca los vas a agradar. Uno nunca puede agradar al mundo lo suficiente, es más, ni en la misma Iglesia.

Yo les digo a los hermanos: que si la hermanita lo miró mal o le dió una profecía que a usted no le gustó cuando usted pasó al frente, olvídese de eso, tómese dos aspirinas cuando llegue a la casa y eche eso fuera. Hay hermanos que dejan de venir a la Iglesia porque una hermanita no los saludó cuando se sentaron al lado. Y mira me miró de esta manera, y dijeron esto, y en la célula allá me dijeron esto y lo otro, no me visitaron, no me tongonearon, no me mandaron comida cuando yo estaba enferma; óigame, y pierden el gozo del Señor, dejan de venir a la Iglesia, entonces el diablo les da un palo bien dado porque abandonaron su protección que tienen.

A veces vivimos llenos de resentimiento y otras cosas, y otros temores porque el mundo como que nos controla. Lo que nos hacen, lo que nos dicen, lo que no nos hacen, si nos enviaron una tarjeta de cumpleaños, si no le enviaron, nos afecta, entonces estamos como una marioneta a la merced de la gente. Cuando usted viene a la Iglesia péguese al Señor, péguese a Cristo.

Ahora: es bueno que nosotros venimos y adoramos como comunidad y como un cuerpo, eso es cierto, pero también tenga cuidado que usted no pegue su fe ni al Pastor ni a los líderes de la Iglesia, ni al líder de su célula, ni a la hermana que parece un dechado de virtudes pero usted luego descubre que no lo es; péguese al Señor Jesús, obtenga su valor, su gozo de Él y ¡gloria a Dios por lo demás! eso es bueno si hay armonía y todo pero eso no debe ser lo que determine tu gozo en el Señor.

Yo digo que las circunstancias del mundo y lo que la gente piensa de nosotros tiene su valor, pero es, yo les decía esta mañana a las hermanas, como los accesorios que usan las hermanas, accessories ¿sabe? Los accesorios son las cadenitas, los collares, los aretes ¿no? todas estas cosas que se ponen las hermanas y los hermanos también, el guillito que tienen allí, ya ví uno y hasta sus aretitos hoy en día se ponen, no se crea. Esos son los accesorios ¿no? Y los accesorios son eso.

¿Por qué se llama accesorio? porque son como una ayuda. Lo importante es que tú vengas vestida porque ¿de qué te sirve tener muchos accesorios si vienes desnuda (risas) esa no es la idea, no? lo importante es el traje. Y ¿sabe qué? el Señor es quien te viste a ti con Su misericordia, Su bondad, Su amor, Su validación, Su autenticidad. Lo demás, el aretito que te pones, el collar, el guillo, el anillo, todo eso es lindo pero no es lo que te hace a ti hermoso o hermosa.

Porque si te quitas todo eso y te quitas el maquillaje y te ves en el espejo, y eso es lo que te hacía sentirte valioso te vas a sorprender, vas a sufrir grandemente. Nosotros tenemos que tener una actitud realista acerca de lo que nosotros somos hermanos y saber que a final de cuentas todo mundo tiene su área de debilidad, de herida, de tristeza. Esa persona que tú crees que: wow, mira qué bello, quisiera yo ser exactamente como ese hombre, 6'4", ojos verdes, mucho pelo, muchos músculos, wow así. Pero ese tipo cuando se levanta por la mañana y a veces se ve en el espejo a las seis de la mañana antes de ir al trabajo probablemente se horroriza de sí mismo, se ve desnudo ahí antes de meterse al baño y ahí están todos los defectos, nadie los puede esconder. Todo el mundo tiene su área hermanos y nosotros no podemos vivir nuestra vida comparándonos con los demás.

No te compares. No compares ni tus sufrimientos ni tus avances porque mucha gente dice: ah yo soy mejor que fulanito porque tengo esto, tengo lo otro, mentira. Ni tampoco eres peor. Tú eres tú, Dios te creó a ti en una forma y hay belleza en eso, hay valor en eso. Tú tienes que tomarte una cucharada todos los días de esa medicina de que tú vales porque Dios te ama y no porque la gente te aprueba. Déjate de buscar la aprobación de los demás o deja de buscar el sentido del valor en adquirir cosas y ponerte accesorios; una casa, un carro, un título, una mujer linda, hijos supuestamente idóneos, lo que sea, un trabajo prestigioso. Hermano nada de eso va a conseguir penetrar en tu corazón y sanar las heridas que están allí.

