Reconciliando a los hijos con los padres

A propósito de Iglesia del Siglo 21

Parte 19 - [12 de abril 2009] Habiendo enfocado la necesidad de cultivar una nueva generación de jóvenes profesionales en nuestra comunidad cristiana, no podemos evitar discutir aunque sea brevemente un tema relacionado—el reto que presenta al futuro de la Iglesia hispana en Estados Unidos una juventud que frecuentemente existe y se mueve al margen de nuestras congregaciones como una tribu separada, desconectada de los valores y prioridades espirituales que rigen al resto de la comunidad de fe. Urgentemente, necesitamos aprender a ministrarle efectivamente a esa juventud enajenada, entender las influencias que forman su sensibilidad, los valores que abraza, los enemigos espirituales que confronta, y la manera más efectiva de comunicarse con ella e impartirle los valores de la Palabra de Dios.

La cultura moderna ha hecho un trabajo muy efectivo cortando los vínculos de comunicación normales entre los padres y los hijos. Entre otras cosas, la sensibilidad de la generación joven está siendo formada poderosamente por la tecnología. Nuevos fenómenos como YouTube, MySpace y Facebook, así como los i-pods, el Internet en general, los mensajes de texto y los teléfonos celulares, le permiten a la juventud contemporánea moverse aisladamente dentro de su propia subcultura, y adquirir un fuerte sentido de identidad colectiva a expensas de su afiliación con la cultura de sus padres o los valores espirituales de sus congregaciones.

No hay duda de que nuestra juventud navega un universo conceptual muy diferente al de sus mayores. Los valores morales y culturales de nuestra juventud le están siendo impartidos, no por sus padres, su familia extendida o su iglesia, sino por el Internet, un sistema educativo secularizante, y una cultura que promueve más la adquisición de objetos y experiencias sensoriales excitantes que el desarrollo sostenido del alma o el espíritu. En el contexto hispano, hay que añadir las barreras lingüísticas que constituyen un elemento adicional de separación entre los jóvenes y la generación adulta.

Como pastor, sufro a veces calladamente cuando me cruzo con esos adolescentes inaccesibles en los pasillos de mi iglesia el domingo por la mañana. Temo a veces que mis torpes esfuerzos por dejarles saber que me importa en extremo su cariño y respeto resultan infructuosos la mayoría del tiempo. Su mirada lejana e inexpresiva, su aparente incapacidad para hacer contacto visual o dar alguna señal amistosa, me confunde: No sé si indican timidez o rechazo, si constituyen una expresión de orgullo, indiferencia o baja autoestima.

Nuestros jóvenes en Norteamérica raramente reciben esos sutiles nutrientes culturales que permiten una interacción apropiada con el mundo de los adultos. Esas fórmulas sociales compartidas que facilitan el trato entre las generaciones sólo logran ser transmitidas de una generación a otra por medio de los instrumentos del contacto continuo, un idioma compartido, los refuerzos de un sistema educativo en afinidad con la cultura de los padres, y la instrucción paciente en el hogar desde que nace el individuo. En el suelo cultural inhóspito de nuestras ciudades, donde los padres hispanos raramente tienen la energía o el tiempo para dedicarse al cultivo paciente de la espiritualidad o cultura de sus hijos, los muchachos crecen como plantas silvestres, cogiendo aquí y allí incoherentemente lo que pueden para navegar efectivamente el mundo de los adultos.

Generalmente, nuestros jóvenes criados en esta sociedad no saben cómo emitir esas sutiles señales culturales que apaciguan nuestras inseguridades y nos hacen sentir que gozamos de su respeto y su sujeción a nuestra autoridad paternal. Su vestidura extraña, los símbolos secretos con que adornan su cuerpo, los cuales constituyen un lenguaje inteligible sólo para los iniciados, nos desconcierta y enajena. La reacción natural del adulto en ese caso es devolver el percibido rechazo con otro rechazo, o simplemente evitar el contacto, desterrando así la incomodidad que inevitablemente este provoca.

