Sermón clásico 6046: El mejor médico de todos

A propósito de Sermones

Evangelio según San Marcos Capítulo 5. Vamos a leer comenzando con el Versículo 21 hasta el versículo 34. Vamos a meditar un momento sobre esta mujer tan especial, llena de fe: toca el manto de Jesús y recibe sanidad y salvación.

Dice la palabra del Señor: "Pasando otra vez Jesús en una barca, a la otra orilla, se reunió alrededor de Él una gran multitud y Él estaba junto al mar y vino uno de los principales de la sinagoga llamado Jairo y luego que le vio se postró a sus pies; y le rogaba mucho diciendo 'Mi hija está agonizando, ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá'. Fue pues con él y le siguió una gran multitud y le apretaban pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre y había sufrido mucho de muchos médicos y gastado todo lo que tenía y nada había aprovechado, antes le iba peor. Cuando oyó hablar de Jesús vino por detrás entre la multitud y tocó su manto porque decía 'Si tocare tan solamente su mano seré salva'.

Enseguida la fuente de su sangre se secó y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote. Luego Jesús conociendo en sí mismo el poder que había salido de Él, volviéndose hacia la multitud dijo: '¿Quién ha tocado mis vestidos?' Sus discípulos le dijeron: '¿Ves que la multitud te aprieta y dices "quién me ha tocado"?' Pero Él miraba alrededor para ver quien había hecho esto, entonces la mujer temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho vino y se postró delante de Él y le dijo toda la verdad. Y le dijo: 'Hija tu fe te ha hecho salva, ve en paz y queda sana de tu azote'." Bendiga el Señor su palabra.

Estamos viendo diferentes personajes que a través de los Evangelios se encontraron frente a frente con la persona de Jesús y que ya fuera a través de un dialogo sostenido con Él como el caso de la samaritana y Nicodemo como vimos en las últimas dos semanas o a través de un encuentro de crisis muy rápido pero certero tuvieron una transformación en sus vidas. Nos invitamos a nosotros mismos a ver a Cristo como la fuente de toda esperanza, como la fuente de toda aspiración a transformaciones en nuestras vidas. Yo les pido, hermanos, que vayan mirando como diferentes personajes a través de las páginas del Evangelio vienen al Señor con diferentes tipos de problemas.

Algunos de ellos que parecen insolubles, sin solución, sin posible cambio y sin embargo a través de un encuentro restaurador con el Señor su llanto fue transformado en un canto de alegría, su enfermedad fue tornada en salud, su necesidad espiritual fue tornada en una palabra de consuelo, de esperanza, de saciedad.

Y hoy tenemos este personaje que es esta mujer que padeció durante largos años de un flujo de sangre y podríamos continuar haciendo esa comparación con Nicodemo y con la samaritana. Y podemos ver aquí hermanos, como en un sentido en este relato que acabamos de leer se unen las dos dimensiones que encarnaban Nicodemo y la Samaritana.

En un solo relato se dan los dos extremos de la Humanidad. En el caso de la samaritana, vimos una mujer caída, moralmente comprometida, quizás aislada de su comunidad por su conducta que era conocida en un pueblo pequeño. Una mujer de escasos conocimientos escriturales pero necesitada de Jesucristo y el Señor la encuentra en su punto de necesidad, dialoga con ella y la lleva gentil pero muy firmemente hacia una revelación: que Él es el Mesías prometido.

En Nicodemo vemos un hombre que es todo lo contrario. Un hombre como fariseo al fin, como hombre principal, quizás miembro del Sanedrín, un hombre recto de buena reputación, intachable probablemente ante la sociedad en que se movía, respetado, quizás hasta temido.

Un hombre que caminaba por el camino recto, muy versado seguramente en las Escrituras, muy conocedor de los aspectos religiosos de su Fe pero también profundamente necesitado de una revelación más cabal de lo que es Jesucristo.

Y el Señor, también, lleva a Nicodemo -que un poco más abruptamente como vimos por su respuesta misma que quizás podría parecerle cortante al fariseo que se acercaba con cortesía a ese maestro con quien Dios estaba, según él lo veía- pero también el Señor va llevando a Nicodemo a través de un proceso de creciente concientización hasta que finalmente el Señor le dice: 'Así como la serpiente de bronce fue levantada ante los judíos que estaban siendo mordidos por serpientes ardientes y miraban y eran sanados; así también es preciso que yo, por implicación, el hijo de hombre sea también levantado ante los ojos del hombre y exaltado como Cristo para que al mirarme a mí reciban sanidad y salvación'.

Pero también levantado -figurativamente- como un día sería levantado en la Cruz. Es una imagen muy impregnada de asociaciones, Él también sería levantado en la Cruz un día y esa muerte también: ese levantarlo a Él en el madero iba a traer también salvación. Hoy nosotros miramos a esa cruz para recibir nuestra sanidad y nuestra salvación.

Y como señalaba Lisette también pero eso no es todo, el drama se extiende y también el Señor Jesucristo un día será levantado en una madera totalmente nueva y diferente. Será levantado y adorado y reconocido por toda la humanidad como el Salvador del hombre. Aquellos que no quisieron reconocer de buenas, tendrán que reconocerlo de malas, tendrán que inclinar la cabeza y reconocer a Cristo como Señor y Salvador.

Y yo creo que allí está todo el Evangelio y todo lo que podamos decir en los próximos domingos en realidad estará contenido en esos extremos que ejemplifican la mujer samaritana y Nicodemo. Lo demás será elaboración y un apuntalar de esas verdades fundamentales. Y por eso me parece lógico continuar en secuencia y entrar ahora donde estos dos extremos se encuentran y dialogan el uno con el otro en un mismo texto. Pero no me interesa tanto enfocar a Jairo, sino más bien simplemente, como un trasfondo ante el cual la persona de esta mujer y su fe puedan resaltar con claridad meridiana.

