Somos concientes como creyentes de la urgencia de predicar el evangelio, pero muchas veces somos egoistas al pensar solo en nosotros y nuestras flias. Tenemos que decidir servir a Dios por amor y en agradecimiento por lo que él ha hecho en nosotros, por la misercordia que ha tenido para salvarnos y escribir nuestros nombres en el Libro de la Vida. Así por esa misercordia debemos ir a los que no tiene a Cristo y convencerlos para entrar en su reino.

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