En nuestras iglesias hispanas, la queja persistente de los adultos es que “los jóvenes” no respetan cuando se les corrige o se les manda a hacer algo, que sólo vienen a la iglesia a socializar, o que no dan ninguna muestra de estar integrando a sus vidas los valores morales del evangelio. La tendencia natural ante esta situación es apretar la disciplina, poner más límites dentro de la iglesia, y aumentar el volumen de los llamados a la santidad y el respeto por las autoridades. Desgraciadamente, ninguna de estas intervenciones surte el efecto deseado. Todo lo contrario: sólo consiguen aumentar las distancias y hacer más improbable el acercamiento entre las generaciones. No es de extrañarse que para muchos jóvenes la iglesia aparezca como un lugar enajenante, al cual sólo se va a regañadientes, y que deberá ser abandonado en el primer momento en que las circunstancias lo permitan.

Este triste estado de cosas representa el desperdicio de una hermosa oportunidad para impactar la vida de nuestros jóvenes en una etapa clave de su desarrollo moral y espiritual. Esa edad entre los trece y los diecisiete años—precisamente el tiempo en que resulta más difícil ganar acceso al mundo interior de los jóvenes—constituye la época más crítica para la Iglesia, durante la cual, o ganamos la batalla logrando acceso al corazón del joven, o lo perdemos por mucho tiempo antes de que regrese a la iglesia de nuevo—años después, en el mejor de los casos.

Con el tiempo, creo haber descubierto que por lo menos parte de la solución al problema estriba en navegar pacientemente ese tiempo tormentoso de la adolescencia junto con nuestros jóvenes. Ayuda durante ese tiempo delicado aprender a celebrar las pequeñas victorias, el no tomar demasiado en serio las inevitables violaciones ocasionales de las reglas, adoptar una visión a largo plazo, y confiar resueltamente que la acción sostenida del evangelio siempre será más poderosa que los efectos nocivos de la cultura imperante. La etapa difícil por la cual pasan tantos jóvenes en nuestras iglesias parece ser más una condición de salud temporera que necesita ser tolerada y manejada pacientemente, que un mal fulminante que requiere una intervención quirúrgica decidida y violenta.

Con el tiempo, he visto que si sembramos paciente e inteligentemente, presentando consistentemente ante nuestros jóvenes una alta visión de la vida cristiana, siempre manteniendo en balance la gracia y la justicia, el amor y la verdad, eventualmente el evangelio echará raíces en sus vidas, y dará a luz hombres y mujeres de excelencia, con altos ideales y una espiritualidad robusta. Cada día experimento más placer y satisfacción al observar que muchos de esos adolescentes que en años atrás fueron tan problemáticos, y que presentaban un futuro espiritual tan dudoso, hoy en día son prometedores profesionales cristianos comprometidos con su congregación, a veces expresando las mismas frustraciones con respecto a los adolescentes con quienes ahora trabajan en el ministerio juvenil, que nosotros manifestábamos con relación a ellos unos años atrás.

MINISTRANDO EFECTIVAMENTE A LA JUVENTUD

Hay elementos aun más específicos que las congregaciones hispanas pueden implementar para ser más efectivas en el esfuerzo por retener y discipular esa nueva generación joven que crece actualmente entre nosotros. El asunto del lenguaje evidentemente es uno de los retos más importantes que confrontamos. Nuestras congregaciones tendrán que aprender a manejar cada vez con más destreza la dinámica bilingüe, a fin de hacer más accesibles nuestras reuniones y programas a una juventud que evidentemente se siente mucho más cómoda con el inglés que el español. En nuestra iglesia, por ejemplo, parte de la adoración siempre incluye coros en inglés y español. De vez en cuando, salpico puntos clave de mi predicación con comentarios en inglés, y en ocasiones me dirijo específicamente a los jóvenes durante mis sermones. Frecuentemente, tenemos programación especial para jóvenes durante el tiempo de predicación los domingos, de manera que estos puedan ir a un salón aparte y recibir enseñanza en inglés.

