Sermón 8 de octubre 2006 (por la tarde) : Un compromiso de hombre

A propósito de Sermones
  • Presenter: Dr. Roberto Miranda
  • Fecha: October 8, 2006
  • Ubicación: Congregación León de Judá, Boston MA

Para gloria y honra del Señor, voy a decirle un poema que lleva como título el 9 “Mujer virtuosa”

Mujer regalo de Dios
Fiel compañera del hombre
Que obedece al creador poniendo en alto su nombre
Una sola carne es de su fiel compañero
Así lo dijo Dios cuando los puso en el huerto
Ayuda y doña tu eres
Y con él vivirás
Esforzándote día a día
Pues es palabra de Jehová.

Mujer humilde y virtuosa
Que en el difícil momento
Sabes decirle a tu esposo ‘aquí a tu lado me siento’
Háblame con confianza
Se que problemas tenemos
Pero unidos y orando al Señor venceremos.

Mujer humilde y virtuosa
Que cuando tu esposa llega desorientado y malhumorado
La solución tu tienes
Porque con amor lo recibes
Y con palabras suaves y conforme a las Escrituras sabes
Aconsejarle
Y los problemas resuelves
Y hay paz en el hogar
Porque una mujer virtuosa
Lo sabe aconsejar

Mujer aunque las pruebas lleguen
Queriéndote derribar
Abraza a tu esposo amado
Que juntos podrán luchar
Y la victoria obtendrás
Porque eres mujer virtuosa
Y con Cristo siempre al frente
Harás cosas maravillosas

Brazo a brazo con tu esposo
Lucha siempre sin cesar
Que la vida es pasajera
Y pronto ha de terminar
Y la recompensa tendrán
Porque unidos vencieron
Y andarán las calles de oro
Con Jesús el nazareno

Hermanos, Dios les bendiga. Yo voy a tratar de leerle este poema. Yo estoy bien mal de la vista pero es que este poema es tan bonito, yo quisiera dejarlo con ustedes. Si por casualidad yo no pudiera, que el Señor permita que no, yo le voy a decir el otro, con permiso de mi pastor. Dios le bendiga.

Espinas

Andaba y andaba yo
Y de momento encontré
Que pisaba entre espinas
Que laceraban mis pies
El dolor era terrible
Y por el otro lado caminé
Y sintiéndome muy cansada
Me senté a mirar mis pies.

Yo miré hacia el otro lado
Y era tan ancho el camino
Y le dije ‘Señor, Señor
Por qué es tan angosto el mío?
¿por qué tantas espinas?
¿por qué tanto el dolor?
No tengo a nadie a mi lado
Y sola estoy, mi Señor

Y una dulce voz me contesta
‘todo se han alejado
pero sigue tu el camino
que yo estaré a tu lado
porque si por ese camino
tu no deseas caminar
jamás tu podrás entrar
a la patria celestial’.

Y con palabras muy suaves
Me hablaba el Señor
Camina, camina,
Con firme paso
Que yo llevé tu dolor
Comencé a caminar de nuevo
Creía que al hablarme el Señor
Ya no tendría más penas
Ya no tendría más dolor

Pero estaba equivocada
Porque entre más caminaba
Más angosto era el camino
Y más espinas encontraba
‘Señor, ya no puedo más’
Grité muy desesperada
Y él con su tierna voz
Me dijo que conmigo caminaba
Nunca te dejaré

Si conmigo quieres estar
Por este camino angosto
Debes siempre caminar
Tu no temas ni desmayes
Porque yo estoy contigo
Búscame, búscame siempre
Y no dejes el camino
Porque al fin del camino
Habrá una puerta muy bella
Que al llegar tu se abrirá
Y verás cosas muy bellas

Allí has de olvidar
El sufrimiento pasado
Y solo habrá alegría
Pues Dios estará a tu lado
Gracias, gracias mi Señor Jesús
Ya se que me has contestado
Seguiré siempre el camino
Pues tu estarás a mi lado.

Gloria al Señor. Gloria al Señor. Gloria al Señor.

Hermanos, no importa cuan grande sea tu prueba, no importa cuan grande sea tu dolor, en el momento de prueba y de dolor, dobla tus rodillas y sentirás algo que te quiere impedir que no las dobles, pero no obedezca, dobla la rodilla y sigue esperando. No importa que estés ahí el tiempo que estés, que a su tiempo el llega y te levantará. Te contestará las peticiones de tu corazón. Que Dios les continúe bendiciendo. Gracias mi pastor, por esta oportunidad.

Dice el Apóstol Pablo que aunque el hombre interior, la mujer interior se va desgastando, el interior se va renovando de día en día. Amen. Hay algo muy especial en una persona que ha vivido con el Señor, que cuando va envejeciendo, pero la gracia de Dios se manifiesta con más poder a través de ellos, más gracia, más autoridad.

Usted saben, mientras yo escuchaba aquí el primer poema que leyó la hermana Genoveva, que declamó, experimenté una agonía que me da de vez en cuando antes de predicar, y es que sentí... me pregunté si debía cambiar el tema del mensaje o no, y creo que lo voy a hacer. Y voy, más bien, esto va a ser un exhortación para ustedes, es más bien una exhortación porque no tengo así nada en particular, un texto en particular pero me voy a soltar a la dirección del Señor y les voy a decir por qué me cambió el tema.

El poema que ella recitó, busque ahí en Efesios, Capítulo 5 y voy a leer comenzando en el versículo 21. Ya yo encontraré de ponerles al día con el grupo de las 9, porque estoy predicando sobre la epístola a los romanos específicamente. Pero ese poema suscitó en mi una inquietud que quiero compartir con ustedes en esta tarde, y siento que esto va a ser una palabra profética más bien, una palabra de exhortación pastoral para los hombres y para las mujeres que están aquí en esta tarde, para los matrimonios, para los jóvenes también ahí arriba, que quiero que me escuchen con mucha atención también.

Dice allí en el Capítulo 5:21, Efesios, dice: “....Someteos unos a otros en el temor de Dios, las casadas estén sujetas a sus propios maridos como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer así como Cristo es cabeza de la iglesia la cual es su cuerpo y él es su salvador.”

Vamos al versículo 25, dice “...Maridos, amad a vuestras mujeres así como Cristo amó a la iglesia y se entregó a si mismo por ella para santificarla habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra.”

Versículo 28 “.... así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismo cuerpos. El que ama a su mujer a sí mismo se ama, porque nadie aborreció jamás a su propia carne sino que la sustenta y la cuida como también Cristo a la iglesia. Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos, por esto dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne.”

Bendiga el Señor su palabra.

¿Qué fue lo que me inquietó de ese poema que declamó la hermana Genoveva? El poema le habla a la mujer, refiriéndose a la mujer idónea del Capítulo 31 de Proverbios, mujer virtuosa. Y habla a la mujer virtuosa de que en relación con su marido que resuelvan los problemas cuando hay conflictos, cuando hay una crisis en el hogar, que llame a su marido, que hable con él, etc, etc.

