Sermón 27 de agosto 2006 : Romanos 8

A propósito de Sermones
  • Presenter: Dr. Roberto Miranda
  • Fecha: August 27, 2006
  • Ubicación: Congregación León de Judá, Boston MA

La epístola, epístola quiere decir carta, es lo mismo que una carta. Y Pablo, por ejemplo, el Apóstol Pablo no escribió cartas como las que nosotros escribimos de una página, o de dos párrafos, él escribía cartas para instruir a las diferentes iglesias en diferentes ciudades de donde él había plantado iglesias, o había visitado en otros años anteriores de su ministerio. Y los propósitos de las cartas del Apóstol Pablo, por ejemplo, o de Pedro, o Juan, quien fuera que escribiera la carta, era para instruir, para enseñar estas congregación en los principios de la fe cristiana, para enderezar errores, etc.

Entonces cuando decimos la carta a, por ejemplo, la carta a los romanos, fue escrita a las congregaciones y a los cristianos que se encontraban en la ciudad de Roma. Y él escribió esta carta para instruirlos en la fe, instruirlos en diferentes conceptos esenciales de la vida cristiana. Son como sermones escritos, pero a veces sermones bien largos, como es la carta a los romanos, con todo tipo de enseñanzas e información y principios teológicos bien importantes.

Claro, cuando nosotros predicamos de esas cartas, lo que hacemos es separar a veces conceptos bien específicos, bien aislados, enfocarnos en eso para instruir al pueblo de Dios en cosas que según uno va creciendo en la fe, uno va añadiendo, añadiendo, añadiendo a su repertorio diferentes ideas, diferentes principios que deben gobernar nuestro caminar cristiano.

¿Les perdí o están aquí todavía mentalmente conmigo? Amen. ¿Entienden? Porque estas cosas es bueno explicarlas. Para muchos de ustedes puede sonar como algo bien, tan fundamental que casi ni es necesario, pero para muchos hermanos que son nuevos en la fe, estas son cosas que tenemos que recordar que hay que enseñarles también a ellos como usted aprendió también.

Vamos al Capítulo 8 de Romanos, versículo 1, la carta a los romanos es una de las cartas más profundas de toda la Escritura, es tan multifacética, tan diversa en sus enseñanzas que hay personas que se han tomado años y años, predicadores, aislando diferentes cosas de esta carta tan hermosa. Capítulo 8, Romanos. Voy a leer en realidad un par de versículos y entonces vamos a ir en diferentes direcciones según el tema que nos concierne.

Dice el Capítulo 8, Romanos, versículo 1: “.... ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.”

Voy a leer eso de nuevo para que si usted no tiene su Biblia, se le grabe bien en la mente: “.... ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.” Y entonces el Apóstol Pablo añade otra capa de clarificación. Dice “... los que no andan conforme a la carne, sino conforme al espíritu”.

En otras palabras, ¿qué es estar en Cristo Jesús? Bueno, no andar conforme a la carne sino conforme al espíritu.

Dice “... porque la ley del espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte porque lo que era imposible para la ley por cuanto era débil por la carne, Dios enviando a su hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne.”

Y déjenme saltar. Vamos a dejarlo ahí. Esta bien. Yo voy a exponer otros principios y quizás leeré un poquito más según vayamos avanzando en esta enseñanza.

El Señor puso en mi corazón compartir con ustedes un principio muy importante de la vida cristiana y es una expresión que ustedes van a encontrar muchas veces en la Escritura y es que la Biblia nos llama a vivir en el espíritu, a vivir según el espíritu. Y vamos a ver qué quiere decir eso. Porque de ese vivir en el espíritu se desprende en una serie de beneficios y privilegios de la vida cristiana.

El Apóstol Pablo comienza, en el Capítulo 8 diciendo “... ahora pues ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”. Siempre que usted lea la Biblia y usted vea un ‘pues’ piense en qué es lo que viene antes porque ‘pues’, la palabra pues quiere decir, bueno, como consecuencia de, o como resultado de lo que venimos discutiendo. Y si usted busca antes del Capítulo 8, antes de esa expresión, ¿a qué se refiere el Apóstol Pablo de que bueno, ahora pues no hay condenación? ¿De qué estaba él hablando?

Bueno, si usted lee en el Capítulo 7, usted va a encontrar la razón por la cual él se expresa en esa manera en el Capítulo 8. Si leemos, por ejemplo allí en el Capítulo 7 anterior, en el versículo 14, si usted tiene la Biblia conmigo, sino escúcheme, dice “.... porque sabemos que la ley es espiritual”.

