Sermón clásico 6011: Cubiertos por su justicia

A propósito de Sermones

Vamos al Salmo 103, hermanos, versículo 6. Ustedes recordarán que estamos analizando y estudiando este salmo 103 que siento claramente que el Señor nos ha dado para nuestro enriquecimiento, para nuestra edificación. Hoy yo espero concluir el estudio de este Salmo 103 con el versículo 6. Y vamos a comenzar con el versículo 1 y llegar hasta el versículo 6.

Dice la palabra del Señor: 'Bendice alma mía a Jehová y bendiga todo mi ser su Santo nombre. Bendice alma mía a Jehová y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus inequidades, el que sana todas tus dolencias, el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias. El que sacia de bien tu boca, de modo que te rejuvenezcas como el águila. Jehová es el que hace justicia y a todos los que padecen violencia’.

Vamos ha dejarlo ahí un momento en ese versículo 6 dice, ’Jehová es el que hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia’. Oremos.

Padre venimos delante de ti en el nombre que es sobre todo nombre, que es el nombre de Jesús creyendo Señor que tú tienes un propósito en nuestras vidas; que tú vas a hablarnos Señor a través de este versículo; tú vas a ministrarnos, Señor. Creemos que ahora mismo ya te estás preparando en nuestros corazones y nuestras mentes para trabajar y tratar con nosotros.

Señor, si alguien ha llegado necesitando el consuelo que trae tu palabra, pedimos que esta palabra tuya caiga como una semilla profunda en nuestros corazones. Haz tu obra, Padre, en nuestras vidas y confirma el propósito que tú tienes a través de tu palabra. Qué así sea, Padre. Lo pedimos en nombre de Jesús, Amén.

Dice la palabra del Señor que, ‘Jehová es el que hace justicia y derecho a todos lo que padecen violencia’. Y yo pensaba el versículo anterior dice que, ‘Jehová es el que sacia de bien nuestra boca de modo que nos rejuvenezcamos como el águila’ y con esta serie de declaraciones, el salmista David está declarando todos los atributos de todas las obras positivas de Dios en nuestra vida.

El domingo anterior tocamos el tema de la renovación del creyente. El salmista David nos decía que en un mundo donde hay decadencia gradual de todas las cosas, en un mundo en donde todas las cosas comienzan nuevas y buenas y brillantes y poco a poco van perdiendo su fuerza y su belleza, Dios hace posible la renovación de sus hijos. Dios hace posible su rejuvenecimiento, su crecimiento a pesar del decaimiento natural de las cosas materiales.

El hijo de Dios el creyente se renueva de día en día aunque su cuerpo se desgaste, aunque su mente no sea tan ágil y tan rápida como lo era en los días de la juventud; dice la palabra de Dios, ‘que el espíritu del creyente se va haciendo más y más fuerte cada día.’

O sea que en ese reconocimiento, en esa promesa de rejuvenecimiento y renovación preside nuestra esperanza y nuestro gozo. Como creyentes podemos estar confiados, podemos estar seguros. Ya la vejez no tiene esos terrores que tiene para el que no cree en el Señor, que no tiene el consuelo de la palabra de Dios.

Pues sabemos de donde venimos, hacia donde vamos, tenemos una convicción espiritual en nosotros de lo que verdaderamente importa acerca de la vida; no vivimos en la vanidad de las apariencias físicas y de las cosas vanas del mundo. Podemos ya entrando y en cualquier edad de nuestra vida podemos encontrar gozo, podemos encontrar significado. En la juventud nos gozamos en la belleza y en la agilidad del cuerpo, en la vejez nos gozamos en la renovación del ser interior.

Como decía Pablo aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior se va renovando de día en día. Eso implica que tenemos que comenzar a sembrar temprano tenemos que comenzar a trabajar desde la juventud, tenemos que comenzar a trabajar en los días de la madurez –de la edad media- si acaso estamos en esa edad y hemos entrado en los caminos del Señor entonces.

Pero tenemos que comenzar a sembrar e invertir desde temprano para que esos años de la vejez sean años de gozo, sean años de felicidad en vez de años de decaimiento y de depresión y de tristeza y de sin sabores. como dice el escritor de Eclesiastés: ‘acordémonos de nuestro creador los días buenos de nuestra juventud antes de que vengan los días malos y los años de los cuales digamos “no tengo en ellos contentamiento”.

El cristiano comienza a invertir para que esa promesa de rejuvenecernos como el águila se haga una realidad cuando llegue el momento de la necesidad. Ahora bien, aquí David entra en otra dimensión y dice: ‘Jehová es el que hace justicia y derecho a todos a los que padecen violencia’. David declara aquí en una manera muy enfática que no permite que la injusticia prevalezca en el universo que Él ha creado.

Yo pongo aquí el énfasis en la palabra prevalecer porque injusticia hay en el mundo sin duda alguna pero lo que David dice que ‘en último caso y en última instancia la justicia de Dios se hace sentir y se establece en una forma definitiva sobre toda la injusticia que hay en el mundo.

Dios hace justicia y derecho a todos y es una palabra muy completa, muy contundente: a todos los que padecen violencia, a todos los que padecen opresión a todos los que padecen injusticia por implicación, Dios hace justicia en todo momento.

Yo digo que eso es una declaración atrevida, es una declaración radical y es una declaración que nos sorprende, como que de momento nos pone a pensar porque cuando uno observa el mundo en que nosotros vivimos parecería todo lo contrario el mundo está lleno aparentemente de justicia y para el observador canal para el hombre y la mujer que están mirando el mundo solamente con los ojos analíticos de la mente racional verdaderamente parecería como que es todo lo contrario, el mundo está invadido por injusticias, el mundo está penetrado por la maldad y la injusticia de los hombres contra los hombres.