Es un llamado a la mujer virtuosa y claro, el poema asume que hay un matrimonio, asume que hay un matrimonio donde hay un hombre y una mujer en un hogar, quizás con hijos, etc. resolviendo problemas y que hay comunicación entre ese hombre y esa mujer, que aunque tienen problemas y tienen conflictos, pero están juntos y se pueden hablar el uno al otro.

Y es un llamado a esa mujer casada para que desempeñe su llamado sagrado de ser de bendición a su hogar. Y mientras yo escuchaba el poema, como pastor, me preocupa el hecho de que hay mucha gente y de paso hermanos, por favor voy a pedir que sus niños los mantengamos en silencio y en orden para que podamos todos escuchar bien y mantengamos ese orden.

Asume que hay una relación entre esposo y esposa y como pastor que conozco mi iglesia, yo estoy consciente de que en muchos matrimonios de esta iglesia, como en muchos hogares de todas las iglesias en esta nación y en el mundo, no hay un matrimonio saludable desgraciadamente; donde se puedan resolver estos problemas y estas situaciones de la vida.

Yo conozco muchas mujeres, y de nuevo yo espero en el Señor que los hombres no se molesten conmigo en lo que voy a predicar en esta tarde, porque yo creo que una parte le va a tocar a ellos, pero lo quiero hacer, hermanos, en el espíritu del Señor y lo quiero hacer como su pastor que soy, que les ama y que respeto la palabra de Dios y que respeto el espíritu del Señor.

Pero, hay muchos, por ejemplo yo miro, y yo estoy seguro de que si recorremos la vista hay muchas mujeres aquí con sus hijos porque no tienen un marido, porque su marido las dejó por otra, o hubo desavenencias en el hogar y ya no está en el hogar. Y como pastor, yo conozco tanta mujer buena, tanta mujer de Dios que están descontentas, ya sea en sus matrimonios, o simplemente ni siquiera están con un hombre porque muchos hombres han abusado de sus mujeres y las han maltratado y no se han comportado como tienen que comportarse hombres de Dios.

La sociedad en este tiempo está sufriendo una crisis. Hay muy pocos hogares saludables en esta nación, vamos a hablar de esta nación. Y les quiero decir que en las iglesia, hermanos, da pena decirlo, hay pocos matrimonios saludables. Hay mucha mujer descontenta y mucha mujer herida.

Y de nuevo, yo no estoy aquí para tirarle piedras a los hombres. Muchos de lo que yo diga, probablemente me cabe a mi también, pero yo creo que si la iglesia de Jesucristo no habla claro, no va a haber sanidad jamás. Si estamos siempre echando la basura debajo de la alfombra, no va a haber sanidad. Y yo creo que Dios quiere hacer esta iglesia, yo siento en estos últimos días que Dios está moviéndose en una manera muy poderosa en esta congregación y yo que Dios va a continuar haciendo esto, pero tenemos que hablar claro, tenemos que preparar las cosas.

Y yo también quiero decirles a muchos jóvenes varones también, que es importante que se preparen para ser los hombres de Dios que necesitan ser. Dios quiere que la iglesia ponga su casa en orden, hermanos. Que pongamos nuestros matrimonios en orden. Yo creo que hay mucho hombre que ama al Señor y que vienen a la iglesia y dan sus diezmos y sirven al Señor y oran, y claman y son unos guerreros espirituales, pero no están siendo los esposos que tienen que ser en sus hogares. No están manifestando el espíritu de Jesucristo, el espíritu de siervo del Señor Jesucristo.

Cuando el Señor nos puso a nosotros los hombres como cabeza del hogar, nos puso como cabeza no para señorear sobre la mujer, no para abusar de nuestra autoridad, sino para servir a la mujer, para amar a nuestras mujeres y para ser una presencia benévola en nuestros hogares.

Yo siempre le pido al Señor, y me he encontrado orando esto muchas veces cuando voy a salir con mi familia unas vacaciones, yo le digo, ‘Padre, ayúdame a ser un compañero benévolo con mi esposa y con mis hijas’, porque yo mismo a veces puedo ser un poco áspero y puedo decir cosas con una viveza y una pasión que yo mismo creo que está bien, pero que a los oídos de mi esposa o de mis hijas, puede sonar como un regaño, puede sonar como una palabra violenta. Y siempre le pido, ‘Señor, ayúdame a ser cada día más y más una presencia benévola, un espíritu que afirme y que apoye y que bendiga a mi mujer y a mis hijas, no una presencia chocante en el hogar, como muchos hombres podemos ser.

Y yo veo también, muchas mujeres hermosas con sus hijos solas. Y eso va a seguir creciendo cada día más en esta nación. Va a haber más y más madres solteras y más y más hogares sin padre. ¿Por qué? Porque hoy en día la sociedad en que vivimos, lo cual es parte de ese proceso de corrupción del cual habla Romanos, de hecho, no estoy tan lejos de mi texto original de paso. Según el hombre se va corrompiendo más y más, tanto los hombres como las mujeres se van pervirtiendo más y más en el aspecto sexual y hay más libertad y los hombres hoy en día tienen toda libertad. Hay tanta mujer hoy en día dispuesta a darse a un hombre con miras a conseguir un compañero y se ha perdido el pudor, y se ha perdido el temor de Dios. Y hoy en día los medios de comunicación nos mantienen inflamados sexualmente, por así decirlo gráficamente, hay una fiebre de sensualidad en esta nación y eso quiere decir que a menos que hombres de Dios no nos propongamos verdaderamente a vivir en santidad, va ser imposible que los hogares permanezcan, hermanos. Porque hoy en día la mujer está tan libre como el hombre y está tan necesitada y tan libre para hacer lo que quiera, que se necesitan hombres con una decisión firme, que hayamos muerto a la carne o por lo menos que la sujetemos en el espíritu del Señor, para que pueda haber hogares sanos.

Pero, hoy en día hay cantidad, hay mucho hombre viviendo una doble vida, y mucha mujer que está descontenta. Hay mucho abuso verbal, mucho abuso emocional en los hogares, mucha gritería, mucha maledicencia, mucho descontento. Y todo eso está generando un malestar en los hogares muy grande, muy serio. Y si no morimos, si los hombres no morimos a la carne y al yo y a la sensualidad y al mundo, no va a haber sanidad en nuestros hogares, no va a haber paz en nuestros hogares.

Tiene que haber hombres que reconozcan su responsabilidad delante de Dios. Aquí dice “.... maridos, amad a vuestras mujeres”. ¿Qué quiere decir amar a nuestras mujeres? Bueno, el Apóstol Pablo lo aclaró diciendo, como Cristo amó a la iglesia, que se dio por ella.

Varón, ya sea esposo actual o esposo en potencial, o esposo que te has equivocado, y tienes una esposa descontenta, o que o está a punto de sacarte de la casa, o que ya te sacó y quizás vas a tener que.... que va a pasar en el futuro. Yo quiero aconsejarte a ti. Lo que dice “amar a tu mujer”, quiere decir que tu presencia en tu hogar, sea como la presencia de Cristo. Esa es la meta que todos tenemos que apuntar como hombres, que nuestra mujer se sienta cubierta por nosotros, protegida por nosotros. Eso es lo primero.

