Sermón 4 de febrero 2007 : La balance entre santidad y gracia

A propósito de Sermones
  • Presenter: Dr. Roberto Miranda
  • Fecha: February 4, 2007
  • Ubicación: Congregación León de Judá, Boston MA

La vida vivida en la palabra de Dios es una vida sólida, es una vida que avanza y que crece. Vamos, hermanos, a la palabra del Señor. Voy a ser juicioso en el uso del tiempo porque hemos hecho muchas cosas ya que son de bendición pero precisamente de eso se trata; queremos ser una iglesia que honre la palabra de Dios y que reconozca su importancia. Y hemos estado haciendo este recorrido a través de la carta a los Romanos que nos ha mostrado el misterio de la vida vivida sobre la gracia de Dios.

Hay un reconocimiento central en toda esta epístola a los Romanos de que el hombre no se puede salvar por su propia justicia. Pablo se encarga, una y otra vez de mostrarnos que nadie puede justificarse delante de Dios por sus buenas obras. Ningún ser humano puede decir yo voy a entrar al cielo porque me comporté perfectamente, como Dios esperaba. Todos hemos fallado y fallaremos. Y Pablo lo puso muy bien, “... por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gracia de Dios....”

Y toda la epístola a los Romano, en una manera u otra, da vueltas alrededor de esa verdad central. Y el propósito de Pablo es remachar esa idea, afincarla bien, que no quede duda de que todo ser humano solamente puede ser salvo por medio de la persona de Jesucristo. Y todas las demás cosas que él discute en una manera u otra están relacionadas con esa verdad.

El Apóstol Pablo trata en varias ocasiones de afinar detalles, de aclarar posibles confusiones, de responder a preguntas que él, en su mente, anticipa que le van a hacer con respecto a las afirmaciones que él hace acerca de la importancia de la gracia en todo momento. Por eso él habla acerca del bautismo, habla acerca de la muerte, habla acerca de Abraham, habla acerca de el nuevo Adán; todas esas cosas están relacionadas con el mismo tema: de que la salvación es por la gracia.

En el Capítulo 7 donde estamos hoy, él continua desarrollando algunas ideas, como buen teólogo, como buen erudito, él está afinando, matizando las cosas, hilando fino, como dicen algunos por allí.

Él introdujo en el Capítulo 6 el tema de la muerte. Recuerdan ustedes que el domingo pasado hablamos de muerte y de vida. Al identificarnos con la muerte y con la vida, por la resurrección de Jesús, hay unos beneficios que obtenemos. Al identificarnos con la muerte, a través del bautismo, nos identificamos con la muerte al pecado y también la muerte a la ley. Son dos cosas a las cuales morimos: la dictadura del pecado que nos mantiene siempre esclavizados y atados a pecar, pecar, pecar, vivir una vida de continua violación de la ley de Dios; y la muerte a la ley también, porque es como si desaparecemos del mapa y ya la ley nos busca para condenarnos y no nos encuentra, porque ya morimos. Estamos escondidos.

Dice Pablo en otro pasaje que nuestra vida está escondida juntamente con Cristo. Es decir, ese es el aspecto de muerte en el sentido defensivo de la palabra. Pero también hay vida, hay resurrección. Una y otra vez usted va a encontrar ese concepto a través de toda la Escritura y por eso insistimos en estos conceptos porque le van a ayudar a usted a navegar la Biblia. Cada vez que usted encuentre estas referencias a morir y a resucitar en Cristo, usted va a entender qué es lo que está diciendo Pablo.

Resucitamos con Cristo al salir de las aguas bautismales, simbólicamente, y eso nos da poder, como decíamos para vencer ataduras, poder para vencer circunstancias, problemas en la vida, nos da autoridad. Dice que el Señor nos resucitó y nos sentó juntamente con Cristo en los lugares celestiales.

¿Recuerdan todo eso? Así que no es solamente muerte, no es solamente huir de cosas, sino también es ir hacia cosas bien positivas. Entonces en el Capítulo 7, el Apóstol Pablo continua desarrollando esas ideas. Él las enfoca de diferentes perspectivas y las va aclarando.

Por ejemplo, en el Capítulo 7, él en los primeros 6 versículos, él hace una ilustración judicial acerca de por qué es que al identificarnos con la muerte con Cristo, eso es beneficioso para nosotros. Él dice aquí:

“...¿Acaso ignoráis, hermanos, que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que este vive? Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido, mientras éste vive, pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido....”

¿Qué es lo que él está haciendo aquí? Él está haciendo una ilustración y la idea central es esta. Cuando hay muerte en una persona la ley deja de ser relevante, deja de tener vigencia.

Por ejemplo, digamos ustedes, hermanos, ¿sabe usted que si usted se muere usted queda libre de las deudas de la Visa, de la Mastercard? Diga gloria a Dios. ¡Aleluya!

Ya los bancos no lo van a poder encontrar. Es más, tengo todavía una mejor noticia, ni el IRS, ni rentas internas, no va a tener que pagar más impuestos, ni nada. Gloria al Señor. Comienzan a hablar en lenguas. Digan ¡Aleluya! Padre, gracias!

¿Por qué? Porque usted murió. Cuando uno muere ya la ley ya todos los tickets de tráfico tampoco tienen relevancia, todas esas cosas ya completamente desaparecieron del mapa. No hay child support, no hay nada. Se pone más bueno, mientras más voy diciendo, uno como que quiere morirse entonces ¿no?