Sólo el Poder del Espíritu Santo y el saber que Dios está contigo y está a favor tuyo, y que Dios te ama y que de Sus Manos nadie te podrá quitar. Tu Padre está dispuesto a pelear contigo a puño limpio con el diablo y Él no tiene que hacerlo porque Él nada más le dice: vete y eso es todo lo que Él tiene que hacer.

Pero la Biblia está llena hermanos de esas declaraciones, el Salmo 139 por ejemplo es precioso, en inglés es todavía más elocuente. Pero el Salmo 139 versículos 13 al 16 habla acerca de este sentido que tiene el salmista de cómo Dios lo mira y lo valora, y está comprometido con Él y su vida. Yo pienso, aún el versículo 1 del Salmo 139, ese Salmo yo me lo conozco de memoria porque una de las cosas es que estos principios tú tienes que repetirtelos una y otra vez, y confesarlos con tu boca hasta que se hagan una realidad en tu vida.

Este salmista dice: "Oh Jehová Tú me has conocido, me has examinado y conocido, Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme." Eso se puede ver en dos maneras ¿no? pero ahora yo escojo verlo en ese sentido de que: wow, Dios es testigo de todo en tu vida. Dios camina contigo, Dios tiene cuidado de los movimientos más íntimos de tu corazón y de tu mente. Dios está contigo en la lucha y en el fragor de la vida. Dios está contigo en tu tristeza. Él está contigo aún cuando tú lo ofendes y pecas, y le fallas. Él no te rechaza, Él te recibe cuando tú te arrepientes y vienes ahí un poquito sucio por algo que hiciste y te confiesas, Él te dice: no te preocupes, tengo aquí una tina llena de agua limpia, báñate y tengo para ti un traje nuevo y fresco que ponerte, no hay condenación para los que están en Cristo Jesús dice la Palabra. Dios es testigo de todas las cosas por las cuales nosotros pasamos.

A mí me encanta esa idea de que Dios me valora tanto que Él está en la circunstancia más pequeña de mi vida y Él está viviendo mi vida conmigo, y Él es testigo de todas las cosas que pasan, como una madre cuando llega su hijito porque los amigos le dijeron algo en la escuela o lo que sea y lo toma en sus brazos, y lo consuela, y le infunde valor y cariño. ¿Sabe que eso es lo que hace un padre, una madre? ese es el valor de tener padres que sí nos han amado porque cuando tú valoras a tus hijos y tú les amas incondicionalmente, y tú les infundes ese cariño, eso es una fuente de bendición para tus hijos.

Después entonces no tienen que estarse sanando cuando tiene que pensar: ah mi papá me criticó, no me afirmó, no me amó, siempre estuvo demandando esto, demandando lo otro, siempre tuve que estarle pagando para su cariño con buenas notas o esto y lo otro. El amor de un padre, una madre, el calor infundido simplemente por la compenetración del cuerpo, eso hace una contribución a la salud emocional de un niño en una manera extraordinaria.

Ahora lo que pasa es: si no lo has tenido, cuando entres al Evangelio hay otras cosas, hay otras consolaciones. Recuerda que el más importante es el valor de tu Padre celestial pero si podemos darle a nuestros hijos las dos cosas, el calor de una madre y padre, y también el calor de su Padre celestial cuando nosotros faltemos entonces están bendecidos por todos lados, están forrados por todos lados. Pero hay algo que uno siente cuando sabe que mi Padre me ama, me conoce, me valora, me ve, es testigo de mis luchas, está comprometido conmigo, eso es maravilloso, eso nos infunde paz en nuestro corazón. Entonces el mundo no tiene poder sobre nuestras vidas.

Entonces él dice todo esto ¿no? mire el versículo 5: "Detrás y delante me rodeaste y sobre mí pusiste tu mano, tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí, alto es, no lo puedo comprender. ¿A dónde me iré de tu Espíritu, a dónde huiré de tu Presencia? si subiere a los cielos allí estás tú y si en el seol hiciere mi estrado, he aquí aún allí tú estás." ¿No? es maravilloso este sentido del salmista de la compañía de su Dios en todo momento.

