El llamado redentor de la iglesia hispana

A propósito de Iglesia del Siglo 21

Parte 15 - [15 de marzo 2009] El involucramiento comunitario es uno de los distintivos de nuestra iglesia, y algo que nos da mucha satisfacción. En junio del 2005, en un discurso durante el Desayuno de Oración Hispano en Washington, el presidente George Bush mencionó uno de nuestros ministerios sociales como muestra del impacto importante que congregaciones hispanas como la nuestra están teniendo sobre la comunidad a través de su colaboración con programas sociales federales. El trabajo con la comunidad ha influenciado con vigor nuestra identidad como iglesia, y nos ha abierto las puertas a una gran cantidad de recursos y contactos con importantes instituciones en la ciudad, y aun en toda la nación. Cuando comenzamos nuestros primeros esfuerzos en este aspecto del ministerio, jamás nos imaginamos la gran aventura que estábamos emprendiendo, y lo mucho que disfrutaríamos de ese viaje.

Como hemos visto, Dios tiene un llamado especial para la Iglesia hispana en Estados Unidos. Se trata de un llamado redentor para la transformación de vidas y comunidades enteras. No es el llamado estrecho y común, según lo entendemos tantos pastores y ministros, a meramente evangelizar gente y prepararla para su viaje hacia la eternidad. Sobra decir que esto es extremadamente importante, y que sin este componente nuestra labor como Iglesia de Jesucristo en última instancia carecería de legitimidad. Sin embargo, nuestro alcance como representantes del Reino de Dios en la tierra va mucho más allá de lo meramente espiritual y eterno. Como hemos señalado anteriormente, la verdad que la Iglesia posee y encarna es aplicable a todas las dimensiones de la vida humana, y afecta tanto lo espiritual como lo material, lo eterno como lo temporal.

El conocimiento y poder que contiene el evangelio no sólo nos depara los medios de acceso a la vida eterna y a la reconciliación con Dios, sino que también nos capacita para vivir victoriosa y plenamente en el ahora y el aquí. Cristo no solamente salva nuestra alma, sino que también sana y preserva nuestros cuerpos. El evangelio no solamente nos provee conocimiento esotérico para ganar acceso al mundo espiritual, sino que además informa e ilumina nuestra mente para que podamos aprovechar las oportunidades que nos ofrece el maravilloso mundo que Dios ha creado.

El apóstol Juan lo expresa en palabras sencillas y llenas de amor: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” (III Jn 2). En otras palabras, Dios quiere que seamos bendecidos y prosperados en todas las dimensiones de nuestra vida, tanto en lo material, como en lo corporal y espiritual. El Shalom de Dios alcanza todas las dimensiones del ser, y busca establecer su dominio benévolo sobre todo lo negativo y perjudicial. Pablo habla de que “todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (I Tes 5:23).

La falsa dicotomía entre lo espiritual y lo material, el cuerpo y el espíritu, no tiene base en la cosmovisión que nos presenta las Escrituras. Dios ve a las personas como seres integrales, y desea que Su verdad ennoblezca y levante todas las dimensiones de sus vidas. Así como el pecado adámico afectó todas las dimensiones de la vida humana, y aun el cosmos mismo (véase Rom 8:19-22), el efecto redentor de la muerte, el sacrificio y la resurrección de Jesús rectifica y redime esas mismas distorsiones de la caída.

Ya hemos visto cómo el proyecto redentor de Dios se extiende tanto al plano individual como colectivo de la humanidad. A través de las Escrituras vemos el poder salvador de Dios interviniendo en todos los aspectos de la vida de su pueblo, afectando el plano económico, social, cultural y judicial. En el libro de Deuteronomio, por ejemplo, vemos el establecimiento de leyes y principios de parte de Dios que se dirigen a todas las dimensiones de la vida del pueblo judío—leyes sobre la sexualidad y la higiene, sobre el diezmo y el crédito, sobre la guerra y el trabajo.

