Una Cita con Cristo : Multiplicación de los panes y peces (Marcos 6:30) Parte 5

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Hemos visto este maravilloso relato que nos va llevando de una verdad a otra. En nuestra última reunión hablamos del Cristo compasivo que cuando vio esta multitud necesitada que se había adelantado a El y a sus discípulos que estaban necesitados de un tiempo de descanso, el Señor en vez de rechazarlos y enviarlos de regreso porque estaban invadiendo su tiempo personal, tuvo compasión de ellos y dedicó tiempo para enseñarles muchas cosas.

Así nos dice Marcos, Capítulo 6, versículo 34: “El Señor se tomó tiempo” dice aquí para enseñarles, eso se añade en el versículo 35 que: “cuando ya era muy avanzada la hora sus discípulos se acercaron a El diciendo: el lugar es desierto y la hora ya es muy avanzada, despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor y compren pan pues no tienen qué comer. Mas respondiendo El les dijo: Dadles vosotros de comer.”

Es revelador aquí el contraste entre la actitud de Jesús y la actitud de los discípulos. La actitud de Jesús como hemos visto, es una actitud de compasión. El Señor se identificó con el dolor de la multitud, con su necesidad de recibir palabra. Esta gente estaba hambrienta espiritualmente y sabían que en Cristo iban a encontrar a alguien que les iba a satisfacer su necesidad. El Señor se identificó con la multitud, el pudo ponerse a tono con la necesidad de esta gente y sintió dentro de su ser la angustia y la necesidad de paz que esta gente sentía y por eso dedicó tiempo para ministrarles y hablarles.

Y a mi me encanta eso de que el Señor Jesucristo se pone en nuestro lugar. Hay un pasaje muy revelador en la escritura donde dice que se le acercó un sordo a Cristo para pedir sanidad. Dice la Biblia que el Señor, en un gesto muy extraño admito, tomó sus dedos y los metió dentro de las orejas del sordo. Dice la Biblia, que entonces el Señor gimió y dijo “Efata” que quería decir en arameo “Se sano” y dice que inmediatamente el sordo fue sanado. En esa imagen yo veo algo maravilloso. El Señor metió sus dedos dentro de los oídos de este sordo, algo que podríamos decir que de hecho es antihigiénico y hasta desagradable la imagen, pero yo veo a ese Cristo como en un sentido común, como que se enchufó, se compenetró físicamente con el lugar de la enfermedad y la necesidad de este hombre y que sintió; ese gemido que salió del interior de Jesús yo creo que El sintió en ese momento la enfermedad del sordo, sintió la descarga del dolor de este hombre y su gemido fue un gemido de identificación. Al El meter sus dedos sintió la necesidad, no solo le transfirió a este hombre su poder, sino que la debilidad y la enfermedad de este hombre se transfirió a Jesús, y de esa compenetración total entre este hombre y Jesús salió una obra de sanidad.

Es tan importante ver a ese Cristo que se identifica, ese Cristo compasivo porque cuando yo veo en mi mente a Jesús como un ser que se mete dentro de mi y que camina con mis propios zapatos, eso me da ánimo para yo venir delante del Señor. Yo no le tengo miedo a Jesús, todo lo contrario, yo se que en El yo puedo venir y ser transparente, no tengo que estar con disimulos, con disfraces, no tengo que estar pretendiendo que soy mas santo de lo que soy ni mas justo de lo que soy. Yo puedo ser perfectamente transparente con Cristo. Puedo confesarle mis debilidades, puedo confesarle mis pecados, puedo confesarle mis limitaciones como hombre, personales y entonces pedirle que El las sane. Hay mucha gente que no recibe sanidad de Dios, no recibe sanación en su ser interior porque están presentando una pantalla de autosuficiencia, están disimulando sus necesidades porque creen que tienen que ‘pantallear’ delante de Dios cuando Dios quiere que seamos transparentes. Cuando somos transparentes entonces El puede identificarse con nosotros, tratar con nosotros y dirigirse a esa necesidad que tenemos. El Señor Jesucristo es un Dios compasivo, se identifica con nosotros. La Palabra dice que El llevó sobre su propio ser nuestras dolencias y nuestros pecados, por su llaga nosotros fuimos curados.