La Biblia está llena de pasajes así que nos recuerdan que Dios, aunque parezca lo contrario, Dios nos prefiere, nos ama. Muchas veces el problema es que nosotros no estamos conscientes del amor de Dios. Nos preocupamos más por otros que parece que están más bendecidos, y por eso digo: no se compare con nadie. No esté mirando al otro que: ah está siendo prosperado, ahora mira compró una casa nueva y yo aquí con mi departamentito todo destartalado, no, no, olvídese de eso. La Biblia dice que: "Tiempo y ocasión sucede a todo." Él también algún día va a necesitar consolación por algo.

Usted mire usted dónde está, qué es lo que Dios tiene para su vida, cuáles son sus metas, sus planes en el Señor y enfóquese en eso, porque a veces parecerá como que Dios está alejado de ti pero Él está allí trabajando en formas maravillosas y escondidas para fortalecer y establecer las bases para tu futura prosperidad y tu futura bendición.

Yo pienso en los dos hijos estos de la parábola de Jesucristo, el hijo pródigo y el hijo fiel que están ahí los dos en la dinámica. Siempre nos enfocamos en el hijo pródigo que se va, ofende al padre, pasa mucha tragedia, regresa apenado y el padre lo recibe y lo restaura a su condición pero no pensamos lo suficiente en el otro hijo, el fiel que se quedó en la casa porque a mí me habla más ese que el otro. Porque el hijo fiel que se queda en la casa cuando ve al padre tratando tan bien a su hermano él se ofende y entonces sale a la luz que hay en él un sentido como de rechazo, y le dice: oye mira esto, este muchacho se va de la casa, malgasta todo tu dinero, deshonra a la familia, ahora viene todo destartalado y tú lo recibes y le das comida, y le das un vestido, y le pones el anillo, y no solamente eso sino que mandas a matar al becerro gordo para él, y yo que te he servido toda mi vida, y no he hecho nada malo nunca, me he preocupado por tus negocios y tus asuntos, y tú a mí ni siquiera una gallina me has dado para que celebre con mis hermanos para hacer un sancocho o lo que sea por allí.

A veces nos sentimos así ¿usted ve? uno se compara con la otra persona: oh es que mira cómo Dios lo bendice, cómo Dios hace esto, cómo Dios hace lo otro, y es a veces ¿sabes por qué? porque esa necesita más que tú y Dios entonces a veces al que más débil entonces tiene como que retardarlo un poquito. Y entonces Dios dice: Muchacho ¿de qué tú estás hablando? si todo lo que Yo tengo es tuyo ¿por qué no cogiste un becerro y lo mataste, o diez becerros? tú eres el dueño de todo lo que yo tengo; úsalo, disfrútalo, ¿no?

Y eso es aleccionador porque a veces nosotros dejamos que los complejos de inferioridad y las inseguridades, y la baja autoestima que hay en nosotros deforme la manera en que nosotros interpretamos los procesos de Dios y la forma en que Dios brega, y la manera en que nosotros vemos a los demás y que nos vemos a nosotros mismos.

En vez de ver el vaso medio lleno lo vemos medio vacío. En vez de ver todas las buenas cosas que Dios está haciendo en mi vida en tantas maneras vemos las que no está haciendo. En vez de ver que tenemos un plato de comida que podemos comer en nuestra casa, que tenemos amigos, que tenemos un Padre que nos ha redimido, que tenemos una vida eterna asegurada, que tenemos una vida eterna asegurada, que tenemos una Iglesia que nos ama vemos simplemente el hecho de que mi carro no es del año y hace años que estoy buscando uno de paquete y no lo he podido conseguir, y Dios no me lo ha dado. Dejamos de orar, nos amargamos, nos desalentamos, en vez de mirar todas las cosas buenas que hay en nuestra vida y todas las razones por las cuales podemos celebrar y darle gracias al Señor.

Y por eso es importante que tú sepas: no, Dios me ama, Dios se preocupa por mí, Dios está conmigo, yo no me voy a comparar con nadie, yo no voy a dejar que nadie controle mis sentimientos y la manera en que yo me veo a mí mismo. Dios es fiel y aunque yo no sea perfecto, y aunque hayan otros que parece que están mejor dotados que yo, Dios lo que está buscando es el valor de mi corazón, mi valor inherente que yo tengo en Él.