Vemos que el relato comienza como comienzan tantos relatos en las Escrituras y en realidad también como comienzan tantos relatos en la vida humana, la vida natural del hombre. Un hombre poderoso, uno de los principales de la sinagoga que se llama Jairo, viene ante Jesucristo.

Tiene una gran necesidad este hombre: su hija -a pesar de su gran poder y de su gran influencia y conocimientos religiosos- su hija está muriendo, está agonizando. Otro de los Evangelios lo pone en una manera aún más apremiante y como que uniendo los dos eventos, porque después vienen en este relato y le dicen que ya su hija ha muerto. Pero el otro evangelista dice que Jairo se acercó a Jesús y le dice: 'Ya mi hija está muerta. Pero Tú puedes hacer lo necesario para que ella viva.'

Pero el caso es que Jairo padece de una gran necesidad y se acerca al Señor.

Yo veo esto como de la manera natural en que proceden los relatos humanos porque en realidad cuando uno mira en la sociedad común y corriente ¿qué pasa? un hombre poderoso cuando tiene necesidad generalmente sabe a donde ir, tiene los recursos necesarios o tiene los conocimientos necesarios, las conexiones necesarias; va a donde la persona que puede resolver su problema, apela a esa persona y por su posición y por su influencia y quizás por su elocuencia con que puede expresar su necesidad y por el poder ir a la persona correcta recibe la respuesta que necesita.

Pero este no es un relato como cualquier otro relato, sino que este relato nos quiere revelar algo más profundo todavía.

Ustedes recordarán, hermanos, todos los Evangelios fueron escritos con un propósito muy definitivo en mente. Primero dirigidos por el Espíritu Santo que quería dejarnos una revelación bastante rica de lo que era la persona y el ministerio de Jesús y la forma en que el evangelista Marcos dirigidos por el Espíritu Santo elabora y que el Señor mismo dirigió estos eventos de unir estos dos relatos en uno solo y estos dos eventos en uno solo es porque nos quieren señalar algo acerca de la persona de Jesús: su manera de ministrar.

Nos quieren dar a nosotros señalamientos y directivas para qué nosotros hacer en situaciones similares a estas. Y yo creo que la primera lección que el Señor nos ha dirigido a mirar es que en el Señor los ricos y poderosos y los que no tienen ningún tipo de recurso, ningún tipo de renombre, ni de fama ni de influencia en la sociedad, ambos están igualados ante la persona de Jesús y que el Señor como dice: 'El que a mí viene, yo no le echo fuera'.

El que se acerca a mí con una necesidad sincera, con un corazón necesitado: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados. Yo os haré descansar".

El Señor nos llama a cada uno de los que estamos aquí, no importa cual sea tu condición. Si tú tienes muchos años viniendo a la Iglesia, si eres un fiel diezmador y un fiel siervo de Dios en diferentes maneras, una fiel trabajadora en las cosas de la Iglesia.

Esa persona está en la misma condición que quizás tú que vienes hoy por primera vez a la iglesia y que no conoces bien la Biblia. Quizás ni siquiera entiendes el lenguaje figurado de la Escritura, quizás no sabes orar. Pero si tu fe está depositada en Jesucristo para ti también hay esperanza. El Señor quiere tener un encuentro contigo. El Señor quiere dialogar contigo.

Gloria al Señor que los encuentros poderosos con Jesucristo no son para los teólogos ni para los que han ido a Seminario, ni para los que se han pasado toda la vida escudriñando las escrituras. Aunque todas estas cosas, Gloria al Señor, son lindas y son necesarias y buenas pero lo que nos conecta con Jesucristo es una fe viva, una fe natural, una fe sincera.

Por eso es que el Señor ha hecho las cosas en un sentido muy sencillas: si creemos en nuestro corazón, si confesamos con nuestra boca somos salvos. Si nos acercamos al Señor con un corazón contrito y humillado encontraremos en el Señor una disposición grande para sanar y para salvar. Y esta mujer con su fe sencilla como que se inyecta en la trayectoria de Jesús.

Y yo creo que ese es otro de los hilos que este texto nos invita a concientizar, a enfocar, es el hecho de que -si estoy interpretando bien las implicaciones del texto- se nos enseña que nosotros inclusive podemos cambiar -aunque esto parezca hereje hasta cierto punto- la mente de Dios, podemos cambiar las disposiciones. Yo entiendo que el lenguaje humano nos falla en estas cosas.

No es que Dios no supiera que esto iba a pasar, ni nada por el estilo, pero me choca y me conmueve que el Señor nos dice el texto, Él va muy enfocado en la necesidad de este hombre, Él va a atender a un ser humano que está necesitado, que su situación es apremiante.

Hay una urgencia, una emergencia muy grande y el Señor va con su mente muy enfocada en ir allí y con su poder restaurar a la hija de Jairo. Y esta mujer viene como una flecha y se inyecta en el cuerpo del relato y ustedes ven que el Señor Jesucristo -Marcos lo describe como que está sorprendido en su humanidad, en su dimensión humana el Señor Jesucristo- es también chocado por esta mujer y dice la escritura lo presenta como que ella le extrajo algo al Señor.

Eso está allí en el texto y no es para que lo sobre interpretemos pero es para que entendamos el nivel hasta el cual nosotros tenemos autoridad ante Dios cuando nuestra fe está lo suficientemente enfocada y poderosa y cuando estamos marchando dentro de lo que es el carácter de Dios.

A Dios no lo podemos cambiar en términos de su carácter, hermanos, ni de su propósito general, universal. Pero al Señor le gusta cuando nosotros venimos ante Él afirmados en su palabra y porque Él nos invita a venir con un fe segura y decir: "Padre yo tengo una necesidad terrible y si no me satisface me voy a morir. Necesito de Ti"

El Señor, honra, hermanos, no tengamos temas de tratar con el Señor en esos términos a veces fuertes. Hay un balance que la Iglesia de Jesucristo tiene que aprender en estas cosas. Yo creo que se ha abusado demasiado, también por la predicación de Sanidad y Prosperidad como dicen: 'Name it and claim it'- Nómbralo y reclámalo y es tuyo.