Una mujer necesita seguridad, hermanos. Una de las cosas que la mujer necesita es seguridad de saber que tiene un hombre que la ama, que no la va a dejar por una falda o unas piernas más bonitas, cuando ella se ponga más vieja o que el embarazo y los embarazos le hayan quitado la firmeza a su cuerpo o su belleza.

Un hombre que hizo un compromiso de hombre, que dio una palabra de fidelidad y que va a estar con esa mujer, llueva, truene o ventee, sea lo que sea. Dice, yo estoy contigo en las buenas y en las malas, aunque te crezca una barba completa, pero yo te voy a amar de todas maneras.

Y aunque venga quien venga por allí, venga la falda más bonita, yo te voy a amar y voy a permanecer firme en mi hogar, y voy a ser una presencia allí con mis hijos. Un hombre proveedor.

Hermanos, un hombre que su dinero no es de él sino es del hogar. Eso es una cosa bien importante, hermanos, que el hombre sea un hombre proveedor, que su mujer se sienta que tiene un hombre juicioso en el uso de su dinero, y que es un hombre que vela primeramente por el bienestar del hogar, antes de él comprarse una camisa, tiene que preguntarse si los muchachos y ella tienen lo que necesitan, antes de él, ante de ponerse un bocado en la boca, que primero se asegure de que sus esposas y sus hijos están bien alimentados. Antes de hacer cualquier decisión, de comprar un carro o lo que sea, primero el hogar. Un hombre que vela y provee por las necesidades de su hogar.

Un hombre que anima a su mujer a crecer y a desarrollarse como ser humano, que no le impide. Si esa mujer quiere estudiar o aprender, o mejorar en su servicio al Señor, que le da espacio. Un hombre que no controla, que no abusa de su poder. Un hombre que no manipula. Un hombre que le es fiel a su esposa. Un hombre que es un educador de los hijos, que se toma tiempo para tomar a los niños y sentarse con ellos, y hablarles del Señor, y salir con ellos. Y un hombre, sobre todo, yo diría que es un sacerdote en el hogar.

El Señor está cansado, hermanos, de mujeres que son la cabeza espiritual del hogar. Hombres que dicen, yo soy la cabeza económica, yo soy el que gobierna aquí, pero cuando se trata de las cosas espirituales están a cien millas de distancia detrás de su mujer.

¿Cuántas mujeres pueblan las iglesias de esta nación? El 60, el 70% de los miembros de las iglesias son mujeres. Sin las mujeres las iglesias se desplomarían en un instante, hermanos. Y las iglesias y la sociedad necesita hombres cristianos, hombres comprometidos, hombres que sean los primeros en orar en su casa, hombres que sean los primeros en leer la palabra y educarse e invertir en el Reino de Dios, hombres que sean ejemplo a sus hijos, que cuando esos hijos lleguen a adultos recuerden a ese papá que oraba, que clamaba al Señor, que ayunaba, que velaba por los intereses de la familia espiritualmente, que era un guerrero, siempre al frente, el primero en dar el frente por el Reino de Dios, era ese hombre.

Y yo creo también, hombres que sean tiernos con sus mujeres. Hombres que no sean ásperos con sus mujeres. Hombres que amen, que expresen cariño y que cubran a sus mujeres con su ternura y con su calor que no hiramos con nuestra boca y ciertamente menos con nuestras manos, absolutamente con nuestras manos, jamás, jamás. Pero hombres que podamos amar. Eso es lo que quiere decir el marido ame a su mujer como Cristo amó a la iglesia.

Hay un rol masculino que el hombre debe jugar en su casa. Y jóvenes, yo quisiera que estuvieran todos los jóvenes aquí, yo se que están tomando una clase ahora mismo, pero quiero hablarle a las jóvenes, voy a decir a las hembras, las muchachas y a los varones, acerca de la importancia de que se preparen para jugar un rol.

En esta cultura en que todos los roles están patas arriba y no se sabe que es hombre y que es mujer, hoy en día pues se dice, no todo es lo mismo. El hombre tiene que hacer lo mismo que la mujer y se ha perdido un rol, se ha perdido la definición en los hogares por eso es que hay tanta homosexualidad, hoy en día. Primero porque no hay hombres en los hogares que enseñen qué es una masculinidad sana. Ese es el primer problema. Nuestros niños no encuentran un hombre sano con el cual identificarse. Todos los estudios que se hacen de la homosexualidad señalan claramente que uno de los problemas con el homosexual es que no se ha podido identificar bien en el rol masculino, femenino del hogar.

Y entonces es necesario que nuestros hijos vean roles sanos de un hombre fuerte, ungido y también tierno. Un guerrero tierno, valga la contradicción. Y tenemos que enseñarle a nuestros jóvenes, varones, tenemos qué es un hombre, tenemos que enseñarle los deberes de un hombre, lo que es la hombría sana, lo que es el comportamiento sano de un hombre. Tenemos que dejar que nuestros hijos nos huelan y se peguen a nosotros y tenemos que cargarlos y jugar con ellos y amarlos y meterlos dentro de nosotros y nosotros meternos dentro de ellos, para que entonces nuestros consejos puedan escucharlos.

¿Cómo tu te vas a ganar a tus hijos? Es eso, metiéndote dentro de ellos, que tu personalidad, tu carácter, pueda penetrar la barrera de la voluntad y que tu hijo te escucho dentro de él, no afuera sino dentro de él hablándole de los valores del Reino de Dios. Y que tu hijo, sin darse cuenta, se convierta casi en una proyección de tu masculinidad, porque se identifique tanto contigo que no haya división entre tu y él. Eso es lo que es ser un padre adecuado. Que tu hijo te vea tratando a su mamá bien, siendo una presencia benévola en el hogar, que vea a mamá contenta porque llegó el esposo a la casa, y que los hijos estén contentos porque esa presencia varonil, que afirma, que bendice, que fortalece está en el hogar.

Cuando los hombres, hermanos, se pongan de pie en el cristianismo, cuando haya sacerdotes en los hogares y en la comunidad, hermanos, la gente se va a convertir por miles y miles, y miles. Cuando haya familias cristianas sanas y hombres jugando el papel que se supone que jueguen, que juguemos. Eso va a ser una revolución terrible en la sociedad. Pero, varones, tenemos que darnos cuenta de eso.

Yo le doy gracias al Señor porque hay un pequeño movimiento de varones activos. Tenemos muchos hombres activos, y yo le doy gracias al Señor por eso en esta iglesia, pero es decir un grupo de hombres como tenemos mujeres activas en el ministerio de mujeres, que está comenzando a surgir un ministerio de hombres que se están poniendo de pie.

Y yo quiero que eso se extienda no solamente a que haya pasión por el Señor, amor por las cosas del Señor, sino que también haya una adopción del rol bíblico de un líder que sirve a los que dirige. Un líder que sirve con el espíritu de Jesucristo, hombres quebrantados, hombres desangrados, hombres debilitados en el Señor que entonces pueden hablar con la fuerza del espíritu de Dios y la autoridad del espíritu santo en sus vidas. Eso va a ser algo revolucionario en la sociedad.

