Una Cita con Cristo : Una Vida con Gracia (Lucas 6:27) Parte 3

 

Mis hermanos y amigos, que el Señor les bendiga. Bienvenidos a su programa “Una cita con Cristo” y en esta ocasión queremos pasar unos minutos con ustedes continuando nuestro estudio acerca de la gracia y como se supone que nosotros ejemplifiquemos y expresemos esa gracia de Dios a los demás. Estamos usando como punto de partida en estos días, el pasaje que se encuentra en el Evangelio según San Lucas, capítulo 6, comenzando con el versículo 27 donde el Señor dice:

“... pero a vosotros, los que oís os digo: amad a vuestros enemigos, haced bien a los que los aborrecen, bendecid a los que os maldicen y orad por los que os calumnian. Al que te hiera en una mejilla preséntale también la otra, y al que te quite la capa, ni aún la túnica le niegues. A cualquiera que te pida, dale y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva y como queréis que hagan los hombres con vosotros así también haced vosotros con ellos”

Este versículo 31 de hecho se ha llamado la regla de oro: “...y como queréis que hagan los hombres con vosotros así también haced vosotros con ellos”. En realidad si nos detenemos un momentito sobre esa expresión del Señor, no la regla de oro, podemos entender lo que está diciendo el Señor Jesucristo aquí, es decir: quién de nosotros no quiere ser tratado con misericordia, con generosidad?

Nosotros cuando nos relacionamos con Dios le pedimos a Dios siempre que nos perdone, que tenga misericordia con nosotros, que sea paciente con nosotros. Nos encanta cuando un policía nos detiene en la carretera porque estamos yendo en exceso de velocidad, cuando el policía, raras veces ha pasado, te dice: “Te voy a perdonar esta vez, pero no lo vuelvas a hacer”, y nos deja ir simplemente con una advertencia.

El policía ha usado de gracia con nosotros. A quién no le gusta ser objeto de la gracia? A quién no le gusta recibir un buen bono al final del año, algo que lo sorprende y que no se esperaba? Sencillamente porque el jefe sintió eso en su corazón, gracia. Y lo que el Señor Jesucristo nos dice es: de la misma manera como a ti te gusta recibir gracia y ser objeto de la misericordia y de la paciencia de los demás, y del perdón de los demás, de la misma manera en que tu te ves a ti mismo como una buena persona a pesar de que tu tienes tus defectos y de que de vez en cuando cometes tus errores y tus excesos, asimismo yo quiero que tu hagas con los demás. Que tu les des ese mismo privilegio a los demás. Si a ti te gusta ser objeto de misericordia y de paciencia y que te comprendan en lo íntimo y no te juzguen a primera vista e impulsiva, y apresuradamente, asimismo dale a otros el mismo tipo de beneficio. Trata también a los demás con gracia, como a ti te gusta que hagan contigo, has también con los demás. Si a ti te gusta que sean pacientes contigo, pues se tu paciente, se tu generoso con los demás. Así como a ti te gusta que la gente se tome tiempo para conocerte, que no te definan y te pongan en una caja apresuradamente sin conocerte más íntimamente, asimismo dale tiempo a las personas. Antes de proceder a hacer conclusiones definitivas sobre ellos, piensa primero y dales tiempo para verlos desde diferentes ángulos y en diferentes situaciones y entonces, has una conclusión justa y adecuada.

El Señor te dice: como tu quieres que hagan los hombres contigo, así también has tu con ellos. Dales el mismo privilegio. Usa con ellos de la misma gracia y de la misma misericordia.

En la Escritura hay una parábola bastante conocida que el Señor Jesucristo relata donde El habla de dos hombres. Un hombre, dice la Biblia, tenía una deuda muy grande que le debía a un rey, una deuda imposible de pagar en realidad, era tan grande. Hoy diríamos millones y millones de dólares. Y dice la Biblia que este rey llamó a su deudor y el deudor le dijo: Ten misericordia por favor conmigo. Ten paciencia, no me metas a la cárcel y dame tiempo para yo pagar la deuda. Dice la parábola que el rey movido a misericordia, anuló completamente la deuda, se la perdonó al deudor y lo dejó libre y completamente exento de su responsabilidad de pagarle. Entonces, añade la parábola, que este hombre saliendo a la calle muy contento de haber sido liberado de esta gran responsabilidad, de momento se encuentra con un hombre que le debía a el una cantidad insignificante, unos cuantos dólares y añade la parábola, que el hombre que había sido perdonado, agarró al deudor por la garganta y casi ahorcándolo le decía: “Págame lo que me debes” y el deudor le decía “Ten misericordia de mi”, la misma palabra que él usó con el rey, “... y dame tiempo para yo pagarte la deuda”. Pero dice la parábola que este primer hombre no tuvo misericordia del otro y simplemente lo metió a la cárcel hasta que pagara la deuda.

