Cuanta falta nos hace que se nos recuerde que el fin del hombre es glrificar a Dios, en toda la plenitud de su Triunidad. Para ello necesitamos dejarnos santificar por el Señor. Él es el que santifica, pero es nuestra voluntad sometida la que lo permite.

Señor háblanos calladamente en nuestro espíritu, grítanos para que salgamos de nuestros afanes, no centrados en Tí.

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