Evangelizando sistemas y no sólo individuos

A propósito de Iglesia del Siglo 21

Parte 4 - [28 de diciembre 2008] Es necesario que la Iglesia hispana sea capaz de dirigirse en forma abarcadora, no solamente a las necesidades del individuo, sino también que sea una voz iluminadora en los debates que afectan a los sistemas sociales, económicos, políticos y culturales que rigen a nuestra comunidad. El evangelio del Reino establece su sombra regidora tanto sobre el individuo como sobre las instituciones, culturas y sistemas de pensamiento que fundamentan la vida humana. La obra redentora de Cristo es tanto individual como colectiva, personal como institucional. Si nos limitamos a un solo plano en nuestros esfuerzos evangelizadores, empobrecemos el alcance del Reino, y tronchamos artificialmente el proyecto redentor de Dios.

El mandato de Jesucristo es “Id, y haced discípulos a todas las naciones... enseñándoles que guarden todas las cosas que yo os he mandado” (Mateo 28:18). En otras palabras, el propósito de Jesús es que no sólo almas sean salvadas, sino que naciones y pueblos, razas enteras, sean redimidas y sometidas a la influencia regeneradora de la Palabra de Dios. Jesús vino a salvar personas, pero también tiene el firme propósito de redimir familias, ciudades, gobiernos, culturas y naciones enteras. El Espíritu de Dios no descansará hasta que esa visión totalmente abarcadora del Reino llegue a su plena realización. Como declara el apóstol Pablo en Romanos 11:36, “Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas”. Dios tiene un plan muy específico para la redención del cosmos. En ese plan, todo está minuciosamente previsto y coordinado. Pablo lo describe así en I Corintios 15:22:

“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el Reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia…Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos”.

El Señor proclamó en ese mismo pasaje de la Gran Comisión: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”. El evangelio de Jesucristo y sus reclamos de señorío cubre los trescientos sesenta grados de la realidad humana, y no sólo lo que estrechamente definimos como “espiritual”. Se requiere una Iglesia igualmente capaz de diseminar y establecer esa influencia benévola de vida que Cristo ofrece sobre todas las dimensiones de la realidad humana.

UNA CONCEPCIÓN ABARCADORA DEL MINISTERIO

Como podemos ver, para poder dirigirse efectivamente a las necesidades actuales de nuestro pueblo inmigrante, la Iglesia latina en este país necesitará integrar dentro de sí modalidades de ministerio y teologías pastorales que hasta ahora han existido mayormente separadas la una de la otra. Es absolutamente importante que la Iglesia hispana en esta sociedad encuentre la manera de ampliar su concepción del ministerio para incluir no solamente la salvación de las almas y la preocupación por los asuntos espirituales y eternos, sino también el atender a las necesidades materiales de la comunidad, y dirigirse hacia la transformación de todos los aspectos de la vida humana.

Dada la inmensa autoridad moral y espiritual que posee, la Iglesia no puede evadir su llamado profético a confrontar todo aquello que impide que los seres humanos alcancen la plenitud de vida que Dios les tiene destinada. Siguiendo el modelo de su Señor, la tarea de la Iglesia es hacer el bien, y deshacer las obras del diablo en cualquier forma o ámbito en que estas se manifiesten (I Juan 3:8).

UNA MENTALIDAD SOBRENATURAL

Hemos visto que el complejo contexto social y cultural en que se mueve la Iglesia hispana en este país requiere una concepción igualmente compleja y abarcadora. Junto a esa preocupación social tan legítima y necesaria, sin embargo, la Iglesia evangélica hispana en Estados Unidos debe mantener estrechamente unida lo que llamaremos una “mentalidad sobrenatural”. Esa postura sobrenatural constituye su mayor fortaleza, la distingue de otros tipos de espiritualidades cristianas, y le asegura a la Iglesia hispana su capacidad para ser verdaderamente efectiva en la labor evangelística y transformadora. Me refiero a esa postura histórica y ortodoxa de la Iglesia que entre otras cosas incluye la creencia en la Biblia como la palabra infalible de Dios, que concibe a Jesús como único mediador entre Dios y los hombres, y que está animada por un urgente llamado a evangelizar y hacer discípulos tanto de los hombres como de las naciones.

TEOLOGÍA DE PODER

Esa postura sobrenatural debe incluir además el énfasis sobre una teología de poder como base para las acciones y esfuerzos de la Iglesia sobre la tierra. Este elemento de poder (dunamis, en el griego del Nuevo Testamento) me parece fundamental en la elaboración de una mentalidad verdaderamente bíblica y sobrenatural. Sin ella, la Iglesia hispana se encontraría en seria desventaja al tratar de acometer los retos sobrehumanos que plantea el ministerio en el siglo veintiuno.

A través de todo el Nuevo Testamento se hace claro que el anuncio del evangelio debe estar acompañado por obras de poder sobrenatural. El Señor Jesucristo siempre enmarcó su llamado a los discípulos a evangelizar dentro de una promesa de poder y autoridad sobrenaturales. En Mateo 28:18 y 19 hay una promesa implícita de dotación de poder la cual acompaña a la Gran Comisión: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones…y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.

En Lucas 9:1 y 2 vemos esa misma dinámica de poder acompañando el envío de los doce: “Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades. Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos”. Más adelante, cuando Jesús envía a otros setenta discípulos, estos regresan asombrados de las sanidades y liberaciones que han efectuado. El Señor les responde: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará” (Lucas 10: 18 y 19).

Inmediatamente después de su resurrección Jesús les advirtió a sus discípulos que no se apresuraran a emprender ningún esfuerzo evangelístico, “sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo” (Hechos 1: 4 y 5). Esa consciencia urgente de la necesidad de una investidura de poder sobrenatural para llevar a cabo efectivamente las tareas evangelísticas y transformadoras de la Iglesia sobre la tierra es el fundamento de la teología pentecostal. Su recuperación después de siglos de olvido y descuido en el siglo veinte constituye una de las grandes transformaciones en la historia de la Iglesia.

Comentarios

 
 

que bueno, es un temas bien atinado para la iglesia hoy

debemos estar bien orientado con respacto a las circustancias actuiales y llenos del Poder de Pentecoste como la iglesia del Libro de los Hechos.
este tema es muy desafiente para la iglesia del siglo 21.

GRACIAS PASTOR, ADELANTE LE SIGO DE CERCA.
BENDICIONES.

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