Ahora, otra cosita que usted puede poner ahí en su fólder de nuevo aprendizaje. ¿Qué es la ley?¿De qué está hablando el Apóstol Pablo de la ley? Bueno, está hablando de la ley judía, no de la ley civil, sino de la ley hebrea. Recuerde que todos los hebreos, los judíos, antes de que viniera Jesucristo vivían conforme a un sistema de sacrificios, de todos tipos de legalismos. La única manera que un ser humano podía justificarse delante de Dios era por medio de sacrificios de animales, por medio de guardar una cantidad de reglamentos, de lavarse las manos en ciertos momentos, en otras no, de comer solamente ciertos tipos de comida.

Si usted lee, por ejemplo, los libros del Pentateuco, Levítico, Deuteronomio, usted verá todas las prohibiciones y todos los legalismos, cientos y cientos de minucias que había que guardar para no contaminarse, para no ofender a Dios, para recibir justificación. La justificación antes de Jesucristo era por medio de un aparato inmenso de cosas que los hombres y las mujeres tenían que hacer para poder mantenerse justificados y sentirse como que estaban cubiertos por Dios y cuando uno fallaba en cualquier cosita pequeñita, ya enseguida uno sentía que estaba como totalmente separado ya de la misericordia de Dios y había que venir y ofrecer sacrificio otra vez y comenzar de nuevo. Era un sistema bien opresivo, muy legalista, muy restringido y si usted se salía por un poquitito, ya enseguida estaba fuera de la misericordia de Dios.

Entonces ese era el contexto y todo judío vivía bajo ese sentido de opresión, como de fracaso inminente y de la ira de Dios. Inclusive había una cantidad de judíos que ni siquiera participaban en los sacrificios, ni el la vida religiosa de Israel porque como que ya estaban completamente alejados. El judaísmo se había casi convertido como en una religión para especialistas de la religión, gente que solamente habían podido llegar a un grado muy alto de desarrollo, y la mayoría del pueblo vivía como al margen de la vida espiritual, de tan restringida y tan exigente que era la vida bajo la ley judía. Y la misma palabra la ley, ya indica de las restricciones y el peso tan grande que había sobre la vida religiosa judía.

Entonces Pablo dice, “... porque sabemos que la ley es espiritual...” 7:14 “... más yo soy carnal, vendido al pecado porque lo que hago no lo entiendo pues no hago lo que quiero sino lo que aborrezco, eso hago”.

Miren quién está hablando, el Apóstol Pablo, un hombre de Dios, un Apóstol lleno del espíritu santo, milagros se hacían a través de su vida. escribió 2/3 partes del Nuevo Testamento, usado para fundamentar mucho de la teología cristiana, y este hombre, lleno de Dios se sincera por medio de esta carta. Y dice “miren, yo se que yo estoy vendido al pecado”. Imagínense la expresión tan fuerte: yo estoy cautivo al pecado, si soy honesto con ustedes. Y de paso, qué bueno es ser transparente, no andar por ahí con pretensiones ni pantalleos, sino ser uno honesto con Dios y con los demás. Eso no le rebaja, al contrario, la gente le va a respetar más por ser sincero y ser honesto. Y además que cuando nos humillamos delante de Dios hay bendición por eso.

Entonces Pablo se sinceró con sus lectores y les dice “miren, yo reconozco la ley es buena, la ley es espiritual, es para mejorar la vida del hombre, pero yo reconozco que no puedo vivir bajo ello, no puedo funcionar bajo ella, porque es demasiado exigente porque cuando yo me miro a mi mismo, reconozco que en mi hay la tendencia a pecar. Yo aborrezco el pecado pero cuando menos lo espero, ahí estoy ofendiendo a Dios.

Cuantos pueden decir amen a esa experiencia, ¿verdad? Muchas veces queremos agradar al Señor y decimos nunca voy a decir una mala palabra más y un momento pasa y ahí se nos cruzó alguien en la carretera y le queremos tirar el carro encima. Ay, otra vez pequé y sentimos otra vez el peso de haber ofendido al Señor.

Todos pasan, excepto yo, claro por una situación parecida en la vida y todos queremos agradar al Señor pero de una manera u otra ofendemos continuamente. Esa es la realidad humana.

Mire como dice él aquí en el versículo 21. dice “... así que queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley que el mal está en mi.”

Esa es la condición humana verdaderamente. Mientras estemos en esta piel, hermanos, hasta que Dios no nos haya regenerado totalmente por medio de la resurrección, la verdad es que vamos a estar en lucha continuamente, vamos a estar batallando. Es como que hay dos boxeadores dentro de nosotros. Como esos muñequitos que están boxeando allí y está el diablito y el angelito de un lado y del otro y están siempre viendo a ver ... forcejeando ¿no? Hay un deseo en el hombres de servir a Dios, de agradar al Señor, de vivir conforme a la palabra de Dios, y hay otra influencia, como otro principio, otro reino que está dentro de nosotros que nos lleva a errar y a fallar en los buenos propósitos que tenemos.

