Sermón 6 de agosto 2006 : Guerra Espiritual (Parte 2)

A propósito de Sermones
  • Presenter: Dr. Roberto Miranda
  • Fecha: August 6, 2006
  • Ubicación: Congregación León de Judá, Boston MA

Hoy quiero desarrollar un pensamiento en realidad serio, un poco pesado en un sentido, pero que es la palabra del Señor y es el llamado del Señor para su iglesia en este tiempo que quiere perfeccionarnos, purificarnos y templarnos a la medida que él quiere-.

Ustedes recordarán que la última vez que prediqué hablamos acerca de Acab que se ve asediado por este rey poderoso Ben Adad de Siria, que le declara tus hijos y tu mujer y tu dinero es mío. Y él le dice ‘oh, sí Señor, tu sabes que es así’, para sacarse a este hombre del lado porque es muy poderoso, un rey muy poderoso. Y luego el rey viene, este rey enemigo, y le dice ‘bueno, pues quiero poner eso en práctica. Quiero efectuarlo, llevarlo a cabo’.

Y pusimos este texto a la luz de guerra espiritual, porque sabemos que la Biblia escribe estas cosas, establece estas cosas, no para que las leamos como si fuera historia, sino para establecer ciertos principios espirituales, que nosotros al leerlo extraemos y aplicamos a nuestra vida en maneras apropiadas. Lo que importa no es el relato histórico en sí, aunque eso es interesante, sino la verdad espiritual que está dentro del relato, que podemos aplicar a diferentes situaciones de la vida. Y este texto evidentemente tiene connotaciones de lucha, de guerra, de conflicto y cómo nosotros tenemos que comportarnos en esas situaciones.

Ben Adad es un tipo de Satanás, de ataque satánico, de guerra espiritual que quiere poseer la propiedad de la iglesia, quiere gobernar tu vida, quiere establecer autoridad sobre tu vida y decir ‘todo lo que tu tienes es mío’. Eso es lo que quiere Satanás, él quiere poseer, él quiere robar, él quiere matar, él quiere destruir, él quiere establecer su señorío en la tierra sobre el hombre robándole la autoridad a Dios.

La iglesia ha sido puesta sobre la tierra para declararle a los principados y a las potestades que Cristo es el Señor, amen. Que no es Satanás ni sus poderes demoníacos, ni su fuerza ilegítima, sino el poder de Dios, el que reina sobre nuestras vidas.

Y Elías se le aparece, o un profeta, se le aparece al rey Acab atemorizado por lo que este hombre lo ha amenazado con guerra y le dice: ‘No te preocupes que el Señor te va a entregar la tierra’. O mejor dicho ‘el Señor te va a entregar ese ejército. Hoy el Señor te lo entrega’, y llama a Acab, que es un rey maligno, es un hombre pecador y rebelde e idólatra, pero el Señor quiere mostrarle a Israel y yo veo ahí la misericordia de Dios que va a donde un rey ilegítimo y maligno y le dice ‘Yo te voy a entregar para que tu sepas que yo soy Jehová, que yo soy el dueño de la tierra, que no es Ben Adad con su poderío sino que yo puedo defender a mi pueblo, si mi pueblo confía en mi.’

Y los siervos del rey Acab le dicen ‘no lo obedezcas ni hagas lo que te pida’, que yo decía el domingo antepasado, eso es lo que nosotros tenemos que hacer. Cuando el diablo quiere controlar nuestra vida y quiere apoderarse de algún área de nuestra vida y establecer su señorío, nosotros tenemos que no obedecerlo ni hacer lo que él nos dice. Al contrario, ¿qué tenemos que hacer? ¿qué dice la Biblia que tenemos que hacer con el diablo? Resistirlo, dice ‘resistid al diablo y huirá de vosotros’. Amen. Y eso es lo que Acab hace, resiste a Ben Adad y el Señor le da una gran victoria como vimos en ese pasaje.

Ahora, sin embargo, hay algo interesante. Miren el versículo 22, “..... luego de esa gran victoria –Acab hubiera podido decir, bueno ya le destruí el ejército a Ben Adad, ahora puedo descansar por el resto de mis días. Ya estoy tranquilo. Ya Ben Adad sabe que yo no soy tan fácil, ya me cogió miedo por la derrota tan grande que le hice. Pero, ¿qué le dice el profeta de Dios a Acab?

Dice en el 22, “....vino luego el profeta al rey de Israel y le dijo, ‘Ve, fortalécete y considera y mira lo que hagas porque pasado un año el rey de Siria vendrá contra ti.”

¿Qué nos enseña eso? ¿Qué principio espiritual nos enseña esto, hermanos? El diablo nunca se da por vencido. Escuche eso. Usted lo saca por una puerta, y él trata de meterse por la otra. ¿Si o no? El Señor Jesucristo habla, dice que cuando un espíritu es sacado de una persona, dice que va por lugares desiertos y secos. ¿Por qué? Porque los espíritus misteriosamente se gozan de la compañía humana. No sabemos cómo ni que provecho ellos sacan, pero hay algo del calor humano que ellos no tienen y de la gracia de Dios que ellos tampoco disfrutan de ella, que se pegan a los seres humanos y claro, como su deseo es también dañar, hacer daño, y su disfrute es eso, necesitan la cercanía humana.

Entonces el Señor Jesucristo dijo ‘tengan cuidado que cuando un espíritu sale de una persona da vueltas por allí buscando dónde aterrizar, dónde ejercer su mala influencia y vuelve, dice ‘déjame volver a donde estaba allí, a fulanito, a visitarlo otra vez después que me sacaron a patadas de ahí, ese pastor que oró por él y me reprendió y me sacó. Déjame ver aunque sea de lejos, cómo está’.

Dice que lo encuentra, su casa ordenada, Dios lo ha bendecido, su matrimonio está bonito, sus finanzas están bien, está yendo a la iglesia, está sirviendo al Señor, está dando su ofrenda y su diezmo al Señor, todo está en orden, su casa está linda. Porque ¿qué pasa? Cuando el Señor está en control hay bendición. Amen. ¿Si o no?