Pero, la idea es que la muerte como que pone una barrera de impedimento entre la persona que ha muerto y la ley. Y Pablo usa esa ilustración para decir, así mismo es, cuando nos identificamos con la muerte con Cristo, es como si efectivamente, judicialmente, ante los ojos de Dios, hemos muerto a todas las deudas que teníamos con Dios. La muerte de Cristo viene a ser nuestra muerte y entonces ya no hay condenación por medio de la ley.

Eso es esencialmente todo lo que él dice en ese aspecto del versículos 1 al 6. Dice en el versículo 4, por ejemplo, “... así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos a fin de que llevemos fruto para Dios...”

Mire, aquí se introduce una idea muy importante también. Y es la siguiente: cuando nosotros morimos en Cristo, simbólica, judicial, espiritualmente, morimos a la condenación esa de la ley, pero no se queda ahí, sino que en un sentido también, como decíamos este juego de muerte, resurrección, resucitamos para ser de otro; como una mujer que enviuda pero entonces se casa inmediatamente con otro.

¿Con quién nos casamos después que morimos al pecado? Con Cristo. Ahora, es como si nosotros somos todos femeninos y Cristo es nuestro esposo. De hecho, por eso la iglesia es la esposa del Cordero. Un día Cristo celebrará las bodas del Cordero. Su iglesia simbólicamente se casará con ella. Pero ahora, en un sentido nosotros al morir al mundo, a la carne, al pecado, a la ley, nosotros resucitamos a una vida bajo la tutela, el señorío de Cristo Jesús.

Ahora, ¿sabe lo bueno, hermana? Es lo siguiente, quizás tu no estás tan contenta como tu esposo te trata, pero Cristo nunca te va a tratar mal. Diga amen. Gloria a Dios. ¡Aleluya!

Cuando nos casamos en Cristo, ahora tenemos un Señor que nos va a tratar bien. Todo lo que él hace va a ser para nuestra bendición. Todo lo que él hace va a ser para avanzarnos y bendecirnos. Pero, es decir, no es solamente que estamos muriendo a cosas negativas: no hagas, no toques, no digas esto.

No, si dice ahora que “....hemos resucitado a fin de que llevemos fruto para Dios”. Ahora somos de Cristo y antes hacíamos obras de maldad, obras de pecado y ahora se espera que hagamos obras de bendición, obras de santidad, frutos para gloria de Dios.

¿Recuerda eso? Dios te libra de muchas cosas pero es para que tengas libertad para hacer cosas buenas. Por eso yo no creo en una espiritualidad que siempre está diciendo a la gente solamente: no hagas esto, no vayas por allí, no digas esto, no mires, no pienses; porque eso es todo como negativo. Cristo nos ha llamado a hacer vidas positivas, vidas productivas, vidas que hagan el bien, vidas que crezcan, vidas que aprendan, vidas que lleguen a toda su plenitud. No es solamente lo negativo.

Yo creo que una espiritualidad sana, es una espiritualidad donde hay balance. Y una de las cosas que yo he descubierto acerca de la epístola a los Romanos es que es una epístola muy balanceada: nos llama a una espiritualidad sana y balanceada. Yo espero tener oportunidad de trabajar eso un poquito más.

No es solamente huir de lo malo sino ir hacia el bien. No es solamente escapar de la muerte, sino ir hacia la vida en Cristo Jesús. Es interesante en el versículo 5 dice:

“... porque, -y eso quiere decir que está explicando lo que acaba de decir- ....porque mientras estábamos en la carne las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte...”

Aquí el Apóstol Pablo introduce un concepto bien interesante y que surge en varias ocasiones. Por ejemplo en la epístola a los Gálatas surge esta idea también de que la ley interesantemente es como una plataforma que usa el pecado para manifestarse. Pablo quiere hacer una aclaración: la ley no es mala, en sí misma. Dios la usó para atraparnos y llevarnos hacia la gracia y hacia la salvación que es a través de Cristo Jesús.

Sabe usted que Dios es un Dios que piensa a largo plazo. Dios es un Dios que piensa estratégicamente. Es un Dios que planifica y Dios en su infinita sabiduría inventó la ley judaica e hizo un experimento con el judaísmo como un micro cosmos de la humanidad, como un representante de la humanidad, y allí les dio leyes a los hebreos para que ellos descubrieran algo muy importante y es que era imposible para ellos salvarse simplemente por sus buenas obras que necesitaban a alguien, más bien, que los salvara, que no eran ellos mismos los que podían hacer su salvación. Y Dios se tomó siglos para establecer este precedente claramente ante la humanidad, para preparar el camino para su Hijo Jesucristo y para la salvación por gracia.

Entonces, la ley, hay un concepto que se da varias veces en la Escritura: la ley ha servido como una señal, como hemos dicho antes, ¿no? Para que se sepa hay pecado y entonces en un sentido, la ley es casi como un instrumento. La gente podría decir ‘bueno, entonces un instrumento para el pecado’. Pero Pablo dice, ‘no, no, no es así. No es que es un instrumento de pecado, es que hay en nosotros ciertas condiciones, cierta naturaleza inherente. En el contexto mundial humano, hay condiciones que apuntan al hombres inevitablemente hacia el pecado y la ley es simplemente el espejo que señala esa condición humana. Así por eso él dice “... las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros –es decir, en nuestros cuerpos- ... llevando fruto para muerte.”