El Evangelio de la prosperidad y de las riquezas que muchas veces en una forma solapada de encubrir materialismo y hasta brujería. Querer poner al Santo de cabeza y querer robarle a Dios ciertas cosas. Porque si usamos la fórmula correcta Él me tiene que responder. Pero muchas veces nos hemos ido al otro extremo huyendo de esa Teología falsa al extremo de decir simplemente: 'Bueno, Señor, si Tú quieres. Amén' y 'Hágase tu voluntad' y adoptar una actitud pasiva. Yo creo que a la larga improductiva ante el Señor.

Entre esos dos extremos de una pasividad total y un pietismo improductivo que simplemente dice 'Bueno, Señor, Tú sabes lo que yo necesito para que orar, mi vida está en tus manos. Ten misericordia de mí. Hágase tu voluntad'.

Entre esos dos extremos hay un punto muy delgado, pero muy seguro en el cual nosotros como Jacob nos podemos acercar a la presencia de Dios y establecer una lucha amorosa con Dios y un dialogo de oración y de persecución del amor y de la misericordia divina y Dios es glorificado, hermanos, también en esa búsqueda ardiente.

Siempre y cuando esa búsqueda ardiente esté fundamentada en un entendimiento de que Dios es soberano y que Dios sabe todas las cosas. Al final Él da la última palabra y cuando la última palabra haya sido dada nosotros diremos: 'Señor, Gracias. Cúmplase tu propósito en mi vida'.

Y cuando venga otra crisis, otra necesidad volveremos a proclamar el poder de Dios y volveremos a ponernos todos los fierros y seguir batallando porque creemos en ese Dios fiel y por aquellos momentos en que Dios decide dar un "no" hay también unos "sí" poderosos que hemos visto como Dios nos ha sacado de crisis en nuestra vida y por eso venimos al altar y por eso proclamamos la misericordia de Dios y el pueblo de Dios siempre será un pueblo invencible que continuará proclamando la bondad de Dios.

Y como dice el escritor: 'Yo sé que mi Redentor vive y aunque esté muerto, yo sé que yo podré verlo. Yo confiaré en su misericordia'.

Todos nosotros en un sentido u otro somos hermanos de Job, todos estamos en una lucha a brazo partido por recibir las bendiciones de Dios. Y yo veo una y otra vez en los evangelios, estos seres agónicos -llamémoslos así- seres, hermanos agónicos del existencialista Kiekegar que se consumió en ansiedad, yo no creo que ese es el espíritu tampoco. Pero yo, quizás me identifico con ellos, quizás porque uno encuentra afinidad en estas cosas y a veces los personajes con quienes nos asociamos revelan mucho acerca de nuestra personalidad.

Pero a mí me encantan estos seres agónicos como esta mujer con una necesidad terrible. No tenía nada que perder. Puso todas sus fichas sobre la mesa y dijo, 'si perezco, que perezca y aquí voy. Voy a un encuentro con el Señor Jesús' y salió vencedora.

Y podemos pensar en Zaqueo, podemos pensar en la mujer siro-fenicia; volviendo a esto de los diálogos y las luchas enamoradas con Jesucristo; miren a la mujer sirio-fenicia. Después la vamos a estudiar en algún momento. Esta mujer tiene una necesidad terrible: una hija suya está en crisis y viene a donde Jesucristo y Jesucristo le dice "no me molestes tú no eres de los de Israel y yo he sido llamado-aunque Él había dicho todo lo contrario- solamente a los hijos de Israel".

Y esta mujer no se deja desalentar por ese empujón leve que le da el Señor Jesucristo, y no tan leve porque fue casi un insulto :"no es bueno dar la comida a los perros" y esa misma mujer torna la frase de Jesucristo contra el mismo Jesucristo en un sentido y le dice "Si, señor pero si esa de la manera que tú lo quieres ver aun los perrillos tienen derecho de comer la migajas que caen de la mesa y el Señor dice: "Mujer por esa palabra tu hija es sanada".

Y yo veo que nuevo esa dinámica de lucha, de búsqueda. Hermanos, el Señor quiere hombres y mujeres apasionados, el señor quiere hombres y mujeres que estén claros en por qué están buscando de Dios y en quien han creído...

Ahora mujeres como estas y personajes como estos nos invitan una y otra vez a replantearnos ¿por qué servimos al Señor?: ¿es mi fe, es mi concepción de Jesucristo lo suficientemente definida como para yo perseguirlo a Él en una forma encarnada y entregada y total?

Porque esa es la actitud que va a traer bendición a tu vida y por eso es que yo creo que a través de la Escritura nosotros vemos esos personajes agónicos que están allí luchando y bramando como dice el salmista: 'como el siervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti ¡oh Dios! el alma mía'.

¿Qué imagen más llena de intensidad que esa? Mi alma tiene sed del Dios vivo.

¿Estamos nosotros buscando a Jesucristo con esa sed? Nosotros tenemos que depurar nuestra Fe, muchas veces hermanos. Está llena de tantas diferentes cosas que la diluyen y que la confunden. ¿Por qué estás tú aquí hoy? Por el Pastor, por compromiso familiar, por inercia, porque has venido en otras ocasiones. Plantéate verdaderamente.

¿O estás tú aquí queriendo recibir poder de parte del Señor Jesús?

Si tu fe está clara y si tú estas buscando aquí esa bendición de Dios. Dios te va a hablar a tu vida. Dios te va a tocar, Dios te va a transformar. Dios va a darte la solución a tu problema. Entonces esta mujer decimos se inyecta y rompe el curso del dialogo, altera por así decirlo la agenda de Jesús y con una frase cambia todo el giro de la situación. Pero una mujer, esos peros de la escritura a veces nos hacen temblar cuando aparecen. Pero una mujer que desde hacia doce años padecía de flujo de sangre, cuando oyó hablar de Jesús, vino entre la multitud y se acerca a Él.