Cuando usted está sirviendo a Dios y haciendo como Dios le manda y obedeciendo la palabra del Señor, el orden del Reino de Dios viene a su vida. Poco a poco las cosas se van ordenando, donde había desastre, donde había desorden, donde había conflicto, comienza, donde había antes en la bebelata y el dinero que se iba en un fin de semana en juegos o mujereo, o desperdicio, ahora la persona comienza a ahorrar y a trabajar y hay orden en el hogar porque el espíritu del Señor está allí.

Y ¿qué dice? Que ese espíritu cuando llega y ve la casa ordenada, dice ‘guau, esto está bonito’, dice que entonces va y busca a otros espíritus peores que él y vienen y ocupan y la condición postrera de esa persona viene a ser peor que la primera. ¿Qué pasó? Esa persona se descuidó.

El diablo siempre está tratando de.... ¿Ve? Como digo, usted lo saca por la puerta y se mete por la ventana si usted no se cuida. Por eso la palabra dice “sed sobrios y velad”. Por eso es que aquí el profeta le dice a Acab ‘Ve, fortalécete y considera y mira lo que hagas’. ‘Ve, fortalécete y considera y mira lo que hagas’. Sed sobrios y velad.

¿Usted ve la relación? Porque tenemos, estamos en guerra, hay un enemigo que no se da por vencido. El único entretenimiento, por así decirlo, que tienen los espíritus malignos, y existen y son reales, hermanos, es buscar formas de atacar nuestra vida, de sembrar daño, de ensuciar lo que Dios ha limpiado.

Y yo he visto personas así, hermanos. Cuando vienen a la iglesia Dios comienza a bendecirlos, se dan al Señor y uno ve que están en el fuego del Señor. Dios comienza a bendecir sus hijos y hay... y después viene por ahí un hombre o una mujer y comienza a engatusarlos y esto y lo otro y comienzan a salirse del camino, del redil del Señor, un interés romántico, cualquier cosa, comienza el diablo. Y cuando usted viene a verlo dentro de poco, ya no lo ve en la iglesia, ya se desaparecieron y comienza otra vez el desgaste, comienza otra vez el desmoronamiento y el enemigo comienza a romper esos muros que Dios estaba estableciendo, comienza a meter sus manos, sus uñas de acero, a destruir el fundamento, poco a poco a cavar hasta que la casa se viene abajo otra vez. Y esa bendición que esa persona experimentando, que esa familia estaba experimentando, todo se viene abajo de nuevo porque no hizo lo que le dice el profeta a Acab “Ve, fortalécete”.

Si tu vas a servir al Señor, mira si tu has estado en las garras del enemigo y decides entrar en los caminos del Señor, ten cuidado porque tienes que fortalecerte, porque el enemigo ahora te tiene más odio que antes y estás resentido y sabe dónde tu vives, sabe tu dirección. El sabe de qué pie tu cojeas. El diablo es un cazador que conoce los hábitos de su presa y sabe el tipo de carnada que le gusta a su presa.

Usted sabe que cada pez tiene su carnada. Cada animal tiene su tipo de carne o lo que sea que le gusta, sus hábitos. Y el cazador aprende los hábitos de la presa para poder cazarla adecuadamente. Asimismo es Satanás. El es un maquinador. La Biblia habla que las maquinaciones del diablo, las estrategias de Satanás. El es un estratega.

Entonces él está siempre tratando de observarnos y ver cuál es el área de debilidad nuestra para por allí meterse. Para algunos puede ser la sensualidad, para otros puede ser la ira. Para otros puede ser el resentimiento. Para otros puede ser el deleite de la gente, la pleitesía, el respeto de los demás. Para otros es el prestigio, para otros es el dinero. Hay diferentes carnadas. Los que le gusta el juego no necesariamente le gusta el licor; al que le gusta el licor no necesariamente le gusta el dinero. Cada uno tiene su área. Tenemos nuestras debilidades y Satanás es un experto en ir a esa área y enfocarse en esa área y él conoce cómo atacarnos y cómo ir destruyendo nuestros fundamentos.

Y por eso nosotros tenemos que, sin ser paranoicos, no hay que ser paranoicos, no hay que estar con miedo del diablo. No estamos hablando de miedo, pero sí cuidado con Satanás. Amen.

Hay que cuidarse las espaldas y uno tiene que ser sobrio y velar. Y eso es lo que le dice el profeta a Acab, ‘ve, fortalécete y considera y mira lo que hagas que después de un año....’

¡Qué bueno es cuando uno tiene el consejo de gente que tiene discernimiento espiritual! ¡Qué bueno que había un profeta de Dios para aconsejar el orden público, el orden civil! Hoy en día los hombres quieren sacar a la iglesia completamente de los asuntos civiles y hablan de la separación del estado y de la iglesia, usando una frase que nunca fue hecha con la intención de sacar la influencia espiritual del gobierno civil.

Yo estoy leyendo ahora mismo un libro sobre la vida de John Adams, el segundo presidente de EEUU, un hombre admirable. Me impresionó mucho, me ha impresionado mucho la vida de John Adams, un hombre íntegro, un hombre vertical completamente por eso se metió en muchos problemas. Pero una ve la vida de John Adams ascendiendo y John Adams ejerció mucha influencia sobre la formación de EEUU después de su revolución contra Inglaterra.

Y me impresiona que el amor que ese hombre le tenía a Dios. No era quizás un cristiano lleno del espíritu santo como nosotros lo definiríamos, pero era un hombre de integridad espiritual, amaba a Dios y una vez cuando Benjamín Franklin, otro gran ilustre hombre de la guerra revolucionaria, del tiempo colonial, habló mal del Evangelio, John Adams lo encaró y le dijo ‘estoy muy decepcionado con usted, un hombre tan grande como usted, tan ilustre como usted y hablando de esa manera del Evangelio’.