Mire cómo lo pone Salomón en un momento de pesimismo, podríamos decir en el análisis de este hombre que ha visto tantas cosas debajo del sol, él lo pone en una forma desnuda así. Dice en el capítulo 3 versículo 16: ’vi más debajo del sol, en lugar del juicio allí vi impiedad, y en lugar de la justicia allí iniquidad’. En el capítulo 4 dice. “me volví y allí vi todas las violencias que se hacen debajo del sol y he aquí las lágrimas de los oprimidos sin tener quien los consuele y la fuerza estaba en las manos de sus opresores y para ellos no había consolador.”

Y mire hasta donde llega ese momento de pesadez y de pesimismo de Salomón: “Y alabé a los muertos o sea a los finados, los que ya murieron, más que a los vivientes, los que viven todavía y tuve por más feliz que unos y otros al que ha sido aún que no ha visto las malas obras que debajo del sol se hacen. He visto así mismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu”.

En realidad cuando uno mira al mundo con los ojos desnudos que no entiende lo que es el misterio de la justicia de Dios eso es lo que uno ve: la opresión, los oprimidos que no tienen tiene consuele, la fuerza que está en las manos de los opresores y que no hay consolación para los oprimidos. Y sin embargo aquí, David, tiene el atrevimiento de decir que no que: ‘Jehová hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia’.

Y aquí la palabra entra en un diálogo consigo misma. ¿Cuál de los dos hemos de creer? Yo creo que los dos tienen razón a un sentido material, político, histórico, social de la sangre, la carne ciertamente. Hay injusticia en el mundo y el mundo es un lugar de gran injusticia.

Pero por otra parte cuando miramos la historia a la luz de los propósitos de Dios y del mover de Dios en el mundo, podemos tener una perspectiva muy diferente y ver que en todo momento, la justicia de Dios se está haciendo valer y se está imponiendo sobre este mundo de injusticias.

Aquí se dice lo contrario: Dios hace justicia siempre y a todos los que sufren injusticias y en verdad, yo diría, hermanos, esto es buenas nuevas. Esto es el evangelio, estas son las buenas noticias para todos aquellos que creemos en un Dios justo.

Esta declaración debe llenarnos a todos nosotros de gozo y de esperanza. Aquí David está diciendo, ‘el mundo no es caótico, el mundo no es incoherente, el mundo no es una maquinaria que Dios cogió, le dio cuerda y entonces la lanzó a flotar por el espacio y se olvidó de ella como cree la filosofía teísta.

El mundo tiene diseño, tiene coherencia, tiene propósito y la justicia de Dios se hace sentir en la historia porque hay un Dios y sabio y coherente que gobierna sobre el mundo. Y eso, yo digo hermanos, que es buenas nuevas para nosotros. Eso debe llenarnos de gozo y de esperanza. Esto radica en el carácter justo de Dios. El hecho de que Dios es radicalmente justo, nuestro Dios, su carácter no admite la injusticia.

Por lo tanto, en todo momento, esa justicia de Dios se va a hacer valer porque Dios no va a permitir que en mundo que Él ha creado a pesar de que es un mundo caído, la injusticia prevalezca.

Yo les citaba en el contexto de la renovación del hijo de Dios, el salmo 92 y se los voy a recordar otra vez dice: el justo –es decir el creyente, el hijo de Dios- florecerá como la palmera, crecerá como cerro en el Líbano, plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán, aún en la vejez fructificarán. Estarán vigorosos y verdes para anunciar… ¿qué? ¿Por qué se renovará el justo? ¿Por qué tendrá belleza aún en los años de la vejez? ¿Por qué hay esperanza para el anciano? ¿Por qué hay fortalecimiento para el hijo de Dios? Porque el universo está gobernado por un Dios gusto y la persona temerosa de Dios, la persona que busca de Dios al final será bendecida.

Dice, ‘aún en la vejez fructificarán, estarán vigorosos y verdes para anunciar’. Es decir para proclamar que Jehová –mi fortaleza- es recto y que en Él no hay injusticias. Es una declaración del carácter absolutamente recto de Dios. Y eso, hermanos, es la garantía de un universo justo, también.

Job en el Capítulo 36 versículo 5 al 7 dice: ‘He aquí que Dios es grande pero no desestima a nadie. Es poderoso en fuerza de sabiduría’. Dice: ‘No otorgará vida al impío, ¿ven? Es el carácter de Dios: ‘no otorgará vida al impío pero a los afligidos dará su derecho. No apartará de los justos sus ojos. Ante bien, con los reyes, los pondrá en trono para siempre y serán exaltados’. Es el carácter de Dios, es la promesa de que tenemos un Dios que su carácter no admite la injusticia.

33:5 ‘Él ama –hablando de Dios– justicia y juicio. De la misericordia de Jehová está llena la tierra.’

Entonces, hermanos, ese es el fundamento de cualquier confianza que nosotros tenemos de que este mundo, en última instancia es un mundo justo a pesar de que es un mundo caído porque el Dios que lo gobierna y el Dios que afirma su señoría y su gobierno sobre este universo, es Dios y es un Dios justo, un Dios misericordioso, un Dios clemente, un Dios que no tolera la injusticia.

Y por implicación el justo que es el hijo de Dios, que ha sido hecho justo por la sangre de Jesucristo, porque nosotros en nosotros no tenemos justicia pero en Cristo Jesús somos justos. El hijo de Dios se mueve en una cobertura de justicia que lo gobierna todo.

Yo estoy aquí, hermanos, montando mi argumento porque eso tiene unas implicaciones muy grandes para nuestras vidas y entonces tenemos un Dios justo, radicalmente justo, tenemos un Dios que se asegura que el universo en el cual nos movemos, es un universo justo y por lo tanto, nosotros los hijos de Dios tenemos derecho a creer que nos movemos bajo una cobertura, una nube de justicia que nos cubre y nos dirige en todo momento.