Varones, el Señor está esperando hombres entregados. Ya Dios quiere que pase el tiempo de tanta mujer descontenta, tanta mujer insatisfecha que hay en los hogares. Como pastor yo les digo, hermanos, tiene que haber un cambio y ¿saben qué, varón? Que cuando tu comiences a ganarte el amor de tu mujer, eso en vez de debilitarte, ¿saben qué? Ahora yo miro desde aquí y veo cómo las mujeres están conmovidas con lo que yo estoy diciendo, hay lágrimas. ¿Saben por qué? Porque hay dolor en la mujer y estas palabras muchas veces sacan el dolor reprimido, la femineidad, la mujer está herida en nuestro tiempo.

En el mundo latino, yo voy a hablar del mundo latino porque lo mismo pasa en otras culturas, pero voy a hablar del mundo latino. Hay una inconveniencia, hay un desajuste terrible en los hogares. Hay un desajuste terrible en las relaciones hombre mujer que está desangrando nuestra cultura y que hay que pedirle al Señor que traiga un cambio, que traiga arrepentimiento al corazón de los hombres.

Y ¿sabes qué, marido? Al tu humillarte, al tu acatar el consejo de la palabra de Dios, eso no te va a debilitar en tu autoridad en el hogar, todo lo contrario, te va a ganar el amor de tu mujer. Tu mujer va a querer servirte, tu mujer va a querer inclusive obedecerte, va a acatar tu autoridad.

¿Por qué hay tanto hombre que se queja: mi mujer no me respeta, mi mujer no me escucha, mi mujer no hace esto? Muchas veces, hermanos, es porque no nos hemos ganado esa autoridad, porque hacemos decisiones incorrectas, porque no estamos mostrando los intereses de nuestro matrimonio, no estamos actuando en una forma que le inspira confianza a nuestra mujer para sujetarse y entregarse a nuestras decisiones. Pues, entonces ¿cómo podemos esperar que nos respeten? No nos hemos ganado ese respeto.

Tu puedes ser o un dictador o un gobernante elegido, electo. Muchos somos dictadores, hemos impuesto nuestra autoridad y nuestras mujeres a veces están obligadas a carabina, como decimos nosotros. Están obligadas porque no les queda más remedio económicamente u otras cosas. Dios no quiere eso.

Dios quiere hombres quebrantados, hombres humildes. Tiene que haber un cambio, hermanos, y hombres, les digo, no explotemos a las mujeres. Los hombres solteros pidámosle al Señor un espíritu de continencia. Yo le pido al Señor, que en esta iglesia, por favor no haya ninguna práctica que deshonre al Señor. En el nombre del Señor yo sujeto a todo hombre que esté aquí a un caminar santo delante de Dios.

Dice el Señor que ni siquiera se nombre entre nosotros la promiscuidad, cualquier tipo de práctica sexual indebida. Hay mucha pornografía en la iglesia también, hermanos. Hay que usar esa palabra, es terrible. Hay mucho hombre atado ahora mismo a la pornografía, aún en las iglesias. Pastores atados a la pornografía y hombre, eso te está desangrando.

Yo se que muchos de nosotros hemos tropezado con eso en unas página de Internet, no lo buscábamos y hemos caído esclavizados a ese terrible hábito, y yo te animo en el nombre del Señor, si es una de las cosas con las cuales tu estás luchando, busca ayuda y aquí hay un grupo que se reúne a las 9 de la mañana los sábados. Hay grupos los sábados, el caso es que pueden hablar con Samuel Acevedo, con Gregory y preguntar acerca de eso, y si no hay ahora mismo porque este grupo ya está especializado en algo, hermanos, vamos a formar un grupo. Hay que salir del closet en el sentido positivo de la palabra, ok. Amen. Si Señor.

Porque ese es un problema que está aquejando a la iglesia en muchas maneras, no es solamente la homosexualidad, sino hay mucha pornografía, hay muchas adicciones de diferentes tipos. Y hoy en día, aún la mujer inclusive está batallando contra estas cosas. Y se necesitan hombres y mujeres que tengan el valor de decir, ‘yo necesito ayuda’. Y en esta iglesia usted no va a recibir condenación, yo se lo aseguro, va a recibir aceptación. Y si alguien le condena, no representa a esta iglesia, eso si le puedo decir, no representa el espíritu de esta congregación que es ser un iglesia refugio, una iglesia donde el pecador reciba ayuda y aceptación en lo que se restaura.

Yo se que eso es un proceso y es a veces a largo plazo, requiere oración, estudio, concientización, accountability, es decir darle cuentas a alguien, es un proceso, es una batalla fuerte. Pero, tenemos que librarnos de eso porque mientras tengamos eso, vamos a tener un monstruo que nos va a estar sorbiendo el poder espiritual y quitando la salud en nuestros hogares y la relación positiva que tenemos que tener con nuestra esposa o con nuestros hijos.

Ese tipo de cosa, hermanos, tenemos que .... Señor, limpia nuestra iglesia, límpianos, lávame más y más de mi maldad y límpiame de mi pecado, dice la palabra del Señor, porque yo reconozco mis rebeliones.

¿Sabe dónde comienza la restauración del hombre y de la mujer? Cuando reconocemos nuestro pecado. Muchos de nos estamos siempre echándole la culpa a ella, o echándole la culpa al pastor, o echándole la culpa a la iglesia que no hace esto, que no hace lo otro. No, mírate a ti mismo, reconoce tu pecado, reconoce que tu necesitas ayuda, yo necesito ayuda. Y entonces comencemos...

Jóvenes, esposos jóvenes, usted todavía tiene la oportunidad de echar cimientos firmes en su matrimonio, de aprender lo que es ser un esposo amable, amante y responsable, un esposo bíblico, un sacerdote en su hogar, que su mujer se sienta orgullosa de estar a su lado, que su mujer se sienta orgullosa de sujetarse a su autoridad. Hay tiempo, establezcan hogares sólidos. No se conformen con hogares cojeando, que lleguen a la muerte cojeando, tanto hogares cojos en las iglesias.

Vamos a sanar nuestros matrimonios. Hay un precio que pagar, hermanos, hay un precio que pagar. Y a la mujer también.

Hermanos, yo creo que lo que Dios está llamando es una iglesia obediente, una iglesia que deje de estar con la religiosidad, de venir el domingo a misa a cantar coros y a decir una cantidad de cosas, pero no estamos sujetando nuestras vidas a los mandamientos y los principios del Reino de Dios.

Ya yo no quiero oír, entienda lo que estoy diciendo, ya no me hable de lenguas, no me hable de profecía, no me hable de danza aunque yo creo todo eso, si usted no está sujetando su vida en obediencia a la palabra del Señor. ok. Yo creo en todo eso, pero eso no es sustituto para una vida de obediencia al Señor. Yo creo que lo que Dios está buscando es que tanto el hombre como la mujer asuma su rol al cual Dios ha destinado en el hogar.

El matrimonio es un sistema, es como las piezas de un reloj. Cada pieza requiere que la otra pieza funcione bien. Si una pieza no está funcionando bien, las otras se detienen y entonces todo el reloj se daña.