Contrastes. Jairo hombre, esta mujer por ser simplemente mujer ciudadana de segunda clase. Jairo tiene nombre, Jairo; esta mujer ni siquiera se señala su nombre, anónima completamente.

Hola, Dios te bendiga te habla el Pastor Roberto Miranda. Gracias por escuchar nuestros mensajes y nos da mucho gozo saber que este programa esta siendo de bendición para tu vida. Quiero dejarte con las palabras de bendición de Moisés al pueblo de Israel. "Jehová te bendiga y te guarde, Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti y tenga de ti misericordia. Jehová alce sobre ti su rostro y ponga en ti Paz".

Es un privilegio para mí ser parte de tu vida.

Espero que sigas sintonizado a nuestro programa “Una cita con Cristo". Te bendigo en el nombre de Jesús.

Jairo principal entre la sinagoga, reconocido, esta mujer, pobre, necesitada, había gastado todo lo que tenia en médicos. Jairo religioso; esta mujer impura, sufría de flujo de sangre, una enfermedad que quizás usted ni siquiera sepa, padecía una hemorragia continua, había pasado doce años. Y esta enfermedad tenia un doble filo, por una parte era desgastadora físicamente y terrible en lo que le hacia al cuerpo: una anemia continua esta persona padecería y por otro parte horrible también porque hacia de esta persona una descastada. No era por los ritos de la ley y los requisitos de la ley judaica no era apta para estar entre gente pura, ritualmente hablando.

Según la ley, el toque mismo, porque eso es lo que establecía el viejo testamento, esta mujer estaba en un continuo estado de impureza, técnica y legalmente y por lo tanto su presencia y su persona eran no gratos a la sociedad religiosa, a la sociedad aceptable. Su toque era como el toque de un muerto o de un leproso, ella era persona ‘non grata’ como dicen por ahí. No se suponía que ella se encontrara en esa situación, no se suponía según la ley, que ella tocara a un rabino, sobre todo, porque su toque lo hacia impuro.

Era una situación apremiante, como nos recuerda tanto de la situación de tantas personas, quizás en un sentido tú estas en algo parecido, lo maravilloso es que aquí se nos enseña algo, es que la ley divide pero Cristo reconcilia.

La religión muchas veces y los requisitos de la gente “buena," entre comillas, tiende a hacernos sentir impuros, quizás tú estas aquí padeciendo de alguna atadura espiritual; quizás hay algún habito impuro en tu vida; quizás hay alguna condición moral que te hace sentir que estás que sopena de muerte en un sentido, quizás ofendiendo a Dios con tu presencia.

Déjame decirte que el Señor se alegra de que estés aquí en este día, el Señor se alegra de que tú tienes necesidad, no se alegra porque tenga necesidad, sino se alegra por que esa necesidad que tú tienes, lo hace a Él realizar su propósito para lo cual el vino. Él dijo "yo he venido no a los sanos, he venido a los enfermos. Yo he venido ha restaurar a los caídos. Yo he venido ha traer liberación a los oprimidos” y el Señor Jesucristo te dice hoy la religión no tiene poder para apartarte de Él.

La ley no puede hacer eso, si tú lo buscas a Él y buscas reconciliación en Él, Él es poderoso para reconciliarte con Dios y ese es una de los hilos de este texto también. Nos invita a pensar que no importa cual sea nuestra condición espiritual o física o lo que sea en el Señor hay esperanza, en el Señor hay una misericordia grande, su misma naturaleza como vemos aquí, más allá de todo dialogo que nosotros podamos entablar con Él, su mismo ser, lo hace estar atento y estar preparado para responder a las necesidades, de aquel que se acerca a Él con urgencia y con necesidad.

Hay algo mas que me intriga de este pasaje, dice ‘que doce años padeció de flujo de sangre y había sufrido mucho de muchos médicos y gastado todo lo que tenia , y nada había aprovechado antes le iba peor’.

Se han hecho estudios aparentemente, de todas las tonterías que se inventaban los médicos de aquel tiempo para resolver esta situación, y aparentemente había una larga lista, de posibles remedios, algunas cosas totalmente improbables y ridículas.

Pero aparentemente esta mujer había agotado todas las posibilidades, había ido a todos los médicos, quizás esta mujer quien sabe, tenía dinero en un tiempo y agotó todo su caudal en buscar una solución a nivel humano, buscó en la ciencia y no encontró la solución que necesitaba.

Doce años, tenía padeciendo la enfermedad. Dos cositas podemos extraer de allí, en esos doce años hay algo, doce años estuvo esta mujer, triste y padeciendo hasta que tuvo un encuentro liberador con Jesucristo.

¿Cuántos años tiene su problema?, ¿Cuántos años tienes tu orando por tu esposo o esposa? ¿Cuántos años tienes tú con la carga de un matrimonio difícil o problemático? ¿Cuántos años tienes tú con una enfermedad, que te esta quitando quizás el gusto de la vida o la tranquilidad? ¿Cuántos años tienes tú con alguna necesidad secreta que tú has traído ante el Señor una y otra vez?

Aún ante Jesucristo y el Señor te ha dicho todavía: ‘Basta de mi gracia. Ya he estado esperando’ y quizás piensas que ya no hay solución, que ya no hay respuesta, que ya no hay salida para ti. No importa cuanto tiempo tú estés orando ante Dios, sigue confiando en el Señor, sigue trayendo tu necesidad ante Dios. Porque tú no sabes cuanto tiempo Dios por alguna razón que solo Él conoce, va a ser necesario antes que el le de la respuesta a tu necesidad.