Salmo 32, versículo 10 y 11: ‘Muchos dolores habrá para el impío, más al que espera en Jehová le rodea la misericordia’.

¿Usted ve? La persona impía, la persona injusta va a tener muchos dolores de cabeza muchos tropezones, muchos padecimientos. La ira del Señor va a estar persiguiendo esa persona. Ahora el que espera en Jehová le rodea la misericordia, hay como una luz un spotlight que donde quiera que el justo camina, la justicia de Dios, la misericordia de Dios le sigue.

Por eso David concluye en el versículo 11: “Alegraos en Jehová y gozaos justos y cantad con jubilo todos vosotros los rectos de corazón porque a ustedes les es asignado moverse bajo la misericordia, la provisión, la bendición de Dios. Mientras que el injusto y el impío les está asignado padecimiento y dolor y sufrimiento a través de toda su vida”.

‘Tarde o temprano -dice la palabra de Dios- la justicia del Señor se hace valer en la vida de aquellos que temen al Señor”.

Hermanos, eso es un consuelo para nosotros y ese es el fundamento de nuestra esperanza y de nuestro gozo y eso debe tener una implicación muy profunda para cada uno de nosotros.

Ese pensamiento y ese reconocimiento debe gobernar nuestra vida 24 horas al día. Esas verdades: un Dios justo, un Dios que no tolera la injusticia, un Dios que vela por los que le temen y que se asegura que el resultado final de su vida y el resultado neto de su existencia sea positivo para que él pueda ser declarado justo también en su trato con ellos. Eso tiene unas implicaciones en nuestra conducta, en nuestros pensamientos, nuestras actitudes que yo quiero examinar en una forma detallada en este día.

¿Cuáles son las consecuencias de ese hecho? Hasta aquí estamos predicando digamos teología, estamos predicando teoría teológica.

Ahora ¿qué implicaciones tiene eso para nuestro diario caminar? ¿Cómo afecta eso en nuestra vida? Vamos a ver.

Yo creo que hay ciertas consecuencias que yo quiero señalarles a ustedes. Número 1 si nosotros creemos en esas cosas. Si como dice David, Dios hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia. Entonces para mí una de las primeras consecuencias es que nosotros debemos vivir confiados y en paz. Sabiendo que nuestro Padre celestial y vela por nuestros intereses. El cristiano debe distinguirse por una actitud de confianza, de gozo en todas sus acciones y en su caminar aquí en la tierra porque él está seguro de que los frutos de su justicia lo seguirán todos los días de su vida.

La buena voluntad del Señor, como dice el Salmo 23: ‘Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida’ y quien que cree eso y espere eso puede permanecer demasiado tiempo en una actitud cínica o descreída o escéptica. Al contrario, el creyente al saber que su Dios gobierna debe moverse, entonces, en una actitud apacible, gozosa, optimista. No cínica, ni desconfiada, no amarga ni escéptica. Eso es fruto del espíritu del cual habla Gálatas 5:22 de la bondad, la benignidad, la paciencia, el amor.

Yo creo que vienen como consecuencia de uno saber que uno está bajo la bendición de su Dios. Es como el niño que se cría saludable en el seno de su hogar porque se cría con afirmación, con el amor de sus padres, con las declaraciones positivas, el estímulo de su padre, de su madre. Este niño, esa niña crece bajo una atmósfera de confianza va a ser probablemente una persona apacible y agradable que vive la vida en confianza.

Y así debemos ser nosotros. En la vida cristiana no hay lugar para un cristiano cuya postura es una postura amarga y como estéril y negativa. Porque cuando uno está penetrado por esa conciencia del Dios justo que gobierna nuestra vida y que asegura una vida netamente positiva, yo creo que eso debe disipar la amargura, debe disipar el cinismo.

Yo creo que un cristiano no puede permanecer demasiado tiempo en una postura cínica. El cristiano sabe que la cobertura de Dios está sobre él cuando se mueve dentro la voluntad del Señor. Yo creo que eso es lo que implica Juan cuando dice: “el perfecto amor, echa fuera el temor.” Cuando estamos consientes del perfecto amor de Dios y nuestro amor ha sido perfeccionado para con Dios, eso echa fuera ese temor, esa sequedad que hay en nuestras vidas.

Eso nos permite reír con soltura, eso nos permite caminar la vida –con problemas ciertos, con dificultades sí– pero también sabiendo que Dios vela por nosotros y que Dios está en control en última instancia de nuestra vida. Ese hecho una vida de confianza, una vida de paz.

En segundo lugar hay algo también interesante y yo creo que al yo saber que Dios es justo y que su justicia se va a hacer valer, eso me invita a mí a no envidiar al que prospera por medio de una conducta injusta. Eso me hace a mí pensar que a la persona que yo veo por allí prosperando y creciendo y haciendo grandes cosas y haciéndose de dinero basado en el robo o en opresión de los demás en las ganancias deshonestas.

Eso me invita a mí a no imitar a esa persona. Ni envidiarlo, ni imitarlo porque tarde o temprano, yo se que en público o en secreto, ahora o después, esa persona va a recibir su justo merecido.

Dice la Biblia que hay hombre de sus obras salen a la luz mientras están vivos otros después cuando venga el juicio de Dios sobre ello. Hay personas que sus obras –desgraciadamente injustas– salen a la luz después que mueren y a veces se manifiestan en sus hijos y en sus familiares porque las estructuras que ellos establecieron cuando en vida, después les deforman y tuercen a sus hijos.