Dice en el versículo 6 “.... Pero ahora estamos libres de la ley por haber muerto - ¿ve? El concepto de muerte que libera de la ley- .... para aquella en que estábamos sujetos de modo que sirvamos ahora bajo el régimen nuevo del espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra”.

Pablo, usa este concepto de ley en por lo menos 4 ó 5 maneras diferentes. Hay diferentes connotaciones cuando él habla de ley. La primera connotación de ley para Pablo es, bueno, la ley judía, lo que encontramos en Levítico, en Deuteronomio, en Éxodo parte, etc. Todas estas declaraciones de ley y de mandamientos que había que obedecer.

Pero también para Pablo ley adquiere como una connotación más amplia de religión muerta, religión muerta, de mandamientos que no tienen la vida de Dios en ellos, de esterilidad espiritual, de cosas que debieran tener vida pero por falta de la presencia del espíritu se convierten en algo mecánico y compulsivo, pura paja, puro andamiaje legal, sin la gracia del espíritu, sin la lubricación de la presencia de Dios. Es religiosidad muerta, religión muerta. Esa es otra connotación cuando Pablo habla de ley.

Podríamos decir ley con L mayúscula es la ley judaica, ley con ‘l’ minúscula es, podríamos decirlo así quizás, es religión muerta, religión de mandamientos. Era la religión de los fariseos. Por eso Cristo se molestaba tanto con los fariseos, porque los fariseos eran símbolo de lo que Dios dio al hombre pero sin el espíritu, la gracia que lubrica y que dignifica y da gozo y bendición y vida a la vida espiritual.

El Señor Jesucristo vino, hermanos, para que nosotros tuviéramos vida en abundancia, ¿sabe?, para que gozáramos de ser cristianos. Yo les decía antes, hermanos, yo no puedo convivir con una religión de mandamiento estériles. No puedo vivir con una religión de condenación. No puedo vivir con una religión que solamente convierte a la gente en autómatas, robots. No puedo vivir con una religión que uno tiene que aprenderse una retahíla de mandamientos y de cosas que hay que hacer y no hacer. Pero, en vez de eso lo que Dios quiere es que tu aprendas a discernir el espíritu de Cristo en cada situación en tu vida.

¿Sabe lo que yo deseo de nuestros hermanos? Es que la presencia de Cristo se haga tan real en su vida, dentro de usted, y haya tanta afinidad entre usted y el espíritu de Jesucristo que cuando usted se encuentre en cualquier situación de la vida, no importa cuán compleja sea, usted pueda discernir exactamente qué usted tiene que hacer; si lo que usted está haciendo o diciendo es de Dios o no, porque haya una resonancia, o un rechazo del espíritu de Cristo en usted y esa situación que usted está confrontando. ¿Me estoy explicando?

A mi no me interesa tanto darle a usted una cantidad de mandamientos para cada situación en la vida. ¿Qué pasa si te dicen esto? ¿Qué pasa si te dicen lo otro? ¿Qué pasa si en el trabajo te ofrecen esto y.....?

Hay iglesias donde la gente para casarse tiene que venir donde el pastor para que le de permiso, a ver si se puede casar con fulanito; para irse a una ciudad hay que pedirle permiso al pastor; para coger un trabajo hay que consultar con los ancianos y esto y lo otro. Eso es bonito, hasta cierto punto, pero ¿saben qué? Yo prefiero algo mejor. Yo prefiero que ustedes conozcan tan bien la palabra de Dios y que la palabra de Dios se haya hecho viva, tan poderosamente en ustedes que ustedes puedan discernir la voluntad de Dios en cada situación en su vida, porque Cristo vive dentro de ustedes. Amen.

Y esa es la espiritualidad que Dios quiere para nosotros; una espiritualidad madura. Dios no quiere tanto darte un pescado como enseñarte a pescar, en otras palabras. Yo prefiero que mi pueblo aprenda principios de vida, de espiritualidad. Una religión viva, una espiritualidad viva. A mi ya ni me gusta hablar de religión porque esa palabra como que suena a institución y hay mucha gente que viene a la iglesia y quiere pegarse a la institución, a los mandamientos, que se le diga lo que tiene que hacer, lo que no tiene que hacer; o vivir su vida espiritual a través del pastor o los líderes de la iglesia.

No es así. Esa es la ley. Lo que Dios quiere que tu viva es el espíritu, que el espíritu de Cristo se haga real dentro de ti. Si el espíritu de Cristo está dentro de ti tu vas a encontrar la solución a cualquier problema de tu vida. Estas clases que tomamos y todo eso, son simplemente ejercicios para que usted aprenda a discernir la presencia del espíritu dentro de usted.

Por eso es que Cristo dijo, yo entiendo, cuando él dice “donde está el espíritu hay libertad”. Porque cuando está el espíritu dentro de ti, mira hermano, tu puedes saber como lidiar con cualquier situación en tu vida y el espíritu te va a orientar y muchas veces inclusive, si tu no sabes exactamente lo que tienes que hacer, ya habrá situaciones dudosas en la vida. Yo mismo como pastor me encuentro a veces en situaciones que no se qué aconsejarle a un hermano, a una hermana, porque son situaciones tan complejas que me plantean que yo busco ahí el manual desesperadamente, Capítulo qué, versículo cuál, y no encuentro, porque es tan rara la situación que me están presentando, y allí es donde yo me encomiendo al espíritu de Dios y le digo ‘Padre, dame discernimiento interior. Aún si no doy exactamente con la respuesta me encomiendo a tu gracia y a tu misericordia.’