Es necesario además elaborar y mantener sólidos ministerios juveniles en nuestras iglesias. Retener ministros de jóvenes aunque sea a tiempo parcial será cada vez más necesario. Apartar fondos en el presupuesto anual para el ministerio de jóvenes es una forma concreta de señalar la importancia que tiene ese segmento de la congregación para sus miembros. Los jóvenes deben incluirse aunque sea ocasionalmente en aspectos importantes de los servicios dominicales. Bendecir a la juventud cuando comienza el año escolar, señalar públicamente los logros académicos de estudiantes sobresalientes, orar por los graduandos al final del año—todo esto afirma a la juventud de una iglesia, y hace sentir a los jóvenes bienvenidos y apreciados. Cualquier gesto que reduzca las distancias generacionales, que manifieste aprecio en vez de rechazo o indiferencia de parte del liderazgo y la feligresía adulta, tendrá un impacto positivo sobre la juventud de una congregación. Cumulativamente, a lo largo de los meses y los años, por medio de pequeñas intervenciones una comunidad cristiana va elaborando una imagen y una mentalidad de aprecio por su juventud, e integrándolos más y más a su vida colectiva. Siempre me gozo y celebro cuando veo jóvenes y adolescentes sirviendo en el ministerio de ujieres, o recogiendo los diezmos y ofrendas los domingos. Para mí, detalles como estos constituyen una sutil señal de que estamos avanzando en nuestro propósito de ser una iglesia que ministre efectivamente a su juventud.

Sin duda alguna, aprender a servir a la generación joven en nuestra sociedad requiere un esfuerzo de aprendizaje a través de culturas. Se hace cada día más necesario para los pastores y líderes ministeriales congregacionales entender los elementos específicos que constituyen la cultura juvenil, los resortes sutiles que mueven la mentalidad de esa nueva generación. Necesitamos entender, por ejemplo, cómo los avances tecnológicos están influyendo sobre la cultura juvenil. El consumerismo, la música, el arte, la sexualidad, el escepticismo hacia las instituciones y la autoridad, la profunda necesidad de compañerismo y comunidad—todos estos son temas que atañen en formas muy específicas a la juventud de nuestro tiempo, aun a aquellos jóvenes que permanecen dentro de nuestras iglesias.

Necesitamos conocer cuáles son las presiones y contradicciones con las cuales lidian nuestros jóvenes cristianos, a fin de proveerles un respaldo pastoral y espiritual efectivo. Para bien o para mal, la juventud contemporánea constituye una especie muy diferente a las generaciones anteriores. No podemos cometer el error de asumir que lo que funcionó con las generaciones anteriores ha de funcionar con la juventud que actualmente se sienta en nuestras bancas cada domingo.

Nuestra adoración, la manera en que contextualicemos el evangelio para beneficio de esa generación juvenil en profundo estado de conflicto interior, el estilo pastoral que empleemos para abordar el elemento joven en nuestras iglesias—deberán adecuarse a las necesidades concretas de esa elusiva cultura juvenil actual. Sólo así podremos asegurarnos de retener ese segmento de nuestra feligresía el suficiente tiempo como para lograr infundirle esa sensibilidad cristiana que tan urgentemente necesitan.

Comentarios

 
 

Bendiciones
Es bueno que tenga este tema y que una pueda recibir el consejo. Creo que no es casualidad, es Dios dándonos estrategias, tengo un hijo de 13 años, se llama Hiram. Que Dios haga a nuestros hijos como plantas de olivo y a nuestras hijas como esquinas labradas de un palacio...Amèn..