Y yo veo que en la formación de este país había un sano temor de Dios. Estos grandes hombres establecieron separación entre la iglesia y el estado porque no querían que ninguna iglesia en particular, ninguna denominación en particular ejerciera influencia sobre el gobierno como en Inglaterra, pero no que Dios estuviera fuera. Hay una diferencia entre una denominación y Dios. ¿Usted entiende la diferencia?

Hoy en día están usando la frase ‘la iglesia y el estado’ para querer sacar la influencia espiritual del estado. Pero no es así. Aquí yo veo que el estado se benefició del consejo sano, sabio de un profeta de Dios, un hombre de Dios, que sabía discernir el espíritu y que sabía lo que Dios estaba diciendo, podía ver el futuro.

Hermanos, rodéate de gente que conozca los moveres del espíritu santo. Busca el consejo de gente sabia, de gente madura en el espíritu santo. No te reúnas por ahí como dicen, con bambalanes, sinvergüenzas que no tienen nada bueno que decirte. Reúnete con gente sabia, gente madura, gente seria, gente que conozca del espíritu santo y contágiate con su unción, con su bendición. Busca consejo de gente probada, de gente seria, de gente madura en el espíritu que te pueda dar sanos consejos y que pueda discernir el mover de Dios.

Cuando tu vayas a escoger una pareja, vayas a escoger un trabajo, un sitio donde te vas a mudar, asegúrate primero de orar y buscar iluminación de Dios pero también buscar de gente que te pueda aconsejar sabiamente en el espíritu.

Y este profeta le dijo a Acab ‘prepárate porque dentro de un año ese hombre va a volver.....’ Y fíjese entonces, la Biblia nos da como una entrada a los consejos interiores del concilio del rey Ben Adad, el rey sirio. Y allí viene la cámara y nos presenta a los consejeros de Ben Adad –usted puede leerlo por su propia cuenta- diciéndole a Ben Adad, ‘tu sabes que, Ben Adad, lo que pasó allí, esa derrota que tu sufriste es porque los dioses del israelitas son dioses de la montaña y la pelea esta se libró en montes, en lugares de altibajos y había desigualdad en el terreno, y las especialidad de los dioses judíos es en la montaña. Pero ¿saben qué? como es así, ahora prueba un lugar llano. No son dioses de la llanura, son dioses de montaña solamente y por eso lo derrotaron. Si tu los peleas, si tu peleas con ellos en la llanura tu vas a ver que los vas a derrotar.

Usted ve aquí el enemigo buscando el terreno que él cree que es ventajoso, el área donde él puede hacer el daño que él quiere. Ahora, estos hombres están pensando que Dios, Jehová es como los dioses de ellos, limitado al terreno, a lo físico. Porque así eran los dioses paganos, dioses del maíz, dioses de la cosecha, dioses del sol, de la luna. El hombre carnal solamente piensa en términos carnales y físicos, pero nuestro Dios está por encima de los físico, nuestro Dios controla lo físico, nuestro Dios creó lo físico y está en control de todas las cosas.

Entonces ellos le aconsejan ‘prepara tu ejército de nuevo, reponlo exactamente como lo tenías, hombre por hombre, espada por espada, caballo por caballo y rétalos otra vez y esta vez pelea con ellos en la llanura y tu vas a ver que lo derrotas’. ¡Qué malo es tener el consejo de gente que no sabe de las cosas del espíritu, no conocen verdaderamente cómo Dios se mueve!

¿Y qué pasa? Entonces viene de nuevo y se traba la guerra y en el versículo 28 dice que “....vino entonces el varón de Dios al rey de Israel, -de nuevo la influencia de la iglesia, la influencia del espíritu santo, la influencia del entendimiento espiritual. Nuestros líderes necesitan buenos consejeros.

Hay que pedirle al Señor, hermanos, también, una iglesia lo suficientemente sabia para aconsejar al gobierno civil. Porque sí, yo digo también que hay mucha gente de la iglesia, así como digo una cosa digo la otra, que nos dejamos sobornar, nos dejamos manipular por los políticos y ellos nos arropan en un dedito y hacen con nosotros lo que quieren. Nos usan para ganar los votos y después se olvidan de los valores que nosotros apreciamos y que representamos. Y tenemos que tener cuidado con eso también.

Yo anhelo profetas de Dios que le digan a la cara al presidente exactamente lo que tienen que decirle, no lo que quieren oír. Porque hay muchos hombres que se han ganado acceso a los políticos y a los presidentes, diciéndoles lo que ellos quieren oír o no diciéndoles lo que no quieren oír.

Y yo veo una cosa en el Antiguo Testamento que estos profetas de Dios le hablaban al rey como si el rey estaba bajo la tutela de ellos. Y así es porque la iglesia está por encima del poder civil. ¿Si o no? porque la iglesia representa los intereses del Reino de Dios, del rey de reyes y del Señor de Señores. Nosotros no tenemos que tenerle miedo ni rendirle pleitesía a ningún hombre aunque tenga el nombre de presidente de los EEUU o primer ministro de Inglaterra, o lo que sea.

La iglesia tiene que decir la verdad como Dios la declara. No una iglesia que se deja sobornar por el poder civil, sino una iglesia que se mueve en la autoridad y en la verdad y en el poder y la integridad de Dios, hermanos. Ese es el tipo de iglesia que se necesita para aconsejar al poder civil. No la iglesia que tenemos hoy en día, es una iglesia decrépita, hermanos, una iglesia que tiene miedo de decir la verdad y en realidad de eso se trata este.... no se ni siquiera si voy a llegar al verdadero tema del sermón que tenía en esta mañana, pero por favor sopórtenme un ratito porque esto es bien importante.

Entonces, yo no soy predicador de 10, 20 minutos, hermanos, perdónenme y yo se que muchas cosas estamos tarde y Miguel me decía, ‘ya se nos pasó el tiempo’, pero esta es la palabra... no creo que hayamos desperdiciado el tiempo. Amen.... en nada, en ningún momento. Así que reciba, reciba porque esto es palabra de Dios que puede bendecir su vida.