Pero de alguna manera la injusticia del ser humano sale a la luz y eso debe hacer que nosotros; ese reconocimiento debe hacer que yo nunca me sienta tentado a envidiar, ni mucho menos a imitar a alguien que practica la injusticia.

Miren lo que dice el Salmo 37 que es un salmo dedicado precisamente a esa meditación del disgusto y cual debe ser la conducta del hijo de Dios. El Salmo 37, el versículo 1 y 2: “No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad.” Ahí está claramente: ni te impacientes, ni tengas envidia porque ‘como hierba serán pronto cortados. Y como la hierba verde se secarán.’

En el versículo 8 la segunda parte dice: “no te excites en manera alguna a hacer lo malo, porque los malignos serán destruidos pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra. Pues de aquí a poco no exista el malo. Observará su lugar y no estará allí. Pero los mansos heredarán la tierra y se recrearán con abundancia de paz.”

No te metas en el error de porque tú vez a alguien prosperando a corto plazo, creer que ya tú debes imitar. ¿Cuántas personas yo he oído se meten a vender droga o hacer esas cosas porque ven esas grandes mansiones que tienen los que venden las drogas? ¿O cuantas personas ven a personas ricas que han prosperado vendiendo productos indebidos o cosas que sirven para el daño de la humanidad y dicen “bueno como aquel lo hizo, mira como prospera?

Y si aquel político, mira lo hipócrita que es y esto y lo otro. Yo he oído el argumento de personas que roban y hacen crímenes decir: ’Bueno, mira es que los policías, total ellos cogen dinero de soborno y los jueces esto y lo otro.’ Y entonces ellos son incitados a hacer el mal. Pero no se dan cuenta que detrás de esas cosas el juicio de Dios está pesando sobre esas personas.

Hace muchos años –yo recuerdo en una experiencia que me impresionó mucho– una amiga mía un domingo, estábamos almorzando juntos y me dice: ‘Después de este almuerzo, yo voy a visitar a la hija de un dictador- muy conocido en Centroamérica- ‘y ¿sabes a dónde la voy a visitar? La voy a visitar a un sanatorio.’ Porque esta joven, que era amiga de ella de hecho, estaba padeciendo durante años y años por una depresión terrible, un sentido de culpabilidad por las injusticias que su padre había cometido. Uno de los indicadores más sanguinarios que ha conocido Centroamérica.

Hola, te habla el Pastor Roberto Miranda y quiero darte las gracias por ser parte de nuestro programa “Un cita con Cristo” y quiero bendecirte con las palabras y la promesa de Cristo Jesús. Él ha dicho: ‘He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo’.

Recuerda eso, donde quiera que tú estás. Si eres un hijo de Dios, Cristo va contigo y si Cristo está en tu vida, todo tiene solución y siempre hay esperanza. Dios te bendiga y hasta la próxima.

Yo pensaba después de esa conversación: el que contempla esta familia con sus millones, millones de dólares y con sus limosinas y sus palacios y su dinero de sangre y todos sus lujos, podrían solamente ver esa imagen y creer: ‘Yo quisiera ser así’. Pero no saben detrás toda la tragedia y todos los sinsabores y todos los sufrimientos y toda la mala conciencia y las noches sin dormir y toda las cosas que están detrás de eso.

El juicio de Dios descansa sobre los que cometen impiedad y nosotros no debemos ser incitados a imitarlos y tampoco a admirarlos.

En tercer lugar no debemos amargarnos cuando contemplamos las injusticias del mundo, no debemos vivir con el afán… como yo veo a veces personas que viven amargadas por lo injusto que es la vida. Y ‘mira fulanito como está padeciendo’. Se obsesionan tanto con las injusticias del mundo que entonces ellos mismos se amargan también y adoptan una actitud negativa acerca de la vida.

Y a veces yo veo gente que aún en la iglesia del Señor tienen esa perspectiva negativa de la vida porque ya sean las injusticias que padecieron cuando niños o que han visto en el mundo. Como que siempre tienen esa perspectiva negativa de las cosas. Siempre están viendo el mal en los demás.

Están amargados por dentro por esa situación de opresión. O a veces esa pasión por la injusticia que ven los lleva a la violencia y a actitudes que son indebidas para un hijo de Dios.

Y de nuevo el Salmo 37 versículo siete al once habla de eso: ‘Guarda silencio ante Jehová y espera en Él.’

Salmo 37:7:’No te alteres y no afanes. No te alteres con motivo del que prospera en su camino por el hombre que hace maldades. Deja la ira y desecha el enojo. No te excites en manera alguna a hacer lo malo’.

Deja la ira, desecha el enojo, guarda silencio ante Jehová, espera en Él. Hay algo aquí también de esa postura, de que cuando vemos tanta injusticia en el mundo, en vez de nosotros querer como lanzarnos y acometer contra todo en una manera compulsiva y amargarnos y ponernos cínicos contra todas esas cosas, debemos también esperar en Dios.

Debemos estar tranquilos ante el Señor. Eso no quiere decir que vamos a ser pasivos pero sí quiere decir que la manera en que nosotros peleemos será una manera en que de lugar al fruto del espíritu en nuestras vidas.

No debemos amargarnos cuando contemplamos las injusticias del mundo.

En cuarto lugar, cuando la injusticia toca nuestra propia vida, cuando la injusticia nos afecta a nosotros personalmente. Y ¿quién de nosotros no se ha sentido en algún momento tocado por un acto injusto de alguien? ¿Quién de nosotros no se ha sentido violado por una traición de alguien? ¿Por una mentira que alguien dijo acerca de nosotros? ¿Por algo que nos fue quitado, que nosotros amábamos y que sabemos que nos ha sido quitado injustamente? ¿Quién no se ha sentido violentado por un acto donde alguien ha impuesto su fuerza y nos ha arrebatado algo en una manera injusta e indebida?