Porque cuando usted no sepa lo que tiene que hacer, hay todavía una última carta que usted se juega, es encomendarse a la gracia de Dios, a la misericordia del Señor y darle tiempo al espíritu para que le encuentre la respuesta que usted necesita.

Eso es lo que Pablo está hablando aquí de la diferencia “hemos muerto a esa ley en la cual estábamos sujetos de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra...”

Cada vez que usted ve esa palabra ‘letra’, o ‘ley’, u otra palabra es ‘rudimentos del mundo’ también, es esa religiosidad estéril, acartonada, dura, sin flexibilidad, sin lubricación, sin vida, que de eso yo no quiero saber en la vida espiritual. Tenemos que buscar esa religión, esa espiritualidad que respira, que tiene ventanas para que entre la luz y para que entre el aire.

Esa flexibilidad tan bella que es signo de una congregación sana y de una vida espiritual sana. Yo creo que los cristianos, no se por qué Dios me tiene agarrado en este puntito aquí, yo creo que los cristianos debemos ser la gente más agradable y más atractiva del mundo, hermanos. Debemos ser gente que rebose salud emocional y espiritual porque ya Dios nos perdonó nuestras ofensas, ya sabemos que nos vamos al cielo, ya sabemos que aún cuando la regamos, como dicen por aquí algunos hermanos, el Señor nos bendice, nos perdona, y entonces somos como niños saludables, rollizos que han crecido bajo la aprobación y el amor de sus padres y por eso son alegres, se ríen, son contagiosos, son saludables, porque han crecido bajo la mirada benévola de un Dios paternal, amoroso, comprensivo, que conoce las cosas más profundas de nuestro ser.

Yo le pido al Señor que nos haga gente de gozo, gente de alegría, gente de esperanza, gente que pueda rebozar esa vida abundante de la cual Cristo habló. Por eso es que el Señor le gustaban las fiestas. A los fariseos les molestaba que al Señor le gustaba estar donde había fiestas. Mire cuántas veces, es más, dice que lo acusaron de ser un comelón y un bebedor, imagínese.

Mire, el primer milagro público que él hace, ¿dónde lo hace? En unas bodas. Usted cree que el Señor estaba todo el tiempo metido en el desierto solamente orando. Sí, le gustaba orar, pero de vez en cuando le gustaba también ir a una fiesta y estar con la gente y conversar. Yo creo que el Señor era el tipo de pastor o de líder espiritual que la gente, en vez de huir de él porque les recordaba todos sus pecados, querían estar con él para que le aconsejara, conversara. Y es más, yo creo que la conversación de Jesús no era siempre espiritual, yo creo que las que ponen aquí son espirituales porque son las relevantes, pero yo creo que al Señor le gustaba hablar de pelota, de los aviones y todas las cosas. Amen. Me estoy exagerando un poquito, pero usted entiende la idea esencial ¿no?

A él le gustaba hablar de todo, y él conocía de agricultura, sabía de economía, cantidad de cosas. Él era un hombre bien informado. Yo creo que los cristianos debemos, y aquí me estoy saliendo un poquito pero, gloria a Dios, debemos leer revistas, debemos leer los periódicos, debemos ver televisión, debemos estar informados acerca de la cultura en la cual vivimos, debemos ser gente que tengan una buena conversación. Hermanos, ¿por qué no? Que tomemos nuestra vacacioncita de vez en cuando y vayamos a la playa, y usemos sí unos trajes de baño adecuados, pero vamos a la playa, de todas maneras, vamos a disfrutar de la vida. Gloria a Dios.

Cristo nos ha hecho libres. Vamos para el cielo. ¡Aleluya! Tenemos que quitarnos esa cara seudo espiritual porque al único que estás engañando es a ti mismo, porque ni al diablo ni a Dios ni a los demás tampoco, porque saben lo que tu eres verdaderamente. Así que mejor, de una vez, confiesa lo que eres y vive la vida libremente en Cristo Jesús. Disfruta de la vida. Quítate esa necesidad de aparecer siempre espiritual, esa es la ley. Esa es la ley.

Yo creo que las congregaciones que siempre tienen que aparecer como que están bien planchaditas, ¿no? y que cuando hay una situación, shhhh, no se hable, no se diga eso, que no queremos que la gente piense que León de Judá es una iglesia carnal y liberal. No, hermanos, una iglesia donde Dios está manifestando, mire, va a haber pecado por dondequiera. Déjenme decírselo así. Entiendan lo que estoy diciéndoles, estoy diciendo que una iglesia donde esté viniendo gente de fuera a conocer al Señor y esté siendo tratada con Dios no va a oler a azucena todo el tiempo.

