Sermón 23 de septiembre 2017: El valor de un hijo

[Lucy Rodriguez]
  • Presenter: Lucy Rodriguez
  • Date: September 23, 2017
  • Location: Congregación León de Judá, Boston MA

En esta mañana cuando estaba en mi devocional con mi Señor el dueño de mi corazón, el dueño de mi vida, el Señor puso en mí unas palabras que seguían latiendo en mi pensamiento, en mi mente, y era el valor de un hijo pero en inglés: the value of a son, y yo dije: Señor ¿qué es lo que quieres que haga con estas palabras? y seguía. Como ya yo lo conozco y Él cuando quiere algo como dicen, como que puya, hace muchísimo ¿verdad? hablando aquí entre nosotras, yo dije: déjame buscar esto.

Entonces así mismo puse en google: the value of a son y salió algo muy interesante que yo sé que en pocas palabras, vamos a ver si lo puedo decir en tres o en cuatro minutos, y es una historia que tocó mi corazón, y yo sé que estas palabras son para algunos de ustedes, o para algunos de ustedes que están viéndome en la transmisión que está saliendo ahora mismo, es una historia de un señor que era un padre, se llamaba Greg, y Greg había perdido a un hijo, había perdido a un hijo por un asesinato, un hombre, un joven le quitó la vida a su amado hijo.

Llegó el día, un día muy esperado por Greg porque en el estado podían las víctimas que han sufrido pérdidas en uno de sus familiares entrevistarse con la persona que arrebató la vida de sus seres queridos, llegó el día. Era un día que Greg había estado esperando hace veinte años que sucediera.

Él se bajó de su carro, entró a la prisión y esperó en una habitación especial, y estaba parado con sus manos en sus bolsillos al lado de una mesa de metal. En ese momento mientras él esperaba sus manos le sudaban y llegó el momento en que él se vió cara a cara con aquél hombre que arrebató la vida de su hijo.

Sentaron a Greg y a este hombre, el asesino le vamos a poner ¿verdad? se sentaron frente a frente. Cuando él vió a este hombre por su mente corrían muchos pensamientos y eran: ¿qué voy a decirle a este hombre ahora? porque durante veinte años él había hasta escrito todos los insultos que él le iba a dar al asesino de su hijo, él tenía planificadas todas las palabras que lo iban a hacer un lisiado emocional, él tenía escritas todas las palabras que iban a destruir a este asesino que le quitó la vida de su hijo.

Pero cuando lo tuvo frente a frente aquél padre tenía un problema y era que no tenía nada que decir. No podía decir nada, las palabras, la boca se le cerró, la mente se le turbó y no tenía palabras para aquél hombre. Y yo les quiero decir a ustedes, y no sé si aquí hay personas que todavía no tienen a Jesús como Salvador que esta Palabra va en diferentes direcciones así que usted agarre la parte que le toca a usted ¿amén?

Cuando Greg, el padre, porque se llamaba Greg abrió su boca le habló suavemente al asesino de su hijo y se sorprendió porque en vez de asperezas, insultos y palabras hirientes le habló suave. Y aquél asesino le dijo: “¿tienes un problema, no tienes nada que decirme?” y él dijo: “no tengo nada que decirte.” Gracias Señor.

¿Qué es lo que está mal que no puedo decirte nada? Y al hombre le dijo el asesino: “has esperado mucho tiempo, y sí, si tienes palabras para herirme te doy toda la razón porque todas las víctimas que han perdido la vida por culpa de nosotros los asesinos nos insultan por los crímenes que hemos cometido en contra de sus vidas.”

Y el asesino le dijo: “usualmente las personas que pierden a sus familiares por asesinatos ellos también dentro de su corazón se convierten en asesinos porque se llenan de odio y se llenan de miedo, y cuando tú odias es como un asesinato.”

“¿Me estás llamando asesino a mí?” preguntó Greg y él le dijo: “no necesariamente porque veo que en usted ya no hay odio por la forma en que usted me está tratando, pero sí lo recuerdo veinte años atrás cuando usted me miraba en la corte con ojos de odio por haberle quitado la vida a su hijo, hace veinte años atrás.”

