Sermón 20 de marzo 2005 : II Corintios 9:6

A propósito de Sermones

Vamos a la palabra del Señor. Quiero compartir con ustedes en unos 30 minutos que nos quedan, la Segunda Carta del Apóstol Pablo a los Corintios. Allí en el versículo 6, dice el Apóstol Pablo: “.... pero esto digo el que siembra escasamente también segará escasamente, y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno, digan todos, cada uno, ve como propuso en su corazón no con tristeza ni por necesidad porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia a fin de que teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra.”

Y déjenme ahora leer en español solamente para adelantar el proceso. Esta es la esencia, lo que acabo de leer de lo que voy a predicar. Dice “.... como está escrito, repartió, dio a los pobres su justicia permanece para siempre. Y el que da semilla al que siembra y pan al que come proveerá y multiplicará vuestra sementera y aumentará los frutos de vuestra justicia para que estéis enriquecidos en todo, para toda liberalidad la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios.” Bendiga el Señor su palabra.

En estas últimos semanas hemos sacado el tiempo de las predicaciones para, como ustedes han visto, establecer un fundamento bíblico para esta campaña financiera que estamos llevando a cabo. Al levantar dinero para cualquier causa hemos querido seguir un patrón bíblico al hacerlo. Hemos querido honrar al Señor y su espíritu y no hemos querido usar de técnicas de manipulación mental o emocional. También hemos querido levantar su nivel de fe y su visión. No hemos querido tanto levantar dinero para un edificio de ladrillos y acero, sino más bien para la misión que ese edificio ha de hacer factible.

Samuel decía en una predicación hace poco, que Dios no estaba levantando tanto un edificio como un pueblo. Y también otro de los principios que hemos querido seguir es que al darle al Señor para esta causa en particular, en realidad lo que estamos haciendo es entrando en un patrón de vida. El darle al Señor no es tanto un acto como un estilo de vida. Es algo que hacemos continuamente al ver cómo Dios nos bendice al ser generosos para con El y su reino. Hay gente que quizás dice: pero, pastor, ustedes están hablando demasiado acerca del dinero. Nosotros lo que hacemos es establecer un proyecto y entonces hemos tratado de concentrar nuestras energías por un tiempo para sacar adelante ese proyecto. El Señor Jesucristo habló en muchas ocasiones acerca del dinero. El no tenía temor en usar las posesiones y el dinero como una forma de interpretar el grado de compromiso de la gente con el Reino de Dios. En toda la Escrituras tenemos numerosas referencias acerca de cómo el dinero y los bienes materiales se relacionan con la espiritualidad de las personas.

Recientemente al considerar este tiempo de campaña financiera, hice un recorrido mental de textos que yo pensaba eran apropiados, serían apropiados para diferentes sermones, y quiero decirles que en mi casa tengo una lista de unos treinta textos que me parece cada uno de ellos ideal para un sermón sobre diferentes aspectos de la mayordomía. Pero para su descanso quiero dejarles saber que no pienso predicar 30 sermones acerca de este tema. Pero lo que sí se me hizo claro es que, a través de toda la Escritura esta temática surge una y otra vez, que conforme nosotros nos relacionemos con el dinero y las posesiones materiales, así será nuestra relación con el Señor y con su reino. Yo he derivado consuelo de saber que el Apóstol Pablo me ganó probablemente en campañas financieras. El Apóstol Pablo no tenía miedo de ser muy directo en lo que se refería a levantar fondos para su obra misionera. Y de hecho en todo lo posible siempre que hemos levantado fondos a través de los años, el Apóstol Pablo, yo he querido que sea mi mentor en términos de la metodología que uso para levantar fondos, y en tiempo de escándalos financieros en el Reino de Dios es más importante que nunca que los que levantamos fondos para ese Reino lo hagamos con integridad.

Hace poco me enteré de un gran escándalo que ha habido ahora mismo en EEUU, acerca de uno de los ministerios evangelísticos más grandes del mundo. Un reporte muy poco halagador acerca de cómo este ministerio maneja los fondos que recibe. No me atrevería a negar cómo Dios ha usado este ministerio para esparcir el Evangelio, pero por lo que podemos ver podrían haber sido un poco más cuidadosos en el uso del dinero y la imagen de integridad con el dinero que han proyectado al mundo. Y por eso es importante no que nosotros dejemos de pedir para la causa del Señor, pero más bien que lo hagamos en una forma que sea conforme a los principios de la palabra de Dios.