Entonces viene el profeta de nuevo y le habló diciendo ‘....así dijo Jehová –versículo 28- por cuanto los sirios han dicho –que bueno es saber que el Dios está en los consejos íntimos de los hombres. Cuando esos consejeros le estaban hablando a Acab, ahí estaba el espíritu del Señor escuchando. Dios no necesita espías, no necesita satélites para saber lo que los hombres deliberan en sus cámaras intimas, él sabe exactamente lo que están diciendo en el corazones.

Y le habló diciendo “.... así dijo Jehová por cuanto los sirios han dicho Jehová es Dios de los montes no Dios de los valles, yo entregaré toda esta gran multitud en tu mano para que conozcáis que yo soy Jehová.”

Usted ve, había aparentemente una guerra meramente geopolítica en función. Todo parecería.... si hubiera habido analistas históricos, lo único que hubieran estado analizando era el conflicto entre Siria e Israel, algo meramente político, económico, social, conflictos étnicos, lo hubieran puesto en esos términos. Pero poco a poco, al nosotros leer al respecto nos damos cuenta de que hay una controversia espiritual por debajo del conflicto de naciones. Como hoy en día el Líbano e Israel.

Usted saben bien hermanos, nunca habrá paz entre Israel y los árabes hasta que el Señor Jesucristo no ponga la paz. Las Naciones Unidas podrá hacer todo lo quiera y podrán todos los cerebros diplomáticos ejercer toda la influencia que quieran en el Medio Oriente, hasta que el Señor no diga paz, no habrá paz allí. Lo puedo decir porque hay una dinámica espiritual por debajo de todo eso. Hay un controversia entre Ismael e Isaac que data de miles de años. Y hay un odio que tiene el diablo contra el pueblo de Dios que no se sacia por nada. Y por más que los hombres traten de resolver ese problema, ese problema no obedece a leyes humanas, diplomáticas, porque hay una controversia espiritual por debajo de ello.

Y asimismo aquí aparentemente en la lucha contra Siria, fíjese que comienza a surgir esta idea de dioses en competencia, los dioses de ellos, nuestros dioses, el Dios Jehová que quiere que se establezca su señorío y otros que no quieren reconocer el señorío de Dios. Y hay una controversia también entre Dios y su propio pueblo, dirigido por un rey, Acab, idólatra y una mujer endiablada que se llama Jezabel que está envenenando el cerebro de su esposo porque es una mujer idólatra y viene de idólatras y están corrompiendo el pueblo judío. Y Dios quiere enseñarle a ese pueblo hipócrita y rebelde que él es el Dios. Y por eso dice ‘yo los voy a entregar para que vean que no es el poder del hombre sino es el poder mío el que está en control de las naciones.’

Y entonces Dios .... dice ‘yo te lo voy a entregar’. Y ciertamente dice que “....al séptimo día se dio la batalla y los hijos de Israel mataron de los sirios en un solo día cien mil hombres de a pie y los demás huyeron, dice el versículo 30, a Afeg a la ciudad y el muro cayó sobre 27000 hombres que habían quedado”. Eso se llama efectividad en la guerra porque Dios estaba en control.

Cuando Dios está a tu favor no importa quién se ponga en tu contra. El salmista dice aunque un ejército acampe alrededor de mi, no temeré mal alguno; aunque contra mi se levante guerra, yo estaré confiado.

Dice la palabra del Señor ‘aderezas mesa delante de mi en presencia de mis angustiadores’. ¡Aleluya! Cuando el Señor está a tu favor, cuando el Señor está defendiéndote, cuando tu te estás moviendo en el eje de la voluntad del Señor, no hay poder que se pueda poner entre tu y el Señor, no hay .....

Dice que vendrá el enemigo como río pero Dios hará muro entre tu y el enemigo, porque el poder de Dios es así. Cuando uno está lleno de la gracias del Señor, aunque el enemigo quiera hacer lo que quiera, tu puedes estar confiado. Yo estaré confiado.

Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra, más a ti no llegará, dice el Señor.

Una destrucción total de ese ejército. Pero mire, hermanos, aquí hay algo importante. De nuevo, porque es uno de los temas que comienza a surgir de todo esto. ¿Qué haces tu después de la victoria? Yo creo que eso sería un buen título para este sermón. “¿qué hacemos después de la victoria?”

Decíamos que hay gente que cuando se está sanando y vida y todo está comenzando a surgir y al ser bendición descuidan, bajan la guardia. ¿Saben qué? muchas veces los momentos más terribles de la vida vienen después de las grandes victorias, porque entonces bajamos la guardia, nos descuidamos, ya comenzamos a dormirnos sobre nuestros laureles. Y ahí es cuando el enemigo nos tira una zancadilla y nos hace caer y tropezar.

Miren lo que pasa. Este hombre Ben Adad, el rey sirio, había blasfemado contra Dios, había tirado su ira y su odio contra el pueblo de Dios. Dios tenía una controversia con él, había una controversia espiritual entre Dios y Ben Adad. Y ¿qué pasa?

Miren lo que dice aquí en el versículo 31, dice que “.... entonces los siervos de Ben Adad le dijeron, ‘he aquí, hemos oído de los reyes de la casa de Israel que son reyes clementes, pongamos pues ahora silicio en nuestros lomos, y sogas a nuestros cuellos y salgamos al rey de Israel a ver si por ventura te salva la vida.”

Ben Adad tenía serios problemas. Israel había derrotado su ejército, él estaba escondiéndose de sitio en sitio, él sabía que le venía porque en esos tiempos no había nada de misericordia, sino que ojo por ojo, diente por diente. Tu la hiciste, tu la pagas. Y como a Israel todavía le quedaba algo de la influencia de Dios, tenía una reputación de ser una nación misericordiosa, no tan sanguinaria como eran en esos otros reinos.