¿Quién ha dicho que un hospital....? Hermanos, donde hay un hospital, usted ha visto.... ¿qué hay en los hospitales? Hay sangre, hay malos olores, hay fluidos sucios y poco agradables, hay gritos, hay cosas feas, ¿si o no? ¿Por qué? Porque un hospital es donde la gente se está sanando, se está curando de sus enfermedades. Una iglesia que está haciendo trabajo de traer gente de fuera a conocer al Señor va a tener de todo: va a tener parejas que no sean casados y que están arreglando sus asuntos, va a tener gente con ataduras espirituales que Dios se las está sanando y tratando; va a tener gente con rencores que Dios les está enseñando cómo liberarse de ellos; va a tener personas con problemas de ataduras sexuales, mentales y emocionales que Dios los está trabajando.

Ahora, yo espero que esa gente está en progreso, está en trato. Pero no nos escandalicemos de que esas cosas se vean en una iglesia donde está Dios trabajando en las vidas.

Déjenme decirles: una iglesia donde no hay pecado, es una iglesia o hipócrita o está muerta, porque donde está la vitalidad de la vida allí va a haber todas esas necesidades. Y por eso nosotros tenemos que liberarnos de esa dictadura. Hay gente que tiene miedo de que la gente sepa que tienen problemas matrimoniales, o que en su familia los hijos no son perfectamente comportados. Y siempre andamos con esa dictadura de parecer como que estamos en control siempre.

¿Cómo está, hermanos? Gloria a Dios. ¡Aleluya! ¡En victoria! ¿No? Y por dentro nuestra vida es un desastre completamente. Yo prefiero mejor denunciarme a mi mismo, que la gente sepa que yo estoy en tratamiento de Dios y que eso me de libertad para vivir libremente y para compartir con mis hermanos. Dios está buscando iglesias con una espiritualidad sana y balanceada donde el pecador pueda venir y sentarse al lado de otro pecador y sentirse que está en casa y que Dios lo puede tratar y trabajar. Tenemos que ser una iglesia honesta.

Yo creo que estamos en un tiempo en la historia humana en que la fragilidad y la transparencia se hacen más importantes que nunca, porque estamos viendo unos virus morales y éticos y espirituales en esta cultura del siglo XXI que no se veían antes, yo creo. Porque el pecado ha abundado en una manera tan grande en esta sociedad y la capacidad diabólica para crear ataduras en la raza humana es tan grande que se necesita más que nunca la sanidad que trae la confesión mutua, que trae la humildad, que trae el reconocimiento de pecado, que trae necesidad que hay en el pecador de decir ‘sí, yo necesito que oren por mi. Yo tengo un problema y que venga alguien que tiene un problema similar y diga, ‘No te preocupes, yo también estoy luchando, vamos juntos a avanzar en la fe.’ Porque una iglesia que sea una iglesia santurrona y bajo la dictadura de la ley no va a poder ministrarle a esta sociedad en la cual estamos.

Cuando esos homosexuales Dios les hable y los toque, yo se que los va a hacer un día, y comiencen a venir a nuestras iglesias, será mejor que haya un pueblo de Dios lleno de misericordia, de amor, consciente de sus propios pecados, que le diga ‘Ven, te amamos y vamos a trabajar juntos, vamos a llegar a la meta que hay en Cristo Jesús’, en vez de andar con una espiritualidad falsa por allí. Esa es, hermanos, yo creo, esa libertad de la ley de la cual el Apóstol Pablo habla.

Yo amo el balance que hay en la vida del Apóstol Pablo. En esta misma epístola en el Capítulo 6 nos acaba de hablar de que no nos esclavizará el pecado. Hemos muerto al pecado. El pecado no se enseñoreará de nosotros. Nos habla de que no podemos vivir en el pecado si hemos sido libertados por medio de Cristo Jesús.

Ahora en el Capítulo 7 nos habla acerca de vivir en el espíritu y reconoce también que el ser humano está construido inherentemente como para pecar. Mire lo que dice en el Capítulo 7, comenzando en el versículo 14, ahí mismo donde está hablando de una cosa también entra a la otra.

Dice, “.... Porque sabemos que la ley es espiritual más yo soy carnal...”

Ese ‘yo’ hemos dicho, es un ‘yo retórico’, que en parte el Apóstol Pablo está siendo autobiográfico. Está hablando acerca de sí mismo, pero también está como poniéndose en el lugar de toda la humanidad, es un ‘yo universal’. Como cuando dice ‘uno’, ¿no? Uno puede poner ‘uno’ “......porque sabemos que la ley es espiritual más uno es carnal vendido al pecado”, porque lo que uno hace no lo entiende, pues uno no hace lo que quiere, sino lo que aborrece, eso hace.

Pero él se pone en el lugar. Yo amo eso del Apóstol Pablo. Pablo fue un hombre transparente. El gran Apóstol Pablo nunca tuvo miedo de admitir que no todo estaba absolutamente perfectamente planchado en su vida. Él habla, por ejemplo, de que él era el peor de los pecadores. Aquí él se incluye con su congregación y dice ‘yo también estoy vendido al pecado’. Yo descubro algo, cuando quiero hacer el bien, descubro que hay otra ley dentro de mi que me lleva a hacer el mal.

Y las cosas, es más, las cosas buenas que yo quiero hacer, descubro que hay otra ley dentro de mi que quiero hacer algo bien, pero de momento descubro que algo ha tomado control y me encuentro haciendo lo contrario.