Entonces, el hombre se supone que ama a su mujer, es un sacerdote, es un siervo, es un líder, es un león que cubre la entrada del hogar con su unción y con su amor al Señor y su obediencia a la palabra. La mujer reconoce el liderazgo del varón, cultiva su feminidad, cubre a su esposo en oración. Es una mujer que gustosamente se sujeta a su esposo que está ungido, que está recibiendo palabra del Señor, que está creciendo en el espíritu, que la está amando y la está sirviendo, y está sirviendo a los hijos, y la mujer es su admiradora, es su respaldo, es su fanática número 1. Y la mujer gustosamente reconoce que Dios le ha dado a ese varón un lugar de autoridad y de liderazgo en el hogar. Si la mujer resiste en su corazón el liderazgo de su marido, ella se hace daño a si misma, aún a veces cuando sea legítimo.

¿Saben qué? Nosotros, los hombres, hemos puesto a nuestras mujeres en una posición de desventaja en que al resentirnos por nuestro mal comportamiento las ponemos a ellas en una situación de daño que se hacen ellas mismas, porque la mujer ha sido diseñada para sujetarse amorosamente y gustosamente al varón.

Yo creo que mucho del feminismo que vemos hoy en día se debe a la debilidad del hombre y a las distorsiones de los hombres, a los resentimientos que nosotros hemos generado en las mujeres que ahora hablan alocadamente fuera de la palabra de Dios y se están haciendo daño ellas a si mismas y haciéndole daño a los hijos y al hogar, porque nosotros muchas veces las hemos puesto a ellas en esa posición de resentimiento y de rebeldía.

Ahora, en Cristo Jesús Dios quiere un hombre sirviendo a su mujer y amándola y una mujer respetando a su marido y animándolo y aceptando gustosamente su liderazgo en vez de cuestionarlo. Y cuando hay esa armonía en el hogar entonces los hijos crecen saludablemente, crecen armoniosamente y hay paz en el hogar. Y cuando usted multiplica eso por muchos hogares saludables así en una comunidad, hay bendición en la comunidad. Y eso es lo que está faltando en nuestra...

¿Por qué nuestros hijos no están funcionando en las escuelas? ¿Por qué hay tanto joven latino ahora mismo que está fracasando en sus estudios? Porque en el hogar no se les está dando el modelaje que necesitan recibir. El problema no es los maestros, el problema no es la iglesia. El problema comienza en el hogar. Hay falta de modelaje, hay falta de varonilidad, de masculinidad en el hogar, una masculinidad sana. Una masculinidad balanceada y entonces eso está causando un desajuste en toda la sociedad y no debe ser así entre nosotros.

En esta tarde el Señor pone un espíritu de exhortación en mi para llamar al pueblo de Dios al orden y eso me aplica a mi primeramente y después a ustedes, de que nos examinemos a nosotros mismos. Varones, cuánta mujer hermosa yo veo en mi iglesia que necesita un boos, que necesita la cubra con su sombra varonil. Cuantas mujeres de Dios, mujeres con toda su cablería bien puesta, sin un varón que las bendiga.

Y cuántos varones yo veo por allí como barcos sin rumbo, solos también, sin una compañera porque han fallado en el matrimonio o han fallado en una relación, o no se han sujetado a la autoridad de Dios en sus vidas y hay un desajuste, un desbarajuste increíble, una insatisfacción tremenda en la sociedad, porque no estamos asumiendo el rol que Dios nos ha llamado a asumir. Estamos en desobediencia. Estamos queriendo sobornar al Señor con nuestros saltos y nuestro dinero, y nuestra asistencia a la iglesia, pero estamos en rebeldía y estamos en desobediencia. Y el Señor dice, ustedes no me van a engañar a mi, y mi bendición la he aguantado por eso.

Dios quiere que nos arrepintamos y que examinemos nuestros caminos y que los pongamos en orden, hermanos. Oh, que venga el día en que los hombres nos humillemos y que las mujeres digan, yo quiero aprender lo que es ser mujer. Y que se levante un movimiento de mujeres adultas que eduquen a otras jovencitas.

¿Saben qué? Hay muchas madres que hoy en día tenemos miedo de enseñarle a nuestras hijas a arreglar una cosa o a cocinar, porque creemos que no, cuando se casen que ellos dos van a tener que hacer cada uno lo suyo, ella saca una bolsa de basura y él saca otra, pero nada de que .... y esto y lo otro, y entonces los hombres y las mujeres están creciendo y se van a casar y van a tener que reinventarse ellos, el matrimonio, algo que se ha tomado miles de año para la sociedad, irlo desarrollando y afinando. Y no le estamos enseñando a nuestros hijos, como ser hombre, como ser mujer, porque nos han llenado la mente de una cantidad de veneno rebelde de esta sociedad que está pagando el precio de su rebeldía con todos los desajustes que hay hoy en día.

Y las mujeres mayores no están discipulando a las jóvenes menores, no hay mujeres discipuladoras. Por eso yo aplaudo al ministerio de mujeres que en este año en el retiro de mujeres decidieron hacer un retiro paralelo para las jovencitas. Y esas jovencitas van a estar allí en un retiro de mujeres identificándose mentalmente con estas mujeres mayores, llenas del espíritu santo, adorando al Señor y ellas van a estar recibiendo también palabra y unción del espíritu santo para llegar a ser mujeres saludables y sanas. Tenemos que hacer lo mismo con los jovencitos también.

Nuestros jovencitos, adolescentes ¿están aprendiendo lo que es ser hombre?, con esos pantalones colgándoles por el trasero, por allá debajo, y esa mirada vacía. Hermanos, gastando 300 dólares en unos tenis que después los van a botar, ¿eso es ser hombre? Preñando muchachitas a diestra y a siniestra. Y muchachitas inseguras de su feminidad dándose a un hombre a los 12, 13, 14 años para que las sellen con su estampa de que es mujer.

Que cosa terrible. Que cosa más animal que es esa, hermanos. ¿Cuándo nos vamos a arrepentir? ¿Cuando el pueblo de Dios va a tomar la delantera y vamos a decir, no, basta, no más? Nosotros somos un pueblo escogido, tenemos la palabra del Señor, tenemos los valores del Evangelio, las cosas tienen que ser mejores en nuestra casa que allí afuera.

Hay que pagar el precio, hermanos. Hay que zapatearse, como decirnos nosotros, y decir, no más. No podemos. Esas son las cosas básicas del Evangelio. No podemos seguir dejando que el diablo nos desangre nuestros hogares. Necesitamos hombres como Cristo y mujeres también que sepan su rol. Hombres varoniles y mujeres femeninas, valga la redundancia. No está habiendo mucho de eso.

Eso es lo que está desangrando los hogares. Nosotros no damos a vasto en la consejería, Meche y los hermanos Vallés y yo y los que trabajamos aquí, Gregory, en la consejería matrimonial, familiar. Hermanos, lo que podemos hacer es simplemente una gotita de agua en un desierto. Atendemos a uno o dos, pero yo se que hay cientos entre nosotros que no están recibiendo. Es algo simbólico puramente lo que hacemos. Pero el pueblo de Dios tiene que haber arrepentimiento.

Varones, tiene que haber arrepentimiento. Tu tienes que pedirle al Señor, sana mi masculinidad, Padre. Tienes que llorar y bramar y decir, no más. Y trazarte una meta de llegar a ser un hombre que refleje la humildad y mansedumbre y la autoridad de Jesús. Ese es el balance perfecto que yo veo en Jesucristo. Un hombre masculino, pero también tan y tan tierno que las mujeres se sentían muy cómodas alrededor de él. Ese balance es el que los hombres necesitamos cultivar.