El Pueblo de Dios tiene que ser un Pueblo insistente, un Pueblo que este allí buscando al Señor. Yo pensaba esta mañana en el paralítico de Bethesda, estuvo treinta y ocho años paralítico, hasta que el Señor se acerco a el y lo tocó.

Pensaba en esta mujer encorvada, creo que fueron dieciocho o veintiocho años que estuvo dice ‘bajo la carga de Satanás,’ dice el Señor Jesucristo y el Señor en su momento la tocó, y tantos otros ejemplos hermanos. No podemos cansarnos, tenemos que venir ante el Señor una y otra vez, todos los días renovar nuestra petición yo tengo peticiones ante el Señor, que todos los días con obediencia y con un deleite casi mal sano, vuelvo a recordárselo al Señor, "Señor respóndeme, Señor necesito de ti" y hasta el día en que me muera sino veo las respuestas seguiré recordándole al Señor y dándole gracias también porque yo sé que Él es misericordioso.

No nos cansemos hermanos de traer nuestras necesidades ante el Señor, no nos cansemos de clamar ante ese Cristo misericordioso y de poder.

Pero hay otra cosa acerca de eso dice ‘que nada había aprovechado antes le iba peor’, y yo me sentí motivado a pensar en este mundo, que esta mujer también es un símbolo de esta sociedad, del hombre de todos los tiempos, aunque el hombre moderno yo creo que encarna esto de una manera mucho mas exquisita y expresiva. Está buscando la solución a sus problemas en tantas diferentes cosas, tantos médicos que el hombre consulta para responder sus problemas.

Ahora mismo mientras hablamos el presidente electo de los Estados Unidos estará sentado quizá en algún sitio, quizás esté jugando golf pero yo prefiero verlo -para la conveniencia de mi sermón- sentado en una mesa bien larga y ovalada con sus consejeros tratando de finalizar sus planes para resolver los problemas de su Nación.

A cada rato en la revista Times salen los personajes que él ha puesto en diferentes posiciones o las personas que van a jugar un papel clave en regular la economía y la vida política y social de este país y pienso también en Jorge Bush quizás en alguna otra parte lamiéndose sus heridas y empacando sus cosas y guardando sus cuadros y todas las cosas que han caracterizado sus años en la presidencia y una cantidad de miembros de gabinete y de personajes que estuvieron ante la luz de las cámaras durante muchos años y eran los enamorados y eran los agraciados de Washington.

Ahora muchos de ellos están deprimidos pensando a quien le mandaran su résumé para volver otra vez a continuar con la vida. Y pienso en esta imagen de los que salen y de los que entran y las soluciones que uno ha tratado de dar y otro ahora tratará de dar también. Y pienso entonces en los millones de personas en esta sociedad y miro como los problemas de nuestra sociedad se van agravando cada día más y más y los problemas parecen más y más difíciles de resolver.

La desesperación parece tomar más y más cuerpo en esta nación y ya puedo ver hacia el futuro a otro renovando el mismo ritual de volver otra vez a hacer promesas que el mismo sabe en sus adentros que no podrá cumplir la mayoría de ellas. Pero el hombre necesita y la gente reclama y pide nuevas soluciones y aunque ya en lo profundo de su corazón tienen un sentido subconsciente de ‘que total esto es simplemente un enamorado más que lo que quiere es acostarse conmigo’, pero aun así ellos también se meten en el ritual, y vuelven otra vez para que los enamoren durante las campañas, para votar por el nuevo Romeo que ha venido también a ofrecerles soluciones.

Hace poco leía un pequeño artículo, donde dice que se ha hecho un estudio muy exhaustivo a través de diferentes países como doce o catorce naciones de las principales naciones del mundo donde se ha establecido una secuencia interesante, y es que cada diez años desde la época de comienzo de siglos hasta los mil novecientos noventa, cada diez años la juventud de esos diez años -no estoy seguro de todos los detalles del estudio- pero cada generación nueva esta mas dada a la depresión que la anterior.

Estos grupos que fueron de diez años mayores eran más propensos según iba avanzando el siglo a deprimirse que los anteriores. Esto frente a los reclamos de progreso de la humanidad, frente a los grandes inventos, a los progresos médicos y a al progreso de las psiquiatría y de la medicina y el conocimiento supuesto de por lo menos del cerebro y la biología humana.

Yo sé que no es del alma humana, porque ese conocimiento lo tiene Dios. Pero a la medida que los médicos inventan nuevos bisturís y nuevas técnicas y nuevas cosas que prometen, como que la felicidad y la bendición y la gracia que necesita el hombre para lubricar sus procesos se va esfumando más y más. Arena que se cuela por entre los dedos, esa es la historia de la humanidad, médicos que tratamos de que nos resuelvan los problemas.

Miren el drama terrible de Europa Oriental este gran imperio soviético con todas sus aspiraciones, toda su sinceridad inicial como se desmorona por su propio peso, como un anciano enclenque, porque no tenía la base que era el poder de Dios. Quisieron extraer a Dios, quisieron rasgar y destruir el nombre de Dios y todo lo que oliera a espíritu de los confines de esa nación y con el paso de los años a pesar de toda la musculatura que acumularon , se viene abajo todas sus aspiraciones, y ahora ¿qué dejan? Ciertamente lo que dice aquí: ‘nada había aprovechado antes le iba peor’.

Pregúntele a esas naciones de Europa Oriental destruyéndose como fieras feroces cuando se va el entrenador que las tenía a raya con su azote. Ahora se comen otra vez y todos esos odios étnicos que estaban allí reprimidos de la primera guerra mundial, la segunda guerra mundial ahora salen otra vez. "Estaban allí" setenta años reprimidos o casi ochenta años reprimidos como un spring que usted baja allí y lo mantiene con una bota fuerte. Desde que usted quita la bota el spring salta otra vez con venganza.