 
 

no me podrian enviar este mensaje de reconciliando a los hijos a mi correo electronico le agradeceria. los bendigo

 
 

Me a impactado mucho este tema ya que a veces somos cristianos pero estamos pasando momentos dificiles con nuestros hijos, en lo personal me a alentado mucho ya que en estos momentos estoy pasando momentos dificiles con un joven de 14 años y a veces creemos que estamos solos a incluso no encontramos apoyo en nuestras congregaciones realmente he tenido momentos dificiles pero me ha alentado mucho la lectura

 
 

estamos en tiempos muy dificiles respeto ala juventud,los sistemas de la tecnologia la falta de autoridad de los padres,en principio la formación de los padres actuales,y los valores de los antepasados padres fueron decallendo a como la modernisación se fue inplantando. no hay autoridad de los padres frente alos hijos.solo se ven padres e hijos enfrendos como dice su palabra no hay respeto mutuo entre familias porque un porcentage muy alto no conoce de Dios.

 
 

Si, hoy día tenemos al enemigo dentro de las fila de la misma familia, pues ha sido tan sutilmente. entre los muchachos, quisiera saber como romper ese habito entre mis hijos del facebook y los MSN del celular.

 
 

Nuestros jovenes son nuestro reflejo, por lo que pido a todos, orar por ellos y por nosotros.
Gracias.

 
 

Excelente articulo, en tan dificil hoy en dia las relaciones personales, especialmente en el ambito familiar, me gustaria oracion de ustedes, para la union de mi familia, unos entre otros, padres con hijos, nueras, hermanos con hermanos, nueras con nueras y viceversa

 
 

hola dios les bendice...devo desirle q al leer el titulo de esta pajina esperaba encontrar al gun consejo q me ayudara a saver como puedo acercar a mis hijos a su papa...el y yo estamos divorsiados hace 15 años.y durante todos estos años yo he tratado de q aun a distancia eyos le saluden y le agan saver lo q la palabra de dios dice...que le aman y q le honran...mis hijos y yo NOS CONGREGAMOS Y SERBIMOS en una iglesia- le emos perdonado todo y siendo onesta la verdad no es por amor a el.. sino por obediensia a Dios pues el se ha encargado de q ellos no sientan ya el deceo de hablar con el...cuando eran pequeños pude yo disfrasar muchas cosas para q se diera una elacion un poco cordial y desearan hablar con el. pero ahora ya entienden las cosas y no desean hablarle por la conducta q el tiene para con ellos y aun para conmigo...mis hijos son de 20,17, 16 años y puedo ver la grasia de Dios vivo en la vida de ellos pues son unos hijos de bendision siguen estudiando y son muy responsables grasias a Dios formamos una familia de 5 DIOS MIS TRES HIJOS Y YO, pero me preocupa solo una cosa en la vida de mis hijos, y es saver como pueden ser ellos posedores de la bendicion q da Dios en su palabra cuando dice.....HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE PARA QUE TE VAYA BIEN Y TENGAS LASGOS DIAS? SI EL NO PONE NADA DE SU PARTE?

 
 

Amada hermana en Cristo, le envio un afectuoso y cordial saludo desdela ciudad y puerto de Veracruz, Mexico. Con relacion a su escrito solo quiero decirle unas palabras de parte de Dios nuestro padre celestial, el cual le ama mucho al igual que asus hijos.
La Palabra de Dios habla acerca del joven rico que se acerca a Jesus y le pregunta,¿Como puede heredar la vida eterna? Y el Señor muy hermosamente le recuerda que guardando los mandamientos; y este contesta que desde niño lo hace. Pero la parte importante de esta platicael Señor lo lleva al extremo cuando le dice: "Si quieres ser perfecto vende todo lo que tienes y dalo a los pobres". Mi hermana enseñe a sus hijos el verdadero legado perdonar por encima de toda circunstancia, es un derecho que Dios nos regalo; enseñeselo a sus hijos y asi haran tesoro en los cielos. Que Dios les bendiga

 
 

Los cristianos en la punta de la lanza.