Y las mujeres, mujeres sanadas, mujeres fuertes, mujeres llenas del espíritu santo, mujeres contentas. Si tu tienes, mujer, un hombre que está sirviendo al Señor y que está haciendo su parte y que está buscando de Dios , y que es un buen proveedor y que te ama, mira, valóralo y bendícelo y anímalo y protégelo y ora por él y muéstrale que lo aprecias y que agradeces el esfuerzo que él está haciendo.

Vamos a hacer un pacto como iglesia en esta tarde de que Dios sane nuestros hogares y que Dios nos ayude a ser hombres y mujeres sujetos a la palabra de Dios, con hogares cimentados y arraigados en los valores de la palabra de Dios. Que cada diálogo, que cada palabra, cada intervención que haya en nuestros hogares, esté afiliado con algún valor que haya en la palabra del Señor.

¿Cuántos entienden lo que el espíritu está diciendo a la iglesia en esta tarde? Yo no estoy aquí para golpear a hombres o mujeres. Yo estoy aquí simplemente para decir la palabra escueta del Señor. No pelees conmigo porque yo lo que estoy diciendo, lo estoy diciendo en la plena autoridad del espíritu santo, no tengo duda de que lo que estoy diciendo bien calibrado conforme a la palabra del Señor. No te ofendas conmigo. Sujétate a la palabra de Dios.

Y si has fallado en alguna manera, no es para que te vayas apaleado de aquí. Esa no es la idea. No, vete más bien con un propósito de, sí, gracias Señor, me diste duro, pero voy a aprender ahora y voy a crecer, y gracias por la oportunidad que me has dado. Gracias por hablarme, gracias por reargüirme y yo recibo el azote gentil de tu mano y te prometo que voy a mejorar y me voy a trazar una visión, una meta de llegar a ser un hombres balanceado y lleno del espíritu santo, un hombre del cual mi mujer y mis hijos se puedan sentir orgullosos, o que el día que yo me case, yo me prometo que voy a tener un hogar vertical, balanceado, plomado, perfectamente conforme a la palabra de Dios, totalmente vertical, que obedezca a la palabra del Señor. esa va a ser mi meta.

Y como iglesia vamos a comprometernos hermanos a ser diferentes al mundo allá afuera. La palabra dice, no se conformen a esta cultura, sino transfórmense más bien por la renovación de su entendimiento.

Yo quiero pedir ahora a los varones un momento de entrega al Señor, de conversión. Así como yo pido, levante su mano si usted recibe a Cristo como Señor y salvador, yo quisiera pedir a cualquier varón, y no lo haga por presión, por favor, ni nada por el estilo, hágalo por convicción; cualquier varón que se sienta redargüido por la palabra que el Señor ha dado y que quiera reafirmar sus votos delante de Dios de ser un hombre de Dios y de la palabra, un sacerdote en la sociedad y en el hogar, o en su futuro matrimonio; o que quiera expresarle al Señor arrepentimiento y propósito de redoblar sus esfuerzos para ser el hombre que Dios quiere que él sea, que se ponga de pie ahora mismo. Y yo quiero orar por esos varones.

O si quieren pasar aquí adelante, mejor todavía. Y vamos a orar y yo.... y yo quiero unirme a ellos también....amen. gloria a Dios. Amen. Gracias Señor, te amamos, Dios, te bendecimos. Amen.

Y si alguno de allá arriba también , hay tiempo para que bajen y vamos a tomar un momento y yo voy a orar... yo quiero orar desde aquí abajo, porque me quiero identificar, porque hay cosas de lo que yo he dicho que me caen a mi también. Yo no estoy exento de todo lo que he dicho. Todos tenemos mucho que hacer en esta área. Todos tenemos mucho que aprender y mucho que crecer en esta área, hermanos, así que yo voy a orar desde aquí abajo con mis hermanos para que el Señor haga una revolución, una revolución en nosotros.

Oh, Dios anhela un sacerdocio. Dios anhela hombres varoniles, varoniles, eh, pero también con el espíritu de Jesús, con el espíritu de Jesús saliéndole por los poros.

Y en esta tarde vamos a pedir que el Señor sane nuestra masculinidad, porque, hermanos, el mundo nos ha deformado, en un sentido aunque somos responsables, pero también somos víctimas de lo que hemos visto de nuestros papás, nuestros abuelos, de lo que hemos visto en el trabajo, de lo que los medio de comunicación nos han dicho, de lo que es un hombre, de lo que las mismas mujeres también nos han animado a hacer con su comportamiento de víctima o sensual invitándonos a nosotros y excitándonos en maneras indebidas a explotarlas a ellas y a abusar de ellas también.

Y por eso, estamos heridos y a veces no tuvimos buenos modelos de padre, no tuvimos un papá que nos acariciara la cabeza, o que nos abrazara u nos besara o que jugara con nosotros o que llorara frente a nosotros, para enseñarnos lo que es llorar, o que dijera ‘tengo miedo’, para que nosotros también pudiéramos decir ‘yo tengo miedo’ cuando sintiéramos miedo, y no tuvimos un padre que pudiéramos abrazar y besar y que nos besara a nosotros y estamos encerrados en nuestras celdas incapaces de comunicarnos unos con los otros, y de tener sana amistad cristiana y de ser un hombre común y corriente que pueda reír, y llorar, y expresarse y ser un muchacho a veces y reírse y admitir fragilidad porque no se nos enseñó eso. se nos enseñó simplemente a ser el macho padrote por ahí caminando como un caballo con toda la crin afuera y estamos por dentro heridos y asustados y encarcelados y es tiempo ya de decir, no más, yo quiero ser un hombre abierto, un hombre de corazón en la mano, un hombre que bendiga a mi mujer y que no tenga temor de decir, no, yo soy un cristiano, yo no puedo hacer eso porque soy un hijo de Dios.

Así que yo le voy a pedir al Señor que nos sane en esta tarde, que le pidamos al Señor sanidad, que le pidamos al Señor sanidad.

Hermanos escuchen esto un momento, y entonces vamos a orar.

Ayer en la tarde Mary y yo tuvimos el privilegio de escuchar un varón de esta iglesia que conocemos hace muchos años y nos sorprendió. Su padre está enfermo, ya no hay remedio, su padre ya no conoce con quién habla. Tiene la enfermedad de Alzeimer, pero.... tuvo una conversación con su padre por teléfono y le dijo muchas cosas y una de las cosas que le dijo, ‘papá, en mi casa hubo mucho sufrimiento y nosotros estuvimos ahí junto, pero tu nunca me dijiste te amo’.

Y luchó en esa llamada telefónica para que le dijera ‘te amo’, y el hombre nunca se lo dijo. Y él le dijo, papá, pero por qué, y le dice, porque a mi nunca me enseñaron.

Varones, enseñemos a nuestros hijos que los amamos.