Dicen los psiquiatras que las cosas que nosotros reprimimos sin resolverlas y sin trabajarlas, tarde o temprano salen con venganza de entre nosotros. Y esta gente lo que hizo fue precisamente reprimir y poner mucho perfume sobre la suciedad escondida y cuando ya terminó la farsa y se dieron por vencidos, entonces se descubre que la situación no solamente queda igual, sino que esta peor.

Hermano, yo quiero retarte a ti y a mí mismo a preguntarnos hoy en día, ¿cuáles son los médicos que tú y yo estamos consultando? ¿Qué cosas estamos inventando para enmascarar el hecho de que no hemos ido todavía a la fuente que es Cristo Jesús? ¿Qué ensayos estamos haciendo para encubrir el hecho de que solo en Jesús hay esperanza que solo el es el camino la verdad y la vida y que nadie tiene acercamiento a Dios sino es a través de Él?

Por eso yo les he dicho que yo quiero tomar esta serie para renovar nuestra visón de Jesús, porque muchas veces Jesucristo permanece implícito en nuestros sermones, hablamos alrededor de Él hablamos encima de Él porque estamos fundamentados en Él, hablamos debajo de Él porque sabemos que el esta encima de nosotros, pero no lo miramos a Él.

Y yo creo que las Iglesias y nosotros los Pastores y los Ministros y los que servimos al Señor, tenemos que por disciplina espiritual escoger ciertos días de nuestra vida, para decir ‘Señor, como María he estado trabajando alrededor de ti haciendo cosas para ti, pero yo necesito volver y replantearme tu persona.’ Porque en Cristo yo encuentro en su persona en su palabra, en su metodología, en su ministerio, en su cuerpo mismo, en su palabra yo encuentro algo misteriosa, intravenosamente edificante.

Con el hecho de nosotros mirar a Jesús y aunque no entendamos todo lo que Él está diciendo, ni entendamos todas las implicaciones de su persona, pero el hecho de nosotros enchufarnos a Él y su palabra directa nos vivifica nos fortalece. Nunca olvidemos hermanos que Jesucristo es el alfa y el omega, es el principio y el fin de todas nuestras aspiraciones.

Y podremos hablar de todas las verdades del Evangelio y podremos buscar en todas las páginas de la Biblia y encontrar edificación en diferentes personajes, pero el Señor Jesucristo tiene una facultad única para fortalecernos y traer esperanza a nuestras vidas, porque su manera de ser es elocuente. Él es el hijo del hombre que nos habla en un lenguaje que ninguna otra persona nos puede hablar y esta mujer encarna todas estas cosas.

Siempre sepamos: la solución el descanso a todas mis aspiraciones esta en Cristo Jesús y yo quiero retarte en este día a quitarle el polvo a la imagen de Jesucristo y a volver a mirarlo como dice el escritor de Hebreos -creo que es-, que miremos a Jesús, no recuerdo ahora mismo el pasaje, dice: “No nos cansemos hasta desmayar sino que miremos a Jesucristo en una manera diferente”.

Hebreos capitulo 12: “Por tanto nosotros también teniendo en rededor nuestro tan grande nube de testigo despojemos de todo peso y del pecado que nos asedia y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante puestos los ojos en Jesús”. Puestos los ojos en Jesús.

El autor y consumador de la fe dice en el versículo 3: “Considerad aquel -y tengo entendido que la palabra que se traduce al español ‘considerad’ quiere decir enfocar la mirada de tal manera que excluyáis todo lo demás- considerad aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra si mismo para que vuestro animo no se canse hasta desmayar”.

Cuando tu estés en crisis, cuando tu estés en problemas renueva tu mirada de Jesús, considera a Jesucristo, considera sus reclamos, considera su mensaje, considera su persona, considera su record sanador y mételo otra vez en tus entrañas y comienza otra vez a diluirlo dentro de ti para que llene toda la parte de tu ser. Esa meditación sostenida en Jesucristo traerá sanidad a tu vida. Traerá bendición a tu alma.

Y cuando esta mujer oye hablar de ese Jesús, que habla de una manera que los fariseos no hablan, que hace cosas que los fariseos no pueden hacer, que promete cosas que los médicos no pueden hacer, ella va donde Él como su única esperanza.

¡Que importante que la gente sepa de Jesús! Vamos a hablarle de Jesús, vamos ha decirles que Jesús salva.

Aunque aparentemente no nos estén escuchando, vamos a proclamarle en Jesucristo hay solución para tus problemas, vamos a ser inquietantes en nuestra factoría, en nuestra escuela, en las oficinas, donde estemos, en la calle, donde sea, hermanos vamos ha ser portadores de ese mensaje liberador. Porque tú no sabes un día en que esa persona habiendo oído hablar de Jesús vaya y acuda a Él en su necesidad y en una oración quizás en lo oscuro de su recamara, allí encuentren lo que necesitan de Jesucristo.

Nuestra parte es sembrar la semilla, nuestra parte es anunciar el evangelio. Nuestra parte es levantar al hijo del hombre para que todos lo tengan que mirar y entonces que ellos escojan si quieren sostener la mirada o no. Proclamar a Jesucristo. Esta mujer oyó hablar de Jesús, ¿quien habrá sido el bendecido en que a través de él o ella esta mujer nos diera tan hermoso relato como el que se nos da hoy?

Y ella viene por detrás entre la multitud y toca su manto.

Maravillosa variante del relato del evangelio, porque Nicodemo y la Samaritana se encuentra con el frente a frente y tienen el gusto de dialogar con el Señor de Señores y Rey de Reyes a largo plazo y en una forma tendida y el Señor entra en un dialogo sostenido con ellos.

Pero esta mujer no tiene siquiera la bendición de acercarse ante el Maestro como se acerca Jairo el gran Fariseo y decirle: ‘Señor necesito tu ayuda’ etc. Ella viene como una fugitiva, como una figura escurridiza como una sombra que se mueve que no espera grandes cosas, que lo que quiere es entrar y salir lo mas rápido posible para que no sepan de su necesidad y simplemente recibir algo del Señor.