Y qué pasa si es así, entonces, si estamos condenados, por así decirlo, a ofender a Dios mientras estemos aquí en este mundo, ¿qué va a ser de nosotros? ¿Qué pasa con muchos cristianos y con mucha gente que ama a Dios y tiene temor de Dios? Que cuando le fallamos al Señor nos sentimos como que ya no hay esperanza para nosotros. Muchas personas que batallan con luchas serias en sus corazones y hábitos del pasado y todo esto, cuando se le falla al Señor uno dice ‘ah, ya voy a dejar de ir a la iglesia porque yo soy un hipócrita, ¿no? No quiero ser un hipócrita. Ya Dios se desinteresó de mí. Ya Dios dice, ‘ya no voy a.... basta ya, no voy a dar más de gracia a esa persona’. Y nos sentimos muchas veces culpables, nos sentimos alejados de Dios, nos sentimos que no valemos nada, nos sentimos que no queremos buscar más del Señor. Muchas veces nos sentimos tentados a decir, bueno, si no puedo vencer este pecado pues me voy a tirar de lleno en él.

Y hay mucha gente en esta sociedad, precisamente que por no poder mantenerse victorioso ciento por ciento, ¿qué pasa? Que han abrazado el pecado y han elaborado todo un sistema de creencias y de aspectos hasta culturales para fortalecerse ahora en el pecado y para decir, ‘no, eso no es pecado, sino que es simplemente una alternativa, una forma diferente de vivir’.

Y cuánta gente hoy en día también, inclusive los vemos forcejeando con la palabra de Dios, cambiando la palabra de Dios y moviendo los postes, por así decirlo, para hacer que la palabra de Dios quepa dentro de su comportamiento, cuando lo que Dios quiere es que nuestro comportamiento quepa dentro de la palabra de Dios, ¿no?

Entonces, ¿qué pasa? Que el hombre, todos nosotros en nuestra vida de lucha entre el bien y el mal, la tendencia es a sentirnos condenados, a sentirnos separados de Dios, como se sentían esos judíos que estaban bajo esa ley opresiva.

Y por eso el Apóstol Pablo escribe ahí en el Capítulo 8, después de él mismo sincerarse y decir ‘yo también pertenezco a esa raza caída y pecaminosa, que es el hombre’, entonces él sale con esta aclaración. Dice “.... ahora pues,” -como consecuencia de lo que yo acabo de decir-, es importante que sepamos una cosa y es que no hay condenación para los que están en Cristo Jesús.”

Nosotros, hermanos. Si tu estás en Cristo Jesús, si tu has recibido a Jesús como tu Señor y salvador, si Cristo opera en tu vida y tu le has entregado tu vida a Jesús y tu sabes que él vivió una vida pura, perfecta, justa, en sustitución de tu incapacidad por vivir ese mismo tipo de vida y que él murió en la cruz en sustitución por tus pecados, entonces el Apóstol Pablo te dice “.... tu no tienes ninguna condenación” . Es decir, no hay una espada colgando sobre tu cabeza lista para cortarte enseguida que tu pecas o que haces algo, porque ahora tu estás bajo la misericordia de Dios, bajo la gracia de Dios.

Ahora, yo se que hay muchos hermanitos que yo les puedo ver las rueditas trabajándole en la cabeza cuando yo digo esto. Dicen ‘ah, el pastor está predicando que pequemos y que hagamos lo que querramos, y ¿dónde está la santidad entonces, dónde está el Dios que dice que él es tres veces santo o 7 veces, no se cuantas veces, yo se que muchas veces santo? Y a veces pensamos ‘ah, una predicación liberal’. Tengamos cuidado, hermanos, sabemos una cosa y es que la gracia del Señor no la debemos abusar, no se puede abusar la gracia de Dios.

Ahora, es importante que sepamos que cuando estamos en Cristo, ya nosotros estamos libre de la condenación. Ya tu no eres condenado sino que eres adoptado más bien para ser miembro de la familia de Dios. Y ¿saben qué? yo personalmente encuentro liberador el hecho de saber que yo tengo un Dios que me ve con ojos de papá y hasta de abuelo, muchas veces, en vez de un Dios áspero y austero y vengativo, que está ahí con azote listo para meterme un azotado desde que yo me salga un poquito de la línea.