Entonces estos hombres que ya están en aprietos, le dicen ‘mira, tienen reputación de ser gente misericordiosas, así que vamos a poner una soga en nuestros cuellos como señal de servicio, de que estamos a su disposición, de que estamos bajo la muerte, en un sentido, y vamos a entregarnos a su misericordia, silicio, es decir ropa negra y maltrecha en señal de duelo y de luto, y ceniza sobre nuestra cabeza en señal de humillación, y vamos a aparecernos y vamos a pedirle misericordia para que te perdonen la vida.

Ahora, aquí es donde se pone densa la cosa, como cristianos porque, hermanos, como cristianos que seguimos a un Cristo de amor y de misericordia, que perdonó a la mujer adúltera, que tuvo misericordia de los grandes pecadores en la Escritura y que en ocasiones cuando por ejemplo los discípulos quisieron llamar fuego contra la cabeza de aquellos que no habían aceptado al Señor, el Señor los reprendió y les dijo ‘ustedes no saben a qué espíritu merecen’.

¿Qué haríamos nosotros? ¿Cómo escribiríamos nosotros el resto de ese texto? Aquí es donde se pone densa la Escritura y por eso yo amo la palabra de Dios, porque es compleja, multidimensional. ¿qué nos dictaría, superficialmente el espíritu de Jesucristo? Bueno, vamos a perdonarlos. Eso es lo que dice la palabra de Dios. Perdonar, tener misericordia, vamos a.... y eso es lo que yo he predicado, y predico y predicaré siempre. Ya los vencimos.

Y de hecho hay precedente bíblico porque más adelante cuando Eliseo, el sucesor de Elías.... Ustedes recordarán que hay una banda de sirios que viene a capturar a Eliseo y el siervo de Eliseo está temblando porque de momento los han rodeado y si quieren capturar a Eliseo y llevárselo. Y Eliseo le dice ‘no te preocupes porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos’. Y le ora al Señor para que abra los ojos de su siervo y de momento el siervo ve un ejército de fuego, de soldados y de ángeles alrededor de ellos. Y dice que Elías dio palabra y los hirió con ceguera al ejército sirio y quedaron todos ciegos y confundidos y no sabía dónde estaban y los puso como en un trance y Eliseo los guió al mismo medio de Israel, rodeado entonces por el ejército israelita y capturaron a toda esa banda Siria. Y el siervo de Eliseo le dice, ‘¿qué hacemos con ellos, Señor, los matamos? Miren, la misma pregunta, qué hacer cuando tu tienes cautivo al enemigo, cuando tu tienes vencido al enemigo ¿qué tu haces?

En ese otro caso de Eliseo, Eliseo le dice ‘¿cómo los vamos a matar? ¿Matarías tu a los que tu ya has vencido? No, no los mates, al contrario ¿saben lo que hace Eliseo? Les da comida, les prepara una gran cena, los humilla y entonces los envía libres de regreso a su nación, sin tocar a uno solo de ellos. Uno diría, ese es el espíritu de Jesucristo.

Pero ¿saben qué? en este caso, hermanos, en este caso aquí no resulta así. ¿Saben qué? el rey Acab, cuando se le aparecen estos hombres así humillados y completamente entregados a él, el rey Acab les dice a los embajadores que envía el rey ‘mira, si él vive es mi hermano’, como quien dice no hay problema, lo perdono y no solamente lo perdono sino que lo entro en mi intimidad, va a ser mi amigo íntimo. Y ciertamente así es que hace: lo monta en su carro, lo pasea por la ciudad y el rey Ben Adad, muy orondo y contento de que ya pasó el problema y regresa a su nación honrado y bendecido por el rey Acab que piensa que ha hecho bien con perdonar a este hombre.

Y mire dónde se pone bien densa la cosa. Por eso es que permítame.. yo espero que no se esté aburriendo. Yo no estoy aburrido, pero yo estoy acá arriba así que no se ustedes, esto es bien importante. Ya estamos llegando al meollo del asunto. Miren lo que dice en el versículo 35, porque esta es una lección que no quiero que pierdan, mis hermanos. Dice “..... Entonces un varón de los hijos de los profetas –Dios se estaba moviendo en ese tiempo en Israel. Yo le pido al Señor, Padre envía el espíritu profético en este tiempo, que tus profetas vuelvan a hablarle al mundo secular; que tus profetas vuelvan a hablarle a la sociedad de EEUU y de las naciones; que se oiga la voz verdaderamente profética resonar otra vez en las naciones porque todavía no se ha oído como Dios la quiere que resuene.

Y entonces se acerca este profeta y de nuevo la cámara de la palabra entra a un lugar íntimo, ya no estamos en el nivel nacional, internacional, sino una escena en un lugar, en una casa por ahí, en una escuela de los profetas quizás. Dice “.... entonces un varón de los hijos de los profetas –versículo 35- le dijo a su compañero por palabra de Dios....

Digan todos ‘por palabra de Dios’. Este hombre estaba hablando en el espíritu en ese momento, estaba hablando en el poder de Dios, con la autoridad de Dios, por el mover de Dios, era Dios hablando a través de ese profeta, porque eso es bien importante lo que le estoy diciendo aquí para que usted vea lo que pasa.

“..... le dijo a su compañero por palabra de Dios ‘hiéreme ahora, golpéame, coge una piedra, coge un palo, lo que sea hiéreme, golpéame. Óigame si un amigo de aquí de la iglesia le dice a usted un día, están ahí viendo televisión, viendo un video o hablando y en un momento le dice ‘hiéreme, golpéame’, y usted ve el plato con el cual le puede dar en la cabeza ‘mmmmm’. O va a pensar ‘¿estará loco este tipo, qué se le metió, qué avispa le picó?’ Y usted no lo hace, ¿verdad? Pero miren, entonces dice:

“..... más el otro no quiso herirle.” Este es un pasaje misterioso. Yo he leído este pasaje durante años y durante años me pregunté por qué Dios puso este pasaje aquí en la Biblia, de todas las cosas que podía poner, por qué puso ese pasaje ahí. Y le he pedido al Señor sabiduría y creo que me ha dado entendimiento de por qué. Porque miren lo que pasa:

“..... más el otro no quiso herirle y él le dijo, el primer profeta, por cuanto no has obedecido a la palabra de Jehová, he aquí que cuando te apartes de mi te herirá un león. Y cuando se apartó de él le encontró un león y le mató”.