Si nosotros vamos rápidamente a Segunda de Corintios, Capítulo 9 y aún en el Capítulo 8, podemos repasar algunos de esos conceptos. No se si voy a poder llegar a todo lo que quiero en esta mañana, pero yo estoy seguro que lo que vamos a tocar va a ser de bendición para su vida. Y van a ver que muchos de los principios que hemos señalado en estas últimas semanas, el Apóstol Pablo los emplea en su propia campaña financiera. Los Capítulo 8 y 9 de Segunda de Corintios nos entran en una de esas campañas financieras del Apóstol. El está levantando fondos para los santos en un área muy necesitada y por ejemplo en el versículo 3 hablando de los macedonios, en el Capítulo 8. Dice aquí: “... doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas y aún más allá de sus fuerzas”.

Aquí tenemos un par de principios de cómo darle al Señor. El Apóstol Pablo dice “han dado con agrado, primeramente. En otras palabras, hermanos cuando nosotros le damos al Señor tenemos que hacerlo con gozo. Se debe dar al Señor porque es un privilegio darle al Señor. Y también dice que han dado conforme a sus fuerzas. En otras palabras muchos de nosotros el Señor nos está llamando a dar según la capacidad que tenemos financieramente para dar. Y en esta campaña financiera no queremos que nadie se sienta, como que se le está obligando a actos heroicos. Y cuando usted firme o ponga, llene su tarjeta de promesa, hágalo en una forma que usted se sienta bien en su conciencia.

Pero también el Apóstol Pablo dice que dieron más allá de sus fuerzas. Yo me atrevo a decir que esta es la manera que más agrada al Señor cuando le damos. Nosotros hemos hablado de darle al Señor en la zona de la incomodidad. Hemos visto como el Señor muchas veces nos llama a estirarnos más allá de lo que en nuestra razón pensamos que es factible darle al Señor. Y los que conocen de los principios de la fe saben que muchas veces la fe comienza donde la razón comienza a estremecerse. Y muchas veces los razonamientos de la fe van a ir muy por encima de los razonamientos de la razón y del intelecto. Y por eso Dios pide muchas veces que nos atrevamos a ir a esa zona de la incomodidad como hicieron los macedonios. Estos macedonios también rogaron con muchos ruegos que se les concediera el privilegio de participar en este servicio. Quiera Dios que con el paso de los años nuestra iglesia venga a componerse de gente que esté siempre pidiéndole: Señor, dame oportunidades de dar para avanzar tu reino.

En el versículo 7 de ese mismo Capítulo el Apóstol Pablo dice: “por tanto como en todo abundáis, en fe, palabra, ciencia y en vuestro amor, abundad también en esta gracia”. Y aquí vemos algo que al Señor no solamente se le da con sentimientos y con palabras, sino se le da con acciones específicas. Es muy fácil decir sí al llamado del Señor de amar a Dios con todo nuestro corazón y con todas nuestras fuerzas. Pero el Señor ha dicho que el que ama el dinero no puede amar a Dios en la misma manera, porque no se puede amar a dos señores. Entonces el amor indica que también tenemos que traducirlo en actos de amor específicamente hacia el Señor.

Y hay muchos otros principios aquí, por ejemplo en el versículo 12 dice: “porque si primero hay la voluntad dispuesta será acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene”. Esto de tener la voluntad dispuesta es muy importante. Porque aquí vemos algo y es que el Apóstol Pablo ha estado preparando a los cristianos de esta región para que cuando llegue el momento de pedir la ofrenda ellos estén dispuestos intelectual y volitivamente. Y es lo que hemos querido hacer a través de estas semanas, es prepararlos a ustedes para que cuando llegue el momento de entregar sus ofrendas, ustedes sepan por qué y cómo lo están haciendo. Porque muchas veces darle al Señor no es solamente cuestión de los afectos, sino también una decisión de la voluntad y en disciplina, que se hace.

Ahora en el versículo 6 del Capítulo 9 entramos en el texto que yo acabo de leer hace un ratito. El Apóstol Pablo establece un principio que ya hemos oído en muchas maneras, dice: “el que siembra escasamente también segará escasamente, y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cuando yo leo textos como estos inmediatamente me viene a la mente el concepto de gracia versus obras. Nosotros sabemos que la salvación es por gracia, pero sabe usted que una vez que usted ha entrado en el dominio del reino por gracia, el grado de crecimiento, de productividad y de bendición que usted alcance, va a depender de en la medida en que usted se esfuerce e invierta en el Reino del Señor. Es decir una vez que estamos ya salvados hay una parte de esfuerzo y de inversión que Dios espera que nosotros hagamos. Las bendiciones que nosotros alcancemos en el Reino de Dios, el entendimiento espiritual del Reino de Dios va a depender mucho de nuestros propios esfuerzos.