Hermanos, lo que la palabra del Señor nos llama cuando la injusticia toca nuestra vida y esto yo lo extraigo de de ese pasaje de que Dios es el que hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia.

Yo creo que cuando la injusticia toca en mi vida, cuando la injusticia nos afecta personalmente, de nuevo tampoco debemos nosotros amargarnos ni revelarnos contra Dios, sino más bien yo diría adoptar una perspectiva a largo plazo. Y es muy importante esa idea, una perspectiva que confía en los principios invisibles y eternos que gobiernan el universo.

En vez de yo, inmediatamente, actuar como el caballo cuando se le mete la espuela y llenarme de amargura y llenarme de odio y llenarme de cinismo. Yo debo dar tiempo a que la justicia de Dios se cumpla. Porque muchas veces el látigo de Dios se toma tiempo o la justicia de Dios se toma su tiempo para llevarse a cabo y yo no estoy en control de todos los mecanismos que Dios usa.

Yo tengo que darle tiempo al tiempo y aún si yo no veo la justicia de Dios cumplirse yo tengo que confiar en que de alguna manera misteriosa esa justicia se ha hecho real en mi vida y en la vida de aquellos, también que me han ofendido y me han atacado.

De nuevo, miren, el Salmo 140. Estoy usando lo más posible los salmos. Porque David desarrolla su pensamiento en una manera muy coherente. Versículos del 9 al 13 ya aquí, David dice: ‘en cuanto a los que por todas partes me la maldad de sus propios labios cubrirán su cabeza. Caerán sobre ellos brasas serán echados en el fuego, en abismos profundos de donde no salgan’. Dice: “El hombre deslenguado no será firme en la tierra. El mal cazará al hombre injusto para derribarle’.

Fíjese las acciones mismas del injusto lo van a perseguir, lo van a alcanzar, van a establecer la justicia de Dios sobre esa persona. Versículo 12: ‘Yo sé que Jehová tomará a su cargo la causa del afligido y el derecho de los necesitados. Ciertamente los justos alabarán tu nombre, los rectos morarán en tu presencia’.

Y esa es la consolación que David recibe: ¡Oh, sí, me están persiguiendo! ¡Oh, sí! Me están mordiendo y me están comiendo mis carnes pero yo se que a la larga la justicia del Señor se hará manifiesta y que esas actitudes y esas obras malignas van a recaer sobre ellos en alguna manera. Y en eso yo encuentro consuelo y mientras tanto yo voy a afirmar y a declarar la justicia de Dios.

Yo sé que Jehová tomará a su cargo la causa del afligido y los derechos de los necesitados. A la larga Dios hará prevalecer su justicia en mi vida. Yo, entonces, me puedo permitir que cuando la justicia me toque a mi, yo me amargue y me llene y me deforme mentalmente. Y yo creo hermanos que esa es una fuente de salud mental, de higiene porque a la larga estamos hablando de eso.

¿Por qué la gente se deprime, por qué se amargan, por qué se tuercen en su carácter? Porque ha habido injusticias que la vida ha cometido, ya sea las circunstancias, ya sean nuestros padres en su ignorancia, ya sea alguien que nos traicionó. Ya sea lo que sea, entonces cogemos eso, lo metemos allí, nos obsesionamos con eso, pensamos en eso, nuestro panorama se convierte en un panorama sombrío donde esa injusticia se convierte por una planta que va creciendo dentro de nosotros y va echando sus raíces y las raíces se van extendiendo por nuestra mente, nuestros sentimientos y hasta nuestro cuerpo también y no pensamos en ningún momento en la perspectiva positiva de Dios.

En que Dios está cumpliendo su propósito y que la injusticia cometida contra nosotros encuentra su disolvente en la justicia mayor de Dios. Entonces lo que tenemos que hacer es por una obra de nuestra voluntad tornar la mirada hacia esos principios de justicia que gobiernan en el mundo y no dejarnos obsesionar por la injusticia que se nos ha cometido.

Yo lo que creo que eso hace, es que una persona pueda sobrevivir las crisis de la vida y seguir adelante y cuando viene el momento de una injusticia y sufrimiento y de dolor y cuando parece que las cosas no nos han ido como parece que debieran irnos, nosotros entonces remitimos al Señor la última palabra y adoptamos una actitud a largo plazo, no nos revelamos, no nos torcemos, no empezamos a pelear con las cosas sino que nos metemos dentro del dolor y dejamos que el dolor se meta dentro de nosotros y lo neutralizamos, lo disolvemos.

Esa postura positiva y de ahí yo creo que viene la salud mental, la paz. A veces son las personas que son endulzados a través de los sufrimientos de la vida a diferencia de aquellos que son amargados y son torcidos por los mismos sufrimientos. Porque la persona que triunfa y prospera sobre el mal es aquella que no pelea contra el mal en una forma compulsiva, neurótica, sino que adopta la perspectiva a largo plazo del Dios que gobierna el universo.

Tenemos que pensar en los propósitos benévolos de Dios a largo plazo. Entonces vemos eso, cuando la justicia toca nuestra vida, no nos amargamos, no nos revelamos, adoptamos una postura a largo plazo, donde Dios está cumpliendo sus propósitos.

En quinto lugar, cuando padecemos injusticia nosotros, debemos hacer lo posible nosotros, sí para defendernos.

Yo no estoy aquí hablando de una postura pacifista y mística donde usted simplemente deja que le hagan y deshagan y donde usted no toma acción contra el mal y usted no se defiende y usted no toma recursos que son legítimos para corregir la injusticia. No, yo no estoy diciendo eso. Yo creo que nosotros debemos luchar contra el mal y voy a hablar un poquito más sobre eso.