Dios no se ha desentendido de este mundo caído simplemente porque su intención final sea la de crear “cielos nuevos y tierra nueva” (II Pe 3:13). Su propósito es penetrar y mantener iluminado con su verdad el ámbito temporal mientras llega lo verdadero y definitivo que El tiene programado. Dios ama y valora a la humanidad en su presente estado, aun mientras obra para que entre en manifestación una humanidad redimida y perfecta al final de los tiempos.

Jesús declara: “Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo” (Jn 9:5). Habiendo dicho esto, procedió inmediatamente a sanar a un ciego de nacimiento, manifestando así su infinita compasión, y su intención invencible de mejorar la condición humana en cualquier dimensión que fuere necesario. De igual manera, la Iglesia de Jesucristo opera bajo un llamado de hacer las mismas obras redentoras de su Señor mientras esté en la tierra, en lo que espera la instalación final del Reino de Dios. Como hemos señalado anteriormente, su influencia benéfica tiene que extenderse a todas las dimensiones de la vida, de la misma manera que la obra de Jesús se manifestó en manera multiforme—sanando enfermos, libertando a los endemoniados, dando de comer a los hambrientos, denunciando la injusticia, instruyendo a los ignorantes, entrenando obreros para el servicio del Reino.

Se trata de un llamado arduo y peligroso: Históricamente, la Iglesia se ha movido incómoda y torpemente dentro de la complejidad que ese llamamiento le plantea. En ocasiones se ha corrompido y vendido a los poderes temporales (p.ej., la Iglesia medieval y renacentista), mientras que en otras ha pretendido aislarse completamente del involucramiento con el mundo y la sociedad (p.ej., ascetismo y monasticismo). Pero la opción de ignorar su llamado redentor y sustraerse de esa asignación heroica sencillamente no es una opción legítima. Nos es necesario “hacer las obras de aquel que nos envió entre tanto que el día dura” (Jn 9:4). Mientras perdure el drama humano tal y como lo conocemos, tendremos que esforzarnos por extender los principios benévolos del Reino de Dios a todos los ámbitos de la vida humana, “derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (II Cor 10:5).

El mandato de Jesús a su pueblo en la parábola del siervo infiel, es: “Negociad entre tanto que yo vengo” (Lucas 19:13). La palabra traducida “negociad” viene del griego pragmateuomai, expresión extraída del mundo de los negocios. Incluye la misma raíz de donde tomamos la palabra “pragmático”, o “práctico”. Según la define un diccionario del griego del Nuevo Testamento, Pragmateuomai transmite la idea de llevar a efecto de forma diligente y responsable algún negocio o comercio, invirtiendo gran esfuerzo para que se generen resultados buenos y efectivos; la idea no es el pasar el tiempo trabajando ocasionalmente en algo. Ese es el espíritu que debe manifestar la Iglesia en su involucramiento con el mundo— una actitud práctica y concreta, con una visión clara, definida y sistémica, penetrando sistemáticamente todas las dimensiones de la sociedad, leudando toda la masa social con los principios redentores del Reino de Dios.

Estos son algunos de los principios bíblicos que fundamentan la obra social de la Iglesia, y que nos llevan irremisiblemente hacia el involucramiento comunitario. Sencillamente, las necesidades de nuestro pueblo hispano son demasiado numerosas y opresivas para limitarnos a una acción meramente religiosa o “espiritual”. Aunque los recursos de muchas de nuestras iglesias frecuentemente son bastante limitados, aun así hay mucho que estas pueden hacer para mejorar la condición del pueblo latino. Dentro de cada congregación existen dones escondidos, aptitudes provistas por el Espíritu de Dios, que sólo esperan un esfuerzo de fe de nuestra parte para activarse y bendecir a nuestros feligreses y nuestras comunidades.

Comentarios

 
 

Dios les bendiga!Saludos desde nashville mi esposo y yo estamos olantando una obra de los Discipulos de Cristo en nashville y sus predicas son una bendicion,pastor Miranda usted y Omar Sotto han sido nuestros maestros,oramos por ustedes y gracias con sus predicas y recursos han sido nuestra escuela,GRACIAS en Cristo
Justina

 
 

todo esta muy bien informado sigan poniendo mas predicas bendiciones de aca de las cruces nm.

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