Guau, hermanos ¿Dios es injusto? Caramba, este hombre lo único que hizo fue bien. No quiso golpear a otro hombre. Yo creo que no podemos culpar a nadie porque se le diga ‘golpéame’ y usted no le golpee así no le haga daño. Sin embargo, Dios envía un león que mata a este hombre por no querer herir a ese otro profeta. ¿Qué pasó aquí? ¿Usted ve?

Este texto da vueltas alrededor de una verdad esencial, hermanos. El escritor de Eclesiastés dijo ‘todo tiene su tiempo. Hay tiempo para matar y hay tiempo para dar vida. Hay tiempo para amar y dice hay aún tiempo para odiar. Eso lo dice la Biblia, no lo digo yo. Hay tiempo para destruir y hay tiempo para construir.

La historia humana tiene sus tiempos. Hay tiempos para perdonar y dejar vivir al enemigo y hay tiempo para destruirlo. Hay tiempo para tener paciencia con el pecador y hay tiempo para confrontarlo cara a cara y decirle la verdad de Dios en la cara. Hay tiempo para tener paciencia con alguien y esperar años y años hasta que esa persona se arrepienta y hay tiempo para decir, ‘por cuanto tu has seguido desobedeciendo al Señor, el juicio de Dios cae sobre tu vida, y o te arreglas o el Señor te va a partir por mitad’.

Hay tiempo para todo, hermanos. Y lo importante es saber discernir el tiempo de Dios. Escúcheme. Saber discernir cuándo Dios te está llamando a hacer una cosa y cuándo te está llamando a hacer la otra.

Había un tiempo para perdonar a ese ejército y a ese hombre, pero no era ese tiempo. Ese hombre ya había violado la misericordia de Dios. Ya la misericordia de Dios se había acabado para él. Acab lo que tenía que hacer era discernir el momento y matar a ese hombre. Y este profeta que se supone que tuviera entendimiento, se supone que discerniera que ese otro profeta que estaba hablando, estaba hablando por el poder de Dios y que obedeciera la palabra de Dios.

Hermanos, cuando el espíritu santo se está moviendo en tu vida, en una iglesia, o en un ambiente, mire, cosas rarísimas pasan. Dios cuando está en todo su poder, Dios es siniestro, Dios es feo, Dios es terrible. Dios tiene un aspecto, que si usted lo mira, se petrifica de lo horrible que se ve Dios en toda su gloria, en todo su poder y en toda su autoridad. Dios es la cosa más peligrosa que usted pueda imaginarse.

Los judíos cuando escucharon los truenos, dice, y las trompetas que sonaban en el monte, cuando Dios estaba allí presente, dice que se atemorizaron tanto que le dijeron a Moisés ‘sube tu y déjanos a nosotros aquí abajo porque no queremos meternos para allá’.

Cuando Moisés bajó su rostro estaba tan resplandeciente, y era tan terrible su apariencia que tuvo que ponerse un saco sobre la cabeza para no atemorizar y aterrorizar a los hebreos. Porque cuando Dios está en todo su poder, Dios es siniestro. Y para mi, hermanos, eso es una cosa que yo he entendido que yo no necesito que mi Dios sea bonito y atractivo, y lindo, y amoroso, y dulce, de pelo largo rubio, ojitos azules y cara bonita. Yo tengo un Dios que se que también tiene garras y que tiene dientes, y que cuando se le ofende también es terrible.

Dice la palabra ‘horrible cosa es caer en las manos del Dios vivo’. La iglesia ha perdido el temor del Dios vivo. El mundo ha perdido el temor del Dios terrible, el Dios creador, el Dios santo, el Dios 3 veces santo, el Dios de los querubines, el Dios siniestro que cuando se manifiesta cosas terribles pasan.

Y, hermanos, yo le pido al Señor, ‘Padre, ayúdanos a preservar como iglesia, como individuos el sentido de tu santidad, de tu terrible majestad, de que no podemos jugarnos contigo, de que caminamos sobre un terreno terriblemente minado de cosas santas, y que este mundo es un mundo misterioso. Hay demonios, hay ángeles, está Dios, está Satanás, estamos en guerra por nuestras almas, estamos en tiempos difíciles, estamos en tiempos en que la iglesia está llamada a ser una iglesia profética, hermanos.

Yo veo en EEUU mucha iglesia y mucho predicador que están perdonando y sanando y diciendo palabras bonitas y de paz, cuando Dios está llamando a guerra, y está llamando a santidad y está llamando a confrontación, y está llamando a hablar su palabra clara, a una definición clara de lo que es la palabra de Dios y que las naciones escuchen claramente la palabra del Señor, y el que quiera obedecerlo lo obedezca, el que no, se va al infierno y va a sufrir las consecuencias.

El Señor dice ‘venid y estemos a cuenta’. El dice ‘yo no quiero que se pierda el pecador, yo no quiero que se pierda el ofensor’. Pero también dice ‘si no se ponen en orden, yo los voy a destruir’. Y yo veo hoy en día mucho predicador y mucha iglesia que lo que está haciendo es tratando de sobornar a la gente para que venga a la iglesia. Y dice ‘no hablemos de esto, no hablemos de lo otro. No digamos esto, ni digamos lo otro, porque lo decimos se nos va la gente’. Ellos no quieren escuchar eso. Así que no lo digamos para que no se molesten.

Hermanos, yo no puedo ser ese tipo de pastor ni predicador. Ustedes perdónenme. Yo creo que posiblemente podríamos tener mucha más gente aquí de ciertos tipos y de cierta alcurnia si yo templara un poco y callara un poco mi predicación, pero mientras yo pueda en el nombre del Señor yo no lo voy a hacer, y espero que ustedes me van a respaldar en esto. Porque yo no creo que la iglesia de Jesucristo tiene que pedir disculpas por anunciar la sana doctrina.