¿Saben qué? A mi eso, el saber que mi Dios me ama y que a través de Cristo Jesús yo tengo limpieza continua de mis pecados y gracia, y misericordia, eso en vez de estimularme a mi a pecar más, y más, y más, lo que me hace a mi es querer mantenerme más dentro de la aceptación de mi Dios, porque yo digo ‘caramba, tan misericordioso que ha sido Dios, tan lleno de gracia conmigo, tan aceptador que hubiera podido destruirme y sin embargo me ha bendecido con su misericordia, yo sería un malagradecido si abusara de su gracia y de su misericordia’.

Y yo he encontrado, hermanos, que para nosotros es más fácil vivir vidas aceptables a Dios cuando lo hacemos desde la perspectiva de la gracia y de la misericordia, que del miedo y de la condenación. Porque eso nos libera, nos suelta la energía.

Es como los niños, un niño que crece bajo un padre, una madre opresivo que para todo de una vez le están dando un correazo o metiéndolo en un cuarto o poniéndole un castigo, o diciéndole no hagas, no hagas esto, no pienses esto. ¿Qué pasa? El muchacho se convierte en neurótico y se convierte en un niño enfermizo emocionalmente que tiene miedo de la vida, que tiene miedo de expresarse, de experimentar con nuevas cosas.

Cuando un niño se cría en un ambiente de aceptación y de afirmación y de amor, aunque también de disciplina porque las dos cosas son necesarias, ¿qué pasa? Ese niño crece saludable. Ese niño crece con una alta autoestima y hay más posibilidades de que ese niño se desarrolle en una persona creativa, de iniciativa, profesional o por lo menos exitosa en la vida porque ha crecido bajo el amor y la afirmación de un padre, de una madre.

Y yo les animo, hermanos, a cambiar el modelo mental de cómo usted ve a Dios y cómo usted ve su fe cristiana. Cámbielo de condenación, de pecado, de castigo inminente a el padre que te ama, el padre que te acepta, el padre que te recibe, el padre que te dice ‘mira, yo se que tu estás...’ ‘yo se que tu tienes dificultades en controlar tu vida y caminar como yo quiero, pero ven conmigo y vamos a trabajar juntos y yo te voy a llevar a ese nivel de la plenitud de mi hijo, Cristo Jesús’. Y eso debe animarnos a nosotros, hermanos, debe entusiasmarnos.

Por eso el Apóstol Pablo dice “... no hay condenación, no hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús”. Recuerde eso siempre.

Dice la palabra, que la sangre de Cristo nos limpia de todo pecado. Y ese ‘nos limpia’ dicen los que conocen del griego mucho mejor que yo, que está escrito en un verbo que es continuo. En otras palabras, es como decir, la sangre de Cristo nos está continuamente limpiando de todo pecado.

Si usted mira por ejemplo, en la anatomía humana. Ahora mismo están ustedes sentados allí de lo más tranquilos, pero dentro de su cuerpo hay un dinamismo increíble, todo es movimiento, su sangre está continuamente corriendo y circulando, por eso se llama la circulación de la sangre. A menos de que usted no se haya dado cuenta de que se murió, su sangre va estar ahora mismo circulando dentro de usted. Lo sabremos cuando todo el mundo se haya ido, si se queda alguien ahí sentado. Pero la inmensa mayoría de ustedes, su sangre está circulando dentro de ustedes. ¿Y por qué la sangre circula? Porque la sangre siempre está recogiendo todas las impurezas del cuerpo.

Cuando usted se mueve, respira, actúa, siempre hay toxinas, como su cuerpo es una máquina, en un sentido hablando, siempre está produciendo cosas buenas pero también deshechos, hay impurezas que quedan de los procesos biológicos, ¿y cómo se va a deshacer el cuerpo de eso? Bueno, su sangre recoge una serie de elementos y los va circulando a diferentes partes y el cuerpo los va procesando y eliminando o lo que sea. Entonces hay un proceso de contaminación continua, pero también de purificación y limpieza continua. Y yo creo que algo así es la sangre de Cristo en nosotros. Amen.

No se goza de lo lindo que son las ilustraciones pastorales. Aunque sea me tengo que dar yo un poquito de cumplido, si no me lo dan. La idea es, hermanos, la sangre de Cristo siempre está corriendo en usted, limpiándolo de todo pecado si usted está en Cristo Jesús, ¿ve? Si no está en Cristo Jesús lo único que produce su vida es contaminación, toxinas espirituales, daño, muerte. Eso es lo que pasa con la gente cuando no está en Jesucristo.