Por eso el Señor Jesucristo dice “pedid y se os dará. Buscad y hallaréis. Tocad y se os abrirá”. Es decir en el Reino de Dios la respuesta depende mucho de la acción inicial de nuestra parte. Y según nosotros invirtamos de nuestros dineros y nuestro tiempo y energía en el Reino de Dios, así será nuestro provecho espiritual y personal. Este concepto de sembrar yo lo llamaría más bien, en lenguaje moderno, invertir. El inversionista invierte una cantidad porque sabe que por un proceso complejo esa cantidad invertida se multiplicará y le retornará en crecimiento. Y así nosotros, los hijos del reino, usamos lo que Dios nos ha dado, lo invertimos y bendice tanto el Reino de Dios como también nos bendice a nosotros. Y no es que nosotros tratemos de manipular a Dios o establecer una relación mecánica de los retornos de nuestras inversiones, pero simplemente se trata de insertarnos dentro de una dinámica que el mismo Dios ha establecido en su palabra. Dios dice: si siembras poco, vas a cosechar poco. Si siembras mucho vas a cosechar mucho en mi reino. Yo no puedo ser más elegante o más generoso que Dios. Hay personas que se resienten cuando los predicadores predicamos en estos términos porque creen que tienen una mejor capacidad teológica que el Dios mismo que escribió la Biblia. Ellos creen que tienen una mejor capacidad teológica que el mismo Dios, y nosotros tenemos que ver cómo es que Dios nos llama a vivir la vida cristiana y a darle a El.

Ahora en el versículo 7 también hay una serie de principios, dice: “cada uno” quiere decir, hermanos y ustedes saben que uno de los principios de esta campaña ha sido que nosotros con la ayuda del Señor tengamos un ciento por ciento de participación. Yo creo que todos los que son miembros de esta iglesia, y no me refiero a visitantes o personas que no tienen una relación personal con el Señor, entiéndase eso. Pero dice aquí que cada uno, refiriéndose a que, yo creo que en este tiempo yo quiero aplicar eso en el sentido de que yo llamo a cada uno de mis hermanos a considerar el llamado de Dios para su vida en este tiempo. Usted quizás no podrá ser uno de esos 200 que de esos 5000 dólares en dos años, como hemos pedido, o quizás usted no sea uno de aquellos que va a dar más de 5000 dólares en esos dos años y va a dar mucho más quizás, como algunos ya han prometido, pero yo se que cada uno de nosotros puede dar sin sentido de vergüenza ni pena, conforme a lo que siente que el Señor ha puesto en su corazón. Yo le suplico, hermano o hermana, que usted de en esa manera, en una conciencia con el Señor. No se preocupe que nadie va a estar juzgando: ah, él dio más, o él dio menos. En el nombre del Señor rechazamos ese espíritu ahora mismo. Pero si, no perdamos de vista este principio de “cada uno” porque el Señor quiere que cada uno de nosotros cargue su parte del Reino de Dios. Y ojalá tuviéramos más tiempo para señalar, pero no puedo fallar en esto de que los estudios que se hacen en todas las congregaciones sugieren que solamente un 20% de la congregación carga con el 80% de la responsabilidades de esa congregación. Y yo creo que la meta del Señor es que cada uno de nosotros proporcionalmente cargue su parte de responsabilidad por el mantenimiento de la obra de Dios. Por que aunque sea para agradarme no dicen Amen a esto, hermanos. Gloria de Dios. Amen.

Entonces dice aquí que cada uno de, es decir hay que dar, en algún momento hay que tomar acción. Hay que tomar acción, es decir que hay que en algún momento hay que pasar de lo teórico a lo práctico, en otras palabras. Y vemos entonces aquí que dice “como propuso en su corazón”. En otras palabras yo le invito a reflexionar con anterioridad qué es lo que el Señor me está llamando a mi a dar.

Esta idea de proponer en el corazón sugiere un grado de seriedad, de intencionalidad, darle al Señor es algo serio, requiere reflexión previa. Debemos estar claros en lo que estamos haciendo. No tomar las cosas a la ligera, porque las cosas del Señor son serias. Entonces como propuso en su corazón, yo quiero que cuando usted traiga su ofrenda, usted lo haga con un sentido de reverencia y de seriedad de lo que usted está haciendo ante el Señor. Y el Apóstol Pablo dice “no con tristeza”, en otras palabras, hermanos, no de cómo mirando ese dinero que se le va a ir y usted va a estar penando: caramba, ¡qué hubiera podido hacer con ese dinero! No vea dólares con alitas volando de su cuenta de banco, en otras palabras. Al Señor no se le puede dar con tristeza. Al Señor hay que darle con alegría y con gozo. Amen porque Dios ama al dador alegre.

Y dice también “ni por necesidad”, yo diría que la traducción correcta sería “ni por compromiso”, porque yo me imagino que algunos piensan que: caramba, si no ven mi tarjeta en ese grupo de tarjetas, ¿qué va a pensar el pastor? Y yo puedo ver a un diácono, algún líder de la iglesia: bueno, qué mas me queda, si quiero seguir en el liderazgo voy a tener que darle a esta gente. Bueno, yo se que nuestros diáconos no, esa gente son de primera, olvídense, van a dar. Amen, diáconos, los que hay por aquí.