Le dijo el padre: “si pudiera en ese tiempo te hubiera quitado la vida. Pensaba tantas cosas horribles que cometer contra ti, claro que te odiaba y claro, en ese entonces yo también me convertí en un asesino.”

Y el asesino le dijo: “¿cómo tú estás con Dios?” qué barbaridad ¿verdad? como que está al revés aquí, el asesino le habla al padre de Dios, ¿cómo tú estás con Dios? “pero esto no tiene que ver nada con Dios” le dijo el padre y él le dijo: claro que sí, si no hubiera sido por Dios yo nunca estuviese aquí frente a ti, pero Dios obró conmigo. Si Dios no me hubiera humillado, si Dios no me hubiese roto, si Dios no me hubiese transformado del hombre tan horrible que yo era yo no estuviese aquí frente a ti, claro que tiene que ver con esto.

Y la ironía más grande es que el asesino le dijo al padre: “yo no estoy por mí sino por ti, porque como tú sabes yo voy a estar aquí el resto de mi vida pero tú tienes una vida que vivir, así que yo estoy aquí. ¿Tú crees?” le dijo el padre “¿que estamos aquí por mí? ¿qué puedo recibir yo de ti, asesino de mi hijo?”

Y el hombre le dijo: “hace algunos años atrás yo fui apuñalado aquí en la prisión, recibí una puñalada en el corazón y estuve al borde de la muerte, y aquél hombre horrible tuvo un encuentro con Dios porque me di cuenta de mi mortalidad, allí fue mi momento con Dios.”

Hay un momento de Dios contigo amada mujer. Creo que Dios permitió ese momento y permite los momentos para llamar la atención de nosotros porque muchas veces nos olvidamos de Dios y caminamos en arrogancia de espíritu, y se nos olvida Dios.

Le dijo el padre: “yo no sé de qué tú me estás hablando” y le dijo el asesino: “quizás este es tu momento. Y lo más grande” dijo “que hubo un rey que amaba a su pueblo, pero la gente de su pueblo estaba muriendo porque tenían una enfermedad en su sangre, y la única forma en que la gente de ese pueblo podía ser salva era con la sangre del rey porque era una sangre real, y el rey no sabía qué hacer, pero vino su hijo, su único hijo y le dijo: papá, como tú amas al pueblo y yo amo al pueblo los dos los amamos de la misma forma, yo voy a dar mi sangre, y ese hijo murió y salvó la vida de todos.”

El padre fue enfrentado por Dios en aquélla cita con aquél asesino, porque cuando Dios te habla te habla de quien menos tú pienses, porque los momentos de Dios para tu vida van a venir cuando tú menos lo imaginas.

Y le dijo aquél padre: “¿aquél hijo era Jesús?” y el asesino le dijo: “sí. Tú sabes el valor de un hijo.” Tú sabes el valor de un hijo, ¿cuántos hemos valorizado al Hijo de Dios? ¿cuántos han perdonado a quienes les han hecho daño?

Aquél hombre cuando fue enfrentado por Dios y Dios llamó su atención porque el hombre conocía a Dios pero no suficiente, el hombre necesitaba perdonar, el hombre necesitaba paz y aquélla reunión con el asesino fue la forma en que Dios comenzó a trabajar con él. El hombre se confundió tanto y tanto que todos sus pensamientos y toda su mente se convirtieron en un torbellino, empujó a los guardias y salió de aquélla prisión, entró rápidamente en su carro y comenzó a sollozar.

“¿Qué le voy a decir a mi familia, qué le voy a decir a mi esposa, qué le voy a decir mis amigos? porque todos estaban esperando que yo insultara a aquél hombre, pero Dios me enfrentó a través de ese hombre porque aquél hombre fue transformado por Dios.

Hay gente que te ha hecho daño. Quizás alguna de ustedes ha perdido un hijo, alguien le ha quitado la vida a sus hijos, no sé, yo no sé, o alguien que me está viendo por la transmisión, esas personas necesitan también el perdón de Dios y necesitan también el amor de Dios. Por la vida de ese hombre este hombre pudo conocer el amor de Dios.

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