Antes de conocer a Jesús toda persona está en esa vida de condenación, de negatividad, hay un peso, hay una sombra aunque sea un filántropo, aunque de dinero a los pobres, aunque sea una persona trabajadora y honesta en el nivel físico de la vida, pero, siempre va a ser un pecador. Y lo único que nos hace aceptos delante de Dios sería la perfección. Ninguno de nosotros puede tener perfección. ¿Quién lo da? Cristo Jesús. Su muerte en la cruz nos hace a nosotros libres de todo pecado.

Mire en Efesios, Capítulo 2, una imagen de la persona condenada, de la persona sin Cristo, la persona que está bajo condenación y ahí estábamos todos antes de conocer a Jesús. Capítulo 2, Efesios, Capítulo 2, versículo 1. Dice el Apóstol Pablo, esa es otra carta escrita a los que estaban en la ciudad de Efeso, dice “.... Y él os dio vida a vosotros –está hablando de aquellas personas que ahora conocen a Jesús, pero que antes no lo conocían- ... y él os dio vida a vosotros cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados...”

Mire, la persona que no está en Cristo Jesús está muerta en delitos y pecados, es un criminal espiritualmente hablando. Puede ser una persona muy decente al nivel social pero en términos espirituales delante de Dios, hay dos cosas: está muerto y está nadando saturado en delitos y pecados. No tiene perdón de sus pecados.

¿Ve? Como la sangre de Jesús no está corriendo dentro de ellos, lo único que está produciendo esa persona es toxinas, toxinas espirituales, daño. Cada vez que peca, ese pecado se queda dentro y sigue circulando, produciendo muerte, produciendo corrupción.

“... estabais muertos en vuestros delitos y pecados en los cuales anduvisteis en otro tiempo”

Es muy importante eso, él dice “... en los cuales anduvisteis”. En otras palabras, está asumiendo que cuando uno está en Cristo ya uno no está gobernado y saturado y practicando el pecado.

“... siguiendo la corriente de este mundo...”

Otra cosa, acerca de la persona que está bajo condenación es que está gobernada por los principios de este mundo. ¿Qué es este mundo? La cultura prevalente, la cultura de Hollywood, la cultura de Wall Street, con su amor y apego al dinero. La cultura de la violencia, que vemos por ejemplo en el Medio Oriente, o la cultura de la sensualidad que se ve en muchas de nuestras ciudades, o la cultura de la vanidad del mundo que se ve en las modas y en el apego al cuerpo, que vemos en algunos de los gimnasios de esta ciudad.

La cultura humana que simplemente está apegada al ahora y al aquí, los hombres que solamente piensan horizontalmente, en este tiempo, en su cuerpo, en su carne.

“... siguiendo la corriente de este mundo conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia...”.

¿Cuál es ese príncipe? Satanás, el cachudo, que hace tanto daño a la humanidad. Dice si está bajo condenación, si usted no está bajo el control de Jesucristo, entonces usted está en una manera u otra, y eso debe atemorizarnos y atender esto, usted está bajo el control de Satanás. Eso no quiere decir que usted anda por ahí sacando saliva por la boca porque está endemoniado o con los ojos dándole vuelta en las cuencas. No necesariamente eso, pero hay un principio que rige su vida, es el principio del mal y Satanás gobierna en .... Si Cristo no gobierna su vida, Satanás la gobierna, déjeme decirle.

Usted puede ser una persona muy decente, muy noble, muy buena pero Satanás va a tener señorío sobre su vida. puede ser el presidente de esta nación, pero si no está en Cristo Jesús, el que gobierna su vida en última instancia es el príncipe de la potestad del aire que causa todo el daño que hay en la humanidad.

Y dice “....entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo....”

¿Cuándo? Antes de conocer a Cristo.

Dice “... en los deseos de nuestra carne haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos.”

Esa es la vida de la persona que no conoce a Cristo, controlada por los apetitos de la carne. El Apóstol Pablo habla de no andar en la carne. ¿Qué quiere decir ‘andar en la carne’? Andar en la carne quiere decir estar gobernado por el cuerpo, por los apetitos bajos.

Y déjenme decir algo que los apetitos bajos no solamente son los apetitos sexuales o de la comida, los apetitos de la carne pueden ser también la vanidad. Hay gente que tiene un apetito por la aprobación de los demás y dan millones de dólares simplemente para que pongan su nombre en un edificio o en una cátedra de universidad y que todo el mundo diga, ‘Guau, esta familia dio tres millones de dólares a Harvard para un edificio nuevo. Qué gente más millonaria y más generosa’. Y de eso sacan... y eso también es obra de la carne ¿sabe?