¿Cuántos han hecho votos el primero de enero? Este año yo voy a manejar siempre dentro de los límites de velocidad. Y usted está allí manejando en la carretera muy bien, ‘me voy a quedar en 65 ó me voy a quedar en 55, y cuando viene a ver como que la aguja como que mágicamente va por 70 ó 67 u 80 a veces, Dios reprenda al diablo. Y dice, ‘¿pero de dónde salió esto?’.

Otros hermanos dicen ‘ no les voy a gritar más a mis hijos’, y cuando viene a ver ahí está la hermana gritando a todo lo que da en la casa y es como que hay un diablito dentro de uno como que tiene posesión dentro de uno.

Y Pablo dice, ‘hermanos, siempre vamos a ofender a Dios porque hay una parte dentro de nosotros que nos arrastra irremisiblemente hacia el pecado, así que nadie piense que va a poder por su propio comportamiento llegar al cielo, porque es que constitucionalmente, inherentemente hay en nuestro cuerpo, esta carne que tiene contacto, nuestra biología, hoy diríamos, está destinada a rebelarse contra la ley de Dios.’

Entonces, por eso es que necesitamos un salvador, un propiciador que se pare donde nosotros estamos y diga, ‘No se preocupen, yo voy a pagar el precio de su pecado’.

Por eso al final de ese terrible pasaje, donde Pablo habla de que yo se que en mi esto es en mi carne no mora el bien, “.....porque el querer el bien está en mi, pero no el hacerlo, porque no hago el bien que quiero –versículo 19- sino el mal que no quiero, eso hago y si hago lo que no quiero ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mi....”

Es como que el pecado tiene vida propia casi dentro de nosotros, ¿no? Y yo creo que una iglesia saludable, hermanos, tiene que estar dolorosamente consciente de la pecaminosidad que hay en el ser humano así como también, dolorosamente consciente del llamado de Dios hacia la santidad. Es un balance entre esas dos cosas.

Y yo quisiera simultáneamente cuando digo una cosa, decir la otra. Dios quiere que nosotros seamos un pueblo santo y Dios requiere santidad. La santidad es una protección para nosotros, el vivir vidas que sean agradables a Dios, que se mantengan dentro de la ley de Dios, ¿sabe? Eso es para nuestro bien.

¿Cuántas plagas y cuántas terribles cosas que sufre la humanidad se evitarían si nosotros nos ciñéramos a los mandamientos de Dios? Viviríamos mejores, vidas más productivas, nuestros hijos no serían marcados por nuestros pecados. Nuestros matrimonios serían armoniosos y saludables, nuestras relaciones humanas serían mucho más duraderas y más llevaderas. En nuestra vida emocional, mental, interior, sería mucho más sana y balanceada. Nuestro sueño sería más tranquilo, disfrutaríamos más de nuestras comidas, menos úlceras, menos problemas psicosomáticos, menos dolores de espalda, menos culpabilidad, menos ansiedad, menos depresión.

Dondequiera que hay neurosis, dicen los psiquiatras, los psicólogos, hay algo que no está resuelto, hay algo que no está siendo procesado. Hay una energía positiva que está anudada y concentrada y que no encuentra lugar para expresarse. Entonces el pecado tiene consecuencias terribles dentro de nosotros mismos. Nosotros mismos llevamos las consecuencias del pecado en nuestra vida o en la vida de los que están a nuestro alrededor.

Es decir, el librarnos de nuestro comportamiento pecaminoso es para bien de nosotros, y por eso Dios dice, ‘Yo quiero que ustedes sean santos. Yo quiero que ustedes puedan vivir una vida que yo pueda bendecirlos y cubrirlos y protegerlos, y que el diablo no pueda venir a acusarlos, y a traer daño a sus vidas.’

Entonces, hay un lado de la fe que nos llama hacia la santidad, hacia un comportamiento conforme al carácter de Dios. Pero Dios dice ‘Ustedes van a pecar y si pecan abogado tienen para con Cristo Jesús’. Entonces, la iglesia sabia, la espiritualidad sabia y sana es una espiritualidad que se esfuerza en el espíritu para agradar a Dios pero que también tiene como un seguro que dice, ‘si no llego a la meta perfectamente Cristo va a pagar lo que falta, y él va a completar lo que falta’.

Entonces, el cristiano saludable es uno que aspira a agradar a Dios en todo lo que puede y en todo lo que hace pero que también está poseído como de una seguridad de que si no alcanza la meta, no hay problema porque su Padre Celestial entiende y le salda la deuda.

A mi me encanta lo que dice el salmista David en el Antiguo Testamento, no en el Nuevo, sino en el Antiguo Testamento, dice, ‘.... como se compadece el padre de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen porque él conoce nuestra condición –oiga eso- porque él conoce nuestra condición, se acuerda de que somos polvo...”

En inglés la palabra ‘condición’ se traduce ‘frame’, es como el marco, es la estructura, la contextura del ser humano como Dios sabe de qué material tu estás hecho, él tiene compasión de ti y se compadece como un papá se compadece de un hijo. Cuando un hijo quiebra una taza o comete un error, el papá no le da una patada y le dice ‘Vete de la casa’, un padre generoso y balanceado no le dice, ‘Como rompiste esa taza ahora, vete que no te quiero ver más aquí en la casa’.

