Que Dios bendiga, de manera especial, al hermano pastor Roberto Miranda y a toda su congregación.

Cada día, como dice al final de su sermón, yo doy gracias a nuestro Dios por haberme rescatado, por romper mis cadenas, por quitar el velo que me cubría el entendimiento, los oidos, los ojos, el corazón y el alma.

Le doy gracias a Dios, porque me permite vivir en paz y disfrutar de sus ricas y abundantes bendiciones.

Un gran abrazo de hermana, desde la República Dominicana.

Wilda M V

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