Las obras de la carne puede ser también un artista que solo piensa ‘este es mi talento y esa pintura la hice yo con mi creatividad y refleja mi grandeza artística’ y no le da gloria a Dios. Eso también se llama obra de la carne.

La obra de la carne también puede ser una mamá que se ha dado a su hijo y que se ha sacrificado por él y que vive para ese niño y que se ha proyectado en ese niño y que lo coge y lo abruma con su control y cuando es hombre ya no quiere ni siquiera que se case porque lo necesita cerca de ella, ¿no? Y ella se ve realizada en ese niño y desarrolla como un control y una relación malsana con ese hijo que es una proyección de ella, y la gente diría ‘guau, qué buena madre. Mira cómo se da, mira cómo se entrega’. ¿Pero qué? Hay egoísmo en ella, y eso también es una obra de la carne.

En otras palabras, la carne es todo aquello que tiene un sabor a egoísmo, al yo, a este mundo, a los apetitos bajos, y puede a veces vestirse con ropajes muy sublimes pero todo es lo mismo: es carne, carne, carne. Dicen por allí, el mono aunque se vista de seda mono se queda. En otras palabras, los hombres a veces vestimos los apetitos con muchas uufff... unos adornos tremendos, pero es siempre lo mismo. Y toda esa gente que anda conforme a la carne está bajo condenación.

Por eso el Apóstol Pablo dice en romanos, no hay condenación para los que están en Cristo Jesús, esto es para los que no andan conforme a la carne, sino conforme a ¿qué? al espíritu. Y eso me lleva al otro punto...

¿Conforme a qué principio vives tu? Aquí yo entro en la parte práctica del pasaje y con esto ya en realidad casi voy terminando, porque la idea es.... Hermanos, ¿dónde están nuestras prioridades? Tu ves, dice el Apóstol Pablo, “no hay condenación para los que están en Cristo Jesús”, pero él desarrolla eso un poquito más.

¿Qué quiere decir ‘estar en Cristo Jesús? Bueno, quiere decir, andar en el espíritu, darle prioridad al espíritu y no andar enfocados solamente en las cosas de este mundo.

Yo quiero que cada uno de nosotros nos midamos, porque el Señor le está hablando a esta congregación, a cada hombre, a cada mujer que está aquí. Yo les amo a cada uno de ustedes, hermanos, y mi deseo es de que cada uno de nosotros podamos crecer parejos en el Señor, que podamos disfrutar verdaderamente de los beneficios del Reino de Dios, y por eso es necesario que a veces el cuchillo de la palabra entre un poquito hondo en nosotros y que nos podamos preguntar, ¿para qué vivo yo? ¿dónde está mi prioridad en la vida? Andar en... quiere decir eso: quiere decir darle prioridad, darle enfoque a algo.

Y hay solamente dos cosas en las cuales uno puede vivir en la tierra. Uno puede vivir enfocado en la carne con las consecuencias que vemos aquí, bajo el control del diablo, bajo la condenación de Dios, bajo los apetitos de la carne, bajo la influencia del mundo; o uno puede vivir enfocado en las cosas del espíritu.

¿Qué quiere decir vivir enfocado en las cosas del espíritu? Quiere decir darle prioridad a las cosas eternas, darle prioridad a las cosas espirituales. Por ejemplo, usted está aquí hoy en esta mañana, en este lugar. Usted podría estar en otras partes, pero escogió dedicarle al Señor un par de horas de su vida. Anoche quizás muchas hermanas plancharon su ropa y la de los niños y la dejaron toda lista, sino se levantaron temprano para hacerlo.

Otros hombres quizás ... había aquí un joven a las 9 de la mañana que me dijo, ‘pastor, yo me tengo que ir a las 10.30’. Lo saludé durante el servicio un momentito porque en mi trabajo me obligan a trabajar, -una persona humilde- y no puedo, es el único trabajo que tengo y necesito trabajar, pero yo vengo aquí, descubrí la iglesia y descubrí que tienen un servicio a las 9, pero me tengo que ir a las 10.30 así que me pidió disculpas. Le dije ‘hermano, que bueno, ese tiempo que tu.... gloria a Dios.’

Tuvo que venir y establecer una prioridad. Muchos de ustedes han venido aquí porque aman las cosas del espíritu. Y ustedes saben que aquí le están ofreciendo su ofrenda al Señor, están recibiendo enseñanza espiritual para mejorar sus vidas, están exponiendo a sus hijos a la doctrina cristiana, están tratando de enderezar su caminar. Eso es un ejemplo de andar en el espíritu. ¿Por qué? Porque en vez de estar viendo televisión, o leyendo el Boston Globe en un restaurant, comiéndose un bronch, están aquí, en la casa de Dios. Le dieron prioridad a eso. Eso es andar en el espíritu.