Pero hay algo más importante que yo creo que mientras nosotros adoptamos medidas para defendernos en una forma legítima, hay otra cosa que yo creo que tenemos que hacer y es encomendar nuestra causa al Señor.

Y si peleamos, peleemos sabiendo que en último caso, el resultado final depende del Señor y no de nosotros. Usted ve, usted lucha, usted pelea pero usted lo hace con una postura en donde usted sabe que el Señor tendrá que establecer su justicia al final de todo y que el Señor está peleando con usted y dentro de usted. Y que a la larga él es quien tiene que hacer prevalecer su principio final.

Yo creo que eso también es muy importante. Mire como dice Job, capítulo 5 versículo 8. Eso es lo que uno debe hacer primeramente cuando padece injusticia. Job 5:8: ‘Ciertamente yo buscaría a Dios y encomendaría a él mi causa el cual hace grandes e inescrutables cosas y maravillas sin número, que pone a los humildes en altura y a los enlutados levanta seguridad.’

‘Qué frustra los pensamientos de los astutos para que sus manos no hagan nada, que prende a los sabios en la astucia de ellos y frustra los designios de los perversos. Así libra de la espada al pobre de la boca de los impíos y de la mano violenta pues es esperanza al menesterosos y la inequidad cerrará su boca’.

Ve hermano, cuando usted luche, luche en una seguridad de que en último caso su causa tiene que estar encomendada al Señor. Y por eso, que yo creo que hay tanta gente que cuando luchan, lucha en una forma destructiva y auto destructivo porque no están peleando en el Señor. No están dejando que el aceite del Señor lubrique la maquinaria esa que está luchando y por eso a veces se desgastan y se tuercen y se queman y se tornan en personas de nuevo distorsionadas por la lucha.

Salmo 37 otra vez, versículo cinco: ‘Encomienda a Jehová tu camino y confía en él y él hará, exhibirá tu justicia como la luz y tu derecho como el mediodía’. Encomienda al Señor tu causa, encomienda al Señor tu indignación, encomienda al Señor tu padecimiento. ¿Te han violado? ¿Te han violentado? Encomienda tu causa el Señor, mientras tú luchas, pero encomienda esa causa al Señor y deja que tu lucha sea una lucha también dulce.

Aunque parezca paradójico. Qué sea apasionada y fuerte pero también descansando en la paz del Señor. Y esa es una postura paradójica pero es lo que Dios nos llama a hacer.

Primera de Pedro capítulo 4, versículo 19: ‘De modo que los que padecen según la voluntad de Dios encomienden sus almas al fiel creador y hagan el bien’. Mientras tú padeces, mientras luchas encomienda tu alma al Señor y continúa haciendo el bien. No dejes que la lucha por la injusticia también te neutralice en las áreas del bien.

Y al tú pelear en esa manera la paz de Dios que gobierna, gobernará tus pensamientos. La paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento estará contigo en todo momento. Eso te librará de pelear con amargura en una forma distorsionadora y violenta. De dar buen testimonio y aún avergonzar a Satanás.

En sexto lugar, el hijo de Dios que confía en la justicia divina no debe buscar venganza por él mismo, sino dejar lugar a la venganza del Señor.

Hermano, esto es algo muy, muy importante. Cuando nosotros somos violentados y violados en nuestra justicia no debemos vengarnos por nosotros mismos. Y en este mundo y en las iglesias, hermanos, hay mucha gente que no ha entendido ese principio y nos vengamos en muchas maneras: sutiles y no sutiles y encontramos manera siempre de hacer retribución por lo que nos han hecho.

Y en la vida familiar y en la vida matrimonial y en la vida del trabajo y en otras áreas siempre buscamos formas de vengarnos a nosotros mismos sutil o no tan sutilmente. Pero la palabra del Señor nos dice: ‘No te vengues tú a ti mismo’.

Romanos 12, versículo 17: ‘No paguéis a nadie mal por mal. Procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible en cuanto dependa de vosotros estad en paz con todos los hombre, no os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios porque escrito está, “mía es la venganza, yo pagaré,” dice el Señor. No podemos vengarnos a nosotros mismos.

No podemos buscar la venganza, no podemos buscar retribuirle. Al cristiano la venganza, le está prohibida porque la justicia es de Dios y no de nosotros. Y hermanos, si usted cree que eso es un principio solamente del Nuevo Testamento, que la gente habla de la ley del talión y todo eso ya allí mismo Dios había establecido esa regla.

Es una regla eterna, es una regla que es para todos los que siguen los principios divinos. En Levíticos 19, 17 y 18 dice: ‘No aborrecerás a tu hermano en tu corazón. Razonarás con tu prójimo para que no participes de su pecado. No te vengarás ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová’.

En el nuevo Testamento: ‘La venganza no es la actitud apropiada para ningún hijo de Dios, ahora lo contrario lo es’. Y aquí esto es lo más difícil que yo podría decir en este día, no solamente no vengarnos sino que la palabra del Señor me llama a mi a amar a mis enemigos, a orar por los que me persiguen, a bendecir a los que me maldicen. Porque dice la Palabra de esa manera: ‘ascuas de fuego tú estarás amontonando sobre la cabeza de la persona’.

‘Así que si tu enemigo tuviere hambre, -Romanos 12:20- dale de comer. Si tuviere sed, dale de beber pues haciendo esto ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza.’ ¿Tú quieres vengarte de tu enemigo? Hazle el bien, eso es lo que dice la palabra. ¿Tú quieres verdaderamente darle en el centro mismo de su vida? Hazle el bien, bendícelo, ora por él, perdónalo, véngate perdonando, amando, dando.

¿Por qué? Porque dice porque de alguna manera misteriosa y tu amontonas carbones encendidos sobre su cabeza.