En mis cursos en Inmunología, en España, observaba a los catedráticos/científicos que nos impartían las conferencias o cátedras, en el área de las ciencias médicas; ellos planteaban en sus investigaciones diferentes rutas para encontrar soluciones en contra las enfermedades incurables y degenerativas; ellos desesperadamente buscan de una u otra manera, pero nada. La ciencia será aumentada pero nuestro Señor sabe a quién le da Luz dentro de ella. Hay medicina paliativa, que es conocimiento permitido por nuestro Padre celestial, es una de las formas de misericordia para todos. Pero, ¿Cómo es que piensan que pueden encontrar una luz, si no se invoca el favor al Omnipotente? ¿Cómo creen que el Altísimo dará los secretos escondidos, sino se le rinden su gloria? Al llegar a este nivel se concreta algo: Necesitamos a una generación de jóvenes profesionales cristianos, que mantenga una comunión con nuestro Dios, que le agraden a nuestro Dios, que conmuevan a nuestro Dios para que le arranquen promesas. Valientes en Cristo, guerreros de Fe, entrenados para batallar en este mundo real.

Para colocar los engranajes de la maquinaria operativa cristiana en su lugar, hay una secuencia retroalimentaciones, hechos y generaciones que nuestras Iglesias tienen que corregir, antes de reconciliar a nuestra juventud cristiana con su propósito en Dios. Apóstol Pablo dijo (Efesios5.14): Despierta tú que duermes levántate entre los muertos y te alumbrará Cristo.

El Pueblo de Dios tiene que ponerse en la punta de la lanza en los diferentes áreas de cambios de nuestra humanidad para que sean entes de una verdadera revolución espiritual, reflejando la luz que se nos es concedida de arriba por el Altísimo.
Se tendrá que reconciliar entre generaciones, entre gobiernos y principios sociales correctos, entre padres e hijos, entre familias, pero sobre todo se tendrán que reconciliar nuestras Iglesias, para que las debilidades de una sean compensadas con las fortalezas de otras, para que las experiencias de unas sean anticipadas a las otras, para que seamos uno en acción, cómo nuestro Jesús en el Padre, cuando ejerció su Ministerio en la Tierra. Así nosotros debemos ser perfectos en unidad, para seamos embajadores de Cristo, pidiendo la reconciliación con Dios.

La Iglesia en perfecta unidad gozará de la gloria concedida del Padre Celestial a nuestro Jesús, podrá manejar las prioridades espirituales, una Iglesia dotada en el espíritu, en el alma, y en la mente. Una Iglesia capaz de que la cultura moderna no haga estragos, sino que se cumpla: “Y los que aman a Dios todas las cosas le sirven para bien”; O sea que los instrumentos de la modernización sean instrumentos que nos sirvan a nosotros para pregonar el misterio de Cristo. Todo, todo está sometido a Cristo.

Necesitamos estrategias aplicándolas con cuidado para avanzar, andando como sabios aprovechando bien el tiempo (Ef5.15, 16). Aplicando estrategias siendo entendidos de cuál es la voluntad del Señor (Ef5, 17), usando estrategias de transformación social, estrategias de acciones económicas efectivas, estrategias de readaptación de las viejas generaciones en el lenguaje de las nuevas generaciones para restablecer su comunicación, estrategias de infiltración en los medios de comunicación modernos para la propagación de la palabra de Dios, estrategias de integración cultural…Estrategias para reflejar que somos hijos Luz en donde quiera que estemos. Estrategias para demostrar que somos embajadores de Cristo, estrategias para expandir el Reino de Dios.

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene como privado y no se muestra públicamente.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Allowed HTML tags: <a> <em> <strong> <cite> <code> <ul> <ol> <li> <dl> <dt> <dd>
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.

Más información sobre opciones de formato