Amen. Amen. Si, Señor. es el tiempo de humillarnos, hermanos, es el tiempo de reconocer que necesitamos ser sanados. Yo necesito sanidad. Nuestra masculinidad necesita sanidad, así como el alma de la mujer también necesita ser sanada. Y no hay vergüenza en que si tu ahora mismo tu sientes el deseo de llorar, llora y pídele al Señor en este día que ese sea el comienzo de una nueva época en tu vida de llegar a ser el hombre que Dios quiere que tu seas.

Dios puede usar esas heridas del pasado. Dios puede usar todo lo que tu no recibiste para ahora comenzar un nuevo tiempo en tu vida, como nunca antes.

Así que en el nombre de Jesús vamos a levantar nuestras manos al Señor y decirle, padre, sánanos. Sana mi masculinidad. Sana mi hombría, Señor. Sana mis heridas del pasado. Sana el dolor. Perdona mis fallas. Te admito mis temores, Señor. y te admito mi ignorancia. No se cómo comenzar, pero con tu ayuda yo lo hago.

Perdóname y ayúdame a buscar el perdón de los que amo también. Ayúdame a no seguir hiriendo y no seguir hiriéndome. Lléname con el espíritu santo y entra tu palabra en lo hondo de mi ser para ser el hombre que tu quieres que yo sea.

Sáname, Señor. en este día recibo tu sanidad y caminaré en tus caminos y conforme a los valores de tu palabra y seré un hombre tierno, seré un hombre amable, seré un hombre humilde y seré un hombre siervo para gloria de tu nombre. En el nombre de Jesús. Amen, amen.

Yo quiero que le de un abrazo a algún hombre. Dele un abrazo a alguien ahora mismo. Dele un abrazo a algún hombre. Gloria al nombre del Señor. Gloria al nombre del Señor. Gracias Señor. Gracias Señor. Gracias Jesús. Gracias Señor.

Sabe, yo quiero hablar a la mujer también un momentito y quiero pedirle a las mujeres también que tengan su propio momento antes de salir de aquí. Yo siento que la mujer también necesita recibir sanidad en esta tarde. Y que tenemos que pedirle al Señor por su propia sanidad. Y por una liberación que Dios haga, que sane a la mujer de todas esas heridas que ustedes han recibido también, y de la inseguridades que hay ahí en su espíritu, los resentimientos también que hay.

Porque hay mucho resentimiento en la mujer, mucho dolor, mucha herida. Muchas mujeres han sido abusadas cuando niñas, a veces físicamente, muchas veces emocionalmente, espiritualmente. Han recibido heridas de sus esposas y ya están cínicas, es la verdad y no se atreven a confiar y no se atreven a abrirse a un hombre. Y ustedes necesitan también sanidad en esta tarde.

Y yo quiero invitar a esas mujeres que pasen aquí al frente también, pasen bien hacia el frente. Y si tu fuiste abusada alguna vez, físicamente, emocionalmente, sexualmente o recibiste algún tipo de desilusión en tu vida, yo quiero también orar por sanidad en ti ahora mismo. Y quiero pedir que el Señor, Meche ven por aquí por favor, vengan hacia acá o pueden simplemente ponerse de pie allí donde usted está si no hay suficiente espacio aquí arriba. Acérquense bien, mujeres, bien hacia acá. Péguense unas a otras para que haya más espacio. No se preocupen que ustedes no tienen los problemas que nosotros tenemos en ese sentido, así que péguense bien, acérquense bien aquí unas a otras y vamos a orar por ustedes también.

Meche, pasa por aquí arriba por favor. Vamos a pedir que el Señor traiga un espíritu de sanidad ahora mismo y que usted sea tocada por el espíritu santo y sanada. Si hay resentimiento, si hay dolor, si hay alguna herida deformante en usted, si alguien le hizo daño, si hay un marido que la dejó o que usted tuvo que dejarlo por su actitud abusiva, o que ha sido menos que íntegro en su trato hacia usted, yo quiero que ahora mismo el Señor le traiga sanidad y que usted entregue el dolor al Señor, entrégueselo al Señor, no siga con esa herida, no siga con ese dolor. No siga con esa herida desangrándole. No, entréguela esta tarde.

Hoy puede ser un día de liberación para usted. Hoy puede ser un día de sanidad para usted. Hoy puede ser un día en que la etiqueta de víctima le sea arrancada de la frente en el nombre de Jesús.

Yo quiero animarte, mujer, a que tomes ese fardo, esa carga, ese bulto que estás cargando de dolor, de ofensa, de resentimiento, de victimización, que recibiste y te visualices a ti misma quitándotelo de la espalda, tomándolo en tus dos manos y trayéndoselo al Señor. Te va a pesar. Yo creo que algunas de ustedes van a estar mirándose como cargadas y teniendo dificultad en caminar por lo pesado que es ese bulto de ofensa, de herida, de resentimiento, de daño recibido, pero usted se lo va a llevar al altar de Dios, donde está el Señor Jesucristo esperándole, y usted se lo va a entregar al Señor y lo va a dejar allí y se promete que no va a regresar a su asiento con ese bulto ya más.

Usted lo va a dejar aquí en el altar en esta tarde. Y cuando tu regrese, usted va a regresar restaurada y sanada, y va a decir, no más resentimiento, no más tenerme pena a mi misma, no más volver a visitar el pasado, no más lamentar lo que me hicieron. Yo soy una hija de Dios. Yo estoy llena del espíritu santo. Yo estoy sanada por la sangre de Jesús. Yo no soy más una víctima, yo soy victoriosa en Cristo Jesús. Yo soy una mujer llena del espíritu santo y tengo recursos para toda sanidad que yo necesite y echo a los pies de Cristo mi herida, mi necesidad en esta tarde y me siento sanada completamente y no voy a lamentar, no voy a llorar más lo que se me hizo en el pasado. Ahora voy a caminar libre en el nombre de Jesús y escojo perdonar, escojo perdonar y escojo ser libre. Y perdono al ofensor.

Y creo que el Señor me devolverá doble por lo que he perdido. Pero no voy a dejar que mis heridas me deformen más mi comportamiento, en el nombre del Señor.

Señor Jesús, Padre, como la mujer con el flujo de sangre nos acercamos a ti sabiendo que de ti va a salir virtud, Señor, de ti está saliendo virtud. Como esa mujer que estuvo 12 años, gastando su fortuna en otros remedios que no le dieron sanidad, Señor, en este día Padre, nos presentamos delante de ti sabiendo que virtud va a salir de ti, confiando, reconociendo, reconociendo tu poder.

Y así como esa mujer dejó su enfermedad allí, a los pies del manto de Cristo, asimismo hoy, Señor, cada una de nosotras que tiene una herida en cualquier área de su ser, Señor, las dejamos ahí Señor, y declaramos que tu has sanado.

Yo te pido Señor, que tu sanes la mente, la mente, Señor. Quita Señor de nosotros etiquetas de víctima, Señor. Señor, reconozcamos que somos victoriosas en ti, Señor, aunque duela, Señor, aunque duela, padre, aunque duela. Aunque duela queremos entregar ese dolor, y queremos tomar decisiones ya con libertad en ti sabiendo que hemos recibido ya tu provisión en este día, Señor.