Entonces la justicia del Señor es la que se establece. Entonces yo prefiero que la justicia de Dios sea la que haga justicia, que la justicia del hombre. Porque cuando Dios hace justicia, lo hace en una forma, hermanos, exquisita, por así decirlo y no es que usted esté deseando el mal de nadie. Pero Dios, es un Dios perfectamente equilibrado en sus actos de justicia. Entonces yo daño las cosas cuando yo me vengo, cuando yo tomo en las manos un mecanismo que solo Dios debe tomar.

Cuando tú padeces injusticia, cuando te han violentado, no tomes venganza tú mismo, sino deja lugar a la venganza de Dios. Y tu parte es manifestar los frutos del espíritu. No seas vencido de lo malo sino vence con el bien el mal. Neutraliza el aspecto diabólico de las relaciones humanas con el aspecto positivo del evangelio de Dios.

Esa es la actitud. No tomes venganza y por extensión hay otro principio aquí muy importarte. Porque cuando yo digo: no tomes venganza, me estoy refiriendo a acciones, pero ¿y qué del corazón? Hay personas que no toman venganza pero su corazón se llena de ¿qué? De rencor y de resentimiento.

Cuando padece injusticia la gente el corazón alberga ese sentido de quemazón, de la ira retenida, la ira a fuego lento. Es la ira que va cociendo poco a poco el alma que se convierte en resentimiento y en rencor, que envenena los pensamientos y envenena los sentimientos y eso me lleva a mi a la séptima justicia de Dios que hay en el mundo: No debemos dar lugar al rencor y al resentimiento en nuestro corazón.

Ya usted vio lo que dice Levíticos 19: ‘No aborrezcas, hermano’. Dijo Jesucristo’ el que llama a su hermano, tonto o pato o estúpido o necio ya merece el fuego del infierno.

Hermanos, esa es una de las cosas más importantes y claves de la vida humana, yo creo también de la salud emocional y espiritual del hombre: el hecho de que el rencor no debe albergarse en nuestro corazón.

¿Qué dice el Padre Nuestro? Y perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Ahí no hay cuestión de que si los perdonamos o… No, se asume que estamos perdonando a nuestros deudores: a los que nos deben a nosotros.

Mateo 6:14 palabra de Jesucristo. El Señor dice: ‘el que no perdona no podrá ser perdonado’. Dice porque ‘si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará a vosotros también vuestro Padre celestial. Mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas’.

Si tú retienes rencor, si tú retienes resentimiento, si tú albergas de la cárcel -¿saben ustedes que la palabra perdonar, la imagen en el griego original es eso de soltar de la cárcel?- es como abrirle la puerta de la celda a una persona.

Muchos de nosotros metemos a la gente, no los podemos meter a la cárcel con nuestras acciones, ¿sabe lo que hacemos? Lo metemos en la cárcel de nuestra imaginación. Cogemos una celda bien lúgubre, bien oscura, con ratones y con agua cubriendo el piso y metemos allí a la persona que nos ofendió.

Le cerramos la puerta y cuidamos de tirar la llave al fondo del mar y lo dejamos allí año, tras año, tras año y de vez en cuando lo venimos a visitar y miramos a través de la reja y nos gozamos viéndoles allí metidos en esa celda que nosotros le hemos creado mentalmente.

La palabra dice que cuando perdonemos abramos esa celda y los dejemos ir y esa es la idea.

El que retiene la ira y el rencor es prisionero, yo digo del que resiente. ¿Usted sabe eso? Usted cree que lo ha hecho prisionero pero usted es prisionero de esa persona. Usted pasa los años viviendo en términos del acto que esa persona hizo. Esa persona gobierna sus actos y pensamientos. ¿Usted quiere vengarse otra vez de la persona? No retenga el resentimiento, déjelo ir, sea generoso. Perdónelo, no retenga el rencor.

Los médicos le dirán que muchos padecimientos, muchos dolores, muchas enfermedades psicosomáticas vienen del hecho de que no hemos perdonado, que albergamos el resentimiento, nosotros.

El rencor no nos permite retener ni disfrutar de las bendiciones de la vida cristiana. Por eso hay tanto cristiano en la iglesia con caras decaídas, con padecimientos de todo tipo que se preguntan ¿dónde están las bendiciones que promete la Biblia para mí? Y que escuchan la palabra de Dios y no les penetran, la buena nueva de salvación.

¿Por qué? Porque hay un parásito que cuando la bendición llega a su vida se come la bendición y eso se llama el rencor y el resentimiento. Y entonces no alberga la gracia de Dios. Esa persona no es capaz de hacerlo porque el rencor es un animal que está comiéndose antes que llegue a su corazón la bendición de Dios y la está neutralizando y quemando.

El rencor es la cosa más destructiva que hay en el mundo y no podemos albergarlo por nuestro propio bien, aunque sea por egoísmo, no albergue el rencor en su vida. Yo diría otra cosa, el rencor nos hace reos del diablo. ¿Sabe eso? El rencor es una herida perpetuamente abierta por donde entran los microbios diabólicos, por donde entra a veces la penetración del mal.

Han hecho muchos estudios, a veces, de las personas que son afectadas por los poderes satánicos. Por ejemplo las personas que han sufrido abuso sexual o abuso físico muchas veces terminan endemoniadas, sufriendo padecimientos demoniacos. ¿Sabe por qué? Porque al padecer esas opresiones, se llenan de opresión contra sus opresores. Entonces por ahí viene la infestación demoníaca.

El rencor es una de las áreas más débiles para la penetración demoníaca. No podemos albergar el rencor en nuestro corazón. Es imposible que podamos recibir las bendiciones de Dios teniendo rencor en nuestra vida.

Y finalmente, hermanos, esa justicia de Dios debe hacernos a nosotros agentes de justicia donde quiera que nosotros vayamos.