Y ella entra por detrás y ni siquiera puede tocar su persona, otro de los Evangelistas dice que ‘tocó el borde de su manto’, como señalando que lo que tú necesitas es un encuentro mínimo inclusive hasta con Jesucristo. En él hay tal poder que si tu nada más tocas la punta como una gran fuente de electricidad, solo el establecer tu contacto en alguna manera con tu espíritu o tu ser, tu vas a recibir la bendición, vas ha recibir la descarga de gracia que sale de Jesucristo.

No importa cuan débil o cuan imperfecta sea tu fe. Porque yo veo en esta mujer también un poquito de superstición: ella quizá esta pensando que nada más un toque físico de este ser misterioso -como hay personas por allí que creen que un retrato les va a traer la gracia del Santo tal o cosas así le va a traer la gracia, o un símbolo o un fetiche- yo veo en esta mujer un poquito de una fe primitiva, desprovista de todo ornato.

Pero a veces, hermanos, yo descubro que nosotros nos hacemos tan sofisticados que eso como Hamlet estamos siempre ‘to be or not to be’, ser o no ser, hago o no hago, me tiro o no me tiro, creo o no creo.

Y ¿si pasa esto y si pasa lo otro? Pero mira lo que dice el libro tal y mira lo que dice el teólogo tal, y mira lo que dice tal denominación.

Hermano, hoy en día hay tantas teologías flotando en el aire y tantas interpretaciones acerca de los fenómenos de la fe, que uno amenaza con quedarse catatónico sin moverse buscando simplemente el común denominador y haciendo las cosas que son seguras y probadas y no nos atrevemos a dar saltos mortales y muchas veces perdemos la bendición que Dios quiere darnos.

Yo le confieso que continuamente estoy luchando contra los reclamos de mi razonamiento y he tenido que desandar mucho camino para llegar a la mínima fe que tengo en el Señor y en su poder y en su palabra. Continuamente estoy peleando en mi interior por sacar una cantidad de cosas que yo sé que me traban, en mi búsqueda del Señor.

Porque el intelecto tiende muchas veces a hacernos tropezar más que ayudarnos. Yo le doy gracias al Señor que nos ha dado la razón. Pero muchas veces la razón caída nos impide ver con sencillez al Señor Jesucristo.

Nicodemo con todo su conocimiento y toda su teología, no tuvo lo que tuvo esta mujer samaritana, por ejemplo, que cuando Cristo le dijo: “Yo soy el que esta delante de ti” enseguida se fue corriendo y se convirtió en una evangelista que trajo a todo ese Pueblo al conocimiento de Jesucristo.

Que contraste, el intelectual está muchas veces trabado por tantas cosas. Y nosotros que vivimos en un mercado donde todos nosotros en un sentido somos intelectuales, comparados con el hombre de la edad media o el hombre primitivo.

Tenemos tanto por la televisión y la revista que tenemos y la educación que hemos recibido y las cosas que vemos en los periódicos. Usted no se da cuenta lo mucho que esa razón suya y su capacidad crítica ha sido cultivada y exaltada y desarrollada.

Y cuando el Señor nos dice: ‘Heme aquí, con sencillez simplemente pon tu fe en mi, descansa en mi’ Comienza ese ser interno a hacer todo tipo de preguntas y comenzamos a buscarle cinco patas al gato y perdemos la gracia del Señor que nos está visitando en ese momento.

Hermanos, tenemos que ser atrevidos, tenemos que ser creativos. Yo prefiero como dicen por ahí errar en una causa grande que ser mediocre toda mi vida. Yo prefiero que nuestra congregación apueste a grandes cosas aunque tenga que sufrir un poco y perder el sueño un poquito y disgustarse en algunas cosas, pero estamos buscando oro espiritual.

Yo señalaba antes la figura de los conquistadores que se meten allí y arriesgan todo por gloria y nosotros queremos gloria espiritual también. Pero si nos quedamos en lo seguro en lo probado en el status quo, en lo que no reta ni inquieta nos quedaremos así toda la vida, no creceremos.

Hermanos, yo les invito y me invito a mi mismo siempre a ser emprendedores en el nombre del Señor, porque la Biblia dice ‘No serán avergonzados cuantos en el confían’, no es que seamos locos, pero tampoco seamos tan conservadores que seamos unos burgueses espirituales.

Entre esos extremos hay un punto sano de atrevimiento, como Ester: “Si perezco que perezca.” Me voy a meter allí y si me dan gracia, Gloria a Dio y si me cortan la cabeza: Gloria a Dios. Pero voy a pelear. Lánzate en el nombre del Señor, hay muchas cosas que la gente hace a veces que yo como Pastor tengo que quedarme como María y guardarlo en mi corazón, por que esta persona ha tenido un arranque de fe y aunque yo lo entiendo perfectamente mi teología cabe allí, adelante hermano Gloria a Dios.

Y veo muchas veces que resulta y he tenido que aprender de esos seres atrevidos que se atreven a confiar en la gracia en la misericordia del Señor.

Así que, hermanos, muchas otras cosas podríamos decir, pero ese desenlace precioso: esta mujer recibe la gracia, recibe la bendición, recibe la sanidad. Su apuesta dio resultado. Se atrevió y vemos que ella venció la multitud, venció los obstáculos, venció la amenaza de su religión.

Toca el manto de Jesús y que maravilla es esa que ‘poder ha salido de mí’, dice el Señor Jesucristo.

Esta mujer le robó - ¿me dejan usar esa palabra? Poder a Jesucristo, su fe, le extrajo algo al Señor Jesús porque la naturaleza inherente de Cristo es dar gracia, es dar sanidad, es traer liberación, es traer luz a nuestras vidas. Si tú entras en contacto con Cristo, hermano o hermana, lo único que te puede pasar es que haya bendición en tu vida.