Señor, rechazamos las etiquetas que el mundo nos ha puesta. Rechazamos las etiquetas que nosotros mismas nos hemos puesto. Rechazamos la etiqueta de mujer dañada, de mujer atribulada, de mujer deprimida, de mujer rechazada, las rechazamos en tu nombre del Señor y declaramos que somos criaturas tuyas, hechas a tu imagen y semejanza.

Mujeres llenas de tu espíritu, mujeres con propósito, mujeres con destino, Señor. mujeres victoriosas en ti, Señor. Señor, permite que ese identidad, Señor, permee nuestro mente y corazón, con todo nuestro ser que aún físicamente lo sintamos que eres tu el que nos da la identidad, no el hombre que nos rechazó, no el padre que no nos dio amor, no cualquier otra persona que no nos haya dado lo que necesitamos en momentos claves de nuestra vida.

Aún así, Señor, declaramos que a pesar de todos esos pesares, Señor, a pesar de todos esos peros en nuestra vida, Señor, tu eres el que nos da la identidad, Señor y en este día abrazamos esa identidad, Señor como hijas tuyas, Señor.

Como esa mujer, Señor, estamos ahí al borde de tu manto, Señor, concentradas en ti solamente, Señor, recibiendo de ti lo que tu nos vas a dar en este día, lo que ya nos has dado, Señor. Gracias, padre. Gracias por tu milagro. Gracias por tu poder en este día, Señor.

Padre, que no se vaya ninguna de aquí, Señor, que no haya dejado su carga aquí en el altar, Señor.

Padre yo te pido que tu rompas, Señor, rompe esa imposibilidad de dejar aquello que hemos estado cargando por tantos años, que lo dejemos aquí, Señor. Y que tomemos decisiones de aquí en adelante, basados en esa nueva identidad que sabemos, reconocemos que tenemos en este día Señor.

Gracias, Señor. Gracias, Padre, por tu obra milagrosa en la cruz. Gracias porque ese milagro sigue dándose día a día hoy, Señor. Padre, yo te pido, Señor, que las hijas, los hijos de estas mujeres aquí, Señor, en el nombre de Jesús que tu también los sanes a ellos, Señor. Todos los que por nuestra ignorancia hemos traspasado a nuestros hijos, Señor, pedimos también, Señor, rompe eso también, Señor, que nuestras hijas sean libres, Señor, libres de tomar decisiones sanas, santas, agradables a ti.

Señor, que nuestros hijos a pesar de que ha habido divorcios, rechazo de hombre en nuestras vidas, nuestras hijas puedan tener matrimonios saludables, Señor, relaciones saludables. Que nuestra hijas sepan reconocer el hombre que no les conviene y rechazarlo en el momento y establecer relaciones saludables con hombres saludables, Señor.

Padre, que nosotras como madres criemos hijos saludables también, Señor. Padre, que lo que tu nos has enseñado, lo que viene de tu trono, lo que es agradable a ti, sea lo que nosotros enseñemos a esos hijos, Señor.

Señor, que sean en el hogar donde nosotros formemos esos hombres y esas mujeres saludables que van a formar hogares saludables y que a su vez van a tener hijos saludables, Señor. Padre, yo te pido que tu rompas la corriente que ha estado sucediendo en el mundo, en la iglesia, Señor, y que se establezca una nueva corriente de sanidad, Señor y de salud comenzando con los hogares de todos nosotros aquí, empezando desde la cabeza de esta iglesia, Señor, hasta todos los miembros de esta iglesia, Padre. Señor, bendecimos la vida de las jóvenes, Señor, las jóvenes que en este momento están tomando decisiones, donde están poniendo su vida en peligro, en peligro de caer en tentación sexual, en peligro de establecer relaciones no saludables, Padre. Yo te pido que tu le hables a ellas también, Señor y que esas jóvenes aprendan a obedecerte a ti más que nada, Señor.

Yo te pido, Padre, que no entreguen su progenitura, Señor, por un plato de lentejas, Señor. Que no entregan su progenitura sino que la valores, Señor, que la acaten, la reciban como un regalo tuyo, Señor.

Padre, yo te pido por las mujeres que están haciendo tratos indebidos, Señor, que están coqueteando con el hombre que saben que no les conviene, Padre. Yo te pido Señor, que tu le hables a cada una de esas mujeres, Señor, y que en tu nombre, Señor, tengan la valentía para romper esa relación en este momento, Padre.

Señor, aquellos que no convenga a ti, aquello que no traiga gloria a ti, Señor, aunque nos duela, Padre, que haya obediencia en tu casa, Señor, que haya mujeres centradas en ti, Señor. Que se vistan decorosamente, Señor, que quieran traer honra y gloria a ti sobre todo, Señor, que esa sea la pasión de su vida, Señor. Yo te pido que esa sea la juventud de esta iglesia, mujeres centradas en ti que reflejen la belleza de tu espíritu, Señor, no la belleza física, sino la belleza de tu espíritu sea reflejada a través de todo lo que hagan, a través de su palabra, de su comportamiento, a través de su trato con el sexo opuesto, Señor.

Padre, y que sean sus madres las que les den el ejemplo de eso en el hogar, Señor. Que ese ejemplo sea el único que se vea en cada hogar, Señor, de cada mujer representada aquí en este momento, Señor.

Oh Señor, paséate por este lugar, Señor, trayendo convicción, Señor, convicción de que esta es la única verdad, Señor, y eso es lo único que hemos de hacer Señor, ser ejemplo, Señor, ser esa mujer virtuosa y humilde, Señor. Ese ejemplo de madre, Señor, enseñándole y dándole esa lecha a nuestras hijas desde que abren sus ojos por primera vez, Señor.

Señor, gracias por lo que tu estás haciendo en medio nuestro, Señor. Gracias porque tu estás trayendo santidad y sanidad a tu casa primeramente, Señor. Y gracias, Señor, porque eso va a tener un efecto en todos los lugares donde nosotros nos movamos, Señor. Gracias, Padre, bendice a estas mujeres en este día, Señor.

Continúa tu obra, Señor, continúa tu obra de renovar la mente, Señor. Continúa tu obra de enseñarnos cómo no conformarnos a este siglo, Señor, cómo rechazar aquello que no es tuyo Señor.

Gracias, Padre, gracias por lo que tu has hecho en este día, Señor. Te damos honra, gloria y honor a ti, Señor, y solo a ti Señor. Y queremos reflejar tu reino, Señor, en todo, comenzando por nosotras mismas, Señor.

Gracias, Señor, en el nombre de Jesús. Amen. ¡Aleluya!

Amen. Amen. Amen. Gloria a Dios. Gloria a Dios.


Sermón de Dr. Roberto Miranda grabado 8 de octubre (tarde) 2006 en Congregación León de Judá Oir | Ver (100K) | Ver (400K)

Oir y ver más presentaciones grabados 8 de octubre 2006

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Comentarios

 
 

Bendiciones
Que gozo tan grande ver la hermana Genoveva por internet pues es una extraordinaria mujer de Dios. Es admirable poder verla pues todavia puede ministrar con amor a las vidas.
Adelante en el Senor, regocijaos en el Senok, otra vez regocijaos.
Nada podra impedir que projectemos el amor de Dios a otros cuando le amamos.

Lucy Quinones

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