Hermanos, no demos por compromiso. No demos por obligación en el sentido de que si no doy, qué va a pensar la gente. Porque déjame decirte que el Señor lee los corazones y si tu estás dando en esa manera, tu ofrenda no va a agradar al Señor y estás desperdiciando tu dinero entonces. Es necesario que tu le des al Señor para su iglesia y que por lo tanto lo hagas con alegría, y con un sentido de compromiso personal, eso es muy importante. Dios ama al dador alegre. Es cuando nosotros recibimos un regalo, qué bueno es cuando nos dan ese regalo con una gran sonrisa en la boca. Qué malo es cuando la gente nos da un regalo y nos dice: tómalo, qué más. No, es importante que haya es sentido de entrega del corazón y del alma también.

Y hay una promesa aquí maravillosa en este pasaje que no debemos perder de vista. Dice: “poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia”. Yo he descubierto que en las Escrituras casi cada vez que el Señor nos llama a darle generosamente, también añade una palabra de promesa. Porque el Señor es bueno y misericordioso, y El dice: mi hijo, mi hija no te preocupes que yo soy poderoso para reponerte eso que tu me has dado. Y siempre hemos hablado, recuerden, en estas últimas predicaciones que cuando nosotros le demos al Señor para cualquier causa, demos desde una perspectiva de suficiencia y no de una perspectiva de incertidumbre o temor, porque vemos que Dios siempre dice: no te preocupes, que nada te faltará porque yo soy tu pastor.

Y aquí el Apóstol Pablo después de su sobria advertencia acerca de cómo debemos darle al Señor nos pasa un poquito de aceite por la espalda, donde nos acaba de azotar amorosamente. Y dice: recuerda, que Dios tiene suficiente poder para darte gracia, es decir provisión. Y dice aquí “toda gracia”, en otras palabras el poder de Dios para reponerte lo que tu le das es ilimitado, en todas las dimensiones.

Y mire aquí el lenguaje sobreabundante del Apóstol. Dice: “a fin de que teniendo siempre, en todas las cosas, todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra”. En otras palabras hay aquí como una redundancia de la provisión del Señor. El nos da toda gracia, para toda situación, siempre, en todas las cosas, todo lo suficiente para que abundemos en toda buena obra. Dios promete: yo te voy a dar siempre en tu vida. ¿y sabe para qué? Para que tu puedas hacer bien siempre en tu vida. ¡Aleluya! Porque el Señor nos suple y nos da para que nosotros seamos canales de su gracia, para que lo podamos bendecir a otros con los conocimientos que El nos da, con los talentos que El nos da, con la energía que nos da, con nuestras profesiones, con nuestra cuenta de banco y nuestro dinero. El Señor dice: yo me voy a asegurar que tu siempre tengas todo lo que necesitas para que puedas darle a otros.

En otras palabras, hermanos el Señor nos dice: da. El Señor te dice a ti y me dice a mi: dame, y no tengas miedo. No des pensando en lo que te va a faltar, y no des pensando en el qué dirán si no das. No des con tristeza pensando en lo que has perdido, sino da mirándome a mi. Te prometo que soy poderoso para darte más de lo que tu me das. Que ese sea nuestro sentir en esta mañana y siempre que demos para la causa del Señor. Amen. Bendito sea el Señor.

Pongámonos de pie, hermanos. Terminamos con nuestra reunión. Vamos a tomar un momento para internalizar lo que acabamos de recibir, esa parte que tu entiendes que es del Señor. Pídele al espíritu santo que la grabe dentro de ti, que el Señor integre todo eso en cada parte de tu ser. Que nosotros podamos ser dadores alegres. Que adoptemos esa mentalidad, es un estilo de vida maravilloso. Que cada vez que haya una oportunidad para contribuir a la causa del Señor, Dios tenga en ti y en mi un partícipe de buena voluntad, un partícipe bien dispuesto. Que nosotros podamos, hermanos habitar en la zona del espíritu y no tanto en la zona de la materia, del dinero, de las finanzas, porque los que son del espíritu piensan en las cosas primeramente del espíritu. Así que en esta mañana yo recibo la palabra del Señor, lo que me toca a mi. Y recibe tu esa misma palabra, como la palabra del Señor. Gracias Señor. Ayúdanos a ser gente comprometida. Ayúdanos a ser buenos entendedores de los principios que gobiernan tu reino y aún todo el universo, porque tu palabra es fiel y verdadera y tu respaldas a los que respaldan tu reino. Gracias Señor, participamos en tu sistema y damos como tu prescribes en tu palabra. Gracias Dios. Gracias Señor. Denle un aplauso a la palabra del Señor. Que el Señor les bendiga.

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