Una otra ilustración que nos recuerda acerca de este principio: David y sus hermanos cuando el profeta Samuel viene a la casa de David porque Dios le ha dicho: En esa casa está el futuro rey de Israel, el que va a reemplazar a Saúl ¿no? Samuel comienza a juzgar como juzgan los hombres ¿no? conforme a la estatura, los músculos, la apariencia de los hermanos. Dios no le dice quién es el heredero pero le dice: En esa casa reside.

Y entonces le dice al papá: bueno ¿dónde están sus hijos? y el papá le trae, es como un concurso de belleza: le trae a todos los hijos porque son grandes, fuertes, hombres de guerra bien aparentes, y uno a uno viene y Samuel dice: wow, este tiene que ser, mira: mide 6'4" y unos molleros del tamaño de Arnold Schwarzenegger, se vería bien en un traje de guerra, representaría bien a la nación, y Dios le dice: Ese no es, Yo lo desecho. Ah el otro; más grande todavía, más fuerte, más aparente, más inteligente, más distinguido, ese tiene que ser absolutamente. Ese tampoco, no se vista que no va.

¿Y por qué la Biblia pone esta gente uno tras otro tras otro? es porque Dios quería ilustrar algo, porque bien podría haber el escritor omitido todo eso y decir simplemente: vinieron todos los hijos del padre Elí y ninguno de ellos era, y al final pasó esto ¿no? pero Dios pone, inspirando el Espíritu Santo al escritor uno a uno como para que nuestra mente se compenetre con una verdad, y es que Dios no mide la apariencia física. Dios valora a los seres humanos en una manera muy diferente a como los seres humanos valoran, aún a veces los Pastores y la gente ungida como Samuel. La gente está buscando siempre la apariencia y la gente siempre está buscando que los manipulen, déjeme decirle, siempre.

Los Pastores que los manipulan esos son los que la gente quiere muchas veces, los que les roban el dinero, los que aparentan mucho, esa es la gente que muchas veces respetan, perdóneme que se lo diga. El apóstol Pablo, de hecho quiero ilustrar eso con otra, porque hay muchas ilustraciones, pero no me quiero perder ¿no? me estoy adelantando. El asunto es que cuando todos han pasado el Señor se molesta con Samuel, le dice: Ninguno de esos es, Yo los desecho a todos.

Y entonces Samuel dice: bueno pero Tú me mandaste a esta dirección, yo busqué en el GPS y aquí fue que me trajo, míralo ahí: 274 calle tal en Belén, qué se yo, ok. Y entonces él le dice al papá: ¿pero no hay otro más por allí, estos son todos tus hijos? ah espérate, se me olvidó: hay uno por allá metido en el campo; manden a buscar a Davidcito que está por allá, no se me ocurrió, es que es tan chiquito y tan feito (risas). No era así, él era un Brad Pitt en posibilidad pero no se le veía porque estaba lleno de tierra, de oveja y olía mal, y todo eso porque estaba metido con las ovejas allá en el campo.

Y cuando le traen a David el Señor dice: Ese es, ese es el "mero-mero." Yo desecho a todos los demás porque Yo miro el corazón, Yo no miro la apariencia. Hermano, hermana: llénate de esa verdad en tu vida. Dios no mira tu pedigree, cuántos títulos conseguiste o no, la casa que tienes o los logros, o la cuenta de banco. Dios mira tu valor como Su hijo, Su hija, tu corazón, tu deseo de agradarle, tu nivel de consagración, tu lealtad al Reino de Dios, tu amor por los demás, tu deseo de servirlo, la nobleza de tu corazón, tu generosidad, tu compasión con los demás; a eso tenemos acceso todos incondicionalmente y eso determina el valor que Dios te da y el valor que tú tienes.

Una persona puede ser un rey sentado en un palacio y tener menos valor que un mendigo como tenemos en la parábola de Lázaro porque Dios ve el corazón, Dios ve el valor inherente que hay en ti, el espíritu que Él puso en ti. Cuando Dios te ve Él no ve un hombre, una mujer con pequeñas cicatrices de diferentes situaciones en la vida físicas o espirituales. ¿Sabe lo que Dios ve? Dios ve un espíritu, Dios ve su vida que Él infundió a través de tu nariz con Adán y Eva, cuando Él tocó el vientre de tu madre y se prendió una luz de vida, una criatura nació por la unión de tu padre y tu madre y se dió la chispa de vida, y eso tiene la chispa de Dios.