Dice la Biblia que los postreros tiempos la gente tendrá comezón de oír y dice que se acumularán predicadores que halaguen su vanidad y que le digan lo que ellos quieren escuchar porque tienen hambre de algo espiritual pero no quieren que se les diga la verdad. Y la iglesia tiene que decir ‘No’. Si usted quiere entrar al Reino de Dios tiene que ser jugando por las leyes del Reino de Dios. El Reino de Dios no se acomoda al hombre, el hombre se acomoda al Reino de Dios.

Eso no quiere decir que no tengamos misericordia, que no tengamos amor, que no seamos humildes, que no reconozcamos nuestros propios pecados, que no reconozcamos nuestra necesidad de la gracia del Señor, que no amemos al pecador. Eso no quiere decir que andemos por ahí con los ojos en alto y las narices bien paradas diciendo ‘nosotros somos mejores que el resto del mundo’. No. En un espíritu de humildad, de misericordia, de amor, de reconocimiento de nuestros propios pecados nosotros hablamos la verdad y al pecador se le habla, se le dice la verdad y se confronta.

Dios está llamando a esta nación a juicio si no se arrepiente. Y no podemos nosotros predicar paz, cuando Dios está predicando guerra. No podemos nosotros estar diciéndole bendecido a lo que Dios ha maldito. No podemos llamar puro lo que Dios ha dicho ‘esto es una abominación y es un pecado’. No podemos estar sentados tranquilos mientras los fundamentos de la sociedad están siendo socavados por la necedad espiritual del hombre. Y cuando la iglesia se pone en una mentalidad de acomodo, como Acab, cuando la iglesia rehúsa hacer las cosas violentas a la cual Dios los ha llamado, como ese segundo profeta que se niega a herir al primero porque eso era lo que Dios quería en ese momento, la iglesia entonces se acarrea juicios sobre sí mismo.

Y por eso hay tantas iglesias y tantos ministerios hoy en día que están decaídos, muriéndose aún de hombres que aman a Dios y su palabra porque están en desobediencia con Dios, porque no están predicando todo lo que Dios pide que prediquen; porque están acortando, abreviando el Evangelio, están sacando ciertas cosas porque no convienen proclamarse desde el púlpito. Y cada vez que tu haces eso, cada vez que tu quitas algo de la palabra de Dios y te lo metes en un bolsillo para otro día, estás haciendo pacto con el diablo. Y por eso no podemos nosotros hacer eso. La iglesia tiene que ser clara, tiene que ser contundente. Estamos en tiempos de Acab y Jezabel. Estamos en tiempos de Elías y la iglesia tiene que tener esa misma integridad y esa misma violencia.

Yo creo que los tiempos que se avecinan para EEUU y para las naciones, así como son tiempos de Dios llamar al hombre a reconciliación, pero también son tiempos de juicio. Y la iglesia va a ser llamada a administrar esos juicios. Dios va a levantar sus profetas. Dios va a levantar sus voces para que confronten al hombre y para que le digan lo que tiene que decirle y sean canales del juicio de Dios. Si los hombres no se arrepienten, escúchenme, y la iglesia tiene que prepararse y nosotros tenemos que caminar, hermanos, con mucha integridad delante de Dios. Tenemos que caminar con mucho cuidado delante del Señor porque son tiempos peligrosos.

Este profeta que se negó a moverse en la tonalidad violenta que Dios le requería en ese momento se salió de la voluntad de Dios y cuando el espíritu santo se está moviendo y está diciéndole a la iglesia ‘caminen por aquí’, y la iglesia no camina por allí, esa iglesia se convierte en una iglesia rebelde contra la cual Dios tiene una controversia y Dios la juzga.

Ahí termino. Ojalá y pudiera seguir con este texto. Pero, mire hermanos lo que pasa aquí es que este profeta, este primer profeta necesitaba que ese hombre lo hiriera porque él se iba a aparecer ante el rey Acab y le iba a dar un a parábola para decirle al rey ‘lo que tu hiciste de perdonar a ese rey, eso violó mi voluntad’.

Ese segundo profeta tenía que hacer un servicio que Dios necesitaba, y era administrar una herida artificial a este primer profeta, para que el profeta se pusiera una venda, se apareciera ante el rey Acab sin que lo reconociera, y este segundo profeta le diera una parábola que le dice: ‘rey, a mi se me dijo que guardara un prisionero y que si se me escapaba yo tenía que o dar mi vida por la vida de él o pagar un talento de plata, pagar una multa muy cuantiosa; y yo lo dejé irse’. Y entonces el rey que iba en su carro muy orondo, le dice ‘bueno, ese es tu sentencia, tu lo has dicho’. Entonces de momento el profeta se quita la venda de sus ojos y dice que el rey lo reconoce como el profeta de Dios y le dice ‘por cuanto tu, rey Acab, dejaste escapar al hombre de mi anatema, ahora tu vida será por la suya y tu reino será por su reino’.

¿Usted ve? Acab no sabía discernir la voluntad de Dios y cayó en falsa misericordia y falsa gracia. Hermanos, tengan cuidado de caer en falsa gracia y falsa misericordia, porque cualquier misericordia, cualquier gracias que no sea administrada en el espíritu y en el tiempo del Señor, es desobediencia contra Dios. No es la gracia y la misericordia que Dios acepta y aplaude. Es pecado.

Si Dios te dice ‘salta por ahí’, tu saltas por allí. Si Dios te dice ‘destruye esto’, tu lo destruyes. Si Dios te dice ‘preserva la vida de algo que tu odias’, preserva la vida. Si Dios te dice ‘no toques ese anatema’, no lo toques. Lo que Dios te pida tu no lo cuestionas, tu lo obedeces. La obediencia. Obediencia es lo que Dios quiere en nuestras vidas. El no quiere tu diezmo, él no quiere tu asistencia a la iglesia, él no quiere tu diaconado, él no quiere tu servicio los hujieres, él no quiere tu cántico. El quiere obediencia y todo lo demás fluye de la obediencia en cualquier dimensión de la vida.