El padre amoroso, el padre compasivo, dice ‘Está bien, hijo, cometiste un error pero tu eres mi hijo, te amo, mantente en mi casa’. ¿Si o no? Y Dios es así. Dios no nos echa de su regazo porque lo ofendemos. “Al corazón contrito y humillado no despreciarás tu, oh Dios”.

Si yo tengo un hijo con un problema de movilidad, digamos, que nació con un problema de las piernas, no se puede mover, ¿usted cree que yo lo voy a criticar y lo voy a abusar porque no pueda correr una milla en 4 minutos o menos? No, yo voy a decir, ‘Mi hijo no puede hacer eso, porque el pobre tiene una limitación física’, y yo voy a acomodar mi trato de mi hijo según su limitación.

Hermanos, yo tengo buenas noticias para ti. Así es que Dios brega contigo y conmigo. Cuando tratamos de la ley, cuando tratamos del llamado a la santidad, Dios nos dice, ‘Miren, yo quiero que ustedes hagan lo mejor. Yo quiero que ustedes se me porten bien, que me glorifiquen, que me imiten, que me honren, pero yo se que en ustedes hay limitaciones que les va a impedir llegar ciento por ciento a la meta y por eso yo he provisto la sangre de mi hijo Jesucristo para que los limpie y los lave de todo pecado’. Gloria al Señor.

Eso nos permite dormir tranquilos. Yo quiero animarlos, mis amados hermanos, a mantener ese balance en sus vidas. Aspiren a lo mejor. Apunten a lo alto en la vida cristiana. No se conformen con una vida cristiana mediocre, chapucera. Siempre dice, ‘ah, eso no importa, yo se quién soy. Dios conoce un, ¿cómo es que dicen por ahí? Un perro viejo no se le enseñan nuevos trucos que se yo que.

Hay mucha gente que se excusan muy fácilmente y viven vidas chapuceras. No estudian la palabra de Dios. No crece en el conocimiento de Dios. No sirven al Señor. No dan más al Señor. Son mediocres porque se están refugiando en la misericordia de Dios.

Y Pablo dice, ‘No se aprovechen de la doctrina de la gracia. Apunten hacia lo mejor cada día. Yo os muestro un camino mejor’.

Pero una vez que hemos hecho eso, lo que nos impide a llegar a ser gente compulsiva, gente llena de culpabilidad y gente psicológicamente tratando de hacer cosas buenas para que Dios nos apruebe, Dios nos acepte, es saber que ya Dios nos aceptó, nos perdonó, nos resucitó y nos sentó con Cristo en los lugares celestiales, y nos bendijo con toda bendición espiritual.

Y él dijo, “De mi mano nadie les podrá arrebatar”. El Capítulo 8 habla después lo vamos a ver, precisamente acerca de la seguridad que hay en la vida del hijo de Dios. Hay una tensión allí entonces, entre esos dos extremos, llamado a santidad y seguro de vida, cuando fallamos.

Les dejo con esta ilustración. Y creo que quizás la he compartido antes. Muchos de nosotros en nuestras cuentas de cheque tenemos una provisión que es como una línea de crédito abierta que si usted gira más cheque de lo que tiene dinero para cubrir, ¿qué pasa? Esa línea de crédito le cubre el balance para que no le cobren entonces por sobregirar y que su record financiera no sea arruinado. ¿Si o no? Hay esa provisión. Esa línea es una malla de seguridad. Cuando usted sobregira, cuando se pasa de lo que usted tiene derecho a escribir de cheque, esa línea viene, ¡bum! y le cubre el balance.

¿Saben qué? Esa es la sangre de Cristo Jesús. Cuando usted peca, cuando usted cae, cuando usted le falla a Dios, cuando usted va más allá de lo que usted tiene derecho a hacer, la sangre de Cristo le limpia de todo pecado. Siempre esa sangre de Jesús está corriendo a través de su vida, limpiándole.

Y qué interesante, se me ocurre que biológicamente, hay un paralelo también. ¿Sabe usted que su sangre está continuamente corriendo a través de su sistema circulatorio? La sangre hace dos cosas: la sangre comunica oxígeno al cuerpo y recoge las impurezas y las distribuye para que sean eliminadas. La sangre tiene dos funciones: cuando la sangre sale y es bombeada de las cámaras del corazón, sale oxigenada para comunicarle oxígeno y provisión al cuerpo; cuando regresa es una sangre sucia, por así decirlo, que es entonces limpiada y purificada al sacar toda la impureza. Es un sistema de bendición y también de limpieza.

Y eso es lo que la sangre de Cristo hace en nuestra vida también. La sangre de Cristo nos comunica paz con Dios, nos comunica justificación, nos comunica esperanza, nos comunica reconciliación con el Padre Celestial, y también nos limpia de todo pecado. Porque nosotros estamos pecando, yo creo que 24 horas al día, inconscientemente estamos pecando. Pecamos de pensamiento, pecamos de ojos, pecamos de habla, pecamos de omisión, pecamos de comisión, pecamos en nuestras relaciones interpersonales, abusamos con la palabra, abusamos con el silencio. Siempre estamos tropezando con la ley, pero la sangre de Cristo siempre nos está limpiando y lavando y sanando.