El rey al saber esto llamó al primer deudor y le dijo: “Necio, yo te perdoné una deuda inmensa y tu no usaste de la misma misericordia con aquel que te debía apenas una cantidad mínima. Pues ahora te voy a meter a la cárcel”, y dice la parábola que este hombre fue entregado a los verdugos hasta que pagó el último centavo. Cuál es la lección aquí? La lección es bien sencilla. Nosotros hemos sido receptores de la misericordia, de la gracia de Dios. Dios continuamente, todos los días, está perdonándonos y tolerándonos y siendo paciente con nosotros y esperando hasta que mejoremos y prodigándonos sus lecciones, sus enseñanzas, su influencia santificadora para que seamos mejores. Dios no nos trata en la manera que nosotros nos merecemos, como hemos ya dicho, y Dios espera, Dios exige que nosotros hagamos lo mismo. Como Dios ha hecho con nosotros se supone que nosotros hagamos con los demás.

Y como queremos que Dios haga con nosotros, nosotros tenemos que hacer con los demás. Si tu quieres ser un receptor de la misericordia de Dios tienes que ser un dador de misericordia. Esa es la esencia de la regla de oro. “... como queréis que hagan los hombres con vosotros así también haced vosotros con ellos.” Si nosotros usáramos esa norma en nuestras relaciones diarias yo creo que en el mundo se reducirían las peleas y los conflictos violentos y las discusiones desagradables en los salones de trabajo, casi a la nada. Porque muchos de los conflictos, encuentros violentos de los hombres, se deben a que nosotros no usamos este principio. Nosotros estamos muy dispuestos a recibir misericordia de los demás y exigimos que los demás nos traten con paciencia y con generosidad, pero desgraciadamente cuando llega la oportunidad de que nosotros le extendamos lo mismo a los demás, el mismo trato, allí es donde fallamos muchas veces. Nos dejamos llevar más bien por la ira, por la envidia, por el deseo de burlar a los demás y entonces ahí viene el problema.

Es decir, en un sentido el tratar a otros con gracia comienza mirándonos a nosotros mismos. Quién soy yo? Cómo soy yo? Y entonces de ahí procediendo a tratar a los demás.

De hecho en otros pasajes que luego estudiaremos el Señor dice acerca de la famoso viga y la paja, nos dice “... mira primero la viga, el inmenso pedazo de madera que tienes dentro de tu ojo, antes de mirar la pajita insignificante que está en el otro.” Mira primero tus defectos, mira primero cómo Dios ha tenido misericordia de ti, mira como la gente te tolera a ti, mira como tu esposa tiene misericordia de ti y te trata bien y con paciencia. Mira como tus hijos, a pesar de ser como tu eres, te aman. Mira como tus amigos, a pesar de que conocen tus defectos, te consideran amigo y te tratan bien y te buscan y te dan preferencia. De esa misma manera tu tienes que tratar a los demás.

Hay mucha gente en el mundo, mis hermanos, que son muy rápidos para perdonarse a si mismos y esperar que los demás los perdonen a ellos. Pero qué difícil se les hace tener esa misma paciencia para con los demás; en la casa cuando cualquier defecto se hace de manifiesto, enseguida están allí para criticar, para atacar, para condenar, para juzgar y son gente que le hacen la vida imposible a los demás.

En el hogar muchas veces se da ese tipo de cosa. El cónyuge, la esposa que siempre está criticando, siempre está viendo lo malo en los demás, sin ver que ellos continuamente son receptores de la gracia y de la tolerancia y el perdón de otros. Por qué no hacer con otros como nosotros queremos que ellos hagan con nosotros.

Ese es el llamado de Cristo a tu vida en esta mañana. Así como tu has sido bendecido con momentos de misericordia y de gracia en los demás, por qué no bendices tu también el mundo, por qué no adoptas esta ética de gracia en tu propia vida. Que el Señor nos ayude a estar a la altura de sus enseñanzas sublimes. Dios te bendiga y recuerda siempre Cristo en ti es la fuente de esa capacidad para vivir a la altura de esos mandamientos tan sublimes. Solo no lo podrás hacer jamás. Solo por medio de la presencia de Jesús en tu vida y entregando tu vida a Cristo y pidiéndole que more dentro de ti por medio de su Santo Espíritu. Que Dios te bendiga y hablaremos en una próxima ocasión.

Comentarios

 
 

EL LEER ESTE MENSAJE FUE MUY EDIFICANTE PARA MI, TRATABA DE INSTRUIRME UN POCO MAS PARA PODER AYUDAR A MI HIJA,EN UNA SITUACION CON SU SUEGRA,PERO TAMBIEM FUE UN REFRIGERIO ESPIRITUAL PARA MI,YA QUE TRATO DE PRACTICARLO Y VER EN QUE PUNTOS TENGO QUE EXFORSARME BENDICIONES . GRACIAS

 
 

NO HAY DUDA QUE LA UNICA FORMA DE VIDA QUE PODEMOS LUCHAR POR ALCANZAR ES LA QUE JESUS DEJO ESTABLECIDA EN LA SAGRADAS ESCRITURAS.

 
 

mucha misericordia me faltaba hacia los demas, no me cansaré de bendecirte pastor. que nunca nos falten tus sermones.

 
 

tienes mucha razon ...me gusto mucho

 
 

Es muy bonito y necesario la ensenanza, realmente lo necesito mucho. y tambien su oracion. Que Dios los bendiga. Amen

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene como privado y no se muestra públicamente.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Allowed HTML tags: <a> <em> <strong> <cite> <code> <ul> <ol> <li> <dl> <dt> <dd>
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.

Más información sobre opciones de formato