Dios ve Su vida dentro de ti, Dios ve la eternidad que Él ha puesto dentro de ti. Dios ve la belleza de Su Persona y la Persona de Su Hijo en ti, Él no ve los accesorios y las tonterías de la vida, y nosotros tenemos que ver esa parte. Y la vida está llena de ese principio, yo podría estar aquí horas solamente desarrollando esa verdad de que nosotros valemos no por los hombres ni por lo que las circunstancias determinen sino porque Dios nos ama y nos da valor a nosotros, y yo quiero que en esta tarde te metas eso en todas las partes de tu ser.

Casi lo último que digo, casi lo último, pasen los músicos, es que para que estas verdades se hagan reales en nosotros usted necesita decirlas mil veces o más. Eso que yo te digo es muy fácil decirlo y usted dice: ah, es cierto pero óigame, qué difícil se hace eso cuando usted va al trabajo o cuando tiene que bregar con la dinámica de su célula, o cuando usted mira todos sus temores y todos los complejos que tiene por dentro. Es que la Verdad de Dios para que se haga real en nuestra vida uno tiene que confesarla, uno tiene que leerla, uno tiene que memorizársela, uno tiene que juntarse con gente que cree las mismas cosas continuamente, usted tiene que soñar con ellas, tiene que pensar continuamente en ellas, tiene que leer su Biblia, tiene que subrayarlas, tiene que tomar notas aparte en un diario.

Usted tiene que dejar que esa Palabra se desgrane dentro de usted y usted consumirla día tras día tras día, estas verdades. Usted tiene que decirse: yo valgo porque Dios me ama y me valora, y mandó a Su Hijo por mí, y usted tiene que buscar eso en diferentes maneras en su vida, y cada noche antes de acostarse usted debe confesar estas cosas hasta que comiencen a reducirse a un sedimento de convicción que lo va a alimentar cuando la vida se ponga un poquito agria, hasta que eso se convierta en una verdad.

Todas estas verdades, estos principios que yo estoy señalando de nada sirven si yo simplemente se los pego con tape en la frente, tiene que pasar a través de su hueso de su cráneo y llegar a su cerebro, y convertirse en una neurona, en una conexión, una sinapsis entre dos células que alimenten su forma de ver la vida y su forma de procesar las circunstancias de la vida. Tenemos que vivir eso continuamente.

Yo no me dejaré gobernar por ninguna circunstancia de este mundo ni ninguna opinión de ningún hombre, ninguna mujer, ninguna cosa que me den o me quiten, yo me voy a llenar de ese sentido del amor y la valorización de mi Padre que me ama incondicionalmente y que está comprometido conmigo ciento por ciento del tiempo. Ese Dios que no me ama menos porque no saqué una A en el exámen, no me ama menos porque no tengo el doctorado que yo quería, no me ama menos porque no tengo una casa de seis dormitorios y un BMW en mi marquesina; me ama porque yo soy Su hijo, porque me parió con dolor en una cruz, esa es la manera. Y la Biblia está llena de esos principios.

Salmo 54:10: "Porque los montes se moverán y los collados temblarán pero no se apartará de ti Mi misericordia, ni el pacto de Mi paz se quebrantará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti." Isaías 49:14, les digo, esto está lleno de la valorización de Dios en los siguientes versículos. "Pero Sión dijo" él está refiriéndose a su pueblo Israel quebrantado y castigado por sus pecados, y que ya siente como que Dios lo ha abandonado y se olvidó de él y ya no tiene nada que ver con él, y entonces Dios pone estas palabras en la mente de Su pueblo pero también las está poniendo en nosotros cuando nos sentimos a veces rechazados o que hemos hecho algo que ya Dios no tiene nada que ver con nosotros, o ya no quiere saber de mí porque yo lo ofendí, o lo que sea.

Y dice aquí: "Pero Sión dijo: me dejó Jehová y el Señor se olvidó de mí." Y dice el Señor: "¿Se olvidará la mujer de lo que dió a luz para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? aunque olvide ella, Yo nunca me olvidaré de ti, recuerda eso. Aún si mi padre y mi madre me dejaren, con todo Jehová me recogerá." En el 99.9% de los casos una madre no se olvida de lo que parió su vientre, pero aún si ella pertenece a ese 0.1% que se ha olvidado, Dios nunca se olvidaría de uno de Sus hijos, nunca lo abandonaría. Yo nunca me olvidaré de ti.