¡Oh! Sí quizás vas a sufrir, quizás vas a tener que abandonar muchas de las estructuras anquilosadas o petrificadas de tu vida. ¡Oh! Sí, te va a inquietar. ¡Oh! Sí vas a tener aprietos que tú nunca consideraste. ¡Oh! Sí vas a tener que pagar un precio y vas a tener que dejar cosas que te son queridas. ¡Oh! Sí, a veces te vas a preguntar ¿qué hago yo aquí? Pero sigue adelante porque el Señor te va a dar bendición.

La línea del creyente es una línea ascendente. Habrá sus momentos de altibajos pero siempre veremos esa ascendencia.

A través de los años veremos la bendición, la gracia de Dios visitándonos y sanándonos y removiendo y trayendo agua donde había tierra seca y dura. Allí el Señor como un arroyo subterráneo irá desde adentro hacia afuera hasta que comenzamos a ver los brotes de la vida. Porque eso es Cristo. Él es la vida, Él es la luz, Él es la sal del mundo, Él es la puerta, Él es el camino, Él es la verdad. En Él sí que vamos a encontrar lo que necesitamos. No es un médico humano.

El Señor Jesús quiere una relación íntima contigo. El Señor Jesús no se conformó con que esta mujer recibiera poder de Él. Él dijo: ‘¿Dónde está esta mujer? ¿Dónde está esta mujer que por su fe se ha sobresalido del resto de la multitud? ¿Dónde está esta mujer que con su fe primitiva y sencilla ha hecho que algo salga de mí? Una gracia especial’.

Los discípulos no podían entender esto. Si tú te acercas con esa mirada de fe, tienes bendición porque el Señor quiere darte bendición. Y el Señor quiere tener un dialogo contigo. El Señor quiere antes que tú te vayas, Él quiere sentarse contigo y dialogar. El Señor no podía dejar a esta mujer irse. Yo creo que ella se hubiera sentido, quizás, a la larga culpable –un poquito- porque forzó algo.

Se habrá sentido como incompleta. Ese proceso no había llegado a una culminación adecuada, algo no estaba resuelto si esa mujer se iba en esa manera.

Yo veo aquí también al Señor que nos ministra a los diferentes niveles de nuestro ser. Tantos años que esta mujer había pasado como una figura solitaria, anónima y escurridiza. La gente trataba con ella desde lejos. Y yo creo que su alma estaba más torcida que su cuerpo y tenía un pozo allí de tristeza y de soledad que también necesitaba ser dirigido. Y yo creo que cuando el Señor se dirigió a ella en ese nivel de sus emociones y se acercó a ella y cuando esa mujer le dice, dice la Escritura que “le contó toda la verdad”.

¿No ven ustedes aquí algo para el psiquiatra y para el psicólogo y para el consejero? Nuestra gente necesita muchas veces contarnos toda la verdad. Es una especie de catarsis. Necesitamos un oído.

Le habrá dicho ella al Señor Jesucristo no solamente “Señor fui yo quien te toqué”, sino que le habrá dicho también de sus años de soledad, de tristeza, de cómo ella se sintió desesperada y tuvo que venir ante Él porque ya no tenía ningún otro recurso. De cómo ella había sentido una gracia especial que la había visitado cuando tocó su manto.

Y cuando el Señor le dice, “Sí, mujer tu fe es poderosa y esa fe te ha hecho salva…” No solamente te ha sanado, sino que esa palabra es mucho más comprehensiva, mucho más abarcadora: “tu fe te ha hecho salva,” la integridad de tu persona, la totalidad de tu ser ha sido tocada por esa gracia. Vete en paz, no tienes que temer. Hubo sanidad para ella.

Hermanos, tú y yo necesitamos ser sanados por Jesucristo. Necesitamos venir ante el Señor. Si tú no tienes a más nadie a quien hablarle, háblale a Jesucristo. A él le interesa tu drama, Él no solo quiere un encuentro fugitivo, rápido, Él quiere también rescatarte de tu anonimato.

Yo encuentro en el Señor, en mis oraciones descanso. Cuando no lo encuentro en nada más, en el Señor Jesucristo yo encuentro descanso. Usa ese recurso que Dios te da. Cuéntale la verdad al Señor, Él ya la conoce pero Él quiere sanarte a ti a través del exponer tu esa verdad y abrirla al toque del espíritu santo que iluminará esa verdad a veces oscura, y dañina y enfermiza y la restaurará.

Pero abramos nuestra vida al Señor, porque al Señor le interesa todos los rincones de nuestro ser. No nos conformemos con una religiosidad superficial, no nos conformemos con venir aquí un ratito. ¡Cuánto me gozo en ver ese momento de adoración espontánea! No planificado, no pedido, no manipulado.

El pueblo de Dios tiene muchas cargas y cuando sentimos que el roce del manto de Jesucristo nos toca, saltamos. El Espíritu dentro de nosotros como el espíritu de Elizabeth salta de alegría y brotamos en un cántico. Nunca tengas vergüenza de expresarle así al Señor tu amor, nunca tengas vergüenza de bramar ante Él, sollozar ante Él.

¡Ojala yo pudiera sollozar más veces ante mi Señor Jesucristo! Porque ese llanto siempre tiene sanidad.

Celebra tu vida, celebra tu drama, celebra tu tragedia inclusive delante del Señor y tráele tu carga al Señor, porque a Él le interesa conocer de ti.

Que el Señor nos bendiga.

Hola, te habla el Pastor Roberto Miranda. Dios te bendiga. Gracias por habernos sintonizado y haber escuchado este mensaje. Si te interesa saber más acerca de nuestro ministerio te invitamos a contactarnos a través de nuestra página electrónica: www.leondejuda.org.

Qué Dios te bendiga y recuerda Dios siempre tiene una solución para tu vida. Bendiciones.

Sermón clásico de Dr. Roberto Miranda #6046 Escuchar | Descargar


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