Y eso nos permite ser libres, disfrutar de la vida. ¡Qué bueno es una espiritualidad balanceada! Los cristianos siempre hemos ido de un lado o del otro. El péndulo siempre se va de un extremo o de otro. Hay espiritualidades cristianas que todo es gracia. Dios te conoce, Dios te ama, Dios te afirma, Dios te acepta, Dios te perdona. No te preocupes, porque la tienda de Dios es bien amplia y ahí cabe todo. Y todo se va del lado de la aceptabilidad que hay en Dios. Y eso no es bíblico, porque Dios es un Dios santo y es un Dios que establece linderos, y es un Dios que establece leyes para nuestra bendición y nuestra defensa y nuestra protección del diablo y de las consecuencias del pecado.

Pero hay otras espiritualidades que se van al otro extremo y todo es Dios es santo. Dios exige esto de ti. Dios espera esto de ti. Dios espera que tu hagas. Dios espera que tu no comas. Dios espera que tu no pienses. Dios espera que tu no mires. Y todo es un Dios que lo que tiene es un hoyito solamente donde caben uno o dos o quizás nadie y todo es ley, ley, ley, deber, expectativas, trabajo, probarle a Dios que valemos. Y eso es también diabólico. Eso es igualmente diabólico. Porque Dios es un Dios de amor, de misericordia, de perdón, de gracia, de paciencia y de compasión por nuestra condición.

¡Qué bueno es, hermanos, cuando en nuestra vida espiritual podemos unir las dos cosas! Vivir en paz, vivir confiados, vivir descansando en la misericordia y la gracia de Jesús y también entonces libres para vivir vidas que agraden al Señor, porque ya Dios nos aprobó y nos bendijo. Amen.

Pónganse de pie. Vamos a darle gloria al Señor entonces. Gracias a Dios porque tenemos a Cristo Jesús. Eso es lo que Pablo dijo ahí al final de su sombría meditación sobre su propia pecaminosidad en el Capítulo 7, versículo 25, dijo “gracias doy a Dios por Jesucristo, Señor nuestro”.

Gracias damos a Dios porque Cristo vino al mundo. Cuando estábamos muertos en pecado, Cristo murió por nosotros para que fuéramos libres de la maldición de la ley, que no podía salvarnos, que lo único que hacía es recordarnos, ‘Yo soy pecador’. El Señor lubricó la ley, el Señor tomó un paño con aceite y cogió ese cuero duro de la ley, y se lo pasó, pasó ungüento, y ese cuero se hizo suave y respiró de nuevo. Eso es lo que hace Cristo Jesús. Y eso es lo que tu tienes en tu vida, un lubricante que funciona 24 horas al día y te facilita la vida, y hace posible comunión con el Padre.

Señor nosotros pedimos que tu nos ayudes a vivir esa vida balanceada, que balancea el llamado a la santidad con la gracia que se requiere para una raza condenada en su carne, en su biología a violar tu ley perfecta y santa y justa.

Ayúdanos como iglesia a ser una comunidad que siempre mantenga ese balance, Señor, en nuestra enseñanza, en nuestras disciplinas, en nuestras expectativas, en nuestras estructuras, que haya ese balance, Padre, pero que también nuestros hermanos en su vida personal, puedan tener también esa libertad, no vivir bajo condenación, no vivir bajo culpabilidad, no vivir bajo las acusaciones del diablo que quieren siempre recordarnos que no llegamos a la meta y que podamos estar libres para disfrutar de este mundo.

Pero, Padre, también que podamos extenderle esa misma gracia a los que están alrededor de nosotros, a nuestras esposas y esposos, a nuestros hijos, a nuestros amigos cuando nos fallan, a los sistemas imperfectos de la sociedad en la cual vivimos, a nuestros padres que nos fallaron y nos fallarán, a nuestros líderes espirituales que no son perfectos y no lo serán, que podamos extenderle a las personas alrededor nuestro y a los sistemas en los cuales vivimos, esa misma gracia que tu nos extiendes a nosotros, Señor. Que nunca dejemos de ser gente que aspire a la excelencia, pero que seamos gente que perdone el defecto y la falla en los demás y en nosotros mismos también.

Enséñanos ese balance que tu tienes en tu corazón, Señor, ese balance perfecto. Queremos ser un pueblo balanceado, un pueblo de gracia y de amor y un pueblo de aspiraciones altas también y de deseos de superación, de excelencia en todo el sentido, que tengamos el fruto del espíritu en nosotros, Señor, así como también la ley de Dios escrita en nuestros corazones, en nuestras venas, en nuestros músculos, en nuestra carne misma, este inscripta, Señor, la ley de Dios y el deseo de agradar a nuestro Padre Celestial que es perfecto.

Te bendecimos. Gracias porque Cristo nos hizo libres de toda condenación. Te amamos Señor. Ayúdanos a ser la iglesia que tu quieres que seamos. Bendito sea tu nombre en el nombre de Jesús oramos. Amen. Amen.

Hermanos, que la gracia del Señor, que su paz, su bendición, su cuidado, su protección, su balance, su gozo, su prosperidad, su esperanza, su alegría, sea con cada uno de ustedes ahora y siempre. Les bendecimos en el nombre del Señor.

Salgan a vivir vidas balanceadas, vidas llenas del gozo del Señor. Salude a alguien. Bendiga a alguien antes de irse. Dios les bendiga.


Sermón de Dr. Roberto Miranda grabado 4 de febrero 2007 en Congregación León de Judá Oir | Ver (100K) | Ver (400K)

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