Escuche eso. Si el Dios que usted sirve y el Dios que usted imita es un Dios justo, usted también debe ser una persona justa y debe ser un agente de justicia, inclusive en su diario vivir. Nunca debe la injusticia a través de usted en una forma deliberada. Nunca debe usted cometer una injusticia contra otra persona. Usted debe emular e imitar el carácter de Dios y ser un agente de justicia.

De nuevo el Libro de Romanos capítulo 6 versículo 12 y 13: ‘No reine pues el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencia y tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumento de inequidad’.

¿Ve? No presente su cuerpo o no presente su persona, no ofrezca sus dones y sus capacidades, para usted ser un instrumento de pecado. Sino… ¿qué? Dice: ‘Sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivo dentro de los muertos y vuestros miembros –es decir sus manos, sus pies, sus ojos, su boca, sus orejas– a Dios como instrumentos de justicia. Hermanos, usted y yo debemos ser en este mundo agentes de la justicia de Dios.

Donde quiera que usted camine asegúrese que la justicia de Dios se manifieste en todo momento. No la injusticia. Que sus acciones se distingan por ser acciones de justicia. Que la gente cuando comente su comportamiento diga: “esa persona es una persona que es justa cuando hace las cosas. Es una persona que se puede confiar en que no va a traicionar a nadie. No le va a hacer daño intencional a nadie. Esa persona es la persona más benévola.”

Porque de ahí viene la palabra benévola, es uno de los frutos del espíritu: la benevolencia, la bondad. Porque el hijo de Dios tiene buena disposición para con los demás y es un agente de justicia donde quiera que vaya.

Hermanos, el ser agente de justicia tiene que ser una pasión donde quiera que vayamos. Nuestro comportamiento debe ser un comportamiento radicalmente justo en todo momento.

Y por eso es que yo creo, que aunque el Evangelio no atacó la esclavitud, aunque en la Biblia no se ataca la esclavitud en una manera abierta, pero los principios del evangelio ya estaban socavando fundamentos de la esclavitud desde hace siglos. Porque toda la palabra de Dios habla de la justicia. Les hablaba a los amos: ‘trate a sus siervos como hijos de Dios, como iguales delante de Dios’.

Usted no puede tratar a un esclavo como su igual, imposible. Entonces ya había allí un socavamiento implícito de la injusticia de la esclavitud. La palabra de Dios llama a todo hijo de Dios a ser un agente de justicia continuamente y por extensión eso quiere decir que usted debe en todo momento, hermano, ser una persona de misericordia y ayudar a la persona que está en necesidad: al menesteroso, al pobre, al que padece injusticias. Uno debe ser un escudo en lo que uno pueda.

De nuevo no en una forma compulsiva y neurótica pero si el cristiano debe tener un hambre y sed de justicia. Debe distinguirse por ser una persona que cubre al que está padeciendo injusticias. El hijo de Dios siempre debe ayudar al que padece necesidad. No solamente debemos nosotros ser agente de justicia sino que debemos cubrir a los que están necesitados y debemos ayudar y debemos distinguirnos por eso.

Salmo 82 versículos 3 y 4. Quiero dejar este pensamiento porque es importante que nosotros éticamente, nuestro comportamiento, nuestro caminar seamos siempre que se distinga. A los niños hay que enseñarle. A veces los niños son la gente más injusta.

Cuando un niñito está padeciendo en la clase y todo el mundo le cae encima, tenemos que enseñar a nuestros niños: ‘Mira, tú se justo, nunca cooperes cuando tú ves a un niñito siendo burlado, siendo abusado, se tú ahí un defensor y no cooperes con los actos de injusticia’. Ya desde chiquitos debemos enseñarles a ser agentes de la misericordia de Dios porque eso es lo que Dios hace.

El salmo 82, versículos 3 y 4 dice: ‘Defended al débil y al huérfano. Haced justicia al afligido y al menesteroso. Librad al afligido y al necesitado, libradlo de mano de los impíos’.

Entonces como ven ustedes esa declaración tan potente de David: ‘Él es el que hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia’. Está lleno de implicaciones para nosotros. Debemos ser gente que camine bajo esa justicia divina, que tengamos actitudes positivas porque Dios nos ha de bendecir. Debemos nosotros también ser agentes de la justicia de Dios.

Que el Señor nos bendiga.

Padre, gracias porque tu palabra nos llama a una actitud radicalmente justa. Ponemos a un lado, Padre, todo rencor, todo resentimiento, toda amargura de corazón, todo cinismo, todo escepticismo, todo aquello que glorifica al diablo y sus ondas negativas y te establecemos a ti Señor como ese agente de justicia que gobierna todo el universo.

Ayúdanos, Padre, a adoptar esa actitud positiva y en todo momento establecerte a ti como el que gobierna en justicia y ser imitadores fieles de nuestro Dios que es justo. Gracias, Padre, por esta dedicación, que nuestros corazones, Señor, sean penetrados y embargados del consejo de tu palabra en este día. En nombre de Jesús amén.

Sermón clásico de Dr. Roberto Miranda #6011 Escuchar | Descargar


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Comentarios

 
 

QUE PALABRA TREMENDA DR. ROBERTO. GLORIA A JEHOVA NUESTRO DIOS POR QUE EL HA DADO SU SABEDORIA A USTED PARA HABLAR TAN BIEN Y CON TANTA CLARIDAD Y LUZ. SOY TREMENDAMENTE EDIFICADO CON SUS MENSAJES. MUCHAS GRACIAS POR SU VIDA PRECIOSA. ABRAZOS. MAURO JORGE VIEIRA, MISIONERO BRASILERO QUE VIVE EN CIUDAD PRESIDENTE FRANCO, PARAGUAY.

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