Pidámosle al Señor, Padre, hazme obediente a tu voluntad, a lo que tu quieras, Señor, pero hazme obediente porque no podemos sobornar a Dios, ni con dinero, ni con alabanza, ni con lenguas, ni con nada, excepto obedecer al Señor en lo que él nos pida.

Ese es mi deseo y nosotros como iglesia, hermanos, hagamos un pacto. Nosotros queremos ser una iglesia obediente al Señor, obediente al llamado de Dios. Si Dios nos dice ‘destruyan’, destruimos. Si Dios nos dice ‘declaren juicio’, declaramos juicio. Si Dios nos dice ‘confronten’, confrontamos. Si Dios nos dice ‘tengan misericordia y paciencia’, tenemos misericordia y paciencia, pero no podemos desobedecer lo que Dios quiere que se haga en un momento dado, supuestamente poniendo nosotros nuestro propio juicio y nuestra propia misericordia por encima de la misericordia de Dios. Dios sabe de quién tiene misericordia y de quién no tiene misericordia. Y Dios sabe por qué dicta que algo sea aceptable y por qué no. Y no quieras tu llamar aceptable por falsa misericordia algo que Dios ha dicho ‘eso no es de mi’. Obediencia quiero, no sacrificio, dice el Señor.

Hermanos, vamos a obedecer al Señor. Vamos a ser una iglesia temerosa de Dios, temerosa de la santidad de Dios, que declare la palabra de Dios, que se mueva en la seriedad de Dios. Estos son tiempos muy específicos, son tiempos muy claros, son tiempos de regresar a las sendas antiguas, son tiempos de volver a destapar los pozos que no se han hablado de esas cosas durante siglos. Son tiempos de volver a usar las armas y las vasijas y los recursos que han estado escondidos y polvorientos por muchos siglos porque no era el tiempo. Pero ahora es el tiempo. Y ahora es el tiempo de que la iglesia se mueva en el espíritu de las páginas de la Escritura.

Yo le digo al Señor, Padre, cuándo, cuándo, clamando continuamente al Señor, esperando el momento de cuándo será la visitación de Dios. Como lo hemos visto en las páginas de la Biblia, así queremos verlo de nuevo moverse sobre la tierra.

Yo no me conformo con manifestaciones parciales del poder de Dios porque yo creo que lo que Dios quiere derramar sobre la tierra en este tiempo es su genuina manifestación sin frenos, sin ropaje, sin nada que lo empobrezca, desnudo su poder, su palabra clara, su palabra profética anunciarla claramente. Una iglesia que camine rectamente delante de él, en un lado la misericordia, en otro lado el juicio; en un lado la verdad, del otro lado la paciencia; de un lado la humildad y del otro lado claridad por las cosas de Dios. Una iglesia que se mueva en el poder del espíritu santo con todos los dones a su disposición para declarar los propósitos de Dios en los últimos tiempos.

Y yo quisiera ser parte de esa iglesia y yo espero que nuestra iglesia sea parte de esa iglesia mayor que Dios quiere levantar en los tiempos. Hay un precio, hay obediencia que rendirle al Señor, hay rectitud. Hay que perderle el temor a los hombres, lo que digan, lo que quieran, la presión. No podemos ceder a los débiles con sus buenas intenciones, pero son débiles y necesitan ser fortalecidos, no que nos vayamos de su lado por gente que esté tan pegada de Dios que sepa lo que Dios quiere y que se mueva apretando los dientes aunque no quiera, pero lo hace porque Dios lo dice. Ese es el pueblo que Dios quiere bendecir y usar.

Vamos a pedirle al Señor que ese espíritu nazca en nosotros. Vamos a ponernos de pie. Vamos a pedirle al Señor, Padre, llénanos de tu poder, llénanos de ese espíritu de obediencia, de integridad, de seriedad, de temerle a Dios y no a los hombres.

Ustedes me disculpan si me he excedido en el tiempo, pero... es la palabra del Señor la que cae sobre nosotros en esta mañana. Dios está cansado ya de jueguitos y quiere seriedad en nuestras vidas.

Padre, perdónanos, perdóname por jugarnos con tu extremada santidad y majestad, tu terrible señorío. Oh, Padre perdónanos por presumir más de lo que debemos y ayúdanos a ser obedientes, a ser íntegros, a ser verticales, Señor en nuestro caminar para contigo. No nos dejes caer en la soberbia ciertamente, Padre, pero tampoco nos dejes caer en la falsa gracia y la falsa misericordia y la timidez, Señor que tu aborreces en un pueblo guerrero que tu has llamado.

Límpianos, límpianos, límpianos. Límpianos, Señor, sánanos, perdónanos. Ayúdanos a caminar como tu quieres, Padre. Ser obedientes hasta el final. Perdona a esta iglesia, Padre, en las cosas en que te fallamos. Son muchas, Padre, reconocemos nuestros pecados, Padre. Nos humillamos delante de ti. Nos humillamos delante de ti. Padre, reconocemos que hemos quedado cortos ante tu santidad pero hoy te pedimos restáuranos y sánanos y ayúdanos a caminar según tu voluntad, escrupulosamente, Señor, meticulosamente, Señor, haciendo exactamente lo que tu nos pides en el momento en que tu lo pides, discerniendo el momento, discerniendo el mover específico que tu pides, en el momento específico, oh Señor.

Te adoramos. Gracias por tu revelación. Gracias por tu palabra Señor, en esta mañana. Bendice a tu pueblo. Renuévalo, Señor y llévanos cada día más y más cerca de tu voluntad. Gloria a Dios en el nombre de Jesús. Amen.


Sermón de Dr. Roberto Miranda grabado 6 de agosto 2006 en Congregación León de Judá Oir | Ver (100K) | Ver (400K)

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