Pero, es mucho más que eso. andar en el espíritu quiere decir que su primordial interés en la vida es lo eterno y lo espiritual. Mire, ¿cuál es el primer mandamiento de los 10 mandamientos? Amarás al Señor tu Dios, dice con todo tu corazón, con toda tu mente, con toda tu alma, con toda tus fuerzas. ¿Sabe usted que Dios es un Dios celoso, no comparte? Dios no es un Dios polígamo. Dios es monógamo. El se casa con usted y no quiere otros dioses compitiendo. Y saben que muchos tenemos otros dioses. Tenemos el dios del cuerpo, tenemos el dios del dinero, el dios de la educación, el dios del éxito, el dios de los amigos, hay cantidad de dioses. Y Dios dice, no comparto mi amor con nadie. Yo te quiero a ti ciento por ciento.

Entonces, andar en el espíritu quiere decir que Dios quiere que usted lo ame a él por sobre todas las cosas, que usted le de prioridad a las cosas del espíritu y que sus intereses, sus prioridades, sus pensamiento....

Cuántos de nosotros podemos decir que todo el día, en un momento u otro, nuestros pensamientos vuelven otra vez al Señor. Estamos siempre pensado, Padre, estamos como computando en la vida siempre en torno de nuestra identidad cristiana, que nuestra identidad cristiana está por encima de cualquier otra identidad.

Porque hay mucha gente que son hombres de negocios desde las 9 de la mañana hasta las 5 de la tarde, y Dios está a un lado en ese tiempo, ¿no? Pueden abusar de sus trabajadores, pueden engañar todo lo que quieren, pueden hacer a costas y expensas de los demás y la moralidad no entra en sus consideraciones financieras, porque una cosa es la religión y otra cosa es el mundo de los negocios. ¿Saben qué? eso es una mentira del diablo. usted es un cristiano dentro de los negocios y fuera de los negocios, en el trabajo, fuera del trabajo, en el matrimonio, y también en las relaciones sociales comunes y corrientes. Usted es cristiano 24 horas al día. No hay tal cosa como ponerse el sombrero evangélico cuando usted entra a la iglesia y después se lo quita y entonces ahora vive otra vez como el diablito haciendo lo que le da la gana.

El cristiano está 24 al día como un soldado, on duty, siempre está con su uniforme puesto, aunque hay otro uniforme que nos ponemos de trabajador, de estudiante, de lo que sea. No, somos gente del espíritu, hermanos.

El hombre carnal, el hombre que anda en la carne solamente piensa, como dice el Apóstol Pablo, en las cosas de la carne. Está pensando, de nuevo, cómo va a comprar el próximo traje, o los próximos tenis de 200 dólares para ser el primero en su escuela en tenerlo, o cómo hacer algo que la gente diga ‘guau, que persona más lograda, más realizada’. O está pensando en cómo usar ese último ejercicio para desarrollar un poquito las pectorales, una pulgada más para usar ese expandex que se vean todos los músculos mejor.

El hombre, la mujer en la carne está pensando en qué pensarán mis amigos, o a qué ciudad me voy a mudar para hacer más dinero, para tener ese condominio. Siempre está pensando en términos carnales, mi dinero es mío y mis intereses son míos, mi cuerpo es mío, mi profesión es mía y piensa como que .... hay una compartamentalización de la vida, un pedacito para Dios y otro pedacito para otras cosas, el resto es mío. El cristiano no piensa así, los que andan en el espíritu es todo un gran círculo y Dios rodea ese círculo. Dios es la circunferencia y todo está dentro de eso.

Hermanos, yo predico eso y yo mismo no lo vivo plenamente pero yo se que ahí es donde Dios me quiere, y ahí es donde Dios te quiere ahí también.

Mi deseo es retarte a ti, retarnos a todos nosotros a poder disfrutar de la plenitud de la vida cristiana, de los beneficios de la vida cristiana, y eso solo va a venir cuando seamos radicales comprometidos para con el Señor. Cuando nuestra mente esté siempre pensando en Dios, en Dios, Dios, siempre.

No es que seamos fanáticos, porque el hombre, la mujer de Dios, mire, puede hacer todo. El hombre, la mujer de Dios puede ser un gran profesional y debe ser el mejor trabajador en su fábrica que haya. Y el hombre de Dios, la mujer de Dios debe ser una persona exitosa. No hay nada de malo con que un hombre, una mujer de Dios tenga sueños profesionales o que quiera compararse una casa, o tener una cuenta de banco y pensar en su retiro, que se tome una buenas vacaciones, que vaya a un cine, que escuche buena música, que se compre un buen aparato de estéreo, nada de eso está prohibido a un hijo de Dios, pero cada una de esas opciones debe estar saturada con los valores del Reino de Dios.