"He aquí que en las palmas de la mano te tengo esculpido, delante de mí están siempre tus muros." ¿Tú puedes visualizar eso? que Dios tiene una pantalla donde está tu vida 24 horas al día retratada. Todo el día cada minuto del día el Señor está viendo la película que se llama: Betania o Meche, o Samuel, o Marina. Hay una película que tiene tu nombre y el Señor se deleita en verla todo el día. Aún cuando estás durmiendo los ojos de Dios están sobre ti mirándote respirar, volteándote de un lado de la cama al otro, viendo tus pesadillas, tus sueños, tus temores, tus luchas, tus defectos, tus errores, tus pecados, y aún así Él te ama y está comprometido contigo porque Él sabe que al final te vas a arrepentir y vas a hacer lo que tienes que hacer, y vas a llegar a la meta, y al final te vas a sanar de todo porque un día te vas a morir y vas a entrar en la patria celestial, y vas a ser un ángel bellísimo que si alguien te viera se tiraría de rodillas ante ti porque diría: wow este es Dios mismo.

Recuerda que no hay forma de que te puedan arrebatar de la mano del Señor. Independízate de la gente, de las circunstancias y aún de tu propia mente, y vive enfocado en lo que Dios ha dicho de ti. La única reputación que importa es la reputación que tú tienes con Dios, la única reputación que vale. La otra se pierde en cualquier momento; un día la tienes, otro día no lo tienes, un día están contentos contigo, otro día te rechazan y te critican. No te metas en ese jueguito psicológico. Enfócate en: ¿qué quiere Dios, qué dice Dios, qué piensa Dios, cuál es la opinión de Dios de mi vida? y podrás entonces ser un poquito más feliz.

Que el Señor nos ayude a encontrar valor en nosotros mismos en Dios y no en lo que el hombre o la mujer. Siéntate sobre el trono que Dios ha preparado para ti y vive tu vida mirándolo a Él. Ahora mismo visualízalo en tu mente, si tú puedes cierra tus ojos un momentito y mira a tu Padre celestial contemplándote desde el cielo con una sonrisa benévola diciendo: Sí a veces es un poquito travieso pero es mi hijo y Yo lo amo y estoy comprometido con él o con ella todos los días. No lo voy a rechazar, no me voy a desentender de ella, voy a pelear como un león por ella, y cuando me le quieran hacer daño yo voy a estar allí como un gigante listo para defender.

Dios te ama, Dios me ama. El Señor dice: "Nadie te podrá separar de Mí en todos los días de tu vida" nadie te podrá hacer frente, ni ángeles, ni la muerte, ni la vida, ni principados, ni potestades, ni lo futuro, ni por venir, ni ninguna otra cosa creada podrá separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús, Señor nuestro. Gracias Señor, gracias porque no importa cuál sea la circunstancia en que yo me encuentre, soy más que vencedor, soy más que valioso, soy más que precioso, tengo valor en Ti Señor Jesús. Que mis hermanos y mis hermanas puedan ser absolutamente saturados de esta verdad en este día.

¿Y sabe que todo comienza con tener tú la Presencia de Cristo en tu vida? el sello de Jesús, eso es lo que te da valor, el Cristo que reside dentro de ti, eso es lo que te da valor, el Cristo que reside dentro de ti. Si tú no tienes a Cristo en tu corazón te animo en esta mañana, en esta tarde a entregar tu vida al Señor y pedirle a Cristo que more dentro de tu vida, ahora mismo ¿por qué no haces eso? invita a Jesús a entrar a tu corazón.

Dile: Señor Jesús, yo entiendo claramente que no tengo valor por lo que he adquirido, por nada de este mundo sino porque Tú moriste por mí en la cruz, te diste en la cruz del calvario y porque soy Tu hijo, soy Tu hija. Entra a mi vida, siéntate en el trono de mi vida, te entrego todo mi ser, yo quiero vivir como un hijo de Dios preferido, como una mujer que tiene valor porque Cristo mora en ella.

Si alguien no ha hecho su decisión por Cristo Jesús en esta tarde, si te ha tocado algo de este servicio y tú quieres dar un paso de fe en esta tarde, y poner tu vida en las Manos del Señor, te invito a levantar tu mano y queremos orar por ti en esta tarde, si no lo has hecho antes y quieres hacerlo ahora abrimos este momento ¿habrá alguien que quiera entregar su vida y ponerla en las Manos de Jesús? te invitamos a hacerlo ahora. Esperamos un momento.

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