Que maravilloso es saber que el Señor se identifica en esa forma compasiva, que El camina donde nosotros caminamos. Por eso el Señor bajó de su gloria, se despojó de su gloria, asumió forma de hombre, porque El quería identificarse con nosotros, El quería sentir lo que nosotros sentimos. Y ahora dice la Biblia que El es un sacerdote perfectamente adecuado para nuestras vidas porque El conoce nuestra condición, El la vivió, El la experimentó dentro de su propio ser. El no la conoce teóricamente porque es Dios, sino que la conoce porque El también fue humano y El retiene el recuerdo vivo de esas experiencias donde El experimentó sed, hambre, tentación, dolor, soledad, tristeza, miedo, rechazo. Todas esas experiencias comunes al ser humano, El las sintió. Por eso el Señor puede identificarse con nosotros y por eso su Palabra dice que nos acerquemos confiadamente al trono de la gracia para recibir ayuda en cualquier necesidad que tengamos.

Ahora, desgraciadamente, la postura de los discípulos es muy diferente, es muy superficial. Ya se ha acercado la noche, los discípulos ya están hartos de la multitud, no hay ninguna tienda cerca, es un lugar apartado y los discípulos dicen: Señor ya se está avanzando la hora ya despídelos y deshazte de ellos para que vayan y compren comida porque ya es muy tarde en el día. Pero aquí vemos algo, que el Señor en vez de deshacerse de la multitud dice “Denles ustedes de comer”, y los discípulos se sorprenden y dicen: cómo es posible que nosotros les demos de comer, no, no podemos, son demasiados.

Sabes tu que el Señor no quiere que seas una persona superficial en cuanto a compasión. El quiere que tu tengas la misma compasión por los demás que El tiene. El quiere que tu seas un agente de su gracia.

Hay mucha gente que vive una vida egoísta, pensando solamente en ellos mismos. Hay tantos cristianos que solo piensan en si mismos y no se preocupan por ser agentes de la bendición de Dios. Dios quiere que tu seas un instrumento en sus manos. Desgraciadamente la mayoría de nosotros tiene una actitud muy personalista del Evangelio. Dios te bendice a ti, Dios te llama a ti para que tu sirvas. Dios quiere morar dentro de ti para que tu seas un instrumento en sus manos. La Biblia dice que todo Cristiano ha sido hecho un rey y un sacerdote. Dios nos ha redimido para que anunciemos las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. Si Dios te limpia, te sana, te fortalece, te redime es para que tu seas un agente de su gracia. Dios quiere que tu seas un hombre, una mujer compasiva, llena de misericordia, que tu también te puedas identificar con el dolor de los demás.

Y sabes qué, que cuando tu amas de esa manera, cuando tu eres de esa manera, amando a los demás, sirviendo a los demás, identificándote con la convicción de los demás, Dios se preocupa por ti. La gente verdaderamente feliz es aquella que ama como Cristo ama. Que nos amemos los unos a los otros, que seamos instrumento de su gracia, que vivamos siempre sanando el dolor de los demás. Mucha gente no encuentra la verdadera felicidad porque no piensan en los demás. Sabes que cuando piensa solamente en ti mismo pierdes la oportunidad de ser feliz. El Señor Jesucristo dice: “Si el grano de trigo no cae a tierra y muere, queda solo, pero si muere lleva mucho fruto, el que pierde su vida la ganará y el que gana su vida la perderá.” Mucha gente vive tratando de ganar su vida, de preservarla, de aumentarla, de mejorar cada día su comodidad y sus pertenencias, y no tienen tiempo para preocuparse por los demás y terminan infelices, desgraciados, infértiles, áridos, incómodos consigo mismo porque Dios ha puesto en el ser humano una ley que cuando nosotros nos preocupamos por el bien de los demás, entonces Dios se preocupa por nosotros y somos bendecidos. No hay nadie mas feliz que aquel que piensa en la felicidad de los otros. Si tu quieres ser feliz, se una persona compasiva, se una persona generosa, date a los demás, bendice a los otros con tus bienes y has las cosas en el nombre de Jesucristo.

El Señor Jesucristo dice: “Ni un vaso de agua que demos a alguien en su nombre dejará de tener recompensa un día, en el día del juicio”. Así que se una persona compasiva, no esperes que Dios sea quien ayude a los demás, sino ayuda tu, da tu, bendice tu, pastorea tu a los demás y Dios entonces te pastoreará a ti. Que Dios te bendiga!

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