Disfrute de su dinero. Gloria a Dios por eso. Disfrute de su profesión. Gloria a Dios. Disfrute de sus estudios. Gloria a Dios. Pero sepa que el Señor es dueño de todo lo que usted tiene y que todo lo que usted hace está condicionado por su identidad cristiana.

Entonces, si usted está bajo Cristo Jesús y usted lo ha hecho a él su Señor, su Salvador, su sustituto, su representante delante del Padre, y usted entonces vive una vida de darle prioridad a las cosas del espíritu, no hay condenación posible para usted, mi hermano, mi hermana. Usted puede acostarse tranquilo, poner su cabeza sobre la almohada y saber que el Señor está contento con usted.

Y cuando usted peque y se salga de los caminos del Señor, usted va a donde el Padre, se arrepiente, confiesa, se esfuerza por ser mejor y Dios dice ‘No te preocupes, estamos bien. Tus pecados te son perdonados. La sangre de mi hijo te cubre de todo pecado.’

Hermanos, esa es la vida que cada hombre, cada mujer debe querer vivir en Cristo Jesús. No hay condenación para los que están en Cristo Jesús, los que viven conforme al espíritu y no conforme a la carne. ¿Dónde estás tu, dónde estoy yo?

Yo les sugería a los hermanos esta mañana hacerse un examen, un día que usted quiere, siéntese en un sofá cómodo, con una tacita de café, busque una hoja de papel en blanco, un lápiz, haga dos columnas. De un lado la carne, de otro lado el espíritu y haga un inventario de su vida.

Coja una semana por ejemplo promedio y examine donde estuvo su tiempo y sus energías invertidas en esa semana. Haga una lista y en las cosas del espíritu ponga todo lo que conduce a la nobleza, a la eternidad, al agradar a Dios, al levantamiento moral y espiritual de su vida, esa clase de discipulado que usted tomó, esas horas que pasó en la casa de Dios, esas conversaciones elevadores que usted tuvo con sus hermanos, ese tiempo de oración que tuvo cada mañana, el tiempo que usó leyendo la Escritura, los Capítulos de ese libro cristiano que leyó, los buenos programas de televisión que edificaron su alma y su espíritu. Ponga todas esas cosas en el departamento del espíritu y en la carne, no es que sea malo necesariamente, pero ponga todo aquello que se va a quedar aquí cuando usted se muera y que cuando se queme el mundo, todo eso va a perecer, puede ser inclusive cosas buenas, pero que tienen que ver con el ahora y el aquí: trabajo, dinero, amigos, gimnasio, físico, conversaciones externas, televisión, programas a veces que no conducen a nada. Bueno, pero ponga todo lo que es humano, carne, tierra, biología, tiempo y espacio, todo lo que se queda aquí y lo que usted invirtió en la eternidad.

Coja y mire a ver, eso le va a decir a usted si usted está caminando más o menos, si está andando conforme a la carne o conforme al espíritu. ¿Dónde estuvieron sus prioridades? ¿qué refleja su vida? ¿Dónde están los valores? ¿En qué está usted enfocado? ¿Qué es lo que le concierne a usted? ¿Qué es lo que le mueve? ¿Qué es lo que le emociona? ¿Qué es lo que comanda su atención y sus prioridades y su compromiso y su entrega? Ahí, donde está su corazón dice la Biblia, ahí estará su tesoro. Donde están tus prioridades, ahí estás tu.

¿Dónde están tus prioridades en este día? ¿Estás en Cristo Jesús? ¿Andas conforme al espíritu? Si es así, no hay condenación para tu vida. y si no es así, hay oportunidad para ti también, porque el Señor dice ‘puedes cambiar. Yo puedo entrar a tu vida y hacer un giro de 180 grados si tu invitas a mi hijo a entrar a tu corazón, y si tu empiezas ahora a cambiar las prioridades y comienzas a buscar más de las cosas del espíritu’.

Bajemos nuestras cabezas un momento, mientras nuestros hermanos nos acompañan allí con algo suave para promover la meditación y yo quiero que cada uno de nosotros haga por lo menos un examen de conciencia inicial ahora, un examen de conciencia somero, ahí por un instante solamente . Tome un momentito y examínese a sí mismo y pregúntese dónde está mi tesoro, y está mi vida fundamentada en Cristo Jesús.


Sermón de Dr. Roberto Miranda grabado 27 de agosto 2006 en Congregación León de Judá Oir | Ver (100K) | Ver (400K)

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